Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
sábado, abril 04, 2020
"Cuando la bicicleta venció a los tanques" x Cristóbal Cornejo
Nunca
comulgué mucho con las posiciones políticas de la revista La Bicicleta, y la
trayectoria posterior de su director lo confirma. De todas maneras, en medio de
la larga noche dictatorial me alegraba verla en los kioskos y en las casas de
familiares y amigos, y uno se ponía a hojearla con atención, encontrando varios
materiales interesantes, partiendo por las graciosas viñetas del antihéroe
Super Cifuentes, y reportajes musicales que por lo general se centraban en el
Canto Nuevo, pero donde también hubo algunas menciones no tan prejuiciadas
respecto del punk (más gracias a las cartas de los lectores que a la línea
editorial), harta cobertura a Los Prisioneros (que con “Nunca quedas mal con
nadie” ofendían a gran parte de los lectores) y un cancionero de Rock In Rio
donde podías aprender a tocar varios éxitos de Iron Maiden, AC/DC y Scorpions.
Lo usual
era que sus cancioneros estuvieran dedicados a Silvio Rodríguez, lo cual era
bueno y malo. Bueno porque con un par de acordes y harto empeño mucha gente se
atrevía a tomar la guitarra y cantar. Malo porque finalmente todos cantaban las
mismas canciones, y los carretes ochenteros se transformaban en un festival de
imitaciones de Silvio, garantizando conquistas amorosas y encuentros eróticos a
los intérpretes, y el aburrimiento de quienes a pesar de ser militantes de
juventudes políticas de izquierda preferiríamos haber pasado las veladas en
compañía de Black Sabbath o Led Zeppelin.
Subtitulada
“Revista chilena de la actividad artística”, su N° 1 apareció en 1978, incluyendo
esta declaración de principios:
“Queremos expresar a ustedes que hoy
nos sentimos formando parte de un ancho proceso cotidiano de transformación del
arte y del artista, desde la perspectiva de su función social. (…) Hoy día en
Chile, en los más diversos organismos e instituciones, iglesias, poblaciones,
clubes y talleres, germina la actividad artística; a veces con dificultad, con
mayor o menor apoyo, con irregulares logros o fracasos, es un verdadero
movimiento el que surge y se propaga. (…) Es así que nace nuestra revista; un
nuevo grupo de trabajo al interior de este movimiento, un grupo con una función
específica: entregar un medio de comunicación social para facilitar la difusión
de la creación, la reflexión, la crítica; para poder aportar así, a la
profundización de esta experiencia que compartimos. La Bicicleta es
un proyecto largamente madurado, sin embargo no tiene aún la madurez ni la
tendrá en tanto no sea maduro el movimiento artístico del que surge y del que
forma parte”.
El último número apareció en 1990. La Bicicleta no siguió
pedaleando durante la transacción a la democracia. Antes de la Cerdos &
Peces (revista argentina dirigida por e Syms) era el único lugar en que podías
leer sobre Fassbinder, Matta y otros próceres de la contracultura.
Aprovechando que Memoria Chilena subió varios números de la revista,
quería compartir una breve nota que nuestro querido amigo, camarada, cómplice,
amante, músico, periodista, investigador materialista de la realidad, chamán y
poeta Cristóbal Cornejo redactara hace ya 6 años, y que fuera incluida en sus “Escritos
(Anti) Políticos”, editados póstumamente en marzo de 2016.
“Cuando la
bicicleta venció a los tanques”
por Cristóbal Cornejo, El Ciudadano 151, marzo de 2014
Hubo un tiempo en que el arte fue peligroso. Fue arma y estuvo en la
mira de las dictaduras. Eduardo Yentzen fue protagonista de la resistencia
cultural a Pinochet desde La Bicicleta, una publicación que a puro corazón
llegó a ser la revista mensual más leída en Chile, transformándose en trinchera
de quienes buscaban devolver los colores a sus vidas.
Lejano
parece el tiempo en que difundir arte era como cargar armas, donde había que
darle vueltas a la lengua tratando de decir lo inefable. Eduardo Yentzen
Peric (61) y su generación se hicieron expertos en el arte de la metáfora,
y más aún del camuflaje de los sentidos que debía enfrentar la censura
dictatorial mediática. La Bicicleta,
así, pedaleó milla a milla, siempre desde la precariedad, transformándose entre
1978 y 1987 en la revista de artes y humanidades más importante, un bastión de
la diversidad activa contra la Junta Militar.
Yentzen
autoeditó recientemente “Los voz de los setenta: un testimonio sobre la
resistencia cultural a la dictadura (1975-1982)”, un relato personal que, sin
embargo, “es un soporte para la memoria colectiva”, escrito por un joven que en
1982 cumplía 30 años, cuando La Bicicleta cumplía 27 números publicando
colaboraciones nacionales e internacionales de lujo.
Así, desde
los espacios de la creación, al amparo de la Iglesia Católica, al calor
de las peñas y actividades, y empujada por organizaciones que poco a poco iban
reconstituyendo las confianzas, empezó a escribirse la historia de una revista
que, desde sus contenidos, fue oasis en medio del desierto, contraparte al plan
cultural oficial que esos años preparaba el camino a la instalación de los
valores neoliberales; una historia llena de anécdotas tragicómicas, de
solidaridad, y aventuras colectivas que permitieron resistir el miedo al terror
milico.
Una de esas
historias tiene que ver con el concurso literario que -anónima, como suelen ser
las obras participantes en un concurso- ganara Mariana Callejas (agente
de la Dina), obligando al equipo a definirse: finalmente
publicarían a Callejas, luego de un debate que resolvió que se debía premiar
obras o personas; decisión que, claramente, traería coletazos.
“Hace poco
un lector de La Bicicleta me dijo que en ese momento, siendo estudiante
secundario, tomó la posición de consecuencia con los principios democráticos
–que es en lo que nosotros sustentamos nuestra decisión- como ética de vida.
Eran tiempos complejos, los que nos confrontaron tuvieron buenas razones para
ello”, recuerda Yentzen.
Porque no
sólo se enfrentaron contra la prensa y la represión: a veces los militantes más
antiguos, desde su ortodoxia, no comprendieron sus dinámicas, rechazándolas por
“poco claras en sus objetivos políticos”.
“No es que
las rechazaran, sino que por su vida exclusivamente clandestina vivieron un
aislamiento respecto de las lógicas que se iban dando en la resistencia
cultural (filo) legal”, aclara Yentzen. “Estaba la opción de hacerles caso o
expresarles que estaban desubicados y proceder en consecuencia, que fue la
actitud que yo tuve. Y que fue tolerada”, explica.
Sorprende
la diversidad de actores envueltos en la red de La Bicicleta (“debe ser uno de
los tiempos más fraternos entre las distintas trincheras que luchaban contra la
dictadura”), así como lo ascendente de su impacto en la sociedad chilena, ya
que a través de sus contenidos se reflejan los cambios culturales que la
ideología dominante iba generando en el ciudadano medio y los análisis que de
ello hacían académicos y artistas.
Varias problemáticas
se mantienen incólumes al día de hoy. Una de ellos, por ejemplo, es la
concentración de los medios, el monopolio de la imprenta y la distribución, la
uniformidad ideológica: una herencia dictatorial que la Concertación más
que disolver, consolidó.
-Me llama
la atención que el punto de inflexión de la revista en 1981 venga dado por la
inclusión protagonista de los contenidos musicales, al punto que algunos
sectores los criticaron por “haberse vuelto comerciales”…
-Nosotros,
tras el primer especial de Silvio a comienzos de 1980, optamos por ser
una revista juvenil, y la revista juvenil en Chile se ha anclado siempre
en una música, y esa era nuestra música. Y hemos sido sin duda la revista
juvenil más profunda en la historia del país, con más temática cultural, más
impulsora de los nuevos temas de ecología, valoración de los pueblos
originarios, feminismo, etc.
Y lo de ser
comercial es un chiste, porque digo en el libro que el sueldo de todo nuestro
equipo no alcanzaba para más de pagar el arriendo de una pieza en una casa
comunitaria, pagar las cuentas, comer y movilizarse.
-¿Qué
opinas de la recurrente caracterización del Canto Nuevo como “llanto nuevo” por
su estado anímico y disposición? A propósito, en algún momento imaginé que el
título del libro era una respuesta al mensaje de la canción de Los Prisioneros…
-No era una
respuesta sino una referencia o contrapunto. Mi motivación fue hacer una
declaración pública de que existió una generación o voz de los 70, que era la
última de las silenciadas en nuestro rol en esos años. Para mí el Canto Nuevo
fue la música de mi vida juvenil, y en el libro declaro que paradójicamente
ésta tuvo una intensidad gozosa. Por otro lado, qué onda con que el Canto nuevo
expresara dolor, si es quizá el periodo histórico de Chile en que ha habido más
de qué dolerse.
-El ‘92
criticabas en tu obra de teatro los incipientes “abusos de poder” que
detectabas en la Concertación. ¿Qué reflexión haces luego de cuatro gobiernos
que hoy se ve tan cómplices del modelo diseñado por la dictadura?
-Criticar
es decir: lo hacen mal, o tienen mala intención. En mi visión las conductas
llamadas malas nacen de la debilidad. Esto es difícil de explicar aquí. En la
obra de teatro unos fantasmas se le aparecen a un alto dirigente (cualquiera)
de la Concertación para decirle que si se interesaba en no caer en
abusos de poder, ellos se ofrecían a apoyarlo en poder cumplir ese deseo.
Criticar no es útil. Yo ofrezco apoyar a quienes deseen no cometer abuso de
poder. Lo podríamos llamar un ‘coaching
democrático’.
-¿Tiene
sentido para ti para la idea de contracultura en la actualidad?
-Absolutamente,
respecto de la cultura neoliberal, respecto de la cultura
occidental/racionalista. Tenemos la oportunidad de transformación en grande. A
ver si podemos.
Un día 23 de enero vino a este mundo inmundo nuestro camarada Cristóbal Cornejo.
Revisando un viejo baúl hace pocos días encontré una carta suya. Era de diez años atrás (marzo del 2009), y tras realizar una especie de recuento de varias aventuras que vivimos juntos, terminaba así:
“Ya estamos echados a la lucha de
clases…hacia fortalecer la teoría, la práctica subversiva cotidiana (en
cualquier frente). Emprendo proyectos, no tengo miedo, soy todo lo que quiero
ser, vivo el erotismo y el ruido caótico. ¡Que pronto se unan nuestras copas!
¡A brindar por lo pasado y lo futuro”.
Un amigo común escribió en su momento este texto sobre CC, Cris Corn, Zorrito, Chico Pastilla, o como quieran llamarle: no importa, Cris era un ser inaprensible y ni siquiera los nombres lo encuadraban a un orden convencional. El texto fue publicado en Raza Cómica.
En youtube se encuentra el registro de una improvisación con Andrés Morales, y en el bandcamp de Volante discos podemos escuchar "El diablo es un magnífico", el album en que CC participó como baterista de la banda DiAblo, en formato de trio.
Cristóbal Cornejo: investigador materialista de la realidad.
Por Rodrigo B.
La crítica
radical a la cultura del capitalismo guarda sus antecedentes de manera dispersa
en la filosofía, literatura, poesía y pintura de la segunda mitad del siglo
XIX. Solo con el fracaso de la revolución de 1905 y el advenimiento de la
Primera Guerra Mundial (eventos que fueron a su vez productos específicos del
desarrollo de la economía política), encontraría esta crítica una forma
concreta y consciente en la actividad creativa de, por ejemplo, los dadaístas y
los surrealistas.
La importancia de
estos grupos radica en haber reconocido, junto con el grueso de la clase trabajadora
que se levantó en armas contra el orden burgués entre 1917 y 1937, la manera en
que el capitalismo avanzaba vertiginosamente apoderándose de la totalidad del
espacio y el tiempo social. Esa consciencia histórica fue acertada. Al ser
incapaz el proletariado de contener su avance, el capitalismo se encontró luego
de la Segunda Guerra Mundial en el terreno firme de lo que Marx denominó la
“fase de subsunción real del trabajo en el capital”; el trabajo asalariado y la
producción de mercancías ocupando la totalidad de la vida.
En ese sentido,
se podría decir, la economía política se transforma en una cultura que ya no
reconoce límites identitários, geográficos, religiosos, etc. Parafraseando a
Robert Jaulin, el capitalismo se convierte durante este periodo en “la
organización colectiva del hecho cotidiano total”; ya no hay un afuera del modo/estilo
de vida que imponen el trabajo asalariado y el dinero.
Parte del trabajo que realizaron Walter Benjamin, la Escuela de Frankfurt y los
situacionistas (solo por nombrar algunos de los más reconocibles) fue tomar
nota de estos desarrollos. Lo que se buscaba era ampliar el horizonte crítico y
afilar las armas de la teoría anti-capitalista para ponerlas a la altura de las
circunstancias históricas que se habían gestado en ese último ciclo. Es decir,
mucho más allá de pretenderse una “crítica cultura” en términos generales,
estos trabajos teóricos fueron una crítica directa y específica al capitalismo
y la cultura que engendró para mistificarse y naturalizarse.
Esto es lo que se
conoce como industria cultural, un concepto que al parecer ha sido tan
difícil de asimilar que las definiciones que se dan en Wikipedia son
radicalmente distintas en castellano y en inglés, por no mencionar el hecho de
que el concepto, respecto a otros, está traducido a una cantidad ínfima de
idiomas.
Tal como señaló
Anselm Jappe el “contenido” de este fenómeno (y producto) histórico al que se
conoce como industria cultural “no es la apología explícita de tal o
cuál régimen político presuntamente intachable, sino la incesante presentación
de lo existente como único horizonte posible”. Estos comentarios los hace Jappe
a propósito del boxeo dialéctico que organizó entre Guy Debord y Theodoro
Adorno respecto al rol del arte (Sic Transit Gloria Artis, 1994). Luego
continúa citando a Adorno: “A fin de demostrar la divinidad de lo real no se
hace más que repetirlo cínicamente y sin cesar. Tal prueba fotológica no es
concluyente, pero si apabullante” (Dialéctica de la Ilustración, 1944).
En nuestros días,
y ya desde hace algún tiempo, este punto de vista ha sido reducido y/o restado
de su contenido crítico original. Su potencial revolucionario se ha vuelto una
especie de espejismo que, por un lado alimenta las ilusiones canibalescas de
los especialistas de la crítica (sociólogos, filósofos, académicos y demás
tipos de burócratas del pensamiento), y por otro es desestimado como un delirio
propio de “la teoría estética” por los y las que se dedican a la
política (en diferentes formatos de leninismo o anarquismo profesional). Es
quizá obvio señalar que esta incapacidad para entender el capitalismo como un modo
de producción de la vida en su totalidad —y que por lo tanto debe ser
contestado en la práctica de manera total— es resultado directo del avance violento
de la alienación en nuestra época, y, como diría György Lukács, la alienación
radica en el predominio de la mercancía en la vida social.
Entre los que
resisten esta inercia totalizante que viene imponiendo la cultura burguesa a
toda la humanidaddesde hace ya
varios siglos, debiéramos contar también a aquellos que se rehúsan a someter su
racionalidad y su capacidad sensible a la lógica de los sistemas dogmáticos de
significaciones, a las falsas oposiciones, y a la urgencia con que la crítica
especializada y los intelectuales mantiene la realidad diseccionada. Parte de
ese esfuerzo pasa por rastrear y darle continuidad a la historia que es
sistemáticamente oscurecida por la sombra de la industria cultural; la
historia de las clases dominadas.
Tengo la certeza
de que el trabajo de Cristóbal Cornejo forma parte de esa corriente histórica,
y creo que se le debería poner atención porque este tipo de mirada es
excepcionalmente escasa en el movimiento social anti-capitalista de hoy. Tan
excepcional como necesaria.
Cristóbal, al que
difícilmente podríamos calificar como un simple periodista, músico o poeta, fue
más bien un agitador social a tiempo completo. Hablar de su obra “literaria”
separada de su obra “política”, o de su obra “musical” separada de su obra
“poética”, sería caer en un sesgo ideológico que el mismo combatió a cada
momento. Los cruces de ideas y referencias a los que estaba siempre sometiendo
sus análisis de la realidad formaban parte integral de lo que pretendía
comunicar.
Para empezar a
despejar las dudas que puedan haber respecto de ese sentido unitario en el trabajo
de Cristóbal bastaría con hacer una pasada rápida por algunos de los temas más
relevantes de sus escritos: John Coltrane, la Nueva Canción Chilena, el punk,
el noise, la new thing, Emile Dubois, los Ludditas, Cravan, orgías
des-programadoras, insurrecciones urbanas, vandalismo comparado, el 18 de
septiembre, movimientos sociales, ecológicos y culturales, el anti-arte, la
anti-poesía, el comunismo difuso, terremotos sociales y geológicos, y un largo
etcétera.
Se le escucha decir, por ejemplo:
“Y no es que
creamos que los/as artistas son una lacra. Es un sistema que los/as controla de
manera objetiva y subjetiva, mimándolos y disociándolos del conjunto social, el
que los hace no llevar la crítica hasta la raíz. A pesar de eso, sabemos que la
complacencia frívola y el éxito (Warhol, el trivial mercader por excelencia,
como ícono), motivan la reproducción del modelo de vida y la integración y
recuperación de los posibles “revoltosos” al engranaje.“
En otro momento reflexiona:
“Ya en los
sesenta, pueden apreciarse los notables resultados que alcanza la fusión “menos
probable de todas”, es decir, rock y jazz, o más concretamente, free jazz y
punk rock (donde punk se entiende como actitud). En esta década nos encontramos
con bandas que, casi paralelas al desarrollo del jazz libre, van incorporando
sus descubrimientos al acervo del ruido eléctrico.”
Y luego grita:
“¡Por la
multiplicación de los focos locales anticapitalistas y antiestatales!
¡Por la revolución internacionalista contra la sociedad espectacular!
¡Comunismo difuso saboteando el viejo mundo!”
Todos estos fragmentos forman parte de escritos que, aunque referidos
a cuestiones distintas, están atravesados por una misma mirada que los ata en
un impulso por subvertir el sentido común y llevar “la crítica hasta la raíz”.
Se puede reconocer
en el trabajo de Cristóbal una tremenda inquietud por poner en crisis varias de
las instituciones que organizan la forma que tenemos de pensar y experimentar
la realidad. Y eso se puede observar no solamente en sus escritos, sino que
también en la música que produjo, los grupos que frecuentó, la manera que tuvo
de moverse por el territorio y cómo estableció relaciones con los que tuvimos
la suerte de conocerlo y tenerlo cerca.
En ese sentido,
la introducción que propuse un poco más arriba no es una mera forma de poner en
contexto o meter a la fuerza a Cristóbal en un cause histórico que le es ajeno.
Al contrario. Su trabajo representa para mí un cuerpo sólido de investigación
materialista de la realidad que se acopla con mucha soltura a la corriente
que conforman los movimientos y teorías que comentábamos antes.
Cristóbal fue un
gran comentador de la realidad y también un acucioso archivador de experimentos
y experiencias —individuales y grupales— que han surgido en la historia
contra-cultural chilena. No es que se haya dedicado solo al territorio dominado
por el Estado chileno, o solo a la “contra-cultura”, sino que tuvo la lucidez
suficiente para poner el ojo aquí, en tiempos y cuestiones que no mucha gente
lo estaba poniendo. Un excelente ejemplo de eso es su programa radial Sonidos
Mutantes.
En diciembre del
año 2013 Cristóbal transmitió el primer capítulo del programa a través del dial
de la radio Actual de Tocopilla. Hacerlo en esa región y en esa ciudad
no fue cuestión de azar o exigencias externas a él; fue una decisión calculada,
un primer esfuerzo por romper con el grosero (pero muy coherente) centralismo
que estructura este país.
Así reseñaba el
propio Cristóbal su proyecto:
“Hay capítulos dedicados a la música
electroacústica desde 1956 a 1974, una revisión de la época de improvisaciones
de Los Jaivas entre 1969 y 1970, la creación subterránea en Chile durante los
’70 y ’80, con grupos como Malalche y Agrupación Ciudadanos (y otras ocurridas
en el exterior como el trabajo de Alvaro Peña o el Quilombo Expontáneo), la
música más arriesgada de la post-dictadura (90’s y principios de los 2000),
hasta llegar a las distintas propuestas de sellos contemporáneos como Espora,
Jacobinodiscos, Horrible Registros, Productora Mutante, Amigos de la Contaminación
Sonora, Cumshot Records, Templo Sagital, Pueblo Nuevo y Chancacazo. Asimismo, habrán
capítulos más específicos dedicados a la poesía sonora, los paisajes sonoros y
la improvisación libre.”
Se podrían
nombrar a la rápida algunas de las bandas más recientes que incluyó en su
revisión: Lluvia Ácida, Lem, Tobías Alcayota, Leonardo Ahumada, Aves de Chile,
Namm, Les Chicci, World Music, La Golden Acapulco, Ojo, Come Perro Fuma Gato,
Los Igualitos, Pintocabezas, Indio, Dolores Fiuler, Ramiro Molina, Ensamble Majamama,
trio Payaya, Acratarca, La kut, diAblo, Mostro, Colectivo No, Fracaso, y muchos
otros. El último capitulo, dedicado a la poesía sonora, cuenta más de una
decena de músicos.
A lo largo de 12
capítulos, escritos, producidos y conducidos por Cristóbal, se repasó la
historia musical de Chile desde 1956 hasta el 2013. Desde luego esta no es la
historia “oficial” de la música chilena, sino más bien una que se construyó al
margen de ella. No tanto por falta de talento o éxito comercial como por una
necesidad consciente de mantenerse más cerca de su propio impulso creativo y
más lejos del centro gravitacional de la industria musical. En ese gesto, lejos
de sacrificar algo, lo que estas bandas hicieron —en mayor o menor medida, con
mayor o menor éxito— fue tomar partido por una forma de hacer música que no
está necesariamente atada al flujo de las mercancías culturales.
A eso se prefirió
llamar “sonido mutante”, para evitar caer en otras categorías que impidieran a
Cristóbal apuntar donde quería apuntar.
Es decir, lo que
Cristóbal hace al ponerlas todas bajo una misma luz es tramar una historia a contrapelo
de la impuesta por la propia industria cultural. O dicho de otra forma, lo que
queda de manifiesto en el programa, lo que hizo Cristóbal a través del trabajo
de docenas de bandas a lo largo de más de 50 años, es exponer su propio punto
de vista de la historia musical de este país.
Quizá lo más
importante y valioso de este proyecto radica en el hecho de que a esta historia
de la música que se está contando subyace, a su vez, una historia social; Sonidos
Mutantes es también un recorrido por los orígenes materiales de esas
músicas, un recorrido por las posibilidades e imposibilidades de hacer música
en Chile, por sus medios técnicos, lugares geográficos y espacios sociales, por
las influencias, motivaciones e inclinaciones de distintos músicos en distintas
épocas. Incluso más, lo que investiga el programa es un conflicto de clases
latente que ha sido soslayado por los historiadores de la música casi siempre:
¿es la música producto de un solo tipo de condiciones sociales, económicas y
espirituales? ¿Qué tienen que decir los distintos tipos de música acerca de las
condiciones sociales, económicas y espirituales de las que surgen y en las que
se desarrollan? Tengo la impresión de que ese es el tipo de preguntas que
motivaron a Cristóbal a realizar este tremendo proyecto de investigación.
Sonidos Mutantes es, en casi todo sentido, único en su especie, y aunque su valor no
radica en eso, lo vuelve un referente necesario para cualquiera que quiera
investigar, sea por las razones que sea, la historia de la música chilena con
seriedad y verdadero interés. Hasta el día de hoy nadie a llevado a cabo con
tanto rigor y con tanta capacidad crítica esta tarea.
Lejos de
pretender la última palabra sobre las pesquisas de Cristóbal, me gustaría
invitar con esta breve reseña a los/las que no conocen su trabajo a adentrarse
en él y descubrirlo por cualquiera de los caminos que tendió. El que propongo
acá es solo uno. Estoy seguro de que quién lo haga, por la vía que sea, no solo
va a encontrarse con una obra apasionada y profunda, sino que también en el
camino va a aprender un montón sobre su propio entorno e historia.
Aquí (https://archive.org/details/SonidosMutantesCap.119DeDiciembre2013) pueden encontrar el primer capítulo del programa. En ese canal
encontraran también los otros capítulos, además de la “segunda temporada”, uno
que otro experimento, y su última “declaración pública”.
Hace solo unos
días sus amigos y compañeros lanzaron un par de libros recopilando parte de su
trabajo. Sabemos que vendrán más. Por lo pronto, seguiremos escarbando y
adentrándonos en lo que tenemos a mano; sabemos bien que su obra es un medio
para adentrarse en espacios y tiempos sociales que no aparecen con tanta
nitidez y potencia como cuando son descritos por su pluma.
DOS MINI REVIÚS EN UNO: Black Sabbath y Eno (x LC)
A punto de hacer dormir al
infante terrible, prendo el equipo de música y desde los parlantes SONY que en
edad andan por ahí con quien suscribe -esto es, más cerca del medio siglo que otra
cosa- y que aún funcionan excelentemente (cosa que no sé si se puede decir de
quien suscribe) brotan a buen volumen las sirenas iniciales de “War Pigs” y los gloriosos power chords de Toni Iommi acompañado por sus muchachos (Ozzy,
Geezer y Bill). Es decir, estaba puesto desde la mañana el hermoso álbum “Paranoid”,
de Black Sabbath, su segundo LP, de 1970.
El cabro chico, que ya estaba en
hora de cerrar los ojitos y ponerse a soñar, grita: “¡ESTO ES HEAVY METAL PUNK ROCK!!!!!”.
“Muy adecuada descripción”, le digo, “pero
lo voy a sacar porque no es música para dormir”. Me refuta diciendo: “esta
música sí sirve para dormir…la que no sirve es esa de las ranitas que siempre
me ponían cuando era más chico”.
(Claramente se estaba refiriendo
al Ambiente 4, On Land, de Brian Eno, que en uno de los tracks finales, Unfamiliar Wind (Leeks Hills), usa los
sonidos de ranas grabadas creo que en Costa Rica por el fotógrafo chileno Felipe
Orrego (Corrección: ¡en Honduras!). Recuerdo que en los tiempos en que el niño era bastante más pequeño con
su madre lo hacíamos dormir en base a los 3 ambientes de Eno que hay en casa
(1, 2 y 4), además de su Discreet Music y el Thursday Afternoon. Lo dejamos de hacer una vez que me
dijo: “esa música no me da sueño, me da susto”, lo cual me dio mucho que pensar
en términos de que sin quererlo tal vez lo habíamos estado asustando
innecesariamente todas las noches…en fin…que no se entere el SENAME ni los
Jueces de Familia. Pero antes de eso una vez se quedó dormido en la alfombra,
como le gustaba hacerlo siempre en verano, y diciendo: “¡las ranitas me están cantando a mí!”, con una gran sonrisa celestial para pasar segundos después al mundo de
los sueños).
Ante eso le pregunto, “¿por qué
dices que ese disco de las ranitas no es sirve para quedarse dormido?”, y me
responde: “esa es música para despertarse”.
Toda la razón. Entonces no cambié
el disco, y hacia “Planet Caravan” (el tercer tema) el infante terrible ya estaba roncando. Mientras tanto, pensaba en una vez que dejé de ver a Cristóbal C. por unos cuantos meses, y a su regreso cuando visitó mi casa nos dijo que había estado pegado con Black Sabbath, y particularmente con esta canción. Así que ahora cuando la escucho me imagino que es él quien va viajando entremedio de los planetas, por todo el cosmos, en una caravana eterna donde tarde o temprano nos volveremos a encontrar. En medio de ese viaje me quedé yo también profundamente dormido.
De la protesta a la resistencia/Heldon en apoyo a la R.A.F.
-Una vez el camarada Cornejo publicó en El Ciudadano algo sobre UlrikeMeinhof. En otra ocasión, me regaló la “Pequeña antología” (decía que iba a estar mejor cuidada en mi casa que en la biblioteca de donde la recuperó).
-Unas décadas antes de eso, en 1975 (cuando yo tenía 4 años y Cristóbal algo
así como -8) Richard Pinhas, de Heldon, editó este disco sencillo en APOYO a la R.A.F.
-Una década antes, a fines de los 60, la Ulrike periodista publicó este
breve y significativo texto (obviamente, incluido en la pequeña antología preparada por el viejo estalinista M. Sacristán), que acá subo en una versión que pillé en rebelión,
conservando la presentación de ellos.
---
Antes de pasar a la
clandestinidad en 1972, Ulrike Meinhof trabajó com redactora en la revista Konkret entre
1959 y 1969. Aparte de una gran lucidez y estilo, sus textos reflejan un
absoluto sentimiento anti-capitalista y su convicción- tal vez desesperada- del
recurso a la violencia como única forma efectiva de lucha. El siguiente
artículo fue publicado por Ulrike Meinhof el 11 de abril de 1968 tras el
atentado perpetrado por un miembro de la extrema derecha contra su camarada
Rudi Duschke, en el que Duschke sufrió graves heridas cuyas secuelas le
produjeron la muerte unos años después. La situación de represión que padecía
la izquierda extra parlamentaria alemana, la agresión americana a Vietnam, el
asesinato policial en Berlín del estudiante Benno Ohnesorg y, en especial, el
atentado contra Rudi Duschke y los continuos hostigamientos del diario
reaccionario Der Springer contra los estudiantes e izquierdista fueron
cruciales en Meinhof para determinar su radicalización política que le llevó a
abandonar a sus dos hijas gemelas y, tras la acción armada de liberación de
Andreas Baader, en la que resultó gravemente herido un empleado público, pasar
a la clandestinidad.
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“Protesta es cuando digo, esto y
esto no va conmigo. Resistencia es cuando procuro que lo que no va conmigo no
vuelva a suceder. Protesta es cuando digo que no voy a participar. Resistencia
es cuando procuro que los otros tampoco participen”. Algo parecido - no
textual- se pudo escuchar decir a un negro del Movimiento Blackpower en la
Conferencia sobre Vietnam celebrada en Berlín en enero.
Los estudiantes no llevan a cabo
ninguna insurrección, ellos practican la resistencia. Piedras han volado, los
cristales de las ventanas de la central de Der Springer en
Berlín han acabado hechos añicos, han ardido automóviles, cañones de agua han
sido arrebatados, una redacción de el BILD ha sido demolida,
ruedas pinchadas, el tráfico paralizado, camiones de obras han sido volcados,
cadenas policiales rotas- violencia, violencia física es lo que se ha empleado.
Sin embargo, no se han podido impedir las entregas de prensa de Der
Springer, el funcionamiento del tráfico sólo se ha interrumpido
durante unas horas. El seguro pagará las lunas de las ventanas. Donde los
camiones fueron quemados circularán nuevos camiones, no se reducirá el número
de cañones de agua de la policía ni faltarán balas de goma. Por tanto, volverá
a suceder lo que ya ha sucedido. La prensa del Springer seguirá provocando y
Klaus Schütz ordenará: “mirad a estos tipos a la cara”, y proceded con las
consecuencias, golpearlos directamente- lo que ya pasó el 21 de febrero- y
acabad disparando.
Las protestas masivas contra el
atentado a Rudi Duschke perpetrado durante las pascuas-llevadas a cabo no por
unos cuantos, sino por muchos; no sólo una vez sino a lo largo de varios días;
no solamente en Berlín, sino en muchos lugares; no de forma simbólica, sino de
forma fáctica- han rebasado el límite entre la protesta verbal y la resistencia
física. Tras el 2 de junio solamente se quemaban ejemplares del Springer,
ahora se ha intentado bloquear su publicación. El dos de junio volaron tomates
y huevos, ahora vuelan piedras. En febrero se pasó un divertido y entretenido
film sobre la fabricación de cócteles molotov, ahora se emplean de facto. El
límite entre la protesta y la resistencia ha sido sobrepasado, aunque no de
manera efectiva, volverá a repetirse lo que ya ha sucedido. No se han cambiado
las relaciones de poder. Se ha practicado la violencia pero no se ha podido
ocupar el poder. ¿Se trata de violencia terrorista sin sentido, de violencia
alienada, apolítica e inconsciente?
Constatemos: aquellos que desde
el poder condenan el lanzamiento de piedras y los incendios provocados; sin
embargo, no condenan los acosos del Springer ni las bombas sobre Vietnam, ni el
terror en Persia, ni la tortura en Sudáfrica. Aquellos que podrían expropiar el
Springer, no lo hacen. Forman grandes coaliciones que mediante los massmedia
podrían difundir la verdad sobre el BILD y el BZ y,
en cambio, difunden verdades a medias sobre los estudiantes; su ocupación con
el tema de la violencia es hipócrita, ellos utilizan una doble medida, quieren
exactamente lo que nosotros, los que- con o sin piedras en los bolsillos-
tomamos la calle, no queremos: la política como destino, masas infantilizadas,
una oposición impotente que no moleste a nadie, democráticas carreras de sacos
y el estado de excepción si la cosa se pone seria. Johnson, que declaró a
Martin Luther King héroe nacional; Kiesinger(NOTA: Canciller alemán
entre 1966 y 1969 que fue abofeteado en público por la activista Beate Klarsfeld
para denunciar su pasado como afiliado al partido nazi), que lamento en un
telegrama el atentado contra Rudi Dutschke, ellos son los representantes de la
violencia contra la que se opusieron King y Dutschke, la violencia del sistema,
el sistema que ha producido Der Springer y la guerra de
Vietnam; a ellos les faltan dos cosas: la legitimación política y la
legitimación moral para imponer un recurso contra la voluntad de resistencia de
los estudiantes.
Constatemos: está documentado que
aquí no se puede disparar a la gente así como así, que la protesta de los
estudiantes contra la idiotización de las masas llevada a cabo por Der
Springer va en serio, queDer Springer no está, ni ahora ni
nunca, destinado por Dios para poder decir ni una sola vez: “estamos en contra
de vosotros”; está documentado que costumbre & decencia son cadenas
que se pueden romper si se vapulea y dispara al encadenado. Está documentado
que todavía hay gente en este país que no sólo condena el terror y la violencia
y no se opone secretamente a ellos, sino que sin temor y sin poder callar es
capaz y está dispuesta a ofrecer resistencia para que se puede llegar a
comprender que esto no puede seguir así. Se ha demostrado que el acoso mortal y
el crimen distorsionan la vida pública, que las personas que mantienen una vida
pública no están dispuestas a consentirlo. El valor de un ser humano es algo
distinto a las ventanas, las furgonetas del Springer y los
coches volcados y dañados durante la acción de bloqueo ante la central del Springer, hechos
que fueron registrados en los informes arbitrarios de la policía; que hay una
vida pública que no solamente no está dispuesta a llamar insoportable a lo
insoportable, sino que está dispuesta a enfrentarse a ello, a desarmar al Springer, a
los asistentes de sus asistentes.
Ahora, después de que se haya
demostrado que hay otros medios a disposición mejores que las meras
manifestaciones, Springer-Hearing, acciones de protesta, medios diferentes a
los que han fracasado al no poder evitar el atentado contra Rudy Duschke;
ahora, que las cadenas de la costumbre & la decencia han saltado por los
aires, se puede discutir a posteriori sobre violencia y contra-violencia.
Contra-violencia, como se practicó en aquellos días de pascua, no es adecuada
para despertar simpatías ni para atraer a los liberales asustados a la parte de
la oposición extra parlamentaria. La contra-violencia conlleva el riesgo de
convertirse en violencia cuando la brutalidad policial determina las reglas del
juego, cuando la rabia impotente es capaz de acabar con la superioridad de la
racionalidad, cuando se contesta a la intervención paramilitar de la policía
con medios paramilitares. Pero el establishment, “los señores de la
cúpula”- en palabras de Rudi- han de aprender que sólo hay una forma de
alcanzar la paz & el orden perpetuos: expropiar el Springer. La
diversión ha terminado: “protesta es cuando digo, esto y esto no va conmigo.
Resistencia es cuando procuro que lo que no va conmigo no vuelva a suceder”.
1.- Llego a la casa de un camarada. Está junto a otro, y
escuchan música. Me siento, empiezo a escuchar, me gusta mucho lo que escucho,
y aguanto como 10 minutos hasta preguntar: “¿Qué suena?”. Y me responden: “Cris
Corn…el disco de mar de los Sargazos”. Más encima, me regalan una copia. Se
trata de un bello artefacto que documenta al dúo de Cristobal con Michel Leroy.
Cada uno de ellos por separado ya era un gran talento, pero acá estaban los dos
juntos. Dos largos tracks. El segundo es en vivo el 1/5/2013. ¿En qué andaba
Cris en estos tiempos? Apenas recuerdo en qué andaba yo…5 es mayo. ¿Tocaron en vivo
justo para el 1° de Mayo? ¿Qué habrá pensado, pontificado y declamado Cristóbal
en relación a todo eso? De repente se
escucha en una pausa a alguien del público gritar: “¡Qué locura hueón!”.
Sí.
Qué locura.
2.- Hora y media y
medio litro de Pilsen después entro a mi casa.
El perrito que mi hijo considera
su hermano destruyó un libro sobre “Teoría marxista del conocimiento”. No sé si
retarlo o felicitarlo.
Finalmente lo abrazo y le digo: “¡Menos mal que no te lo
comiste!”.
Cristóbal Cornejo: investigador materialista de la realidad (x el camarada Rodrigo)
Cristóbal Cornejo: investigador materialista de la realidad.
Por Rodrigo B.
La crítica radical a la cultura del capitalismo
guarda sus antecedentes de manera dispersa en la filosofía, literatura, poesía
y pintura de la segunda mitad del siglo XIX. Solo con el fracaso de la
revolución de 1905 y el advenimiento de la Primera Guerra Mundial (eventos que
fueron a su vez productos específicos del desarrollo de la economía política),
encontraría esta crítica una forma concreta y consciente en la actividad creativa
de, por ejemplo, los dadaístas y los surrealistas.
La importancia de estos grupos radica en haber
reconocido, junto con el grueso de la clase trabajadora que se levantó en armas
contra el orden burgués entre 1917 y 1937, la manera en que el capitalismo
avanzaba vertiginosamente apoderándose de la totalidad del espacio y el tiempo
social. Esa consciencia histórica fue acertada. Al ser incapaz el proletariado
de contener su avance, el capitalismo se encontró luego de la Segunda Guerra
Mundial en el terreno firme de lo que Marx denominó la “fase de subsunción real
del trabajo en el capital”; el trabajo asalariado y la producción de mercancías
ocupando la totalidad de la vida.
En ese sentido, se podría decir, la economía
política se transforma en una cultura que ya no reconoce límites identitários,
geográficos, religiosos, etc. Parafraseando a Robert Jaulin, el capitalismo se
convierte durante este periodo en “la organización colectiva del hecho
cotidiano total”; ya no hay un afuera del modo/estilo de vida que imponen el
trabajo asalariado y el dinero.
Parte del trabajo que realizaron Walter Benjamin, la Escuela de Frankfurt y los
situacionistas (solo por nombrar algunos de los más reconocibles) fue tomar
nota de estos desarrollos. Lo que se buscaba era ampliar el horizonte crítico y
afilar las armas de la teoría anti-capitalista para ponerlas a la altura de las
circunstancias históricas que se habían gestado en ese último ciclo. Es decir,
mucho más allá de pretenderse una “crítica cultura” en términos generales,
estos trabajos teóricos fueron una crítica directa y específica al capitalismo
y la cultura que engendró para mistificarse y naturalizarse.
Esto es lo que se conoce como industria
cultural, un concepto que al parecer ha sido tan difícil de asimilar que
las definiciones que se dan en Wikipedia son radicalmente distintas en
castellano y en inglés, por no mencionar el hecho de que el concepto, respecto
a otros, está traducido a una cantidad ínfima de idiomas.
Tal como señaló Anselm Jappe el “contenido” de
este fenómeno (y producto) histórico al que se conoce como industria
cultural “no es la apología explícita de tal o cuál régimen político
presuntamente intachable, sino la incesante presentación de lo existente como
único horizonte posible”. Estos comentarios los hace Jappe a propósito del
boxeo dialéctico que organizó entre Guy Debord y Theodoro Adorno respecto al
rol del arte (Sic Transit Gloria Artis, 1994). Luego continúa citando a
Adorno: “A fin de demostrar la divinidad de lo real no se hace más que
repetirlo cínicamente y sin cesar. Tal prueba fotológica no es concluyente,
pero si apabullante” (Dialéctica de la Ilustración, 1944).
En nuestros días, y ya desde hace algún tiempo,
este punto de vista ha sido reducido y/o restado de su contenido crítico
original. Su potencial revolucionario se ha vuelto una especie de espejismo
que, por un lado alimenta las ilusiones canibalescas de los especialistas de la
crítica (sociólogos, filósofos, académicos y demás tipos de burócratas del
pensamiento), y por otro es desestimado como un delirio propio de “la teoría
estética” por los y las que se dedican a la política (en diferentes
formatos de leninismo o anarquismo profesional). Es quizá obvio señalar que
esta incapacidad para entender el capitalismo como un modo de producción de la
vida en su totalidad —y que por lo tanto debe ser contestado en la práctica de
manera total— es resultado directo del avance violento de la alienación en
nuestra época, y, como diría György Lukács, la alienación radica en el predominio
de la mercancía en la vida social.
Entre los que resisten esta inercia totalizante
que viene imponiendo la cultura burguesa a toda la humanidaddesde hace ya varios siglos, debiéramos contar también a aquellos que
se rehúsan a someter su racionalidad y su capacidad sensible a la lógica de los
sistemas dogmáticos de significaciones, a las falsas oposiciones, y a la
urgencia con que la crítica especializada y los intelectuales mantiene la
realidad diseccionada. Parte de ese esfuerzo pasa por rastrear y darle
continuidad a la historia que es sistemáticamente oscurecida por la sombra de
la industria cultural; la historia de las clases dominadas.
Tengo la certeza de que el trabajo de Cristóbal
Cornejo forma parte de esa corriente histórica, y creo que se le debería poner
atención porque este tipo de mirada es excepcionalmente escasa en el movimiento
social anti-capitalista de hoy. Tan excepcional como necesaria.
Cristóbal, al que difícilmente podríamos
calificar como un simple periodista, músico o poeta, fue más bien un agitador
social a tiempo completo. Hablar de su obra “literaria” separada de su obra
“política”, o de su obra “musical” separada de su obra “poética”, sería caer en
un sesgo ideológico que el mismo combatió a cada momento. Los cruces de ideas y
referencias a los que estaba siempre sometiendo sus análisis de la realidad
formaban parte integral de lo que pretendía comunicar.
Para empezar a despejar las dudas que puedan
haber respecto de ese sentido unitario en el trabajo de Cristóbal bastaría con
hacer una pasada rápida por algunos de los temas más relevantes de sus
escritos: John Coltrane, la Nueva Canción Chilena, el punk, el noise, la new
thing, Emile Dubois, los Ludditas, Cravan, orgías des-programadoras,
insurrecciones urbanas, vandalismo comparado, el 18 de septiembre, movimientos
sociales, ecológicos y culturales, el anti-arte, la anti-poesía, el comunismo
difuso, terremotos sociales y geológicos, y un largo etcétera.
Se le escucha decir, por ejemplo:
“Y no es que
creamos que los/as artistas son una lacra. Es un sistema que los/as controla de
manera objetiva y subjetiva, mimándolos y disociándolos del conjunto social, el
que los hace no llevar la crítica hasta la raíz. A pesar de eso, sabemos que la
complacencia frívola y el éxito (Warhol, el trivial mercader por excelencia,
como ícono), motivan la reproducción del modelo de vida y la integración y
recuperación de los posibles “revoltosos” al engranaje.“
En otro momento reflexiona:
“Ya en los
sesenta, pueden apreciarse los notables resultados que alcanza la fusión “menos
probable de todas”, es decir, rock y jazz, o más concretamente, free jazz y
punk rock (donde punk se entiende como actitud). En esta década nos encontramos
con bandas que, casi paralelas al desarrollo del jazz libre, van incorporando
sus descubrimientos al acervo del ruido eléctrico.”
Y luego grita:
“¡Por la
multiplicación de los focos locales anticapitalistas y antiestatales!
¡Por la revolución internacionalista contra la sociedad espectacular!
¡Comunismo difuso saboteando el viejo mundo!”
Todos estos fragmentos forman parte de escritos que, aunque referidos
a cuestiones distintas, están atravesados por una misma mirada que los ata en
un impulso por subvertir el sentido común y llevar “la crítica hasta la raíz”.
Se puede reconocer en el trabajo de Cristóbal una
tremenda inquietud por poner en crisis varias de las instituciones que
organizan la forma que tenemos de pensar y experimentar la realidad. Y eso se
puede observar no solamente en sus escritos, sino que también en la música que
produjo, los grupos que frecuentó, la manera que tuvo de moverse por el
territorio y cómo estableció relaciones con los que tuvimos la suerte de
conocerlo y tenerlo cerca.
En ese sentido, la introducción que propuse un
poco más arriba no es una mera forma de poner en contexto o meter a la fuerza a
Cristóbal en un cause histórico que le es ajeno. Al contrario. Su trabajo
representa para mí un cuerpo sólido de investigación materialista de la
realidad que se acopla con mucha soltura a la corriente que conforman los
movimientos y teorías que comentábamos antes.
Cristóbal fue un gran comentador de la realidad y
también un acucioso archivador de experimentos y experiencias —individuales y
grupales— que han surgido en la historia contra-cultural chilena. No es que se
haya dedicado solo al territorio dominado por el Estado chileno, o solo a la
“contra-cultura”, sino que tuvo la lucidez suficiente para poner el ojo aquí,
en tiempos y cuestiones que no mucha gente lo estaba poniendo. Un excelente
ejemplo de eso es su programa radial Sonidos Mutantes.
En diciembre del año 2013 Cristóbal transmitió el
primer capítulo del programa a través del dial de la radio Actual de
Tocopilla. Hacerlo en esa región y en esa ciudad no fue cuestión de azar o
exigencias externas a él; fue una decisión calculada, un primer esfuerzo por
romper con el grosero (pero muy coherente) centralismo que estructura este
país.
Así reseñaba el propio Cristóbal su proyecto:
“Hay capítulos
dedicados a la música electroacústica desde 1956 a 1974, una revisión de la
época de improvisaciones de Los Jaivas entre 1969 y 1970, la creación
subterránea en Chile durante los ’70 y ’80, con grupos como Malalche y
Agrupación Ciudadanos (y otras ocurridas en el exterior como el trabajo de
Alvaro Peña o el Quilombo Expontáneo), la música más arriesgada de la
post-dictadura (90’s y principios de los 2000), hasta llegar a las distintas
propuestas de sellos contemporáneos como Espora, Jacobinodiscos, Horrible
Registros, Productora Mutante, Amigos de la Contaminación Sonora, Cumshot
Records, Templo Sagital, Pueblo Nuevo y Chancacazo. Asimismo, habrán capítulos
más específicos dedicados a la poesía sonora, los paisajes sonoros y la
improvisación libre.”
Se podrían nombrar a la rápida algunas de las
bandas más recientes que incluyó en su revisión: Lluvia Ácida, Lem, Tobías
Alcayota, Leonardo Ahumada, Aves de Chile, Namm, Les Chicci, World Music, La
Golden Acapulco, Ojo, Come Perro Fuma Gato, Los Igualitos, Pintocabezas, Indio,
Dolores Fiuler, Ramiro Molina, Ensamble Majamama, trio Payaya, Acratarca, La
kut, diAblo, Mostro, Colectivo No, Fracaso, y muchos otros. El último capitulo,
dedicado a la poesía sonora, cuenta más de una decena de músicos.
A lo largo de 12 capítulos, escritos, producidos
y conducidos por Cristóbal, se repasó la historia musical de Chile desde 1956
hasta el 2013. Desde luego esta no es la historia “oficial” de la música
chilena, sino más bien una que se construyó al margen de ella. No tanto por
falta de talento o éxito comercial como por una necesidad consciente de
mantenerse más cerca de su propio impulso creativo y más lejos del centro gravitacional
de la industria musical. En ese gesto, lejos de sacrificar algo, lo que estas
bandas hicieron —en mayor o menor medida, con mayor o menor éxito— fue tomar
partido por una forma de hacer música que no está necesariamente atada al flujo
de las mercancías culturales.
A eso se prefirió llamar “sonido mutante”, para
evitar caer en otras categorías que impidieran a Cristóbal apuntar donde quería
apuntar.
Es decir, lo que Cristóbal hace al ponerlas todas
bajo una misma luz es tramar una historia a contrapelo de la impuesta por la
propia industria cultural. O dicho de otra forma, lo que queda de manifiesto en
el programa, lo que hizo Cristóbal a través del trabajo de docenas de bandas a
lo largo de más de 50 años, es exponer su propio punto de vista de la historia
musical de este país.
Quizá lo más importante y valioso de este
proyecto radica en el hecho de que a esta historia de la música que se está
contando subyace, a su vez, una historia social; Sonidos Mutantes es
también un recorrido por los orígenes materiales de esas músicas, un recorrido
por las posibilidades e imposibilidades de hacer música en Chile, por sus
medios técnicos, lugares geográficos y espacios sociales, por las influencias,
motivaciones e inclinaciones de distintos músicos en distintas épocas. Incluso
más, lo que investiga el programa es un conflicto de clases latente que ha sido
soslayado por los historiadores de la música casi siempre: ¿es la música
producto de un solo tipo de condiciones sociales, económicas y espirituales?
¿Qué tienen que decir los distintos tipos de música acerca de las condiciones
sociales, económicas y espirituales de las que surgen y en las que se
desarrollan? Tengo la impresión de que ese es el tipo de preguntas que
motivaron a Cristóbal a realizar este tremendo proyecto de investigación.
Sonidos Mutantes es, en casi todo
sentido, único en su especie, y aunque su valor no radica en eso, lo vuelve un
referente necesario para cualquiera que quiera investigar, sea por las razones
que sea, la historia de la música chilena con seriedad y verdadero interés.
Hasta el día de hoy nadie a llevado a cabo con tanto rigor y con tanta
capacidad crítica esta tarea.
Lejos de pretender la última palabra sobre las
pesquisas de Cristóbal, me gustaría invitar con esta breve reseña a los/las que
no conocen su trabajo a adentrarse en él y descubrirlo por cualquiera de los
caminos que tendió. El que propongo acá es solo uno. Estoy seguro de que quién
lo haga, por la vía que sea, no solo va a encontrarse con una obra apasionada y
profunda, sino que también en el camino va a aprender un montón sobre su propio
entorno e historia.
Aquí (https://archive.org/details/SonidosMutantesCap.119DeDiciembre2013) pueden
encontrar el primer capítulo del programa. En ese canal encontraran también los
otros capítulos, además de la “segunda temporada”, uno que otro experimento, y
su última “declaración pública”.
Hace solo unos días sus amigos y compañeros
lanzaron un par de libros recopilando parte de su trabajo. Sabemos que vendrán
más. Por lo pronto, seguiremos escarbando y adentrándonos en lo que tenemos a
mano; sabemos bien que su obra es un medio para adentrarse en espacios y
tiempos sociales que no aparecen con tanta nitidez y potencia como cuando son
descritos por su pluma.