Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
miércoles, enero 23, 2019
Cristóbal Cornejo: un 23 de enero...
Un día 23 de enero vino a este mundo inmundo nuestro camarada Cristóbal Cornejo.
Revisando un viejo baúl hace pocos días encontré una carta suya. Era de diez años atrás (marzo del 2009), y tras realizar una especie de recuento de varias aventuras que vivimos juntos, terminaba así:
“Ya estamos echados a la lucha de
clases…hacia fortalecer la teoría, la práctica subversiva cotidiana (en
cualquier frente). Emprendo proyectos, no tengo miedo, soy todo lo que quiero
ser, vivo el erotismo y el ruido caótico. ¡Que pronto se unan nuestras copas!
¡A brindar por lo pasado y lo futuro”.
Un amigo común escribió en su momento este texto sobre CC, Cris Corn, Zorrito, Chico Pastilla, o como quieran llamarle: no importa, Cris era un ser inaprensible y ni siquiera los nombres lo encuadraban a un orden convencional. El texto fue publicado en Raza Cómica.
En youtube se encuentra el registro de una improvisación con Andrés Morales, y en el bandcamp de Volante discos podemos escuchar "El diablo es un magnífico", el album en que CC participó como baterista de la banda DiAblo, en formato de trio.
Cristóbal Cornejo: investigador materialista de la realidad.
Por Rodrigo B.
La crítica
radical a la cultura del capitalismo guarda sus antecedentes de manera dispersa
en la filosofía, literatura, poesía y pintura de la segunda mitad del siglo
XIX. Solo con el fracaso de la revolución de 1905 y el advenimiento de la
Primera Guerra Mundial (eventos que fueron a su vez productos específicos del
desarrollo de la economía política), encontraría esta crítica una forma
concreta y consciente en la actividad creativa de, por ejemplo, los dadaístas y
los surrealistas.
La importancia de
estos grupos radica en haber reconocido, junto con el grueso de la clase trabajadora
que se levantó en armas contra el orden burgués entre 1917 y 1937, la manera en
que el capitalismo avanzaba vertiginosamente apoderándose de la totalidad del
espacio y el tiempo social. Esa consciencia histórica fue acertada. Al ser
incapaz el proletariado de contener su avance, el capitalismo se encontró luego
de la Segunda Guerra Mundial en el terreno firme de lo que Marx denominó la
“fase de subsunción real del trabajo en el capital”; el trabajo asalariado y la
producción de mercancías ocupando la totalidad de la vida.
En ese sentido,
se podría decir, la economía política se transforma en una cultura que ya no
reconoce límites identitários, geográficos, religiosos, etc. Parafraseando a
Robert Jaulin, el capitalismo se convierte durante este periodo en “la
organización colectiva del hecho cotidiano total”; ya no hay un afuera del modo/estilo
de vida que imponen el trabajo asalariado y el dinero.
Parte del trabajo que realizaron Walter Benjamin, la Escuela de Frankfurt y los
situacionistas (solo por nombrar algunos de los más reconocibles) fue tomar
nota de estos desarrollos. Lo que se buscaba era ampliar el horizonte crítico y
afilar las armas de la teoría anti-capitalista para ponerlas a la altura de las
circunstancias históricas que se habían gestado en ese último ciclo. Es decir,
mucho más allá de pretenderse una “crítica cultura” en términos generales,
estos trabajos teóricos fueron una crítica directa y específica al capitalismo
y la cultura que engendró para mistificarse y naturalizarse.
Esto es lo que se
conoce como industria cultural, un concepto que al parecer ha sido tan
difícil de asimilar que las definiciones que se dan en Wikipedia son
radicalmente distintas en castellano y en inglés, por no mencionar el hecho de
que el concepto, respecto a otros, está traducido a una cantidad ínfima de
idiomas.
Tal como señaló
Anselm Jappe el “contenido” de este fenómeno (y producto) histórico al que se
conoce como industria cultural “no es la apología explícita de tal o
cuál régimen político presuntamente intachable, sino la incesante presentación
de lo existente como único horizonte posible”. Estos comentarios los hace Jappe
a propósito del boxeo dialéctico que organizó entre Guy Debord y Theodoro
Adorno respecto al rol del arte (Sic Transit Gloria Artis, 1994). Luego
continúa citando a Adorno: “A fin de demostrar la divinidad de lo real no se
hace más que repetirlo cínicamente y sin cesar. Tal prueba fotológica no es
concluyente, pero si apabullante” (Dialéctica de la Ilustración, 1944).
En nuestros días,
y ya desde hace algún tiempo, este punto de vista ha sido reducido y/o restado
de su contenido crítico original. Su potencial revolucionario se ha vuelto una
especie de espejismo que, por un lado alimenta las ilusiones canibalescas de
los especialistas de la crítica (sociólogos, filósofos, académicos y demás
tipos de burócratas del pensamiento), y por otro es desestimado como un delirio
propio de “la teoría estética” por los y las que se dedican a la
política (en diferentes formatos de leninismo o anarquismo profesional). Es
quizá obvio señalar que esta incapacidad para entender el capitalismo como un modo
de producción de la vida en su totalidad —y que por lo tanto debe ser
contestado en la práctica de manera total— es resultado directo del avance violento
de la alienación en nuestra época, y, como diría György Lukács, la alienación
radica en el predominio de la mercancía en la vida social.
Entre los que
resisten esta inercia totalizante que viene imponiendo la cultura burguesa a
toda la humanidaddesde hace ya
varios siglos, debiéramos contar también a aquellos que se rehúsan a someter su
racionalidad y su capacidad sensible a la lógica de los sistemas dogmáticos de
significaciones, a las falsas oposiciones, y a la urgencia con que la crítica
especializada y los intelectuales mantiene la realidad diseccionada. Parte de
ese esfuerzo pasa por rastrear y darle continuidad a la historia que es
sistemáticamente oscurecida por la sombra de la industria cultural; la
historia de las clases dominadas.
Tengo la certeza
de que el trabajo de Cristóbal Cornejo forma parte de esa corriente histórica,
y creo que se le debería poner atención porque este tipo de mirada es
excepcionalmente escasa en el movimiento social anti-capitalista de hoy. Tan
excepcional como necesaria.
Cristóbal, al que
difícilmente podríamos calificar como un simple periodista, músico o poeta, fue
más bien un agitador social a tiempo completo. Hablar de su obra “literaria”
separada de su obra “política”, o de su obra “musical” separada de su obra
“poética”, sería caer en un sesgo ideológico que el mismo combatió a cada
momento. Los cruces de ideas y referencias a los que estaba siempre sometiendo
sus análisis de la realidad formaban parte integral de lo que pretendía
comunicar.
Para empezar a
despejar las dudas que puedan haber respecto de ese sentido unitario en el trabajo
de Cristóbal bastaría con hacer una pasada rápida por algunos de los temas más
relevantes de sus escritos: John Coltrane, la Nueva Canción Chilena, el punk,
el noise, la new thing, Emile Dubois, los Ludditas, Cravan, orgías
des-programadoras, insurrecciones urbanas, vandalismo comparado, el 18 de
septiembre, movimientos sociales, ecológicos y culturales, el anti-arte, la
anti-poesía, el comunismo difuso, terremotos sociales y geológicos, y un largo
etcétera.
Se le escucha decir, por ejemplo:
“Y no es que
creamos que los/as artistas son una lacra. Es un sistema que los/as controla de
manera objetiva y subjetiva, mimándolos y disociándolos del conjunto social, el
que los hace no llevar la crítica hasta la raíz. A pesar de eso, sabemos que la
complacencia frívola y el éxito (Warhol, el trivial mercader por excelencia,
como ícono), motivan la reproducción del modelo de vida y la integración y
recuperación de los posibles “revoltosos” al engranaje.“
En otro momento reflexiona:
“Ya en los
sesenta, pueden apreciarse los notables resultados que alcanza la fusión “menos
probable de todas”, es decir, rock y jazz, o más concretamente, free jazz y
punk rock (donde punk se entiende como actitud). En esta década nos encontramos
con bandas que, casi paralelas al desarrollo del jazz libre, van incorporando
sus descubrimientos al acervo del ruido eléctrico.”
Y luego grita:
“¡Por la
multiplicación de los focos locales anticapitalistas y antiestatales!
¡Por la revolución internacionalista contra la sociedad espectacular!
¡Comunismo difuso saboteando el viejo mundo!”
Todos estos fragmentos forman parte de escritos que, aunque referidos
a cuestiones distintas, están atravesados por una misma mirada que los ata en
un impulso por subvertir el sentido común y llevar “la crítica hasta la raíz”.
Se puede reconocer
en el trabajo de Cristóbal una tremenda inquietud por poner en crisis varias de
las instituciones que organizan la forma que tenemos de pensar y experimentar
la realidad. Y eso se puede observar no solamente en sus escritos, sino que
también en la música que produjo, los grupos que frecuentó, la manera que tuvo
de moverse por el territorio y cómo estableció relaciones con los que tuvimos
la suerte de conocerlo y tenerlo cerca.
En ese sentido,
la introducción que propuse un poco más arriba no es una mera forma de poner en
contexto o meter a la fuerza a Cristóbal en un cause histórico que le es ajeno.
Al contrario. Su trabajo representa para mí un cuerpo sólido de investigación
materialista de la realidad que se acopla con mucha soltura a la corriente
que conforman los movimientos y teorías que comentábamos antes.
Cristóbal fue un
gran comentador de la realidad y también un acucioso archivador de experimentos
y experiencias —individuales y grupales— que han surgido en la historia
contra-cultural chilena. No es que se haya dedicado solo al territorio dominado
por el Estado chileno, o solo a la “contra-cultura”, sino que tuvo la lucidez
suficiente para poner el ojo aquí, en tiempos y cuestiones que no mucha gente
lo estaba poniendo. Un excelente ejemplo de eso es su programa radial Sonidos
Mutantes.
En diciembre del
año 2013 Cristóbal transmitió el primer capítulo del programa a través del dial
de la radio Actual de Tocopilla. Hacerlo en esa región y en esa ciudad
no fue cuestión de azar o exigencias externas a él; fue una decisión calculada,
un primer esfuerzo por romper con el grosero (pero muy coherente) centralismo
que estructura este país.
Así reseñaba el
propio Cristóbal su proyecto:
“Hay capítulos dedicados a la música
electroacústica desde 1956 a 1974, una revisión de la época de improvisaciones
de Los Jaivas entre 1969 y 1970, la creación subterránea en Chile durante los
’70 y ’80, con grupos como Malalche y Agrupación Ciudadanos (y otras ocurridas
en el exterior como el trabajo de Alvaro Peña o el Quilombo Expontáneo), la
música más arriesgada de la post-dictadura (90’s y principios de los 2000),
hasta llegar a las distintas propuestas de sellos contemporáneos como Espora,
Jacobinodiscos, Horrible Registros, Productora Mutante, Amigos de la Contaminación
Sonora, Cumshot Records, Templo Sagital, Pueblo Nuevo y Chancacazo. Asimismo, habrán
capítulos más específicos dedicados a la poesía sonora, los paisajes sonoros y
la improvisación libre.”
Se podrían
nombrar a la rápida algunas de las bandas más recientes que incluyó en su
revisión: Lluvia Ácida, Lem, Tobías Alcayota, Leonardo Ahumada, Aves de Chile,
Namm, Les Chicci, World Music, La Golden Acapulco, Ojo, Come Perro Fuma Gato,
Los Igualitos, Pintocabezas, Indio, Dolores Fiuler, Ramiro Molina, Ensamble Majamama,
trio Payaya, Acratarca, La kut, diAblo, Mostro, Colectivo No, Fracaso, y muchos
otros. El último capitulo, dedicado a la poesía sonora, cuenta más de una
decena de músicos.
A lo largo de 12
capítulos, escritos, producidos y conducidos por Cristóbal, se repasó la
historia musical de Chile desde 1956 hasta el 2013. Desde luego esta no es la
historia “oficial” de la música chilena, sino más bien una que se construyó al
margen de ella. No tanto por falta de talento o éxito comercial como por una
necesidad consciente de mantenerse más cerca de su propio impulso creativo y
más lejos del centro gravitacional de la industria musical. En ese gesto, lejos
de sacrificar algo, lo que estas bandas hicieron —en mayor o menor medida, con
mayor o menor éxito— fue tomar partido por una forma de hacer música que no
está necesariamente atada al flujo de las mercancías culturales.
A eso se prefirió
llamar “sonido mutante”, para evitar caer en otras categorías que impidieran a
Cristóbal apuntar donde quería apuntar.
Es decir, lo que
Cristóbal hace al ponerlas todas bajo una misma luz es tramar una historia a contrapelo
de la impuesta por la propia industria cultural. O dicho de otra forma, lo que
queda de manifiesto en el programa, lo que hizo Cristóbal a través del trabajo
de docenas de bandas a lo largo de más de 50 años, es exponer su propio punto
de vista de la historia musical de este país.
Quizá lo más
importante y valioso de este proyecto radica en el hecho de que a esta historia
de la música que se está contando subyace, a su vez, una historia social; Sonidos
Mutantes es también un recorrido por los orígenes materiales de esas
músicas, un recorrido por las posibilidades e imposibilidades de hacer música
en Chile, por sus medios técnicos, lugares geográficos y espacios sociales, por
las influencias, motivaciones e inclinaciones de distintos músicos en distintas
épocas. Incluso más, lo que investiga el programa es un conflicto de clases
latente que ha sido soslayado por los historiadores de la música casi siempre:
¿es la música producto de un solo tipo de condiciones sociales, económicas y
espirituales? ¿Qué tienen que decir los distintos tipos de música acerca de las
condiciones sociales, económicas y espirituales de las que surgen y en las que
se desarrollan? Tengo la impresión de que ese es el tipo de preguntas que
motivaron a Cristóbal a realizar este tremendo proyecto de investigación.
Sonidos Mutantes es, en casi todo sentido, único en su especie, y aunque su valor no
radica en eso, lo vuelve un referente necesario para cualquiera que quiera
investigar, sea por las razones que sea, la historia de la música chilena con
seriedad y verdadero interés. Hasta el día de hoy nadie a llevado a cabo con
tanto rigor y con tanta capacidad crítica esta tarea.
Lejos de
pretender la última palabra sobre las pesquisas de Cristóbal, me gustaría
invitar con esta breve reseña a los/las que no conocen su trabajo a adentrarse
en él y descubrirlo por cualquiera de los caminos que tendió. El que propongo
acá es solo uno. Estoy seguro de que quién lo haga, por la vía que sea, no solo
va a encontrarse con una obra apasionada y profunda, sino que también en el
camino va a aprender un montón sobre su propio entorno e historia.
Aquí (https://archive.org/details/SonidosMutantesCap.119DeDiciembre2013) pueden encontrar el primer capítulo del programa. En ese canal
encontraran también los otros capítulos, además de la “segunda temporada”, uno
que otro experimento, y su última “declaración pública”.
Hace solo unos
días sus amigos y compañeros lanzaron un par de libros recopilando parte de su
trabajo. Sabemos que vendrán más. Por lo pronto, seguiremos escarbando y
adentrándonos en lo que tenemos a mano; sabemos bien que su obra es un medio
para adentrarse en espacios y tiempos sociales que no aparecen con tanta
nitidez y potencia como cuando son descritos por su pluma.
"[…] Creíamos
que veríamos con nuestros propios ojos ese nuevo
mundo donde el hombre ya no sería
un lobo para el hombre, sino donde
todos, hombres y mujeres,
vivirían juntos como hermanos y amantes.
No lo veremos. Ninguno de nosotros lo verá.
Está mucho más lejos de lo que creíamos.
[…] No importa.
Juntos fuimos camaradas.
La vida fue hermosa para nosotros. Es
bueno ser valiente ― No hay nada
mejor. La comida es más sabrosa. El vino
brilla más. Las chicas son más
bonitas. El cielo es más azul. […]
Si aquellos días hermosos no vuelven jamás,
es algo que no sabremos. No nos va a importar.
Lo mejor fue nuestra vida. Nosotros fuimos
los hombres más felices de nuestra época.
De la protesta a la resistencia/Heldon en apoyo a la R.A.F.
-Una vez el camarada Cornejo publicó en El Ciudadano algo sobre UlrikeMeinhof. En otra ocasión, me regaló la “Pequeña antología” (decía que iba a estar mejor cuidada en mi casa que en la biblioteca de donde la recuperó).
-Unas décadas antes de eso, en 1975 (cuando yo tenía 4 años y Cristóbal algo
así como -8) Richard Pinhas, de Heldon, editó este disco sencillo en APOYO a la R.A.F.
-Una década antes, a fines de los 60, la Ulrike periodista publicó este
breve y significativo texto (obviamente, incluido en la pequeña antología preparada por el viejo estalinista M. Sacristán), que acá subo en una versión que pillé en rebelión,
conservando la presentación de ellos.
---
Antes de pasar a la
clandestinidad en 1972, Ulrike Meinhof trabajó com redactora en la revista Konkret entre
1959 y 1969. Aparte de una gran lucidez y estilo, sus textos reflejan un
absoluto sentimiento anti-capitalista y su convicción- tal vez desesperada- del
recurso a la violencia como única forma efectiva de lucha. El siguiente
artículo fue publicado por Ulrike Meinhof el 11 de abril de 1968 tras el
atentado perpetrado por un miembro de la extrema derecha contra su camarada
Rudi Duschke, en el que Duschke sufrió graves heridas cuyas secuelas le
produjeron la muerte unos años después. La situación de represión que padecía
la izquierda extra parlamentaria alemana, la agresión americana a Vietnam, el
asesinato policial en Berlín del estudiante Benno Ohnesorg y, en especial, el
atentado contra Rudi Duschke y los continuos hostigamientos del diario
reaccionario Der Springer contra los estudiantes e izquierdista fueron
cruciales en Meinhof para determinar su radicalización política que le llevó a
abandonar a sus dos hijas gemelas y, tras la acción armada de liberación de
Andreas Baader, en la que resultó gravemente herido un empleado público, pasar
a la clandestinidad.
________________________
“Protesta es cuando digo, esto y
esto no va conmigo. Resistencia es cuando procuro que lo que no va conmigo no
vuelva a suceder. Protesta es cuando digo que no voy a participar. Resistencia
es cuando procuro que los otros tampoco participen”. Algo parecido - no
textual- se pudo escuchar decir a un negro del Movimiento Blackpower en la
Conferencia sobre Vietnam celebrada en Berlín en enero.
Los estudiantes no llevan a cabo
ninguna insurrección, ellos practican la resistencia. Piedras han volado, los
cristales de las ventanas de la central de Der Springer en
Berlín han acabado hechos añicos, han ardido automóviles, cañones de agua han
sido arrebatados, una redacción de el BILD ha sido demolida,
ruedas pinchadas, el tráfico paralizado, camiones de obras han sido volcados,
cadenas policiales rotas- violencia, violencia física es lo que se ha empleado.
Sin embargo, no se han podido impedir las entregas de prensa de Der
Springer, el funcionamiento del tráfico sólo se ha interrumpido
durante unas horas. El seguro pagará las lunas de las ventanas. Donde los
camiones fueron quemados circularán nuevos camiones, no se reducirá el número
de cañones de agua de la policía ni faltarán balas de goma. Por tanto, volverá
a suceder lo que ya ha sucedido. La prensa del Springer seguirá provocando y
Klaus Schütz ordenará: “mirad a estos tipos a la cara”, y proceded con las
consecuencias, golpearlos directamente- lo que ya pasó el 21 de febrero- y
acabad disparando.
Las protestas masivas contra el
atentado a Rudi Duschke perpetrado durante las pascuas-llevadas a cabo no por
unos cuantos, sino por muchos; no sólo una vez sino a lo largo de varios días;
no solamente en Berlín, sino en muchos lugares; no de forma simbólica, sino de
forma fáctica- han rebasado el límite entre la protesta verbal y la resistencia
física. Tras el 2 de junio solamente se quemaban ejemplares del Springer,
ahora se ha intentado bloquear su publicación. El dos de junio volaron tomates
y huevos, ahora vuelan piedras. En febrero se pasó un divertido y entretenido
film sobre la fabricación de cócteles molotov, ahora se emplean de facto. El
límite entre la protesta y la resistencia ha sido sobrepasado, aunque no de
manera efectiva, volverá a repetirse lo que ya ha sucedido. No se han cambiado
las relaciones de poder. Se ha practicado la violencia pero no se ha podido
ocupar el poder. ¿Se trata de violencia terrorista sin sentido, de violencia
alienada, apolítica e inconsciente?
Constatemos: aquellos que desde
el poder condenan el lanzamiento de piedras y los incendios provocados; sin
embargo, no condenan los acosos del Springer ni las bombas sobre Vietnam, ni el
terror en Persia, ni la tortura en Sudáfrica. Aquellos que podrían expropiar el
Springer, no lo hacen. Forman grandes coaliciones que mediante los massmedia
podrían difundir la verdad sobre el BILD y el BZ y,
en cambio, difunden verdades a medias sobre los estudiantes; su ocupación con
el tema de la violencia es hipócrita, ellos utilizan una doble medida, quieren
exactamente lo que nosotros, los que- con o sin piedras en los bolsillos-
tomamos la calle, no queremos: la política como destino, masas infantilizadas,
una oposición impotente que no moleste a nadie, democráticas carreras de sacos
y el estado de excepción si la cosa se pone seria. Johnson, que declaró a
Martin Luther King héroe nacional; Kiesinger(NOTA: Canciller alemán
entre 1966 y 1969 que fue abofeteado en público por la activista Beate Klarsfeld
para denunciar su pasado como afiliado al partido nazi), que lamento en un
telegrama el atentado contra Rudi Dutschke, ellos son los representantes de la
violencia contra la que se opusieron King y Dutschke, la violencia del sistema,
el sistema que ha producido Der Springer y la guerra de
Vietnam; a ellos les faltan dos cosas: la legitimación política y la
legitimación moral para imponer un recurso contra la voluntad de resistencia de
los estudiantes.
Constatemos: está documentado que
aquí no se puede disparar a la gente así como así, que la protesta de los
estudiantes contra la idiotización de las masas llevada a cabo por Der
Springer va en serio, queDer Springer no está, ni ahora ni
nunca, destinado por Dios para poder decir ni una sola vez: “estamos en contra
de vosotros”; está documentado que costumbre & decencia son cadenas
que se pueden romper si se vapulea y dispara al encadenado. Está documentado
que todavía hay gente en este país que no sólo condena el terror y la violencia
y no se opone secretamente a ellos, sino que sin temor y sin poder callar es
capaz y está dispuesta a ofrecer resistencia para que se puede llegar a
comprender que esto no puede seguir así. Se ha demostrado que el acoso mortal y
el crimen distorsionan la vida pública, que las personas que mantienen una vida
pública no están dispuestas a consentirlo. El valor de un ser humano es algo
distinto a las ventanas, las furgonetas del Springer y los
coches volcados y dañados durante la acción de bloqueo ante la central del Springer, hechos
que fueron registrados en los informes arbitrarios de la policía; que hay una
vida pública que no solamente no está dispuesta a llamar insoportable a lo
insoportable, sino que está dispuesta a enfrentarse a ello, a desarmar al Springer, a
los asistentes de sus asistentes.
Ahora, después de que se haya
demostrado que hay otros medios a disposición mejores que las meras
manifestaciones, Springer-Hearing, acciones de protesta, medios diferentes a
los que han fracasado al no poder evitar el atentado contra Rudy Duschke;
ahora, que las cadenas de la costumbre & la decencia han saltado por los
aires, se puede discutir a posteriori sobre violencia y contra-violencia.
Contra-violencia, como se practicó en aquellos días de pascua, no es adecuada
para despertar simpatías ni para atraer a los liberales asustados a la parte de
la oposición extra parlamentaria. La contra-violencia conlleva el riesgo de
convertirse en violencia cuando la brutalidad policial determina las reglas del
juego, cuando la rabia impotente es capaz de acabar con la superioridad de la
racionalidad, cuando se contesta a la intervención paramilitar de la policía
con medios paramilitares. Pero el establishment, “los señores de la
cúpula”- en palabras de Rudi- han de aprender que sólo hay una forma de
alcanzar la paz & el orden perpetuos: expropiar el Springer. La
diversión ha terminado: “protesta es cuando digo, esto y esto no va conmigo.
Resistencia es cuando procuro que lo que no va conmigo no vuelva a suceder”.
"Reconvertir el sufrimiento en fuerza". Unas palabras para Cristóbal Cornejo.
Te he extrañado Cristóbal, y siento que te fuiste cuando más te necesitaba, pero en fin, es algo egoísta verlo de ese modo, aunque sé que eso no te molestaría para nada, pero bueno...así es la hueá nomás, como decían nuestros queridos Flipper (That´s the way of the world). / 1 año. 12 meses en que todo estalló. Tal vez me dirías que me ría de todo, que toque fondo realmente y salga luego a flote... / Traté de hilvanar unas ideas que irán a manera de prólogo a tus "escritos (anti)políticos". En general seguí la línea de lo que recordaba del Homenaje que te hicimos el año pasado en la Librería Proyección. Estaré fuera del país para estos lanzamientos de los 3 libros en que se ha compilado tu obra hasta ahora, pero dejo estos recuerdos por este medio, para que circulen por donde deban hacerlo nomás. Agradezco a quienes me invitaron a escribirlo. Me imagino que te deben extrañar tanto como yo.
“RECONVERTIR EL SUFRIMIENTO EN FUERZA”
PRÓLOGO A LOS ESCRITOS POLÍTICOS DE
CRISTÓBAL CORNEJO
Julio
Cortés Morales
“Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse,
un ideal al que ha de
sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al
estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la
premisa actualmente existente” (Marx y Engels, La
ideología alemana)
Cristóbal
entendía perfectamente el concepto de Marx del “hombre total”. Y lo vivía.
Según la descripción marxiana clásica, en el comunismo un ser humano podía
pescar en la mañana y filosofar en la noche, sin ser por eso ni pescador ni
filósofo[1].
Cristóbal podía
crear sonidos sin ser músico, escribir poemas sin considerarse un poeta, y
notoriamente la etiqueta de “periodista” le quedaba demasiado estrecha. Además,
en su escritura mezclaba todos los aspectos de la existencia, pasando de
comentario musical al panfleto político, de la poesía a la crónica, del amor al
humor, y de la crítica de arte a la crítica de la vida cotidiana. No es de
extrañar que quienes luego de su muerte han intentado recopilar y ordenar su
obra se hayan encontrado con que ésta era mucho más extensa e inclasificable de
lo que se podía prever de antemano.
En este
compilado de textos tenemos a grandes rasgos lo que podríamos denominar como
sus “escritos políticos”. El entrecomillado en este caso emana no tanto del
distanciamiento respecto del concepto de política tradicional, respecto a la
cual más bien la posición de Cristóbal sería “antipolítica”, sino de la
dificultad de diferenciar los aspectos (anti)políticos del resto de temas y
consideraciones que estuvieron presente desde el inicio en sus inquietas
reflexiones.
Cristóbal también
entendía que no tenía sentido luchar por el comunismo sin luchar por la
anarquía, y viceversa. La crítica de la economía política sin crítica del
Estado conduce siempre a posiciones socialdemócratas. Y cuando los críticos de
la política y del Estado ignoran a Marx, no pasan de ser un tipo de liberales,
o nihilistas individualistas de la peor especie. “Anarquistas por el comunismo
y comunistas por la anarquía”. Esa etiqueta le gustaba. La bandera roja o la
bandera negra…ni él ni yo pudimos decidir nunca cual nos representaba más. En
la duda, usábamos ambas, juntas o por separado.
Cristóbal
sentía, en todo caso, una tensión interna, una dinámica de oposición dialéctica
permanente entre dos polos que estaban dentro suyo. Recuerdo que una vez se reportó desde el
norte de Chile, tras una ausencia más o menos prolongada de su participación en
ciertas iniciativas en que ambos confluíamos, y me dijo que los últimos meses
había estado siendo dominado por su polo “anarquista individual y hedonista”,
pero que ya se estaba ordenando de modo de poder potenciar de nuevo el polo “comunista
organizado”. Todos sus camaradas hemos sentido esa misma tensión, pero creo que
él fue el primero en sentirla y explicarla así de claro. Pero no sólo la
expresaba en palabras: la vivía y sufría, tal vez de manera más intensa que todo
el resto.
Cuando conocí a
Cristóbal hacia el año 2004 él tenía 21 años, y yo 33. La mayoría de edad y la
edad de Cristo. Es verdad que a principios de los 90 la mayoría de edad en
Chile se uniformó a los 18 años, pero antes de eso se seguía la vieja teoría
romana de ciclos de 7 años, que hizo que en la época de Justiniano el fin de la
infancia se fijara a los 7 años, el inicio de la pubertad a los 12 o 14
(diferenciando entre mujeres y varones), y la mayoría de edad a los 21. Era un
hermoso niño. Cuando pienso en su imagen de esos años, en mi retina mental se
me mezcla con la imagen más conocida de Rimbaud, el poeta-niño. Era un joven
que derrochaba talento, tras una apariencia aún algo frágil y tímida, cuestión
que con el tiempo fue variando, pues cada vez que lo veía después de períodos
de interrupción del contacto, me parecía más crecido, más maduro y más seguro
de sí mismo, pero sin nunca haber dejado de ser en el fondo el mismo hermoso
niño.
Lo conocí en un
ambiente de música y ruido, y comentarios sobre todo ello en el medio más usado
del momento: los fotologs. De hecho, creo que primero intercambiamos
comentarios por esa vía virtual, hasta que una vez me lo topé en persona en un
concierto en algún local del barrio Brasil -cuando psicogeográficamente era más
denso e interesante que lo que dejó de él la arremetida represiva del 2009
conocida como “Operación Salamandra”-. En esa ocasión me lo presentaron como
“periodista musical”, o algo así. Nos dimos la mano, conversamos, y apenas
rompimos el hielo cerveceando y conversando noté que la etiqueta le quedaba demasiado
pequeña.
Por esos años yo
intentaba vertir al papel algunas reflexiones y posiciones sobre la peliaguda
cuestión de la relación entre arte y política. El resultado se plasmó en un
folleto titulado “Arte, capitalismo y vida cotidiana”. Lo repartía a diestra y
siniestra en varias tocatas ruidistas, y por supuesto que casi nadie le daba
mucha bola. No así Cristóbal, que por esa época andaba siempre acompañado de
dos jóvenes rancagüinos junto a los que editaban la revista Fakxion, publicación
que no le hacía asco a mezclar la melomanía extrema con la reflexión política
radical. Leyó y digirió bien el texto, y después me lo comentó y a partir de
ahí ambos entendimos que estábamos situados sobre un terreno común, sensación
que nos acompañó de ahí para siempre. Poco después me regaló una copia en DVD
de varios films situacionistas.
Cuando
comenzamos el proyecto del cual surgió la publicación Comunismo Difuso, que
sólo conoció dos números (el primero a fines del 2009, y el segundo a mediados
del 2012), él fue uno de los más entusiastas participantes. Por alguna razón
que no recuerdo no pudo asistir a nuestra primera reunión, en la ciudad de
Rancagua, que terminó con propaganda callejera espontánea y la detención de 3
de los nuestros, que fuimos bastante maltratados por la policía tanto al
momento de la detención como luego en la siniestra Comisaría de Rancagua, la misma
donde hace un par de años dejaron morir de calor dentro de un furgón a un
detenido. En el calabozo nos reíamos acordándonos de que cuando anunció que no
podría asistir al encuentro, Cristóbal nos alertó de que si nos reuníamos a la
hora de almuerzo nos podíamos “indigestar”.
En esa y
posteriores publicaciones, nuestra afirmación programática del comunismo nos
impedía firmar los artículos y colaboraciones. Entendíamos que Comunismo Difuso
era un órgano de las “hordas de sujetos eufóricos por la revolución comunista
mundial”. Esa euforia se sentía muy fuerte hacia el 2009/2010. Con ocasión del
primer número, Cristóbal se encargó de una de las definiciones de la sección
“Afilando las palabras”. Esa especie de diccionario en que trabajamos, en parte
inspirado en el Diccionario del Militante Obrero publicado en Barcelona a
principios de los 70 con una importante colaboración del Equipo Teórico del
Movimiento Ibérico de Liberación (también conocido como 1000)[2],
nos parecía una profunda necesidad, dada la enorme confusión conceptual
reinante en los medios anticapitalistas/antiautoritarios, en los cuales hasta
el día de hoy el concepto de comunismo se asocia al partido socialdemócrata
autodenominado P”C”: un fundamental y lamentable aparato ideológico del Estado
capitalista, que obviamente no tiene nada que ver con el proyecto de una
sociedad sin clases y sin Estado, sino que más bien todo lo contrario.
Para ese primer
número Cristóbal entregó una hermosa definición de “Sabotaje”, y además se hizo
cargo de lo que pasó a ser algo así como su propia sección: “Miserias de la
industria cultural chilena”, que en esa oportunidad se enfocó en la horrible
sarta de programas dedicados a exhibir y glorificar la acción de las policías,
y que por gentileza de nuestro camarada diseñador contaba con una excelente y
completísima galería de despreciables personajes entre rostros de televisión,
periodistas/policías, y demás fauna asociada (de Kike Morandé y Constanza
Santamaría a Warnken y Nibaldo Mosciatti)[3].
En Comunismo
Difuso N° 1 anunciábamos que estaba faltando una insurrección en el territorio
nacional, y de la mano de la cita de un “cientista político” democristiano
profetizábamos que podía ocurrir entre el 2011 y el 2013. Luego se vino el
agitado año 2011, tan movido que entre otras cosas atrasó la publicación de un
nuevo número, pero no por dispersión ni desgano sino que precisamente porque
todos estábamos de lleno metidos en esa agitación. Sobre todo él, que se las arreglaba para
cumplir con sus labores asalariadas de periodista y participar en la revuelta
callejera, además de sus otras múltiples actividades musicales y de todo tipo.
Poco antes el Comité Invisible publicaba “La insurrección que viene”. En su
nuevo libro, “A nuestros amigos” (que lamentablemente Cornejo no llegó a leer),
hablan al principio de que efectivamente las insurrecciones vinieron, entre el
2008 y el 2014, pero que en todas partes parecen “estrangularse en la fase de
motín”. Probablemente en Chile dio para menos que eso. Quién sabe…
En el número 2 y
3 de Comunismo Difuso, que salió en agosto del 2012 -y que debido a esa enorme
tardanza fue considerado como un número doble[4]-,
su pluma nos aportó una nueva definición (Poesía), una nueva referencia a las
Miserias de la industria cultural chilena, atacando ahora a las distintas
expresiones de arte industrial y burocrático expresadas en mega eventos como “La
pequeña gigante”, “Santiago a Mil” y otros engendros, además de un emocionante
relato de su participación en los disturbios callejeros del 2011 en Santiago,
junto a reportes de otros compas desde Valparaíso y Concepción (trilogía de
ciudades en revuelta que también era estudiada en un texto sobre la
Insurrección de 1957 incluido en el mismo número, que circuló bastante y lo
sigue haciendo al día de hoy, aunque no siempre reconociendo su fuente,
cuestión que en realidad importa bastante poco). Vale la pena destacar su
concepción de la poesía, donde acude principalmente a Perét y Vaneigem, y que
mientras para el pensamiento dominante sería caricaturizada como “una inútil
actividad de románticos”, como “evasión, huida de la realidad”, para él sería,
citando la revista Tiqqun, “el arte de reconvertir el sufrimiento en fuerza”,
razón por la cual “ahora es tiempo de hacer poesía, de vivirla, como acto
creativo que nos reencuentra con nuestra humanidad en pleno”, colándose “como
mímica corrosiva en cada intersticio mal sellado por el poder”.
Entre medio de
esos 3 convulsos años ocurrieron varias cosas más. Cristóbal escribía cada vez
más y mejor, y sus aportes, anónimos o con firma, circulaban por todas partes.
De hecho, recuerdo que cuando estalló el caso Bombas (¡valga la redundancia!) y
no quedaba claro cuáles eran los contornos precisos de la fantasmal
organización terrorista imaginada por Hinzpeter/Peña un texto de la página
Comunización se preguntaba si entre otros Ariel Zúñiga y Cristóbal Cornejo no
serían considerados miembros de la misma, por el sólo hecho de que escritos
suyos circulaban en la página que la versión policial entendía como emblema del
“anarcoterrorismo”: Hommodolars. Además de eso, organizó homenajes a Albert
Ayler, tocó mucho más que antes (llegando a incorporarse como baterista a la
formación diAblo: ¡Cómo olvidar que el inicio de su gira brasilera se vio un
poco postergado porque en el aeropuerto la policía detuvo a Cristóbal, que
tenía una vieja cuenta judicial pendiente por haber expropiado mercancías en un
supermercado!), y cada vez que nos visitaba en casa aparecía con algún regalo
interesante: un compilado de hip hop combativo hecho especialmente para mí
porque según me dijo: “no cachai ná de esto”, y una Antología de escritos de
Ulrike Meinhof, de la Fracción del Ejército Rojo, que expropió de otra
biblioteca y cuya custodia me confió para que estuviera (según él) en “mejores
manos”.
En febrero del
2010 se vivió además el terremoto (hablando en términos estrictamente
telúricos, y también sociales), con todas sus consecuencias (saqueos,
desaparición momentánea del Estado, represión militar, etc.). Cristóbal
escribió su experiencia, en gran nivel de detalle, y la comunicó en los medios contrainformativos
y subversivos usuales.
Hacia el 2013
Cristóbal se trasladó a Tocopilla, trabajando como periodista de la
Municipalidad. Desde allá seguía haciéndose presente en el debate
revolucionario, entregando por escrito sus impresiones sobre la inmensa
movilización que estaba ocurriendo, esta vez anónimamente, autodenominándose
como “un comunista anárquico”. No se trataba de “periodismo alternativo” ni
nada por el estilo, sino que de notas tomadas al calor de las barricadas y las
cajas de vino degustadas por el proletariado juvenil en combate. Y eso son sus
escritos: ni más ni menos que textos para el combate.
Uno nunca sentía
que Cristóbal estuviera alejado de sus camaradas, ni siquiera cuando andaba
patiperreando por otras partes de Chile o del continente. Su corazón y su mente
seguían siempre con nosotros, y cuando uno menos lo esperaba dejaba car algún
tipo de reporte, notas o reflexiones por vía electrónica, las que siempre eran
valiosos insumos para seguir accionando y reflexionando. No en vano entendíamos
el comunismo como un “partido histórico”: la centralización la da el programa,
y las tareas pueden cumplirse individual o colectivamente, alejados de siglas e
instituciones (aunque durante hartos años, para referirnos a nuestras
vinculaciones concretas hablamos de las Redes por la Autonomía Proletaria).
Pese a que en
este mundo y particularmente en los circuitos antagonistas se ha instalado una
rígida división entre los sujetos reflexivos y los sujetos de acción, y en
general entre la teoría y la práctica, Cristóbal como “ser humano total” (sí:
corregimos en este punto a Marx, porque “hombre total” suena algo machista y
restrictivo, aunque no sé si en este punto estamos corrigiendo a Marx o a sus
traductores) desafiaba todas esas simplificaciones. Era capaz de teorizar a un
excelente nivel, y acto seguido armar barricadas con lo que hubiera a mano.
Podía tocar música tan bien como escribía acerca de ella, y decía cosas tales
como que la música de Malgobierno era “ideal para camotear pacos”.
Por sobre todo,
siempre practicó y disfrutó mucho lo que llamamos “vandalismo comparado”. Su
cuerpo pequeño y más bien delgado no era obstáculo para alojar una gran
cantidad de energía y violencia canalizada en contra de símbolos del sistema. Alguien
decía: “¡cómo cabe tanta maldad en metro y medio de persona!
Recuerdo una
noche en que, después de una reunión de un puñado de camaradas, nos dirigimos a
pie hacia otros barrios en busca de bares, y en el camino procedimos a la
crítica práctica del urbanismo neoliberal, centrándonos sobre todo en ciertas
vidrieras de horribles negocios de automóviles que se nos cruzaron en nuestra
caravana de destrucción. Él andaba en bicicleta, y como por su poca corpulencia
no podía causar el mismo daño que otros de nosotros hacíamos a patadas, hizo
uso de adoquines lanzados a modo de bumerang, pero que en vez de devolverse
causaban grandes daños en el objetivo escogido. Después de teorizar, organizar,
beber, y vandalizar por varias horas, llegamos de madrugada a dormir a la casa
de uno de los nuestros, con la última botella de algún destilado, y antes de
eso Cristóbal propuso que todos nos desnudáramos (literalmente lo que dijo,
pleno de entusiasmo, fue: “¡Empelotémosnos!”). Lamentablemente, sólo él avanzo
en ese sentido, permaneciendo sentado en calzoncillos el par de horas más que
duró esa encantadora velada. Los demás éramos machos más tradicionales en ese
sentido y no lo seguimos en su ejemplo de autoliberación integral. ¡Cuánto me
arrepiento ahora!…Lo cierto es que nuestro amigo desafiaba incluso las
asunciones más usuales sobre sexualidad, géneros, masculino/femenino, y en el
plano de la corporalidad y la exploración de los sentidos estaba dispuesto a ir
mucho más allá que el resto[5].
Su materialismo histórico empezaba por su propio cuerpo. Ejemplo de ello es la
crónica que escribió acerca de su participación en una “orgía desprogramatoria”
organizada por Leonor Silvestri, publicada en su momento en la revista Sangría.
El último de los
“escritos políticos” que le conocimos era breve y contundente, y lo envió para
el segundo número del pasquín agitativo Anarquía y Comunismo, que salió en la
primavera del 2014. En él las emprendía contra las celebraciones propias de las
“mierdas patrias”, y terminaba afirmando con convicción que la revolución es
mundial, la hace el proletariado, y se hace “hasta el fin”. La idea de una “revolución hasta el fin” la
tomábamos del texto del mismo nombre que en su momento, a principios de los 70,
fuera elaborado por miembros del MIL/GAC (Movimiento Ibérico de
Liberación/Grupos Autónomos de Combate), y que también fuera conocido como
“Marxismo años 70” o “El mamotreto”[6].
Dicho grupo, al igual que la Internacional Situacionista, nos parecían claves a
la hora de entender la necesidad de una superación real de la falsa dicotomía
marxismo/anarquismo, sobre la cual se pavimentó la derrota del viejo movimiento
proletario a lo largo de todo el siglo XX.
Desde esa comprensión, queda claro que las revoluciones a medias, como
decía Saint Just, nos llevan a cavar nuestra propia tumba. De ahí la
importancia de una crítica total, o como en su momento dijo Marx, la “crítica
despiadada de lo existente”, puesto que toda comprensión parcial del
capitalismo y su negación conduce al callejón sin salida de la renovación
modernista, fascista o socialdemócrata de la dominación.
Esas posiciones
identificaban completamente a Cristóbal, y por eso es que su aporte, su vida y
obra, son y serán siempre irrecuperables por el sistema. Él no era un artista
posmoderno, ni un mero opositor al neoliberalismo o a tal o cual imperialismo,
sino que un anticapitalista/antiautoritario de tomo y lomo, un revolucionario
integral[7].
Así es como
leemos sus escritos, y así es como lo recordaremos siempre.
Pocos días antes
de su muerte hablé con él por medios electrónicos. Recién ahí supe que no se
sentía nada de bien. Lo había visto muy poco en los últimos meses, pese a que
hubo un par de encuentros frustrados en Rancagua. Yo viajaba allá por trabajo,
y él estaba quedándose en esa ciudad, pero abortaba los encuentros un día
antes. Tuve que viajar a la costa de la VI región, y trataba de encontrar
argumentos para subirle el ánimo. No encontraba muchos…puesto que yo tampoco me
sentía demasiado bien.
En mi mochila
llevaba un libro de entrevistas a los editores de Troploin[8],
donde me topé con un pasaje en que planteaban la cuestión de ¡¿cómo situarse
fuera del mundo, en un mundo que lo habría engullido todo?, y abordaban luego
el tema del suicidio, afirmando que “un suicidio no se puede reducir jamás a
una sola causa”, y que “ hay muertes voluntarias más ricas que algunas
existencias”. Recordaban que en el número 2 de La Revolución Surrealista, de
1925, se publicaron los resultados de una encuesta donde se planteaba si “es el
suicidio una solución”. Tras referirse a los casos de los surrealistas
suicidados Vaché, Rigault y Crevel, además de los casos de Maiakovski, Cesarano
y Debord, concluían que “el suicidio puede ser una solución individual”, pero
que “socialmente, en la medida en la que vuelve contra sí mismo el nihilismo
ambiental, equivale a una derrota”. En ese listado echaba de menos a Benjamin…
Días después,
luego de un nuevo y último encuentro frustrado, agregábamos a Cristóbal a esa
triste lista. Sin necesidad de entrar en más detalles, creo que cuando un
Espíritu Libre ejerce el acto más soberano de todos (abandonar este mundo), uno
no puede criticarle ni objetarle nada. A lo más, podemos analizar los defectos
de la manera en que la comunidad de lucha que lo circundaba asumió los efectos
de la derrota histórica provisional en que nos encontramos los que asumimos el
partido de la humanidad contra el partido de la cosificación. Al que se fue
porque así lo quiso, sólo cabe dejarlo partir, y desearle que no descanse en
paz, sino que en revuelta, porque “tampoco los muertos estarán a salvo si el
enemigo vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer” (Walter Benjamin).
[1] La cita exacta dice lo siguiente: “ …en la sociedad comunista,
donde cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino
que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la
sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace
cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que
pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el
ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de
ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos” (La
ideología alemana).
[5] En cierta ocasión, durante un almuerzo, cuando un camarada dijo,
medio en serio y medio broma, que estaba cada día más homofóbico, él replicó:
“Lo que es yo, estoy cada vez más fleto”.
[6] Existe una edición local a cargo de los compas de Editorial
Pukayana, dentro de la antología de textos del MIL titulada como “36+68=1000”,
que ya va en su segunda edición.
[7] Cuando alguien se opone sólo al neoliberalismo, y no al capitalismo
en sí mismo, termina suscribiendo siempre alguna forma de keynesianismo de
izquierdas, a lo ATTAC/Foro Social Mundial. A su vez, los que sólo son
antiimperialistas, suelen defender a un modelo de capitalismo o Estado frente a
otros. Ninguna de esas posiciones merece ser llamada anticapitalista.
[8] Troploin, El timón y los remos. Editorial Klinamen, segunda edición
ampliada, diciembre de 2013.
Se acaba este mes de mierda, y recuerdo un texto de Cristóbal sobre el tema, que de hecho debió ser la última colaboración publicada en la prensa comunista/anarquista local.
Por un septiembre negro/rojo:
Internacionalismo (Publicado en Anarquía & Comunismo N°2, primavera 2014).
Septiembre
para quienes nacimos y vivimos en la región chilena es un mes especial. Porque,
por un lado se conmemora el 11 de septiembre, fecha en que el bloque amenazado
por la Unidad Popular aprovechó las fisuras y medias tintas del gobierno de
Allende, masacrando a miles de proletarias/os desarmados, que se habían
entregado a la esperanza revolucionaria desde el aparato estatal. Esa fecha
inicia la edificación del actual estado del capitalismo en Chile: neoliberal,
del que este país es alumno aventajado. Por otro, una semana después se
celebran las fiestas de la Patria, que festejan curiosamente una supuesta
independencia que en realidad respaldó a la Corona española en un Cabildo
compuesto de representantes de la oligarquía de la época. Además, el impulso de
la fecha da para homenajear a las Fuerzas Armadas y sus “glorias”, que siempre
han defendido los intereses burgueses, ya fuesen locales o foráneos.
Para
el ciudadano común, estos días son espacios de recreación y consumo, conciencia
más, conciencia menos de la historia. Para los que queremos amargar los dulces
terremotos, son el espacio que el Poder otorga para descomprimir a las y los
explotados, reproducir la fuerza de trabajo, y de paso potenciar el orgullo
nacional. O sea, una operación ideológica de lo más reaccionaria.
En
el caso del 11, el bloque dominante se mostró en concordancia internacional. La
burguesía estadounidense apoyó materialmente a la burguesía local, en pos de
cuidar los mismos intereses en una época de guerra política declarada. En el
caso del 18, el Estado utiliza la ideología de la Unidad Nacional (en un
contexto de confusión y manipulación producto de una bomba que ha dañado
personas, cuya autoría nadie ha reconocido) para celebrar la encomiable
gallardía de aristócratas criollos y militares cuya carne de cañón es “el
roto”, sangre proletaria siempre dispuesta a ser derramada porque así lo dicta
la lógica de los generales y gobernantes. Porque no vale nada.
Mientras
miles de explotadxs comen kilos de sufrimiento, se embriagan con licores
vendidos por la familia Luksic, y bailan la patriarcal danza nazional, las y
los proletarios rabiosos, las y los explotados que, hartos de los espejismos y
espectáculos, hemos pasado al ataque, propagando la crítica de raíz contra todo
lo existente, construyendo el comunismo y la anarquía desde la propia
cotidianeidad, saludamos las banderas del internacionalismo. En septiembre y
siempre.
Porque
la clase dominante no reconoce fronteras a la hora de cuidar sus intereses,
debemos ser más astutos y asumir que nuestra autodefensa y ataque debe ser a
escala internacional. Partiendo desde nuestra realidad más cercana, pero con el
horizonte en la comunidad humana mundial.
Nuestros
problemas son similares, la raíz es la misma. Tenemos más en común con los
explotados fuera de nuestras fronteras que con la burguesía local, por mucho
que tengamos impresa a fuego una misma bandera, un himno, un puñado de héroes.
Debemos estar claros: La revolución sólo tendrá un porvenir si es a escala
internacional. No queremos países “liberados”, “zonas autónomas” o
“experimentos”. Somos tercos, porque estamos convencidos: La revolución es
global, la hace el proletariado (conjunto de trabajadorxs que no tienen más que
su fuerza de trabajo para sobrevivir, más allá si se desempeña como maestro
albañil o burócrata de la administración) y se hace hasta el fin.
Frente
al espectáculo nacional, internacionalismo proletario y combativo.
Texto de Cris sobre Trane/Coltrane y Shepp en Newport
De la revista Sangría, un texto de Cristóbal Cornejo sobre John Coltrane. Recomendable leerlo escuchando esta recomendación del contrabajista Alan Silva: Coltrane y Shepp, Live at Newport.
(Recuerdo que un domingo en la noche a fines del 2009 o inicios del 2010 llegó sin previo aviso Cornejo a mi casa, acompañado de un par de personajes de Sangría, que me regalaron un imán que todavía adorna el refrigerador. También llevaban una botella de pisco. Yo estaba deprimido por motivos sentimentales, y cansado. Compartimos un par de horas y se fueron. ¿Cómo volver a ese momento? Escuchando. Bebiendo. Recordando....No: es totalmente imposible. Cris no está, nunca va a volver, y nada es como antes. 43 años sin Trane. 4 meses sin Cristóbal).
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En el nombre del Padre: 43 años sin John Coltrane
El domingo 17 de julio se cumplieron 43 años desde que el músico John Coltrane sucumbiera ante un cáncer de hígado que lo mató tempranamente, a los 40 años.
Detallar de manera exhaustiva la discografía y las numerosas interpretaciones que se hacen de la importancia que el saxofonista tuvo para el mundo sonoro de la síncopa y del legado que su obra dejó en las posteriores generaciones de músicos, de todos los estilos, requeriría bastante más que un artículo. Numerosos son los libros, documentales, dossiers periodísticos, que se han realizado en su nombre. Y, aún así, las reflexiones, al día de hoy, no se han agotado.
Un tren acelerado
Los primeros años de Coltrane (o Trane, para los amigos), nacido en 1926, transcurren en medio de una familia religiosa que permitió al joven John desarrollar sus inquietudes musicales.
En 1945 fue llamado a alistarse en la Marina. Tras un breve paso por la milicia, se une a la “Dizzy Gillispie’s Big Band” el ’49. Junto al trompetista, tocará en varias formaciones, pequeñas y grandes, hasta el ‘51. En estos años, participa en varias grabaciones como acompañante, pero su talento aún estaba en pleno desarrollo, por lo que no destacó por sobre la numerosa hornada de virtuosos instrumentistas que botó la ola del be bop. Por esta década, acompañará a, también, a Jimmy Hodges, Sonny Rollins, Elmo Hope, Art Blakey, Cecil Taylor, Sonny Clark, entre varios otros.
A comienzos de esta década, también, comenzarán sus problemas con la heroína y el alcohol, que se mantendrán hasta 1957, cuando Trane descubra en la espiritualidad religiosa una manera de recuperar su vida y contribuir a mejorar la vida de los demás, mediante una música que llevara un mensaje de pureza y unidad.
El período que va desde 1955 a 1967 es el tiempo que puede considerarse como el de su trayectoria, expresando una personalidad musical. En la primera de estas fechas, tras un provechoso paso por el quinteto de Miles Davis y por desavenencias entre éste y el saxofonista, provocadas por las adicciones, se une al cuarteto de Thelonious Monk para las sesiones del legendario club neoyorquino “Five Spot”.
Sin embargo, en 1957 volvería a la banda de Davis (esta vez un sexteto que incluía al contralto Julian “Cannonball” Adderley), para dar luz a obras claves de Miles estilísticamente contrapuestas- como “Milestones” (1958) y “Kind of Blue” (1959).
Paralelamente, Coltrane lidera en ese entonces su propia banda, en notables trabajos iniciáticos como “Blue Train” (su debut por Blue Note el ’57) o “Giant Steps”, grabado días después de la obra de Davis del ’59 referida más arriba, pieza clave del jazz modal.
En junio del ’60, Trane se aventuraba con Don Cherry y la sección rítmica de Ornette Coleman en el anfetamínico disco “The avant-garde” y al año siguiente lograba plasmar en “My favorite things” una identidad que se movía entre la calidez y la tensión de sus solos y melodías.
El éxito comercial de este último álbum generó el fichaje de Coltrane por el nuevo sello Impulse!, filial de ABC. Un jugoso adelanto evidenció la inversión que la compañía estaba realizando en el saxofonista, lo que le exigió aplacar relativamente su extravagancia musical y entregar al mainstream producciones como la que realizó junto al cantante Johnny Hartman o el álbum “Ballads”.
Sin embargo, en estos años, ya hay trabajos superiores, a caballo entre las estructuras tradicionales y las formas libres a las que Trane irá entregándose, como “Crescent”, “Impressions”, “Kulu se mama” y “Africa Brass”.
En esta época, Coltrane maduraba su inclinación a desarrollar líneas que transitaban por una amplia gama, superponiendo escalas y matizándolas con diversos grados de consonancia y disonancia, inclinación que llegaría al paroxismo con el monumental álbum “A love Supreme” (1965), en el que un simple estructura, construida mediante una sencilla línea de bajo, soporta una superestructura armónica muy compleja.
“A love Supreme” suele considerarse la obra maestra de Coltrane. Su viuda, la también músico Alice Coltrane (fallecida en 2007), relata en el libro de Ashley Kahn, “A love Supreme y John Coltrane: La historia de un álbum emblemático”, cómo el tenorista habría concebido la composición, tras varios días de encierro en el ático de su casa: “Era como Moisés bajando de la montaña, fue tan bonito. Bajó y tenía esa alegría, esa paz en el rostro, tranquilidad. De manera que le dije: «Explícamelo todo, no te hemos visto en cuatro o cinco días…». Él dijo: «Ésta es la primera vez que me ha llegado toda la música que quiero grabar, en una suite. Ésta es la primera vez que lo tengo todo, todo listo»”.
Para Trane ese disco fue un regalo de y para Dios. De hecho, la estructura invoca diversas situaciones espirituales y de relación sagrada. Pero, Coltrane, que declaró alguna vez su desilusión al enterarse de que existían tantas religiones, y años después aclaró que “creía en todas”, no iba a caer en un facilismo emotivo proselitista. Para él, fue un amor supremo inmensamente más grande y profundo que el amor terrenal que podría sentir hacia sus semejantes, hacia su compañera Alice o, incluso, hacia la misma música, y, si algo quiso, fue gritarlo a los cuatro vientos.
“A Love Supreme” se grabó tres meses después de estas meditaciones, en una sesión de una noche junto al pianista McCoy Tyner, el bajista Jimmy Garrison y el baterista Elvin Jones, el clásico cuarteto que acompañaría a Trane por varios años. La obra fue concebida en un momento determinante del recorrido creativo del saxofonista: El clímax junto a ese cuarteto y el momento donde los deseos de libertad y deriva, configurarían la etapa final del músico.
La lucha por libertad no es sólo musical
El libro “Coltrane. Historia de un sonido”, de Ben Ratliff, indaga en los elementos que explicarían la importancia del saxofonista en la identidad del jazz. En él, el investigador concluye que la fuerza de aquella música (fuerza técnica, compositiva, conceptual o sonora) sólo es explicable “situando el jazz junto a las demás expresiones artísticas dentro de la historia social norteamericana y colocando a Coltrane no sólo entre sus colegas, sino también entre los grandes creadores de su época”.
En este sentido, podemos analizar el desarrollo musical de Coltrane en paralelo al desarrollo del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, que desde inicios de los ’50 venía haciéndose cada vez más poderoso y desagradable para el Estado “más democrático y libre del mundo”.
Inaugurada la estrategia de “acción directa” con el boicot de autobuses de Montgomery (1955-56), pasando por la Marcha de Washington de 1963 -que concentró en la capital norteamericana a la mayoría de los grupos que luchaban por leyes sociales igualitarias-, hasta la formación del Partido de los Panteras Negras de Autodefensa en 1966 y el asesinato de Martin Luther King en 1968, el espíritu creativo de John Coltrane atravesó las mismas tensiones sociales a escala personal. Esto se tradujo en una necesidad de libertad que lo llevaría a abandonar las características tradicionales del jazz y embarcarse en la aventura sonora de lo que fue conocido como “New Thing” o free jazz, a falta de un mejor nombre y caracterización.
«En cualquier arte llega un momento determinado en el que hay ciertas cosas flotando en el aire… un número de gente puede llegar a la misma conclusión haciendo un descubrimiento similar al mismo tiempo.» Coltrane declaraba esto en 1964, cuando los nuevos caminos sonoros abiertos por los discos de la época provocaron un quiebre entre sus seguidores más ortodoxos y los que veían en la desestructuración y liberación de los parámetros tradicionales (ritmo, forma, timbre, armonía, melodía…) un paso necesario en aras de la liberación integral del ser humano. En este sentido, el caso de Trane es homologable, hasta cierto punto, al de Bob Dylan, por esos mismos años.
La importancia práctica de John Coltrane en el desarrollo del jazz libre, más allá de las maravillas que podía lograr por su capacidad técnica, tiene que ver con una cierta legitimación del estilo. Antes de su incursión, los músicos de free jazz (Ornette Coleman, por ejemplo) eran criticados por muchos fanáticos y críticos de jazz por ser ignorantes o “anti-musicales”, por hacer “cosas sin sentido”, “ruido puro que podía ser tocado hasta por un niño”. Coltrane actúa, involuntariamente, como un legitimador al entrar él mismo en las arenas de la experimentación sonora libertaria, banda sonora de la cada vez más radical lucha racial, con lo que derriba esa falsa dicotomía planteada por los puristas.
Coltrane comparte sesiones con los grandes free-jazzistas de la época, estudia la “harmolodia” de Ornette y apadrina a Albert Ayler en Impulse!. Por estas acciones de camaradería, estos mismos músicos, años después, demostrarán el “amor supremo” que le guardaban, tocando en su funeral, emotivas piezas que pueden ser escuchadas en la caja de rarezas de Ayler, llamada “Holy Ghost”.
Cabe mencionar en el ambiente del jazz radical, la importancia de la figura del poeta e investigador LeRoi Jones (que luego del asesinato de Malcolm X adoptó el nombre Amiri Baraka), el que, además de influenciar a grupos como los Black Mask/Motherfuckers de Ben Morea, organizó veladas con Ayler, Pharoah Sanders y Sun Ra en apoyo a los Panteras Negras. La prensa alternativa suele hablar de su violento poema “Black Dada Nihilismus”, pero casi nunca hace referencia a la versión en que éste une su voz al New York Art Quartet, en el primer disco del cuarteto, de 1964. Este hecho demuestra la relación que en aquella época existía entre jazz radical y la política antagónica al capital.
Por último, entre los discos más extremos (y espirituales) de Coltrane, recomendamos algunos como “Om” (1965, su cuarteto tradicional más Pharoah Sanders, Donald Rafael Garrett y Joe Brazil), “Meditations” (1965) “Ascension” (1965, una big band de lujo, en la senda de “Free Jazz” de Ornette) y “The Olatunji Concert” (su última y estremecedora grabación en vivo, registrada un par de meses antes de su muerte, y que contiene una versión de “My favorite Things” de 34 minutos, cuya melodía se reconoce sólo unos segundos).
Jazz radical & rock radical
Ya en los sesenta, pueden apreciarse los notables resultados que alcanza la fusión “menos probable de todas”, es decir, rock y jazz, o más concretamente, free jazz y punk rock (donde punk se entiende como actitud). En esta década nos encontramos con bandas que, casi paralelas al desarrollo del jazz libre, van incorporando sus descubrimientos al acervo del ruido eléctrico.
Como hace notar un ensayo de Metal Gurú, a partir del texto “Free jazz/Punk Rock”, del entrañable escritor Lester Bangs, algunos momentos importantes de este cruce son: el saxo libre de Steve Mackay en el segundo álbum de los Stooges, “Funhouse” (1970), y en particular, en la explosión final del tema “L.A. blues”; los experimentos más audaces de los primeros dos discos de los Velvet Underground, con particular mención de “Sister Ray” en el primero, y “I heard her call my name” en el segundo; la clara influencia ayleriana de Captain Beefheart, y también la ya sabida influencia de Coltrane y Sun Ra en los MC5.
“Todos estos artefactos se encuentran dentro del no muy amplio grupo de materiales culturales que han envejecido muy bien luego de haber sido casi ignorados en su época, y de hecho su popularidad tardía hace que resulte muy difícil de entender por qué en pleno siglo XXI se puedan gastar dos DVD consagrados a la historia del “punk” (en el documental Punk Attitude, de Don Letts) y 500 páginas de un libro sobre el arte radical de los últimos 100 años (Servando Rocha en su “Historia de un incendio. Arte y revolución en los tiempos salvajes: de la Comuna de París al advenimiento del punk”) sin hacer una sola alusión al free jazz”, sentencia Gurú en su texto del 2007.
Posteriormente, tras la explosión creativa del ’77, diferentes experiencias musicales desde el rock más crudo se acercan al free jazz y la improvisación ruidosa. Por mencionar unos pocos, de diversos ámbitos estilísticos: The Blue Humans (¡¡con Rudolph Grey, Beaver Harris y Arthur Doule en el primer disco!!), los japoneses Lost Aaraaff, The Pop Group, la no wave en general, Minutemen o Saccarine Trust.
Alcances actuales
Probablemente, este artículo tenga considerables omisiones relacionadas con aspectos musicales o biográficos de John Coltrane. Sin embargo, su objetivo no pasaba solamente por celebrar la figura del saxofonista. Más bien, buscaba, a partir de su desarrollo musical, del camino que tomó como creador y hombre de su tiempo, volver a instalar el potencial libertario y combativo de las manifestaciones artísticas más marginales y genuinas de una época, contra las convenciones y la ideología que se establece entre los hombres y sus prácticas, vía especializaciones, predominio del valor de cambio y de la mercancía, separaciones entre arte y política, arte y vida cotidiana.
Como señala el periodista argentino Norberto Cambiasso, la fortaleza del free jazz radica en sus contraposiciones, que no son sino dialécticas: “La utopía de la libertad y la nostalgia de lo que se perdió, la materialidad del instrumento y la invocación espiritual, la expresión desafiante de una identidad específica y una vocación universalista”.
Para nosotros, hoy, es la expresión de una vanguardia musical que es a la vez vanguardia proletaria, porque, surgiendo en un contexto opresivo, se libera, busca la liberación de todos los hombres, ya no sólo espiritual, sino que material, y se expresa de la manera en que no puede ser recuperada por la industria cultural ni por la aprobación de los portavoces oficiales del buen gusto y de lo bello.
Por eso hoy, Coltrane vive en el espíritu libre de todos los que sabemos no tenemos nada que perder, de los que creemos aún en la potencia negativa-creativa de los hombres autodeterminando sus actos, de los que hacen y no hacen sonidos, de los que sabemos que la libertad es una, completa y la rebeldía inextinguible, mientras la sociedad esté dividida en polos irreconciliables.