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sábado, abril 04, 2020

"Cuando la bicicleta venció a los tanques" x Cristóbal Cornejo 



Nunca comulgué mucho con las posiciones políticas de la revista La Bicicleta, y la trayectoria posterior de su director lo confirma. De todas maneras, en medio de la larga noche dictatorial me alegraba verla en los kioskos y en las casas de familiares y amigos, y uno se ponía a hojearla con atención, encontrando varios materiales interesantes, partiendo por las graciosas viñetas del antihéroe Super Cifuentes, y reportajes musicales que por lo general se centraban en el Canto Nuevo, pero donde también hubo algunas menciones no tan prejuiciadas respecto del punk (más gracias a las cartas de los lectores que a la línea editorial), harta cobertura a Los Prisioneros (que con “Nunca quedas mal con nadie” ofendían a gran parte de los lectores) y un cancionero de Rock In Rio donde podías aprender a tocar varios éxitos de Iron Maiden, AC/DC y Scorpions.

Lo usual era que sus cancioneros estuvieran dedicados a Silvio Rodríguez, lo cual era bueno y malo. Bueno porque con un par de acordes y harto empeño mucha gente se atrevía a tomar la guitarra y cantar. Malo porque finalmente todos cantaban las mismas canciones, y los carretes ochenteros se transformaban en un festival de imitaciones de Silvio, garantizando conquistas amorosas y encuentros eróticos a los intérpretes, y el aburrimiento de quienes a pesar de ser militantes de juventudes políticas de izquierda preferiríamos haber pasado las veladas en compañía de Black Sabbath o Led Zeppelin.

Subtitulada “Revista chilena de la actividad artística”, su N° 1 apareció en 1978, incluyendo esta declaración de principios:

“Queremos expresar a ustedes que hoy nos sentimos formando parte de un ancho proceso cotidiano de transformación del arte y del artista, desde la perspectiva de su función social. (…) Hoy día en Chile, en los más diversos organismos e instituciones, iglesias, poblaciones, clubes y talleres, germina la actividad artística; a veces con dificultad, con mayor o menor apoyo, con irregulares logros o fracasos, es un verdadero movimiento el que surge y se propaga. (…) Es así que nace nuestra revista; un nuevo grupo de trabajo al interior de este movimiento, un grupo con una función específica: entregar un medio de comunicación social para facilitar la difusión de la creación, la reflexión, la crítica; para poder aportar así, a la profundización de esta experiencia que compartimos. La Bicicleta es un proyecto largamente madurado, sin embargo no tiene aún la madurez ni la tendrá en tanto no sea maduro el movimiento artístico del que surge y del que forma parte”.

El último número apareció en 1990. La Bicicleta no siguió pedaleando durante la transacción a la democracia. Antes de la Cerdos & Peces (revista argentina dirigida por e Syms) era el único lugar en que podías leer sobre Fassbinder, Matta y otros próceres de la contracultura.

Aprovechando que Memoria Chilena subió varios números de la revista, quería compartir una breve nota que nuestro querido amigo, camarada, cómplice, amante, músico, periodista, investigador materialista de la realidad, chamán y poeta Cristóbal Cornejo redactara hace ya 6 años, y que fuera incluida en sus “Escritos (Anti) Políticos”, editados póstumamente en marzo de 2016.



“Cuando la bicicleta venció a los tanques”      
    
por Cristóbal Cornejo, El Ciudadano 151, marzo de 2014

Hubo un tiempo en que el arte fue peligroso. Fue arma y estuvo en la mira de las dictaduras. Eduardo Yentzen fue protagonista de la resistencia cultural a Pinochet desde La Bicicleta, una publicación que a puro corazón llegó a ser la revista mensual más leída en Chile, transformándose en trinchera de quienes buscaban devolver los colores a sus vidas.

Lejano parece el tiempo en que difundir arte era como cargar armas, donde había que darle vueltas a la lengua tratando de decir lo inefable. Eduardo Yentzen Peric (61) y su generación se hicieron expertos en el arte de la metáfora, y más aún del camuflaje de los sentidos que debía enfrentar la censura dictatorial mediática. La Bicicleta, así, pedaleó milla a milla, siempre desde la precariedad, transformándose entre 1978 y 1987 en la revista de artes y humanidades más importante, un bastión de la diversidad activa contra la Junta Militar.

Yentzen autoeditó recientemente “Los voz de los setenta: un testimonio sobre la resistencia cultural a la dictadura (1975-1982)”, un relato personal que, sin embargo, “es un soporte para la memoria colectiva”, escrito por un joven que en 1982 cumplía 30 años, cuando La Bicicleta cumplía 27 números publicando colaboraciones nacionales e internacionales de lujo.

Así, desde los espacios de la creación, al amparo de la Iglesia Católica, al calor de las peñas y actividades, y empujada por organizaciones que poco a poco iban reconstituyendo las confianzas, empezó a escribirse la historia de una revista que, desde sus contenidos, fue oasis en medio del desierto, contraparte al plan cultural oficial que esos años preparaba el camino a la instalación de los valores neoliberales; una historia llena de anécdotas tragicómicas, de solidaridad, y aventuras colectivas que permitieron resistir el miedo al terror milico.

Una de esas historias tiene que ver con el concurso literario que -anónima, como suelen ser las obras participantes en un concurso- ganara Mariana Callejas (agente de la Dina), obligando al equipo a definirse: finalmente publicarían a Callejas, luego de un debate que resolvió que se debía premiar obras o personas; decisión que, claramente, traería coletazos.

“Hace poco un lector de La Bicicleta me dijo que en ese momento, siendo estudiante secundario, tomó la posición de consecuencia con los principios democráticos –que es en lo que nosotros sustentamos nuestra decisión- como ética de vida. Eran tiempos complejos, los que nos confrontaron tuvieron buenas razones para ello”, recuerda Yentzen.

Porque no sólo se enfrentaron contra la prensa y la represión: a veces los militantes más antiguos, desde su ortodoxia, no comprendieron sus dinámicas, rechazándolas por “poco claras en sus objetivos políticos”.

“No es que las rechazaran, sino que por su vida exclusivamente clandestina vivieron un aislamiento respecto de las lógicas que se iban dando en la resistencia cultural (filo) legal”, aclara Yentzen. “Estaba la opción de hacerles caso o expresarles que estaban desubicados y proceder en consecuencia, que fue la actitud que yo tuve. Y que fue tolerada”, explica.

Sorprende la diversidad de actores envueltos en la red de La Bicicleta (“debe ser uno de los tiempos más fraternos entre las distintas trincheras que luchaban contra la dictadura”), así como lo ascendente de su impacto en la sociedad chilena, ya que a través de sus contenidos se reflejan los cambios culturales que la ideología dominante iba generando en el ciudadano medio y los análisis que de ello hacían académicos y artistas.

Varias problemáticas se mantienen incólumes al día de hoy. Una de ellos, por ejemplo, es la concentración de los medios, el monopolio de la imprenta y la distribución, la uniformidad ideológica: una herencia dictatorial que la Concertación más que disolver, consolidó.

-Me llama la atención que el punto de inflexión de la revista en 1981 venga dado por la inclusión protagonista de los contenidos musicales, al punto que algunos sectores los criticaron por “haberse vuelto comerciales”…

-Nosotros, tras el primer especial de Silvio a comienzos de 1980, optamos por ser una revista juvenil, y la revista juvenil en Chile se ha anclado siempre en una música, y esa era nuestra música. Y hemos sido sin duda la revista juvenil más profunda en la historia del país, con más temática cultural, más impulsora de los nuevos temas de ecología, valoración de los pueblos originarios, feminismo, etc.

Y lo de ser comercial es un chiste, porque digo en el libro que el sueldo de todo nuestro equipo no alcanzaba para más de pagar el arriendo de una pieza en una casa comunitaria, pagar las cuentas, comer y movilizarse.

-¿Qué opinas de la recurrente caracterización del Canto Nuevo como “llanto nuevo” por su estado anímico y disposición? A propósito, en algún momento imaginé que el título del libro era una respuesta al mensaje de la canción de Los Prisioneros…

-No era una respuesta sino una referencia o contrapunto. Mi motivación fue hacer una declaración pública de que existió una generación o voz de los 70, que era la última de las silenciadas en nuestro rol en esos años. Para mí el Canto Nuevo fue la música de mi vida juvenil, y en el libro declaro que paradójicamente ésta tuvo una intensidad gozosa. Por otro lado, qué onda con que el Canto nuevo expresara dolor, si es quizá el periodo histórico de Chile en que ha habido más de qué dolerse.

-El ‘92 criticabas en tu obra de teatro los incipientes “abusos de poder” que detectabas en la Concertación. ¿Qué reflexión haces luego de cuatro gobiernos que hoy se ve tan cómplices del modelo diseñado por la dictadura?

-Criticar es decir: lo hacen mal, o tienen mala intención. En mi visión las conductas llamadas malas nacen de la debilidad. Esto es difícil de explicar aquí. En la obra de teatro unos fantasmas se le aparecen a un alto dirigente (cualquiera) de la Concertación para decirle que si se interesaba en no caer en abusos de poder, ellos se ofrecían a apoyarlo en poder cumplir ese deseo. Criticar no es útil. Yo ofrezco apoyar a quienes deseen no cometer abuso de poder. Lo podríamos llamar un ‘coaching democrático’.

-¿Tiene sentido para ti para la idea de contracultura en la actualidad?

-Absolutamente, respecto de la cultura neoliberal, respecto de la cultura occidental/racionalista. Tenemos la oportunidad de transformación en grande. A ver si podemos.



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miércoles, enero 23, 2019

Cristóbal Cornejo: un 23 de enero... 


Un día 23 de enero vino a este mundo inmundo nuestro camarada Cristóbal Cornejo.

Revisando un viejo baúl hace pocos días encontré una carta suya. Era de diez años atrás (marzo del 2009), y tras realizar una especie de recuento de varias aventuras que vivimos juntos, terminaba así:

“Ya estamos echados a la lucha de clases…hacia fortalecer la teoría, la práctica subversiva cotidiana (en cualquier frente). Emprendo proyectos, no tengo miedo, soy todo lo que quiero ser, vivo el erotismo y el ruido caótico. ¡Que pronto se unan nuestras copas! ¡A brindar por lo pasado y lo futuro”.

Un amigo común escribió en su momento este texto sobre CC, Cris Corn, Zorrito, Chico Pastilla, o como quieran llamarle: no importa, Cris era un ser inaprensible y ni siquiera los nombres lo encuadraban a un orden convencional. El texto fue publicado en Raza Cómica. 

En youtube se encuentra el registro de una improvisación con Andrés Morales, y en el bandcamp de Volante discos podemos escuchar "El diablo es un magnífico", el album en que CC participó como baterista de la banda DiAblo, en formato de trio.




Cristóbal Cornejo: investigador materialista de la realidad.
Por Rodrigo B.

La crítica radical a la cultura del capitalismo guarda sus antecedentes de manera dispersa en la filosofía, literatura, poesía y pintura de la segunda mitad del siglo XIX. Solo con el fracaso de la revolución de 1905 y el advenimiento de la Primera Guerra Mundial (eventos que fueron a su vez productos específicos del desarrollo de la economía política), encontraría esta crítica una forma concreta y consciente en la actividad creativa de, por ejemplo, los dadaístas y los surrealistas.
La importancia de estos grupos radica en haber reconocido, junto con el grueso de la clase trabajadora que se levantó en armas contra el orden burgués entre 1917 y 1937, la manera en que el capitalismo avanzaba vertiginosamente apoderándose de la totalidad del espacio y el tiempo social. Esa consciencia histórica fue acertada. Al ser incapaz el proletariado de contener su avance, el capitalismo se encontró luego de la Segunda Guerra Mundial en el terreno firme de lo que Marx denominó la “fase de subsunción real del trabajo en el capital”; el trabajo asalariado y la producción de mercancías ocupando la totalidad de la vida.
En ese sentido, se podría decir, la economía política se transforma en una cultura que ya no reconoce límites identitários, geográficos, religiosos, etc. Parafraseando a Robert Jaulin, el capitalismo se convierte durante este periodo en “la organización colectiva del hecho cotidiano total”; ya no hay un afuera del modo/estilo de vida que imponen el trabajo asalariado y el dinero.

Parte del trabajo que realizaron Walter Benjamin, la Escuela de Frankfurt y los situacionistas (solo por nombrar algunos de los más reconocibles) fue tomar nota de estos desarrollos. Lo que se buscaba era ampliar el horizonte crítico y afilar las armas de la teoría anti-capitalista para ponerlas a la altura de las circunstancias históricas que se habían gestado en ese último ciclo. Es decir, mucho más allá de pretenderse una “crítica cultura” en términos generales, estos trabajos teóricos fueron una crítica directa y específica al capitalismo y la cultura que engendró para mistificarse y naturalizarse.
Esto es lo que se conoce como industria cultural, un concepto que al parecer ha sido tan difícil de asimilar que las definiciones que se dan en Wikipedia son radicalmente distintas en castellano y en inglés, por no mencionar el hecho de que el concepto, respecto a otros, está traducido a una cantidad ínfima de idiomas.
Tal como señaló Anselm Jappe el “contenido” de este fenómeno (y producto) histórico al que se conoce como industria cultural “no es la apología explícita de tal o cuál régimen político presuntamente intachable, sino la incesante presentación de lo existente como único horizonte posible”. Estos comentarios los hace Jappe a propósito del boxeo dialéctico que organizó entre Guy Debord y Theodoro Adorno respecto al rol del arte (Sic Transit Gloria Artis, 1994). Luego continúa citando a Adorno: “A fin de demostrar la divinidad de lo real no se hace más que repetirlo cínicamente y sin cesar. Tal prueba fotológica no es concluyente, pero si apabullante” (Dialéctica de la Ilustración, 1944).
En nuestros días, y ya desde hace algún tiempo, este punto de vista ha sido reducido y/o restado de su contenido crítico original. Su potencial revolucionario se ha vuelto una especie de espejismo que, por un lado alimenta las ilusiones canibalescas de los especialistas de la crítica (sociólogos, filósofos, académicos y demás tipos de burócratas del pensamiento), y por otro es desestimado como un delirio propio de “la teoría estética” por los y las que se dedican a la política (en diferentes formatos de leninismo o anarquismo profesional). Es quizá obvio señalar que esta incapacidad para entender el capitalismo como un modo de producción de la vida en su totalidad —y que por lo tanto debe ser contestado en la práctica de manera total— es resultado directo del avance violento de la alienación en nuestra época, y, como diría György Lukács, la alienación radica en el predominio de la mercancía en la vida social.
Entre los que resisten esta inercia totalizante que viene imponiendo la cultura burguesa a toda la humanidad desde hace ya varios siglos, debiéramos contar también a aquellos que se rehúsan a someter su racionalidad y su capacidad sensible a la lógica de los sistemas dogmáticos de significaciones, a las falsas oposiciones, y a la urgencia con que la crítica especializada y los intelectuales mantiene la realidad diseccionada. Parte de ese esfuerzo pasa por rastrear y darle continuidad a la historia que es sistemáticamente oscurecida por la sombra de la industria cultural; la historia de las clases dominadas.
Tengo la certeza de que el trabajo de Cristóbal Cornejo forma parte de esa corriente histórica, y creo que se le debería poner atención porque este tipo de mirada es excepcionalmente escasa en el movimiento social anti-capitalista de hoy. Tan excepcional como necesaria.
Cristóbal, al que difícilmente podríamos calificar como un simple periodista, músico o poeta, fue más bien un agitador social a tiempo completo. Hablar de su obra “literaria” separada de su obra “política”, o de su obra “musical” separada de su obra “poética”, sería caer en un sesgo ideológico que el mismo combatió a cada momento. Los cruces de ideas y referencias a los que estaba siempre sometiendo sus análisis de la realidad formaban parte integral de lo que pretendía comunicar.
Para empezar a despejar las dudas que puedan haber respecto de ese sentido unitario en el trabajo de Cristóbal bastaría con hacer una pasada rápida por algunos de los temas más relevantes de sus escritos: John Coltrane, la Nueva Canción Chilena, el punk, el noise, la new thing, Emile Dubois, los Ludditas, Cravan, orgías des-programadoras, insurrecciones urbanas, vandalismo comparado, el 18 de septiembre, movimientos sociales, ecológicos y culturales, el anti-arte, la anti-poesía, el comunismo difuso, terremotos sociales y geológicos, y un largo etcétera.
Se le escucha decir, por ejemplo:
“Y no es que creamos que los/as artistas son una lacra. Es un sistema que los/as controla de manera objetiva y subjetiva, mimándolos y disociándolos del conjunto social, el que los hace no llevar la crítica hasta la raíz. A pesar de eso, sabemos que la complacencia frívola y el éxito (Warhol, el trivial mercader por excelencia, como ícono), motivan la reproducción del modelo de vida y la integración y recuperación de los posibles “revoltosos” al engranaje.“
En otro momento reflexiona:
“Ya en los sesenta, pueden apreciarse los notables resultados que alcanza la fusión “menos probable de todas”, es decir, rock y jazz, o más concretamente, free jazz y punk rock (donde punk se entiende como actitud). En esta década nos encontramos con bandas que, casi paralelas al desarrollo del jazz libre, van incorporando sus descubrimientos al acervo del ruido eléctrico.”
Y luego grita:
“¡Por la multiplicación de los focos locales anticapitalistas y antiestatales!
¡Por la revolución internacionalista contra la sociedad espectacular!
¡Comunismo difuso saboteando el viejo mundo!”
Todos estos fragmentos forman parte de escritos que, aunque referidos a cuestiones distintas, están atravesados por una misma mirada que los ata en un impulso por subvertir el sentido común y llevar “la crítica hasta la raíz”.
Se puede reconocer en el trabajo de Cristóbal una tremenda inquietud por poner en crisis varias de las instituciones que organizan la forma que tenemos de pensar y experimentar la realidad. Y eso se puede observar no solamente en sus escritos, sino que también en la música que produjo, los grupos que frecuentó, la manera que tuvo de moverse por el territorio y cómo estableció relaciones con los que tuvimos la suerte de conocerlo y tenerlo cerca.
En ese sentido, la introducción que propuse un poco más arriba no es una mera forma de poner en contexto o meter a la fuerza a Cristóbal en un cause histórico que le es ajeno. Al contrario. Su trabajo representa para mí un cuerpo sólido de investigación materialista de la realidad que se acopla con mucha soltura a la corriente que conforman los movimientos y teorías que comentábamos antes.
Cristóbal fue un gran comentador de la realidad y también un acucioso archivador de experimentos y experiencias —individuales y grupales— que han surgido en la historia contra-cultural chilena. No es que se haya dedicado solo al territorio dominado por el Estado chileno, o solo a la “contra-cultura”, sino que tuvo la lucidez suficiente para poner el ojo aquí, en tiempos y cuestiones que no mucha gente lo estaba poniendo. Un excelente ejemplo de eso es su programa radial Sonidos Mutantes.
En diciembre del año 2013 Cristóbal transmitió el primer capítulo del programa a través del dial de la radio Actual de Tocopilla. Hacerlo en esa región y en esa ciudad no fue cuestión de azar o exigencias externas a él; fue una decisión calculada, un primer esfuerzo por romper con el grosero (pero muy coherente) centralismo que estructura este país.
Así reseñaba el propio Cristóbal su proyecto:
“Hay capítulos dedicados a la música electroacústica desde 1956 a 1974, una revisión de la época de improvisaciones de Los Jaivas entre 1969 y 1970, la creación subterránea en Chile durante los ’70 y ’80, con grupos como Malalche y Agrupación Ciudadanos (y otras ocurridas en el exterior como el trabajo de Alvaro Peña o el Quilombo Expontáneo), la música más arriesgada de la post-dictadura (90’s y principios de los 2000), hasta llegar a las distintas propuestas de sellos contemporáneos como Espora, Jacobinodiscos, Horrible Registros, Productora Mutante, Amigos de la Contaminación Sonora, Cumshot Records, Templo Sagital, Pueblo Nuevo y Chancacazo. Asimismo, habrán capítulos más específicos dedicados a la poesía sonora, los paisajes sonoros y la improvisación libre.”
Se podrían nombrar a la rápida algunas de las bandas más recientes que incluyó en su revisión: Lluvia Ácida, Lem, Tobías Alcayota, Leonardo Ahumada, Aves de Chile, Namm, Les Chicci, World Music, La Golden Acapulco, Ojo, Come Perro Fuma Gato, Los Igualitos, Pintocabezas, Indio, Dolores Fiuler, Ramiro Molina, Ensamble Majamama, trio Payaya, Acratarca, La kut, diAblo, Mostro, Colectivo No, Fracaso, y muchos otros. El último capitulo, dedicado a la poesía sonora, cuenta más de una decena de músicos.
A lo largo de 12 capítulos, escritos, producidos y conducidos por Cristóbal, se repasó la historia musical de Chile desde 1956 hasta el 2013. Desde luego esta no es la historia “oficial” de la música chilena, sino más bien una que se construyó al margen de ella. No tanto por falta de talento o éxito comercial como por una necesidad consciente de mantenerse más cerca de su propio impulso creativo y más lejos del centro gravitacional de la industria musical. En ese gesto, lejos de sacrificar algo, lo que estas bandas hicieron —en mayor o menor medida, con mayor o menor éxito— fue tomar partido por una forma de hacer música que no está necesariamente atada al flujo de las mercancías culturales.
A eso se prefirió llamar “sonido mutante”, para evitar caer en otras categorías que impidieran a Cristóbal apuntar donde quería apuntar.
Es decir, lo que Cristóbal hace al ponerlas todas bajo una misma luz es tramar una historia a contrapelo de la impuesta por la propia industria cultural. O dicho de otra forma, lo que queda de manifiesto en el programa, lo que hizo Cristóbal a través del trabajo de docenas de bandas a lo largo de más de 50 años, es exponer su propio punto de vista de la historia musical de este país.
Quizá lo más importante y valioso de este proyecto radica en el hecho de que a esta historia de la música que se está contando subyace, a su vez, una historia social; Sonidos Mutantes es también un recorrido por los orígenes materiales de esas músicas, un recorrido por las posibilidades e imposibilidades de hacer música en Chile, por sus medios técnicos, lugares geográficos y espacios sociales, por las influencias, motivaciones e inclinaciones de distintos músicos en distintas épocas. Incluso más, lo que investiga el programa es un conflicto de clases latente que ha sido soslayado por los historiadores de la música casi siempre: ¿es la música producto de un solo tipo de condiciones sociales, económicas y espirituales? ¿Qué tienen que decir los distintos tipos de música acerca de las condiciones sociales, económicas y espirituales de las que surgen y en las que se desarrollan? Tengo la impresión de que ese es el tipo de preguntas que motivaron a Cristóbal a realizar este tremendo proyecto de investigación.
Sonidos Mutantes es, en casi todo sentido, único en su especie, y aunque su valor no radica en eso, lo vuelve un referente necesario para cualquiera que quiera investigar, sea por las razones que sea, la historia de la música chilena con seriedad y verdadero interés. Hasta el día de hoy nadie a llevado a cabo con tanto rigor y con tanta capacidad crítica esta tarea.
Lejos de pretender la última palabra sobre las pesquisas de Cristóbal, me gustaría invitar con esta breve reseña a los/las que no conocen su trabajo a adentrarse en él y descubrirlo por cualquiera de los caminos que tendió. El que propongo acá es solo uno. Estoy seguro de que quién lo haga, por la vía que sea, no solo va a encontrarse con una obra apasionada y profunda, sino que también en el camino va a aprender un montón sobre su propio entorno e historia.
Aquí (https://archive.org/details/SonidosMutantesCap.119DeDiciembre2013) pueden encontrar el primer capítulo del programa. En ese canal encontraran también los otros capítulos, además de la “segunda temporada”, uno que otro experimento, y su última “declaración pública”.
Hace solo unos días sus amigos y compañeros lanzaron un par de libros recopilando parte de su trabajo. Sabemos que vendrán más. Por lo pronto, seguiremos escarbando y adentrándonos en lo que tenemos a mano; sabemos bien que su obra es un medio para adentrarse en espacios y tiempos sociales que no aparecen con tanta nitidez y potencia como cuando son descritos por su pluma.


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miércoles, mayo 24, 2017

DOS MINI REVIÚS EN UNO: Black Sabbath y Eno (x LC) 

A punto de hacer dormir al infante terrible, prendo el equipo de música y desde los parlantes SONY que en edad andan por ahí con quien suscribe -esto es, más cerca del medio siglo que otra cosa- y que aún funcionan excelentemente (cosa que no sé si se puede decir de quien suscribe) brotan a buen volumen las sirenas iniciales de “War Pigs” y los gloriosos power chords de Toni Iommi acompañado por sus muchachos (Ozzy, Geezer y Bill). Es decir, estaba puesto desde la mañana el hermoso álbum “Paranoid”, de Black Sabbath, su segundo LP, de 1970.



El cabro chico, que ya estaba en hora de cerrar los ojitos y ponerse a soñar, grita: “¡ESTO ES HEAVY METAL PUNK ROCK!!!!!”.  “Muy adecuada descripción”, le digo, “pero lo voy a sacar porque no es música para dormir”. Me refuta diciendo: “esta música sí sirve para dormir…la que no sirve es esa de las ranitas que siempre me ponían cuando era más chico”.



(Claramente se estaba refiriendo al Ambiente 4, On Land, de Brian Eno, que en uno de los tracks finales, Unfamiliar Wind (Leeks Hills),  usa los sonidos de ranas grabadas creo que en Costa Rica por el fotógrafo chileno Felipe Orrego (Corrección: ¡en Honduras!). Recuerdo que en los tiempos en que el niño era bastante más pequeño con su madre lo hacíamos dormir en base a los 3 ambientes de Eno que hay en casa (1, 2 y 4), además de su Discreet Music y el Thursday Afternoon. Lo dejamos de hacer una vez que me dijo: “esa música no me da sueño, me da susto”, lo cual me dio mucho que pensar en términos de que sin quererlo tal vez lo habíamos estado asustando innecesariamente todas las noches…en fin…que no se entere el SENAME ni los Jueces de Familia. Pero antes de eso una vez se quedó dormido en la alfombra, como le gustaba hacerlo siempre en verano, y diciendo: “¡las ranitas me están cantando a mí!”, con una gran sonrisa celestial para pasar segundos después al mundo de los sueños).

Ante eso le pregunto, “¿por qué dices que ese disco de las ranitas no es sirve para quedarse dormido?”, y me responde: “esa es música para despertarse”.

Toda la razón. Entonces no cambié el disco, y hacia “Planet Caravan” (el tercer tema) el infante terrible ya estaba roncando. Mientras tanto, pensaba en una vez que dejé de ver a Cristóbal C. por unos cuantos meses, y a su regreso cuando visitó mi casa nos dijo que había estado pegado con Black Sabbath, y particularmente con esta canción. Así que ahora cuando la escucho me imagino que es él quien va viajando entremedio de los planetas, por todo el cosmos, en una caravana eterna donde tarde o temprano nos volveremos a encontrar. En medio de ese viaje me quedé yo también profundamente dormido.

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viernes, marzo 24, 2017

2 años 





Nos vemos el domingo.

Se te extraña.

Te recuerdo escuchando estas canciones de Mizutani.


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jueves, septiembre 29, 2016

De la protesta a la resistencia/Heldon en apoyo a la R.A.F. 



-Una vez el camarada Cornejo publicó en El Ciudadano algo sobre UlrikeMeinhof. En otra ocasión, me regaló la “Pequeña antología” (decía que iba a estar mejor cuidada en mi casa que en la biblioteca de donde la recuperó).

-Unas décadas antes de eso, en 1975 (cuando yo tenía 4 años y Cristóbal algo así como -8) Richard Pinhas, de Heldon, editó este disco sencillo en  APOYO a la R.A.F. 

-Una década antes, a fines de los 60, la Ulrike periodista publicó este breve y significativo texto (obviamente, incluido en la pequeña antología preparada por el viejo estalinista M. Sacristán), que acá subo en una versión que pillé en rebelión, conservando la presentación de ellos.
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Antes de pasar a la clandestinidad en 1972, Ulrike Meinhof trabajó com redactora en la revista Konkret entre 1959 y 1969. Aparte de una gran lucidez y estilo, sus textos reflejan un absoluto sentimiento anti-capitalista y su convicción- tal vez desesperada- del recurso a la violencia como única forma efectiva de lucha. El siguiente artículo fue publicado por Ulrike Meinhof el 11 de abril de 1968 tras el atentado perpetrado por un miembro de la extrema derecha contra su camarada Rudi Duschke, en el que Duschke sufrió graves heridas cuyas secuelas le produjeron la muerte unos años después. La situación de represión que padecía la izquierda extra parlamentaria alemana, la agresión americana a Vietnam, el asesinato policial en Berlín del estudiante Benno Ohnesorg y, en especial, el atentado contra Rudi Duschke y los continuos hostigamientos del diario reaccionario Der Springer contra los estudiantes e izquierdista fueron cruciales en Meinhof para determinar su radicalización política que le llevó a abandonar a sus dos hijas gemelas y, tras la acción armada de liberación de Andreas Baader, en la que resultó gravemente herido un empleado público, pasar a la clandestinidad.
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“Protesta es cuando digo, esto y esto no va conmigo. Resistencia es cuando procuro que lo que no va conmigo no vuelva a suceder. Protesta es cuando digo que no voy a participar. Resistencia es cuando procuro que los otros tampoco participen”. Algo parecido - no textual- se pudo escuchar decir a un negro del Movimiento Blackpower en la Conferencia sobre Vietnam celebrada en Berlín en enero.

Los estudiantes no llevan a cabo ninguna insurrección, ellos practican la resistencia. Piedras han volado, los cristales de las ventanas de la central de Der Springer en Berlín han acabado hechos añicos, han ardido automóviles, cañones de agua han sido arrebatados, una redacción de el BILD ha sido demolida, ruedas pinchadas, el tráfico paralizado, camiones de obras han sido volcados, cadenas policiales rotas- violencia, violencia física es lo que se ha empleado. Sin embargo, no se han podido impedir las entregas de prensa de Der Springer, el funcionamiento del tráfico sólo se ha interrumpido durante unas horas. El seguro pagará las lunas de las ventanas. Donde los camiones fueron quemados circularán nuevos camiones, no se reducirá el número de cañones de agua de la policía ni faltarán balas de goma. Por tanto, volverá a suceder lo que ya ha sucedido. La prensa del Springer seguirá provocando y Klaus Schütz ordenará: “mirad a estos tipos a la cara”, y proceded con las consecuencias, golpearlos directamente- lo que ya pasó el 21 de febrero- y acabad disparando.

Las protestas masivas contra el atentado a Rudi Duschke perpetrado durante las pascuas-llevadas a cabo no por unos cuantos, sino por muchos; no sólo una vez sino a lo largo de varios días; no solamente en Berlín, sino en muchos lugares; no de forma simbólica, sino de forma fáctica- han rebasado el límite entre la protesta verbal y la resistencia física. Tras el 2 de junio solamente se quemaban ejemplares del Springer, ahora se ha intentado bloquear su publicación. El dos de junio volaron tomates y huevos, ahora vuelan piedras. En febrero se pasó un divertido y entretenido film sobre la fabricación de cócteles molotov, ahora se emplean de facto. El límite entre la protesta y la resistencia ha sido sobrepasado, aunque no de manera efectiva, volverá a repetirse lo que ya ha sucedido. No se han cambiado las relaciones de poder. Se ha practicado la violencia pero no se ha podido ocupar el poder. ¿Se trata de violencia terrorista sin sentido, de violencia alienada, apolítica e inconsciente?

Constatemos: aquellos que desde el poder condenan el lanzamiento de piedras y los incendios provocados; sin embargo, no condenan los acosos del Springer ni las bombas sobre Vietnam, ni el terror en Persia, ni la tortura en Sudáfrica. Aquellos que podrían expropiar el Springer, no lo hacen. Forman grandes coaliciones que mediante los massmedia podrían difundir la verdad sobre el BILD y el BZ y, en cambio, difunden verdades a medias sobre los estudiantes; su ocupación con el tema de la violencia es hipócrita, ellos utilizan una doble medida, quieren exactamente lo que nosotros, los que- con o sin piedras en los bolsillos- tomamos la calle, no queremos: la política como destino, masas infantilizadas, una oposición impotente que no moleste a nadie, democráticas carreras de sacos y el estado de excepción si la cosa se pone seria. Johnson, que declaró a Martin Luther King héroe nacional; Kiesinger (NOTA: Canciller alemán entre 1966 y 1969 que fue abofeteado en público por la activista Beate Klarsfeld para denunciar su pasado como afiliado al partido nazi), que lamento en un telegrama el atentado contra Rudi Dutschke, ellos son los representantes de la violencia contra la que se opusieron King y Dutschke, la violencia del sistema, el sistema que ha producido Der Springer y la guerra de Vietnam; a ellos les faltan dos cosas: la legitimación política y la legitimación moral para imponer un recurso contra la voluntad de resistencia de los estudiantes.

Constatemos: está documentado que aquí no se puede disparar a la gente así como así, que la protesta de los estudiantes contra la idiotización de las masas llevada a cabo por Der Springer va en serio, queDer Springer no está, ni ahora ni nunca, destinado por Dios para poder decir ni una sola vez: “estamos en contra de vosotros”; está documentado que costumbre & decencia son cadenas que se pueden romper si se vapulea y dispara al encadenado. Está documentado que todavía hay gente en este país que no sólo condena el terror y la violencia y no se opone secretamente a ellos, sino que sin temor y sin poder callar es capaz y está dispuesta a ofrecer resistencia para que se puede llegar a comprender que esto no puede seguir así. Se ha demostrado que el acoso mortal y el crimen distorsionan la vida pública, que las personas que mantienen una vida pública no están dispuestas a consentirlo. El valor de un ser humano es algo distinto a las ventanas, las furgonetas del Springer y los coches volcados y dañados durante la acción de bloqueo ante la central del Springer, hechos que fueron registrados en los informes arbitrarios de la policía; que hay una vida pública que no solamente no está dispuesta a llamar insoportable a lo insoportable, sino que está dispuesta a enfrentarse a ello, a desarmar al Springer, a los asistentes de sus asistentes.

Ahora, después de que se haya demostrado que hay otros medios a disposición mejores que las meras manifestaciones, Springer-Hearing, acciones de protesta, medios diferentes a los que han fracasado al no poder evitar el atentado contra Rudy Duschke; ahora, que las cadenas de la costumbre & la decencia han saltado por los aires, se puede discutir a posteriori sobre violencia y contra-violencia. Contra-violencia, como se practicó en aquellos días de pascua, no es adecuada para despertar simpatías ni para atraer a los liberales asustados a la parte de la oposición extra parlamentaria. La contra-violencia conlleva el riesgo de convertirse en violencia cuando la brutalidad policial determina las reglas del juego, cuando la rabia impotente es capaz de acabar con la superioridad de la racionalidad, cuando se contesta a la intervención paramilitar de la policía con medios paramilitares. Pero el establishment, “los señores de la cúpula”- en palabras de Rudi- han de aprender que sólo hay una forma de alcanzar la paz & el orden perpetuos: expropiar el Springer. La diversión ha terminado: “protesta es cuando digo, esto y esto no va conmigo. Resistencia es cuando procuro que lo que no va conmigo no vuelva a suceder”.




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viernes, agosto 26, 2016

ARDE BOLIVIA/2 cosas 



1.- Llego a la casa de un camarada. Está junto a otro, y escuchan música. Me siento, empiezo a escuchar, me gusta mucho lo que escucho, y aguanto como 10 minutos hasta preguntar: “¿Qué suena?”. Y me responden: “Cris Corn…el disco de mar de los Sargazos”. Más encima, me regalan una copia. Se trata de un bello artefacto que documenta al dúo de Cristobal con Michel Leroy. Cada uno de ellos por separado ya era un gran talento, pero acá estaban los dos juntos. Dos largos tracks. El segundo es en vivo el 1/5/2013. ¿En qué andaba Cris en estos tiempos? Apenas recuerdo en qué andaba yo…5 es mayo. ¿Tocaron en vivo justo para el 1° de Mayo? ¿Qué habrá pensado, pontificado y declamado Cristóbal en relación a  todo eso? De repente se escucha en una pausa a alguien del público gritar: “¡Qué locura hueón!”.

Sí.

Qué locura.



2.- Hora y media  y medio litro de Pilsen después entro a mi casa. 

El perrito que mi hijo considera su hermano destruyó un libro sobre “Teoría marxista del conocimiento”. No sé si retarlo o felicitarlo.


Finalmente lo abrazo y le digo: “¡Menos mal que no te lo comiste!”.

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jueves, abril 28, 2016

Cristóbal Cornejo: investigador materialista de la realidad (x el camarada Rodrigo) 

Cristóbal Cornejo: investigador materialista de la realidad.
Por Rodrigo B.



La crítica radical a la cultura del capitalismo guarda sus antecedentes de manera dispersa en la filosofía, literatura, poesía y pintura de la segunda mitad del siglo XIX. Solo con el fracaso de la revolución de 1905 y el advenimiento de la Primera Guerra Mundial (eventos que fueron a su vez productos específicos del desarrollo de la economía política), encontraría esta crítica una forma concreta y consciente en la actividad creativa de, por ejemplo, los dadaístas y los surrealistas.
La importancia de estos grupos radica en haber reconocido, junto con el grueso de la clase trabajadora que se levantó en armas contra el orden burgués entre 1917 y 1937, la manera en que el capitalismo avanzaba vertiginosamente apoderándose de la totalidad del espacio y el tiempo social. Esa consciencia histórica fue acertada. Al ser incapaz el proletariado de contener su avance, el capitalismo se encontró luego de la Segunda Guerra Mundial en el terreno firme de lo que Marx denominó la “fase de subsunción real del trabajo en el capital”; el trabajo asalariado y la producción de mercancías ocupando la totalidad de la vida.
En ese sentido, se podría decir, la economía política se transforma en una cultura que ya no reconoce límites identitários, geográficos, religiosos, etc. Parafraseando a Robert Jaulin, el capitalismo se convierte durante este periodo en “la organización colectiva del hecho cotidiano total”; ya no hay un afuera del modo/estilo de vida que imponen el trabajo asalariado y el dinero.

Parte del trabajo que realizaron Walter Benjamin, la Escuela de Frankfurt y los situacionistas (solo por nombrar algunos de los más reconocibles) fue tomar nota de estos desarrollos. Lo que se buscaba era ampliar el horizonte crítico y afilar las armas de la teoría anti-capitalista para ponerlas a la altura de las circunstancias históricas que se habían gestado en ese último ciclo. Es decir, mucho más allá de pretenderse una “crítica cultura” en términos generales, estos trabajos teóricos fueron una crítica directa y específica al capitalismo y la cultura que engendró para mistificarse y naturalizarse.
Esto es lo que se conoce como industria cultural, un concepto que al parecer ha sido tan difícil de asimilar que las definiciones que se dan en Wikipedia son radicalmente distintas en castellano y en inglés, por no mencionar el hecho de que el concepto, respecto a otros, está traducido a una cantidad ínfima de idiomas.
Tal como señaló Anselm Jappe el “contenido” de este fenómeno (y producto) histórico al que se conoce como industria cultural “no es la apología explícita de tal o cuál régimen político presuntamente intachable, sino la incesante presentación de lo existente como único horizonte posible”. Estos comentarios los hace Jappe a propósito del boxeo dialéctico que organizó entre Guy Debord y Theodoro Adorno respecto al rol del arte (Sic Transit Gloria Artis, 1994). Luego continúa citando a Adorno: “A fin de demostrar la divinidad de lo real no se hace más que repetirlo cínicamente y sin cesar. Tal prueba fotológica no es concluyente, pero si apabullante” (Dialéctica de la Ilustración, 1944).
En nuestros días, y ya desde hace algún tiempo, este punto de vista ha sido reducido y/o restado de su contenido crítico original. Su potencial revolucionario se ha vuelto una especie de espejismo que, por un lado alimenta las ilusiones canibalescas de los especialistas de la crítica (sociólogos, filósofos, académicos y demás tipos de burócratas del pensamiento), y por otro es desestimado como un delirio propio de “la teoría estética” por los y las que se dedican a la política (en diferentes formatos de leninismo o anarquismo profesional). Es quizá obvio señalar que esta incapacidad para entender el capitalismo como un modo de producción de la vida en su totalidad —y que por lo tanto debe ser contestado en la práctica de manera total— es resultado directo del avance violento de la alienación en nuestra época, y, como diría György Lukács, la alienación radica en el predominio de la mercancía en la vida social.
Entre los que resisten esta inercia totalizante que viene imponiendo la cultura burguesa a toda la humanidad desde hace ya varios siglos, debiéramos contar también a aquellos que se rehúsan a someter su racionalidad y su capacidad sensible a la lógica de los sistemas dogmáticos de significaciones, a las falsas oposiciones, y a la urgencia con que la crítica especializada y los intelectuales mantiene la realidad diseccionada. Parte de ese esfuerzo pasa por rastrear y darle continuidad a la historia que es sistemáticamente oscurecida por la sombra de la industria cultural; la historia de las clases dominadas.
Tengo la certeza de que el trabajo de Cristóbal Cornejo forma parte de esa corriente histórica, y creo que se le debería poner atención porque este tipo de mirada es excepcionalmente escasa en el movimiento social anti-capitalista de hoy. Tan excepcional como necesaria.


Cristóbal, al que difícilmente podríamos calificar como un simple periodista, músico o poeta, fue más bien un agitador social a tiempo completo. Hablar de su obra “literaria” separada de su obra “política”, o de su obra “musical” separada de su obra “poética”, sería caer en un sesgo ideológico que el mismo combatió a cada momento. Los cruces de ideas y referencias a los que estaba siempre sometiendo sus análisis de la realidad formaban parte integral de lo que pretendía comunicar.
Para empezar a despejar las dudas que puedan haber respecto de ese sentido unitario en el trabajo de Cristóbal bastaría con hacer una pasada rápida por algunos de los temas más relevantes de sus escritos: John Coltrane, la Nueva Canción Chilena, el punk, el noise, la new thing, Emile Dubois, los Ludditas, Cravan, orgías des-programadoras, insurrecciones urbanas, vandalismo comparado, el 18 de septiembre, movimientos sociales, ecológicos y culturales, el anti-arte, la anti-poesía, el comunismo difuso, terremotos sociales y geológicos, y un largo etcétera.
Se le escucha decir, por ejemplo:
“Y no es que creamos que los/as artistas son una lacra. Es un sistema que los/as controla de manera objetiva y subjetiva, mimándolos y disociándolos del conjunto social, el que los hace no llevar la crítica hasta la raíz. A pesar de eso, sabemos que la complacencia frívola y el éxito (Warhol, el trivial mercader por excelencia, como ícono), motivan la reproducción del modelo de vida y la integración y recuperación de los posibles “revoltosos” al engranaje.“
En otro momento reflexiona:
“Ya en los sesenta, pueden apreciarse los notables resultados que alcanza la fusión “menos probable de todas”, es decir, rock y jazz, o más concretamente, free jazz y punk rock (donde punk se entiende como actitud). En esta década nos encontramos con bandas que, casi paralelas al desarrollo del jazz libre, van incorporando sus descubrimientos al acervo del ruido eléctrico.”
Y luego grita:
“¡Por la multiplicación de los focos locales anticapitalistas y antiestatales!
¡Por la revolución internacionalista contra la sociedad espectacular!
¡Comunismo difuso saboteando el viejo mundo!”
Todos estos fragmentos forman parte de escritos que, aunque referidos a cuestiones distintas, están atravesados por una misma mirada que los ata en un impulso por subvertir el sentido común y llevar “la crítica hasta la raíz”.
Se puede reconocer en el trabajo de Cristóbal una tremenda inquietud por poner en crisis varias de las instituciones que organizan la forma que tenemos de pensar y experimentar la realidad. Y eso se puede observar no solamente en sus escritos, sino que también en la música que produjo, los grupos que frecuentó, la manera que tuvo de moverse por el territorio y cómo estableció relaciones con los que tuvimos la suerte de conocerlo y tenerlo cerca.
En ese sentido, la introducción que propuse un poco más arriba no es una mera forma de poner en contexto o meter a la fuerza a Cristóbal en un cause histórico que le es ajeno. Al contrario. Su trabajo representa para mí un cuerpo sólido de investigación materialista de la realidad que se acopla con mucha soltura a la corriente que conforman los movimientos y teorías que comentábamos antes.
Cristóbal fue un gran comentador de la realidad y también un acucioso archivador de experimentos y experiencias —individuales y grupales— que han surgido en la historia contra-cultural chilena. No es que se haya dedicado solo al territorio dominado por el Estado chileno, o solo a la “contra-cultura”, sino que tuvo la lucidez suficiente para poner el ojo aquí, en tiempos y cuestiones que no mucha gente lo estaba poniendo. Un excelente ejemplo de eso es su programa radial Sonidos Mutantes.
En diciembre del año 2013 Cristóbal transmitió el primer capítulo del programa a través del dial de la radio Actual de Tocopilla. Hacerlo en esa región y en esa ciudad no fue cuestión de azar o exigencias externas a él; fue una decisión calculada, un primer esfuerzo por romper con el grosero (pero muy coherente) centralismo que estructura este país.
Así reseñaba el propio Cristóbal su proyecto:
“Hay capítulos dedicados a la música electroacústica desde 1956 a 1974, una revisión de la época de improvisaciones de Los Jaivas entre 1969 y 1970, la creación subterránea en Chile durante los ’70 y ’80, con grupos como Malalche y Agrupación Ciudadanos (y otras ocurridas en el exterior como el trabajo de Alvaro Peña o el Quilombo Expontáneo), la música más arriesgada de la post-dictadura (90’s y principios de los 2000), hasta llegar a las distintas propuestas de sellos contemporáneos como Espora, Jacobinodiscos, Horrible Registros, Productora Mutante, Amigos de la Contaminación Sonora, Cumshot Records, Templo Sagital, Pueblo Nuevo y Chancacazo. Asimismo, habrán capítulos más específicos dedicados a la poesía sonora, los paisajes sonoros y la improvisación libre.”
Se podrían nombrar a la rápida algunas de las bandas más recientes que incluyó en su revisión: Lluvia Ácida, Lem, Tobías Alcayota, Leonardo Ahumada, Aves de Chile, Namm, Les Chicci, World Music, La Golden Acapulco, Ojo, Come Perro Fuma Gato, Los Igualitos, Pintocabezas, Indio, Dolores Fiuler, Ramiro Molina, Ensamble Majamama, trio Payaya, Acratarca, La kut, diAblo, Mostro, Colectivo No, Fracaso, y muchos otros. El último capitulo, dedicado a la poesía sonora, cuenta más de una decena de músicos.
A lo largo de 12 capítulos, escritos, producidos y conducidos por Cristóbal, se repasó la historia musical de Chile desde 1956 hasta el 2013. Desde luego esta no es la historia “oficial” de la música chilena, sino más bien una que se construyó al margen de ella. No tanto por falta de talento o éxito comercial como por una necesidad consciente de mantenerse más cerca de su propio impulso creativo y más lejos del centro gravitacional de la industria musical. En ese gesto, lejos de sacrificar algo, lo que estas bandas hicieron —en mayor o menor medida, con mayor o menor éxito— fue tomar partido por una forma de hacer música que no está necesariamente atada al flujo de las mercancías culturales.
A eso se prefirió llamar “sonido mutante”, para evitar caer en otras categorías que impidieran a Cristóbal apuntar donde quería apuntar.
Es decir, lo que Cristóbal hace al ponerlas todas bajo una misma luz es tramar una historia a contrapelo de la impuesta por la propia industria cultural. O dicho de otra forma, lo que queda de manifiesto en el programa, lo que hizo Cristóbal a través del trabajo de docenas de bandas a lo largo de más de 50 años, es exponer su propio punto de vista de la historia musical de este país.


Quizá lo más importante y valioso de este proyecto radica en el hecho de que a esta historia de la música que se está contando subyace, a su vez, una historia social; Sonidos Mutantes es también un recorrido por los orígenes materiales de esas músicas, un recorrido por las posibilidades e imposibilidades de hacer música en Chile, por sus medios técnicos, lugares geográficos y espacios sociales, por las influencias, motivaciones e inclinaciones de distintos músicos en distintas épocas. Incluso más, lo que investiga el programa es un conflicto de clases latente que ha sido soslayado por los historiadores de la música casi siempre: ¿es la música producto de un solo tipo de condiciones sociales, económicas y espirituales? ¿Qué tienen que decir los distintos tipos de música acerca de las condiciones sociales, económicas y espirituales de las que surgen y en las que se desarrollan? Tengo la impresión de que ese es el tipo de preguntas que motivaron a Cristóbal a realizar este tremendo proyecto de investigación.
Sonidos Mutantes es, en casi todo sentido, único en su especie, y aunque su valor no radica en eso, lo vuelve un referente necesario para cualquiera que quiera investigar, sea por las razones que sea, la historia de la música chilena con seriedad y verdadero interés. Hasta el día de hoy nadie a llevado a cabo con tanto rigor y con tanta capacidad crítica esta tarea.
Lejos de pretender la última palabra sobre las pesquisas de Cristóbal, me gustaría invitar con esta breve reseña a los/las que no conocen su trabajo a adentrarse en él y descubrirlo por cualquiera de los caminos que tendió. El que propongo acá es solo uno. Estoy seguro de que quién lo haga, por la vía que sea, no solo va a encontrarse con una obra apasionada y profunda, sino que también en el camino va a aprender un montón sobre su propio entorno e historia.
Aquí (https://archive.org/details/SonidosMutantesCap.119DeDiciembre2013) pueden encontrar el primer capítulo del programa. En ese canal encontraran también los otros capítulos, además de la “segunda temporada”, uno que otro experimento, y su última “declaración pública”.

Hace solo unos días sus amigos y compañeros lanzaron un par de libros recopilando parte de su trabajo. Sabemos que vendrán más. Por lo pronto, seguiremos escarbando y adentrándonos en lo que tenemos a mano; sabemos bien que su obra es un medio para adentrarse en espacios y tiempos sociales que no aparecen con tanta nitidez y potencia como cuando son descritos por su pluma.


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