Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
viernes, octubre 11, 2019
Chanchan y Remenyik/MDC en Valpo./Slayer´s TRASH/Thoreau y el racismo en el Metro/Apuntes sobre Barricadas a-go-go x Moro Maxwell
-Esto es hoy:
Chanchan Olivos…tremendo
personaje. Creía que no lo conocía, y con los años me fui topando con su huella
en diversos artefactos: un Pequeño Jarry Ilustrado, esencial para quienes
amamos a Alfred Jarry y a Pere Ubu; una edición porteña de Otto Gross, y otra
de “Anarquía en Baviera”, de Fassbinder…¿Quién será este Chanchán? Me preguntaba.
Un amigo que nació cinco días antes que yo lo conoció y me dijo: ¡es de los nuestros!,
incluso en términos generacionales.
Finalmente me lo presentaron y….resultó
que ya lo conocía, pero no había sabido de él hace por lo menos 20 años.
Me regaló un libro con su
investigación sobre el doble revolucionario (estético y político) Zsygmond
Remenyik, que tras el fracaso de las revoluciones proletarias europeas en el
período del Primer Asalto Proletario (contra la sociedad de clases) recaló en
Valparaíso hacia 1919, donde tuvo una gran labor de agitación
estético/política.
1919: mismo año de la gran insurrección
proletaria en Puerto Natales. Hay un libro sobre eso, que ya va en su tercera o
cuarta edición: “La rebelión de los tirapiedras”, de Ramón Arriagada. ¡Consíganlo!
1919: Ya van justo 100 años, y me
pregunto, ¿Cuándo empieza el Tercer Asalto? ¿Esta vez será un Asalto del Animal
Humano contra el mundo de la alienación/cosificación? ¿Socialismo o Barbarie? ¿Comunismo
o Extinción?
El libro me resultó
impresionante. (Ambos). Y hoy Chanchano lanza en Santiago su segunda patita: la
novel de ZR “Los juicios del dios Agrella”.
-Mañana tocamos con MDC y bandas
experimentales amigas en el Puerto de Valparaíso.
--Slayer y Tom Araya ya no son “Thrash”,
sino que derechamente “Trash”, es decir, BASURA. Menos mal que no tengo ningún
disco de estos fachos de mierda en mi casa.
-H.D. Thoreau
me dijo esta mañana en el metro (leía un volumen pequeño llamado "una vida
salvaje y desobediente") que el mejor momento creativo es en la mañana. No
estoy tan seguro, pues a veces me ha dado por escribir fluidamente entre las 23
y las 01. Pero lo entiendo.
"Ni importa lo que los
relojes digan o las actitudes y trabajos de los hombres. La mañana es cuando me
despierto porque algo amanece dentro de mí".
"Es entonces cuando existe
la menor somnolencia en nosotros y durante una hora, por lo menos, una parte de
nosotros, la que hiberna el resto del día y de la noche,
se despierta".
Cerré el libro para subir las
escaleras en Metro Tobalaba, y escuché a una mujer decirle a otra: "Los
baños públicos, con tanto extranjero, están llenos de microbios".
-Se acabaron las copias de la
tercera edición de Barricadas A-Go-Go. En su momento, y pensando que iba a
quedar acachado de copias, le encargué a un par de amigos si podían comentarlo,
pensando en usar extractos de sus comentarios para la promoción. Pero las 100 copias se acabaron en 4 meses, lo cual me parece bastante bien. El único lugar en que pueden quedar es en el Persa Biobío, y la otra sería conseguirlo dentro de "1-2-3-4", donde es el texto 1. Como sea, dejo
acá los apuntes que me envió uno de esos amigos.
Apuntes sobre Barricadas A Go-Go
Por Moro Maxwell Ilabaca
Cuando leí Barricadas A Go-Go, de Julio Cortés, quedé fascinado por
el texto, por varia razones. En primer lugar, y lo más evidente, es que
contiene una avalancha de información que nos deja perplejos, acerca de un
movimiento y de una realidad “lejana” y desconocida; información que se
presenta de manera orgánica, reflexiva y crítica. Aprendí mucho leyéndolo, y lo
disfruté. Luego uno comienza a digerirlo, a interpretar y a plantearse las
inevitables preguntas. Aparece como ineludible la consabida y problemática relación
entre la Historia y las formas artísticas, mediada siempre por la política.
¡Esa tríada! Es estimulante el modo en que Julio va ilustrando las tesis de
correspondencia entre estas tres dimensiones de la realidad. Urdiendo una trama
en la búsqueda del momento en que el límite entre arte y política se supera o
se difumina.
Si bien el vínculo entre estética y política es un tema del que tanto se ha
escrito, y del que hemos hablado en varias oportunidades, especialmente a
partir de conversaciones sobre la Internacional Situacionista, en Barricadas
A Go-Go queda muy bien expuesto. Sin que sea una correspondencia mecánica, ya
que cada calendario y cada geografía tiene su laberinto.
Las vanguardias occidentales instalaron en su momento varios temas que
trascendían con mucho a la modernidad, y que mientras acompañaron a un
movimiento social que empujaba hacia la transformación definitiva de la
sociedad tuvieron razón de ser; estos movimientos tendían a la desarticulación
del campo del arte y a la desaparición del artista en tanto representante de la
“cultura afirmativa”, en un abierto ataque al Ego eurocéntrico. La vanguardias
de las que nos habla Julio Cortes tienen sentido en el contexto de las
revueltas acontecidas a la luz del fuego de mayo del ‘68, que se extienden,
según el calendario del texto, hasta el año ’77, y que tuvieron sus
antecedentes en Japón aún antes del mayo Francés. La lucha era en todos los
planos, también en el de la vida cotidiana. Esa era la principal diferencia con
la revolución proletaria de principios de siglo XX, que se daba en el plano
meramente económico y superestructural. Algunas de las banderas de lucha y
reivindicaciones de la generación insurrecta de los 60-70 son elementos que
curiosamente se pueden encontrar en culturas no-occidentales, orientales, o indígenas.
¿Es esa época un puente entre oriente y occidente? No es casual que se
despertara en esas décadas un especial interés por oriente (muchas veces un
oriente imaginario, mítico y fantástico).
Leyendo Barricadas A Go-Go, no pude dejar de pensar en El imperio
de los signos, un texto de Roland Barthés que leí hace muchos años y que me
impresionó en varios aspectos. Ahora no tengo el libro a mano para citarlo con
precisión, pero recuerdo que la tesis principal de Barthes, después de hacer un
viaje por Japón, consistía en que, en una mirada comparativa con occidente, en
las expresiones culturales de ese país nunca había un centro, o ese centro
siempre estaba vacío. La ciudad(Tokyo)
giraba o se disponía en torno de los jardines del Palacio Imperial que se
presenta como un significante vacío; la comida no tiene un elemento principal
en torno de los cuales lo demás es acompañamiento, como en los platos
occidentales, sino que está compuesta por una diversidad de elementos cuya
especificidad se puede degustar con la fina selección de los palitos, que no
pinchan ni trinchan, sino que toman con delicadeza trozos para su degustación
independiente. La meditación Zen con caligrafías, preferentemente utiliza el
carácter Mu, que significa vacío, y tiende a la eliminación o reducción a la mínima
expresión del Yo. En oposición al concepto occidental del Yo cartesiano, sobre
el que está erigido el ethos del capitalismo salvaje. El Yo como piedra
angular de la acumulación y la extracción de valor de los cuerpos. Quizá es
haciendo un cruce con lo oriental que Marcuse, en su Eros y Civilización,
habla de la posibilidad de una sublimación no represiva y de un Yo no
egocéntrico.
Las revoluciones tienen muchas edades, y las derrotas nunca son
definitivas, porque van dejando huellas. Barricadas A Go-Go da cuenta de
la protesta y de la resistencia de una generación, del choque frontal contra el
poder material, antes de ser destruidos, autodestruirse o convertirse en puro
movimiento estético, lo que equivale a ser el cadáver vivo de las vanguardias artísticas,
sin las oleadas revolucionaria y las razones que le dieron sentido y origen. De
hecho, no hay nada más patético y reaccionario que la mímesis de las
vanguardia, movimientos o artistas despojados del vínculo con lo social y lo
político, orientados a llamar la atención en el mercado por un ingenio mordaz o
un pastiche provocativo, entrenados en una fórmula efectiva que les permita
hacerse un lugar en los circuitos del campo del arte.
Pero, ¿cuáles son esas huellas? ¿Es el Free Jazz una orientalización del
jazz? Mucho se ha hablado de la occidentalización de Japón después de su
derrota en la Segunda Guerra mundial, pero aún no hay un balance de la
permeabilidad de occidente respecto de conceptos e ideas que provienen del
“oriente”, aunque por lo general, como ya he dicho, sea un “oriente interior” y
llegar a tales conceptos haya sido más bien un devenir de la propia cultura
occidental que una escucha de “lo otro”. Habría que preguntarle a Julio Cortes
qué valor tiene para nosotros la exploración de la “Escena musical japonesa de
1968 a 1977”, aparte de expandir nuestros conocimientos a un área antes
desconocida, lo cual ya en sí mismo tiene un valor. Podemos enterarnos, por
ejemplo, como parte de los antecedentes políticos que nos propone Julio, que
existió el ZENGAKUREN, un movimiento estudiantil aguerrido que incluso antes
del 68 tenían conciencia de que se debía luchar no sólo contra el imperialismo
norteamericano sino también contra el estalinismo soviético, bloques opuestos
en la Guerra Fría, pero que después se integrarían en la dominación
tecno-burocrática global. Nuevamente: ¿Es el free jazz una orientalización de
la música occidental o es su dilución natural, su deconstrucción? ¿Hay una
tendencia en el free jazz a la dilución del autor, del compositor, del
intérprete? ¿Es eso Budismo Zen? ¿Será posible un Anarco Budismo? Hay mucho de
qué hablar respecto de este universo que Julio nos abre y nos presenta con este
texto, que tiene múltiples líneas de fuga. Me quedo con muchas preguntas después
de leerlo. Me pregunto, por ejemplo, si no habrá una inconmensurabilidad entre
las experiencias de interpretación de la música entre culturas tan diferentes.
Y si es así, esa inconmensurabilidad se puede extender a la literatura, a la
política, a la filosofía. Qué bueno ha sido abrir esta puerta.
Debord y la Zengakuren/Perros Policías/Quelentaro/MDC a Punta Arenas
LA INTERNACIONAL SITUACIONISTA Y LAZENGAKUREN
En la nota 24 de “Barricadas
a-go-go” se dice que:
“…la LCR (o Kakkyodo) era al
menos inicialmente una organización trotskista, surgida como escisión de
izquierda del P”C”J tras la invasión de Hungría por los rusos en 1956, y que de
hecho a fines de los 60 e inicios de los 70 estaba dividida en dos grandes corrientes
que se odiaban entre sí: Chukaku (Grupo del núcleo central) y Kakumaru (Grupo
marxista revolucionario), siendo este último el grupo mayoritario en la
Zengakuren, con fama de sectario, mientras los Chukaku junto a otros grupos de
la izquierda socialista, maoístas y otras variedades de troskos daban forma a
una alianza, Sampa Rengo, y se generaba otra estructura de lucha: la Zenkyoto,
o Comité de Lucha Interfacultades. Ignoro a cuál de las dos facciones de la LCR
le declaran Mustapha Khayati y la I.S. toda su simpatía…aunque en el libro Los
situacionistas y la anarquía (Muturreko burutazioak, Bilbao, 2010) Miguel
Amorós refiere una “Respuesta de la I.S. a las preguntas de la Liga Comunista
Revolucionaria del Japón (Fracción marxista)” —lo cual suena a Kakumaru más que
a Chukaku, ¿o no?—, fechada en octubre de 1966. Ver nota 17, pág. 29. Según Ken
Knabb en una nota a la edición en inglés de “La miseria…”, el juicio de la IS
sobre la LCR era equivocado en algunos puntos, y así por ejemplo quedó claro que
no había una sola Zengakuren, sino que los distintos grupos formaban a su vez
su propia fracción de la Zengakuren. Knabb agrega que: ‘A inicios de los 60 la
facción Zengakuren que formó la LCR tenía de hecho varias de las
características positivas que la IS le atribuía: tenía una plataforma política
distinta a la izquierda del Trotskismo, participaba militantemente en luchas
políticas en varios frentes, y parecía tener un enfoque más experimental en
cuestiones tácticas y organizativas. En 1963 envió algunos delegados a Europa
que se reunieron con los situacionistas, y después tradujeron unos pocos textos
situacionistas al japonés. Pero al menos hacia 1970, cuando un delegado de la
IS (René Viénet) visitó Japón, la LCR había retomado una posición principalmente
leninista y resultó no ser muy distinta de las sectas izquierdistas de
cualquier otro lugar’”.
En Not Bored tienen dentro de la
correspondencia de Guy Debord unas cartas enviadas a Toru Tagaki, de la
Zengakuren y parte de la Liga Comunista Revolucionaria, hacia 1963. En estas
cartas queda claro que al menos en esos años el contacto de la IS era la
fracción “Chukaku” y no la “Kakumaru”.
Va la carta, escrita en “inglés
básico”, traducida por primera vez al español:
A Toru Tagaki
19 de Agosto de 1963
Querido Toru:
Tu artículo fue publicado en France-Observateur,
pero con muchas supresiones y una introducción que compara tu posición con el
Trotskismo. La semana siguiente, los editores no publicaron una carta que
señalaba estas supresiones pero, por el contrario, publicaron una carta de un
estudiante japonés que está en favor de la unidad de las fuerzas democráticas,
¡unidad que se ve amenazada por los aventureros extremistas de la Liga
Comunista Revolucionaria de Japón! (De hecho, ciertas críticas en esta carta no
son aplicables a tu artículo, sino que solamente a la nueva versión creada por
elFrance-Observateur).
Edouard [Taube] me ha pedido resumirte una carta que Kuroda envió a Socialisme
ou Barbarie, que causalmente cayó en sus manos antes que las de Barjot
[Cornelius Castoriadis].
En esta carta, escrita a finales de Julio, Kuroda dice que él, Sigeru
Mori y Atsushi Kurokawa fueron excluidos del Buró Político por “una mayoría de
siete burócratas”. Kuroda revela estas divergencias. Primero, los “burócratas”
quieren disolver el Partido en el movimiento de masas, mientras él quiere, por
sobre todo, reforzar el Partido. Segundo: Kuroda quiere mantener las luchas
anti-imperialistas y anti-estalinistas en el mismo plano; en cambio el
“auto-denominado grupo del Buró Político” quiere elevar la lucha
anti-imperialista al primer plano y dejar la lucha anti-estalinista en un nivel
inferior.
Kuroda ha organizado a sus partisanos en una “sección Marxista
revolucionaria” de la LCR, que pretende tener el apoyo de la gran mayoría de
los militantes de base de la LCR, de todos los líderes de la Zengakuren (pero
no menciona el nombre de Takagi), y de los camaradas trabajadores de las líneas
de tren y las oficinas de correo. El grupo SMR pide a Socialisme ou Barbarie
que escriba directamente a Kuroda, ¡porque las cartas a la Zenshinsha (cuartel
general de la LCR) pueden ser interceptadas por los burócratas! Kuroda declara
que puede reforzar los vínculos y relaciones con el grupo de Barjot (y anuncia
la próxima publicación de traducciones al japonés de sus textos). Así que creo
que las críticas francesas a las posiciones teóricas de Barjot pueden ser
también usadas en Japón para la polémica contra la tendencia de Kuroda, que las
acepta más o menos conscientemente.
Espero que ya estés de regreso en Japón cuando llegue esta carta; y que
tengamos noticias tuyas muy pronto.
Amistosamente
Guy
Por cierto, ya casi no quedan
copias de la tercera edición de “Barricadas a-go-go”. Reserve la suya, o vaya a
comprarla a Persa Libros en el Bíobío (Víctor Manuel 2298, Sector 5, Local
112/3), donde de regalo le darán además un ejemplar del N° 1 de 2&3 DORM.
PERROS POLICIALES, CHANCHOS Y
MILITARES
“Se prohíbe a los responsables de
mascotas o animales de compañía el adiestramiento dirigido a acrecentar y
reforzar su agresividad. Lo dispuesto en este inciso no será aplicable en el
caso de perros pertenecientes a las Fuerzas Armadas, a las de Orden y Seguridad
Pública y a Gendarmería de Chile” (Ley “Cholito”, art. 11 inc. 1).
UNA ANÉCDOTA OCHENTERA CON
QUELENTARO
Cuando llegué a vivir a Santiago
en 1986 me uní a una formación llamada “Vientos del Pueblo”, donde primero
tocaba flauta traversa, pero dado que perdí el instrumento luego de que
entraron a robar en la casa familiar en septiembre del mismo año, tuve que
pasarme a la guitarra acústica. Me sabía los acordes básicos mirando cuando mi
padre y hermana del medio tenían clases de guitarra en Punta Arenas. Y para las
series de acordes y ritmos miraba las manos de mis compañeros. Todos
militábamos en las Juventudes Comunistas de Chile y éramos alumnos del Liceo
A-67 (“Alexander Fleming”). Algunos hasta soñaban con pasarse al FPMR, cuando
de repente éste se dividió, en 1987 si mal no recuerdo.
El 87 ya casi no quedaba nadie en
el Fleming: muchos salieron de 4to medio, y otros fueron expulsados tras graves incidentes por un intento frustrado de
toma el año anterior. Pero seguimos ensayando, en la casa de uno de los
nuestros en la Villa La Reina.
Una vez fuimos a tocar a un local
que no tengo idea donde quedaba, pero no muy lejos de ahí. ¿José Arrieta? No lo
sé. Apenas ubicaba la metrópolis en ese entonces. Tocamos nosotros y otra
formación “neo-folklórica”/andina. De repente alguien nos advierte que en el público
están los de Quelentaro.
En efecto, estaba Gastón con un
acompañante. Observaban con atención a ambas formaciones.
Después, divagando en torno a
varios vinos tintos y navegados, en un momento agarré la guitarra y sentado
cerca de una mesa me puse a repasar los acordes de….”Escalera al cielo”. Sí:
amaba a Led Zeppelin y el profesor de música del Liceo me hacía clases de
guitarra eléctrica, y le pedí aprender bien esa canción.
En un momento el acompañante de
Gastón saltó de su asiento y se dirigió hacia mi declamando algo sobre: “¿Quién
pulsa una guitarra?”. Luego me indicó que hiciera arpegios en base a tres
acordes básicos, posiblemente Re, La y Mi, y que me mantuviera firme tocando
esa misma secuencia. Sobre esos acordes se puso a recitar una historia bastante
larga que ya olvidé. Al terminar aludió a “la canción encachá que aprendió este
cabro”.
Gastón miraba todo desde una
cierta distancia, y no lo vi hablar mucho con nadie.
Ayer murió. En su memoria
escucharé “Leña Gruesa”, de 1969, el disco que mis padres tenían grabado en un
caset y que solíamos escuchar en la primera mitad de los 80.
NO TENGO IDEA DE COMO TOCAR Y AQUÍ ESTOY, TOCANDO
Sí. Y nos vamos a tocar a Punta Arenas con Manual de
Combate, sábado en Pizzería Antisocial, y domingo en el centro social At-Atatoja,
Población 18 de septiembre. Aguante el Punk rock con saxofones!!!
El concierto del sábado coincidirá con el 30 aniversario del crimen de Estado en contra de Marcelo Barrios. El 5 y 6 de septiembre habrán algunos homenajes a Marcelo en Punta Arenas.
Barricadas A-Go-Go: Capítulo 3, el 68/77 en Japón.
El texto íntegro ya está disponible para lectura y/o impresión en 2&3 DORM.
He aquí la forma definitiva que adquirió tras varias mutaciones el capítulo 3.
EL 68/77 EN JAPÓN:
BESAR EL CIELO POR ASALTO (“EXCUSE ME, WHILE I KISS THE SKY”)
ZENGAKUREN TOKIO JAPÓN LARGA VIDA A LA LUCHA DE
LOS CAMARADAS JAPONESES QUE HAN ABIERTO COMBATE SIMULTÁNEAMENTE EN LOS FRENTES
DEL ANTI-ESTALINISMO Y EL ANTI-IMPERIALISMO STOP LARGA VIDA A LAS OCUPACIONES
DE FÁBRICAS STOP LARGA VIDA A LA HUELGA GENERAL STOP LARGA VIDA AL PODER
INTERNACIONAL DE LOS CONSEJOS OBREROS STOP LA HUMANIDAD NO SERÁ FELIZ HASTA QUE
EL ÚLTIMO BURÓCRATA SEA COLGADO CON LAS TRIPAS DEL ÚLTIMO CAPITALISTA STOP
COMITÉ DE OCUPACIÓN DE LA SORBONA LIBRE Y POPULAR
(Telegrama
enviado desde la Universidad de La Sorbona a la Zengakuren durante mayo/junio
de 1968)
Como sea, al estudiar la historia
de cualquier movimiento histórico hay que partir por entender el contexto
global de cada época, y luego insertar ahí los distintos procesos y fenómenos que
se dan a nivel “local” (pues podemos considerar que en rigor nada es local,
todo es global. Y viceversa. Los análisis que hacemos van siempre en una u otra
dirección, hasta poder estar en condiciones de llegar a unas reflexiones o
conclusiones más generales. Y proseguir así, hasta el nuevo intento de
síntesis).Por eso es que no es tan propio o exclusivo de extremistas delirantes
decir que en el territorio japonés en los inicios de esta historia a la que
dedicaremos algunas páginas, lo que había era el caos creativo, la lucha, una
toma de conciencia respecto a las posibilidades de pasar “de la protesta a la resistencia” (expresión
popularizada por Ulrike Meinhof, de
la RAF alemana, pero que según ella
dice la tomó de unos militantes del Poder Negro norteamericano[i]), y
en definitiva a la expresión consciente y una vez más retomada del programa
planteado por primera vez en 1848: abolición de la sociedad de clases, de la
producción mercantil, del Estado y de todo poder separado.
Ya en los años 20, o sea, durante
los años del Primer Asalto proletario
contra la sociedad de clases (1917/1923) se había expresado en Japón el
movimiento Mavo, impulsado por Murayama Tomoyoshi, que había estado en
contacto directo con los dadaístas de Berlín en 1922, y que a su regreso
realizó una especie de fusión con la Asociación
Japonesa de Arte Futurista (surgida luego de la visita a Japón de los
futuristas rusos David Burliuk y Víctor Palmov a inicios de los 20) para
crear esta revista. Conviene destacar tanto ese proceso de influenciamientos
recíprocos, y también el que movimientos como dadá, el futurismo y el
expresionismo no eran exclusivos de un solo punto en el mapa terrestre, sino
que surgían en sincronía en distintos lugares a la vez. Por supuesto que los
historiadores oficiales del arte prefieren decir que el dadá surgió en Zurich,
el punk en Londres, y así sucesivamente…Sobre el dadá japonés no he podido
encontrar mucha información, salvo por un interesante capítulo en el libro
sobre DADA editado por Rudolf Kuezli[ii].
La radicalidad de Mavo estribaba
no sólo en sus formas e intenciones sino que en la inter-relación del mensaje
revolucionario con su soporte físico: la revista Mavo N°3, secuestrada por la
policía antes de llegar a los kioskos en 1924, adjuntaba amarrado a su portada
un petardo de verdad, junto a la leyenda: “Bum! Estalla una bomba… Mavo clama
por la revolución!”). Mavo, al igual que dadá, no significa nada traducible a
ningún idioma.
Me gustaría creer que algo de esa
explosión frustrada sobrevivía y latía en la explosión sonora que vamos a
revisar a continuación.
Pues tal como según Guy Debord en la tesis 191 de La sociedad del espectáculo (1967) el
dadaísmo y el surrealismo “marcaron el fin del arte moderno” y fueron, “aunque sólo de manera
relativamente consciente, contemporáneos de la última gran ofensiva del
movimiento revolucionario proletario, y la derrota de este movimiento (…) los
dejó encerrados en el campo artístico cuya caducidad habían proclamado”[iii],
en los años del Segundo Asalto, sobre
todo en el decenio que va de 1968 a 1977, el recrudecimiento de la lucha de
clases a nivel mundial hizo que en distintos rincones del globo terráqueo
resurgieran también las formas de expresión artística que eran a su vez el
correlato de esas luchas, respecto a las cuales operaban no sólo como reflejo
sino que también como su condimento o caldo de cultivo[iv].
Sobre lo mismo llamaban la atención los situacionistas ingleses hacia 1967,
cuando decían en su panfleto titulado “La revolución del arte moderno y el
moderno arte de la revolución” que “durante casi medio siglo el arte ha venido
repitiéndose y cada repetición ha sido más floja que la anterior”. ¡Podría
decir que en pleno 2017 tengo esa misma sensación! Y agregaban que “sólo hoy,
con los primeros signos de una revuelta más madura en el seno de un capitalismo
más desarrollado, puede recobrarse y asumirse con más coherencia el proyecto
radical del arte moderno”[v]. Lo
mismo es válido para nuestro tiempo, en que al menos quien esto escribe cree
que tan sólo cuando empiece el Tercer
Asalto volveremos a encontrarnos con formas de arte revolucionario que
acompañen la revolución social en un nuevo terreno que hasta ahora sólo podemos
imaginar pobremente. Mientras tanto me pregunto: ¿Dónde cresta están los
“primeros signos”?!
Pero prosigamos: En Japón de
finales de los 60, en los Festivales de
la Juventud contra la guerra y otros eventos de la juventud combativa, se
mezclaban instrumentos musicales tradicionales con guitarras eléctricas
amplificadas, saxofones con percusiones de todo tipo y tradición. Y los
“músicos” hacían la crítica del arte y de la vida cotidiana, y algunos se
mezclaban no sólo en las luchas más sociopolíticas sino que inclusive en
acciones de lucha armada como las emprendidas por el Ejército Rojo japonés (el secuestro de un Boeing a punta de machete
sin armas de fuego, fue tal vez la más llamativa)[vi].
Eran años de lucha: obreros, proletarios de la tierra y estudiantes radicales
luchando por todo el territorio de Japón, desde dentro de su alicaído Imperio
fascista que por perder la guerra tuvo que dejarse administrar por los gringos.
Ya desde los años 50 las luchas
sociales en la isla habían empezado a masificarse y radicalizarse, contra la
presencia militar poderosa de EE.UU. (p.ej. en Okinawa), contra su Tratado de Seguridad, pero también internamente, contra lo que en
occidente se vendía como el gran milagro económico japonés. Todo un modelo de
capitalismo exitoso de posguerra. A la cabeza (o mejor: a la base) se
encontraba la ZENGAKUREN, fundada en
1948, y cuyo nombre es la abreviatura de Zen Nihon Gakusei Jichikai So Rengo
(Federación Japonesa de Estudiantes de Facultades Estatales. O sea, una especie
de CONFECH pero bien hecho: un organismo vivo y de lucha, no sólo una cúpula de
representantes burocratizados) y que pronto, a inicios de los 50, se sacude el letargo de la influencia del
P”C” japonés[vii],
coordinada con obreros y campesinos y una serie de iniciativas que iban mucho
más allá de la desobediencia hacia una insurrección en toda línea. No por nada
se reunieron con la Internacional
Situacionista cuando fueron de gira a Europa en 1963, según consignan en
una cronología agregada como apéndice a la edición argentina de La sociedad del espectáculo: “En ese año
los situacionistas se reúnen en París con T. Kurokawa y Toru Tagaki, delegados
del grupo filoanarquista japonés ‘Zengakuren’”[viii].
La consigna central del
movimiento era: “antiimperialismo,
antiestalinismo”, lo cual no es poco: revela una compresión que recién el
68 empezó a abrirse paso con toda claridad: la equivalencia fundamental entre
los supuestos dos sistemas rivales de la “Guerra Fría”. Mientras la tendencia
dominante había sido que en cada uno de los bloques los disidentes tendieran a
admirar al bloque contrario, la juventud radical se había dado cuenta de que
había que oponerse a ambos al mismo tiempo (Debord y la I.S. fueron bien claros
en plantear que en los años 60 tanto la sociedad espectacular concentrada como
la difusa eran variedades del capitalismo realmente existente; posteriormente,
en los Comentarios a la sociedad del
espectáculo (1989), Debord da cuenta de que en los 70 ambas se fusionaron
en lo que llamó “espectáculo integrado”).
Esa era la consigna central,
mientras se batallaba con cascos y molotovs contra la construcción de un aeropuerto,
mientras se boicoteaban las visitas de Ministros del gobierno japonés al
exterior, etc. Hay unos pocos buenos libros sobre eso[ix].
En el famoso panfleto
situacionista “De la miseria en el medio estudiantil, considerada bajo sus
aspectos económico, político, psicológico, sexual e intelectual”, de noviembre
de 1966, se hablaba de la Zengakuren y los revolucionarios japoneses como “los
primeros en el mundo que llevan ya grandes luchas organizadas, referidas a un
programa avanzado, con una amplia participación de masas. Sin parar, miles de
obreros y estudiantes salen a la calle y se enfrentan violentamente a la
policía japonesa”. En relación al grupo político que tiene la mayor influencia
en la Zengakuren, la Liga Comunista
Revolucionaria (Kakumeiteki Kyosanshugisha Domei, más conocida como Kakkyodo), se destaca el que “combate
simultáneamente y sin ilusiones, el Capitalismo en el Oeste y la Burocracia de
los países llamados socialistas”, y su organización “sobre una base democrática
y anti-jerárquica”. Se les critica el no haber logrado aún definir bien la
explotación burocrática, y sus insuficiencias en materia de una crítica
explícita de “los caracteres del capitalismo moderno, la crítica de la vida
cotidiana y la crítica del espectáculo”. Pese a ello, el autor del panfleto (y
suponemos que tras él toda la I.S.) concluyen que la LCR es en ese momento “la
formación revolucionaria más importante del mundo y de aquí en adelante debe
ser uno de los polos de discusión y de reunión para la nueva crítica revolucionaria
proletaria en el mundo”[x].
Los enragés, responsables de
llevar las ideas y prácticas situacionistas a las aulas universitarias causando
una paralización de las actividades educativas en medio de graves escándalos
que prefiguraron el movimiento de las ocupaciones de mayo/junio de 1968,
también hablaban de “nuestros valerosos compañeros de la Zengakuren”[xi].
De sumo interés para entender los
años y el ambiente que estamos homenajeando son las descripciones de batallas
callejeras que realiza Béraud en su libro. Los más famosos combates fueron los
de octubre de 1967 contra la inauguración del aeropuerto de Haneda, luego del
cual los grupos estudiantiles se mezclaron con obreros en las luchas de Sasebo
y Oji, y con campesinos en Narita. Pese
a todos los esfuerzos de las burocracias del PS y P”C”, además de sus
sindicatos, la población campesina y obrera simpatizaba con el movimiento
estudiantil y en los mejores momentos luchaba junto a él. En 1969 se requirió
de 2 días y 8 mil policías de asalto para poder desalojar la ocupación en la
Universidad de Tokyo. El alumnado se metía también al distrito de Shinjuku, con
su estación de trenes, donde escapaban de la policía, formaban vínculos e
irrumpían en plazas y calles como “folk guerrillas”.
Para estos encuentros los
estudiantes se organizaban en secciones de 200 personas: 10 en primera línea y
20 filas compactas, codo con codo, siguiendo las consignas de un encargado con
altavoz y silbato. “Desde 1967, cada
manifestante lleva casco y guantes; generalmente, un trozo de tela en la parte
inferior del rostro le protege de los gases lacrimógenos, pero le permite a la
vez eludir los objetivos –cámaras de televisión y de fotografía- de los equipos
especiales de la policía que se mezclan con los periodistas. Los cascos son de
color diferente según cada grupo (…) Cada sección va preparada para una tarea
precisa: las secciones de ataque con piedras y cócteles molotov, las secciones
de defensa con largos garrotes; intervienen por turno y se relevan cuando los
choques duran más de quince o veinte minutos”. En los momentos iniciales del
film Seizoku (1970), de Koji Wakamatsu,puede apreciarse lo impresionante de esa dinámica de
confrontación.
Para las grandes manifestaciones
de 1969, “los militantes tienden a introducir una táctica más directa y
discreta: grupos de 5 o 6 personas encargadas de un objetivo preciso”. Así, el
21 de octubre durante la jornada internacional contra la guerra, mientras se
realizaba una concentración de más de 20.000 personas en Shinjuku, grupos de
militantes atacaban con molotovs la Federación de Patrones, el Centro de
Investigación Económica “y una decena de comisarías de policía de barrios
populares donde las fuerzas policiacas no gozan de buena reputación”.
Las tácticas de lucha callejera
de la Zengakuren impresionaban bastante a los jóvenes rebeldes del resto del
mundo. Así, por ejemplo, Ben Morea en EE.UU. (de los Black Mask/Motherfuckers) propuso en un encuentro de los Students for a Democratic Society (los
SDS, algunas de cuyas facciones después se radicalizaron bastante) adoptar esas
tácticas en la marcha hacia el Pentágono[xii].
Excede de los márgenes de este
breve texto seguir refiriéndose a la lucha de clases en Japón, cuyos momentos
álgidos y formas masivas de lucha violenta fueron bastante conocidas en los 70
(de hecho, hay un video de Ono y Lennon tocando en Nueva York, donde de repente
se ponen los típicos cascos Zengakuren de lucha callejera), pero al menos para
mi generación quedaron en gran medida olvidados u opacados por la espectacularidad,
radicalidad y masividad de las luchas callejeras estudiantiles en Corea del
Sur, muy mediáticas en los 80 y 90. Habría que seguir profundizando en las
maneras en que se producen localmente las insurrecciones y revueltas de cada
período histórico en cada rincón del globo.
[i]
“Suicidada” en prisión el 9 de mayo de 1976, en medio de los procesos
judiciales contra la Fracción del Ejército Rojo en el apogeo de la época global
que estamos analizando, se publicó en septiembre de ese mismo año una “Pequeña
antología” por Anagrama, seleccionado y prologada por Manuel Sacristán, y cuya
segunda edición fuera editada poquito después, en febrero de 1977. Mi amigo y
camarada Cristóbal Cornejo recuperó una copia de ese librito desde no sé qué
biblioteca personal y consideró que estaría mejor cuidado en la de mi casa. El
texto “De la protesta a la resistencia” (publicado originalmente en la revista konkret N°5 en 1968), ocupa las páginas
75 a 79.
[ii]
DADA, Phaidon, Londres/Nueva York, 2001, págs. 166 a 177. Además hay alusiones
a Hi-Red Center y otros artistas japoneses en el capítulo sobre Neo-Dadá.
[iii]
Uso la traducción Fidel Alegre, en la edición argentina de Biblioteca de la
Mirada, agosto de 1995.
[iv]Menos entusiasta al respecto,
el artista Horst Rosenberger escribe en una presentación a su traducción al
español del libro “En Avant Dadá. El Club Dadá de Berlín”, de Richard
Huelsenbeck, que “…es en 1919 y 1920, cuando el Dadá alemán consigue mayor
notoriedad y se convierte en la diana del odio de los reaccionarios
organizados. Son los años en los que nace y muere la República de los Consejos
de Munich, los años de las revueltas del hambre, huelgas generales e
insurrecciones armadas de los desheredados organizados mayoritariamente en el
Partido Comunista. El Clud Dadá se convierte en expresión ‘artística’ de estos
intentos revolucionarios cada vez más desesperados, sin llegar a conectar
materialmente con estas masas. Su ‘bolchevismo artístico’ no buscaba la
conexión con estas masas, sino que se recreaba en sus ataques contra el nuevo
régimen y sus secuaces. Por otra parte, tanto sus publicaciones como sus actos
públicos eran tan caros que éstas no podían acceder a estas manifestaciones”.
Edición de Alikornio, Barcelona, 2000, pág. 20.
[v]
Sección inglesa de la Internacional Situacionista, La revolución del arte
moderno y el moderno arte de la revolución, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2004,
página 15.
[vi]
En Chile el 12 de noviembre de 1969 secuestraron un avión dos adolescentes con
viejas armas de fuego, para ir a Cuba. En el norte de Chile la tripulación se
les fue encima y los redujo. Uno de ellos después ingresó a la VOP. En el libro
“El cielo por asalto” (Memoria Negra, 2016) se aborda de manera “novelada”
dicha historia, adjuntado una gran cantidad de información gráfica.
Sobre el Ejército Rojo japonés, en su deriva más
psicótica denominada Ejército Rojo
Unificado, existe hasta una película de Koji Wakamatsu.
[vii]
Dicho P”C” fue uno de los más amarillos del mundo, pero como otros en la época
del estalinismo tuvo también virajes de ultraizquierda en que incursionaron en
miniterrorismo y guerrillas rurales. Llama la atención que bajo la dirección de
su líder Nosaka a inicios de los 50 intentaron tener una imagen más popular,
con consignas como “hagamos placentero
el comunismo” (¡en eso todos estamos de acuerdo!). A Stalin no le gustó esa
línea, e impuso poco después el viraje
hacia la ortodoxia M-L, lo que implicó pasar en poco tiempo de representar el
10% de los votos en elecciones nacionales, al 1%.
[viii]
Por supuesto que lo de “filoanarquista” es bien poco exacto: grupos como éste y
la propia I.S. tienen más de marxianos que cualquier otra cosa.
[ix]
Por ejemplo: La izquierda revolucionaria
en el Japón, de Bernard Béraud, Siglo XXI, México, 1971, que tuve la suerte
de hurtar en una vieja librería que hace décadas no existe más en calle Merced,
Santiago de Chile, y cuya edición original en francés era de 1970; Zengakuren: la lucha de los estudiantes
japoneses. Manifiestos. Documentos, Ediciones Insurrexit, Buenos Aires,
1972. Insurrexit era el núcleo surrealista reunido en torno a Juan Andralis,
Aldo Pellegrini y la editorial Argonauta, en cuyos talleres y Teatro
abandonados se instalaron décadas después algunos sujetos ligados al grupo
Etcétera, devenidos algo así como una sección de la Internacional Errorista, si
no me equivoco.
[x]
Estas citas están tomadas de la edición española en la Colección Nómada de editorial
Anagal, donde curiosamente en una nota al pie en la página 37, en relación a la
LCR, el traductor dice: “Nada que ver con Trostkys, triskis, secesiones,
escisiones y demás entroskamientos” (sic). Es a lo menos llamativo, puesto que
según otras fuentes de información, sobre todo el librito de Béraud, resulta
bastante claro que la LCR (o Kakkyodo)
era al menos inicialmente una organización trotskista, surgida como escisión de
izquierda del P”C”J tras la invasión de Hungría por los rusos en 1956, y que de
hecho a fines de los 60 e inicios de los 70 estaba dividida en dos grandes
corrientes que se odiaban entre sí: Chukaku
(Grupo del núcleo central) y Kakumaru (Grupo marxista revolucionario),
siendo este último el grupo mayoritario en la Zengakuren, con fama de sectario,
mientras los Chukaku junto a otros grupos de la izquierda socialista, maoístas
y otras variedades de troskos daban forma a una alianza, Sampa Rengo, y se generaba otra estructura de lucha: la Zenkyoto, o Comité de Lucha Interfacultades. Ignoro a cuál de las dos facciones
de la LCR le declaran Mustapha Khayati y la I.S. toda su simpatía…aunque en el
libro Los situacionistas y la anarquía
(Muturreko burutazioak, Bilbao, 2010) Miguel Amorós refiere una “Respuesta de
la I.S. a las preguntas de la Liga
Comunista Revolucionaria del Japón (Fracción marxista)” -lo cual suena a Kakumaru más que a Chukaku, ¿o no?-, fechada en octubre de 1966. Ver nota 17, pág. 29.
Según Ken Knabb en una nota a la edición en inglés de “La miseria…”, el juicio
de la IS sobre la LCR era equivocado en algunos puntos, y así por ejemplo quedó
claro que no había una sola Zengakuren, sino que los distintos grupos formaban
a su vez su propia fracción de la Zengakuren. Knabb agrega que: “A inicios de
los 60 la facción Zengakuren que formó la LCR tenía de hecho varias de las
características positivas que la IS le atribuía: tenía una plataforma política
distinta a la izquierda del Trotskismo, participaba militantemente en luchas
políticas en varios frentes, y parecía tener un enfoque más experimental en
cuestiones tácticas y organizativas. En 1963 envió algunos delegados a Europa
que se reunieron con los situacionistas, y después tradujeron unos pocos textos
situacionistas al japonés. Pero al menos hacia 1970, cuando un delegado de la
IS (René Viénet) visitó Japón, la LCR había retomado una posición
principalmente leninista y resultó no ser muy distinta de las sectas
izquierdistas de cualquier otro lugar”.
[xi]
Carta de los Enragés al grupo de
anarquistas disidentes de la Federación Anarquista que se hacían llamar La Hidra de Lerna (nombre que les fuera
dado primeramente por la Iglesia Anarquista oficial que los excomulgaba por
marxistizantes), fechada el 3 de mayo de 1968, citada por Miguel Amorós en Los
situacionistas y la anarquía, pág. 168, del siguiente tenor: “No cuenten con la
Internacional Situacionista; nuestros valerosos compañeros de la Zengakuren no
irán a Lyon. Inviten mejor a Henri Lefebvre; está en todas las camas redondas.
Y no se olviden de ICO. ¡En Nanterre como en otra parte los ENRAGÉS los mandan
a la mierda!”. (Nota en medio de la nota: ICO son las siglas del grupo
consejista Informations et Correspondance
Ouvriéres).
[xii]
Ver el libro de Amorós, a partir de la página 128.
Qué punk!
Qué heavy metal!
Qué post punk!
Qué post rock!
Qué hip hop reggaetonero gangsta hardcore!
Qué rock sicodélico sinfónico progresivo y la cachae la espá
Qué hueá!
Dada es nada!
Nada es dadá!
Japrock y punto! Les Rallizes Denudes en vivo en 1977.
El disco entero!
No hay nada más que valga ni de cerca tanto la pena.
--
Probando otro fragmento de un trabajo que no para de hacerse:
“Esta perspectiva no es exclusiva de Francia, sino que es
internacional. Es el sentido total del movimiento de las ocupaciones lo que
habrá que comprender en todas partes, cómo el ejemplo de 1968 desencadenó o
elevó la gravedad de los problemas a través de Europa, América y Japón”
(“El comienzo de una época”, Internacional Situacionista N° 12, septiembre de
1969).
JAPOS CAN´T?
El japonés más famoso de la
historia de la música y cultura del “rock” no se hizo conocido en Japón sino
que en Alemania Occidental: Damo Suzuki,
con CAN, cuya nombre en sigla a
veces se ha dicho que correspondía a Comunismo Anarquía Nihilismo ¿será verdad?
Lo que sí es verdad es que en sus inicios el público alemán se reía de ellos
porque no sonaban como el modelo de banda anglosajona de rock and roll, y les
decían los “Can´t” –o sea, los “no les sale”, o algo así-.
Algo similar podemos decir de la
japonesa más famosa: Yoko Ono, que
se empezó a hacer conocida en Nueva York por su asociación con el movimiento
Fluxus en los 60, antes de hacerse archifamosa (y hasta odiada) por su relación
con John Lennon de los Beatles.
Por supuesto que todos amamos a
CAN con o sin Damo, y los camaradas de The
Fall hasta cantaron sobre “ser Damo Suzuki” en un simpático álbum de los 80,
y reconocemos la importancia de ciertos artefactos de Ono/Lennon como el álbum Fly (de 1971). Pero ahora no queremos
hablar de eso, sino que trasladarnos a la siguiente escena: el Japón de
principios/mediados/fines de los 70, la década que a nivel global combustionó
lento y sin parar desde el impresionante trienio 1967/8/9 hasta una explosión
final hacia 1977, seguido de una derrota total que tal vez nunca se expresó más
claro que en 1984.
CONTEXTO: EL POST-68
En los inicios, era el caos. La
lucha. Obreros, proletarios de la tierra y estudiantes radicales luchando en
todas partes contra su Imperio fascista, contra la presencia militar poderosa
de los gringos (p.ej. en Okinawa), y contra lo que en occidente se vendía como
el gran milagro económico japonés. Todo un modelo de capitalismo exitoso de
posguerra. A la cabeza (o mejor: a la base) tenían a la Zengakuren: especie de federación de grupos estudiantiles de base,
capaz de acciones coordinadas que iban mucho más allá de la desobediencia hacia
una insurrección en toda línea. No en vano se reunieron con la Internacional
Situacionista cuando fueron de gira a Europa no recuerdo si el 68 o 69 pero por
ahí…(tampoco abunda información sobre dicho encuentro). La consigna central del
movimiento era: “Antiimperialismo,
antiestalinismo”. Lo cual no es poco: revela una compresión que recién el
68 empezó a abrirse paso con toda claridad: la equivalencia fundamental entre
los supuestos dos sistemas rivales de la “Guerra Fría”. Mientras la tendencia
dominante había sido que en cada uno de los bloques los disidentes tendieran a
admirar al bloque contrario, la juventud radical se había dado cuenta de que
había que oponerse a ambos al mismo tiempo (Debord y la I.S. fueron bien claros
en plantear que en los años 60 tanto la sociedad espectacular concentrada como
la difusa eran variedades del capitalismo realmente existente; posteriormente,
en los Comentarios a la sociedad del
espectáculo (1989), Debord da cuenta de que en los 70 ambas se fusionaron
en lo que llamó “espectáculo integrado”).
Esa era la consigna central,
mientras se batallaba con cascos y molotovs contra la construcción de un
aeropuerto, mientras se boicoteaban las visitas de embajadores de los EE.UU,
etc. hay libros sobre eso (Por ejemplo: La izquierda revolucionaria en el
Japón, de Bernard Béraud, Siglo XXI, México, 1971, que tuve la suerte de hurtar
en una vieja librería que hace décadas no existe más en calle Merced, Santiago
de Chile, y cuya edición original en francés era de 1970; Zengakuren: la lucha
de los estudiantes japoneses. Manifiestos. Documentos, Ediciones Insurrexit,
Buenos Aires, 1972. Insurrexit era el núcleo surrealista reunido en torno a
Juan Andralis y la editorial Argonauta, en cuyos talleres y Teatro abandonados
se instalaron décadas después algunos sujetos ligados al grupo Etcétera,
devenidos algo así como una sección de la Internacional Errorista, si no me
equivoco).
De sumo interés para entender los
años y el ambiente que estamos homenajeando son las descripciones de batallas
callejeras que realiza Béraud en su libro. Los más famosos combates fueron los
de octubre de 1967 contra la inauguración del aeropuerto de Haneda, luego del
cual los grupos estudiantiles se mezclaron con obreros en las luchas de Sasebo
y Oji, y con campesinos en Narita. Para
estos encuentros los estudiantes se organizaban en secciones de 200 personas:
10 en primera línea y 20 filas compactas, codo con codo, siguiendo las
consignas de un encargado con altavoz y silbato. “Desde 1967, cada manifestante lleva casco y
guantes; generalmente, un trozo de tela en la parte inferior del rostro le
protege de los gases lacrimógenos, pero le permite a la vez eludir los objetivos
–cámaras de televisión y de fotografía- de los equipos especiales de la policía
que se mezclan con los periodistas. Los cascos son de color diferente según
cada grupo (…) Cada sección va preparada para una tarea precisa: las secciones
de ataque con piedras y cócteles molotov, las secciones de defensa con largos
garrotes; intervienen por turno y se relevan cuando los choques duran más de
quince o veinte minutos”. En los momentos iniciales del film Seizoku (1970), de Koji Wakamatsu,puede
apreciarse lo impresionante de esa dinámica de confrontación.
Para las grandes manifestaciones
de 1969, “los militantes tienden a introducir una táctica más directa y
discreta: grupos de 5 o 6 personas encargadas de un objetivo preciso”. Así, el
21 de octubre durante la jornada internacional contra la guerra, mientras se
realizaba una concentración de más de 20.000 personas en Shinjuku, grupos de
militantes atacaban con molotovs la Federación de Patrones, el Centro de
Investigación Económica “y una decena de comisarías de policía de barrios
populares donde las fuerzas policiacas no gozan de buena reputación”.
JAPÓN: En 1965 se publicó en Tokio el folleto "Los situacionistas y las nuevas formas de acción en la política y en el arte", a cargo de la Liga Comunista Revolucionaria, Zengakuren. Además, algunos documentos han sido publicados en "Lecciones de la derrota de las revueltas de mayo en Francia" (Tokio, julio 1968).
(Las publicaciones de la IS desde 1965, Internazionale Situazionista Nº 1, 1969).
LOS ESTUDIANTES EXTREMISTAS DEL MOVIMIENTO ZENGAKUREN Y LA ORGANIZACIÓN QUE EXPRESA SU PROGRAMA POLÍTICO, LA LIGA COMUNISTA REVOLUCIONARIA, LLEVAN A CABO UNA LUCHA DE MASAS CONTRA EL IMPERIALISMO AMERICANO, Y RECHAZAN AL MISMO TIEMPO LAS MENTIRAS DE LAS BUROCRACIAS QUE REINAN EN MOSCÚ, PEKÍN Y HANOI.
Zengakuren (全学連, Zengakuren?) es la abreviatura de Federación Japonesa de Asociaciones Estudiantiles (全日本学生自治会総連合, Zen-Nihon Gakusei Jichikai Sōrengō?). Es una organización radical y comunista de estudiantes creada en 1948. La organización es notable por sus marchas y protestas, así como violentas[cita requerida] actividades de izquierda. Por ejemplo, ha tomado parte en el movimiento contrario a la purga anticomunista y en la oposición a la Guerra de Corea. Tras actividades relacionadas con la revisión del Tratado de Seguridad entre Japón y Estados Unidos (1960), la federación fue dividida. Posteriormente cada una de las organizaciones surgidas tras la división del Zengakuren original siguió usando el nombre Zengakuren.
[editar] Historia Luego de la rendición de Japón ante Estados Unidos en 1945, el sentimiento antiamericano se respiraba profundamente y se mantuvo latente en las siguientes generaciones. En junio de 1948 los estudiantes que se hallaban descontentos con la política social deciden construir un organismo unitario que agrupase a todos los grupos de izquierda universitarios, dando así origen a la Zengakuren. En aquel entonces el Partido Comunista Japonés encabezó la dirección de la protesta.
En noviembre de 1959 el primer ministro Nobusuke Kishi propuso el borrador del Tratado de Cooperación y Seguridad Mutua entre los Estados Unidos y Japón. Una gran movilización de protesta formada por unos 80,000 estudiantes y obreros que portaban banderas rojas irrumpieron en el Edificio Nacional de la Dieta, un órgano de gobierno donde se intentaba llegar a tal acuerdo y se enfrentaron a unos 5,000 policías. El primer ministro salió del edificio e intentó tomar un avión para firmar el tratado, sin embargo miles de manifestantes lo esperaban en el Aeropuerto Internacional de Tokio para impedírselo. Durante la noche la policía desaloja a los estudiantes con violencia y detiene a varias decenas. A raíz de ello se organizan grandes marchas dando una alianza entre estudiantes, obreros e intelectuales.
El 4 de junio del siguiente año, el sindicato socialista declara la huelga general. Encabezaban la protesta los mineros y los trabajadores de ferrocarril con los que finalmente la Zengakuren se asocia. El 19 de junio, fecha en que se planeaba ratificar el tratado nuevamente miles de estudiantes asaltan la Dieta. Durante el enfrentamiento la líder estudiantil Michiko Kamba muere a manos de la policía generando así un rechazo mayor al gobierno. Aun así la rebelión fue aplastada.
Años más tarde durante la Guerra de Vietnam, la Zengakuren vuelve a tomar relevancia y surge el Comité Obrero Juvenil Contra la Guerra, integrado por obreros y estudiantes. Miles de manifestantes participaron en huelgas universitarias quejándose del servilismo del gobierno japonés frente a los Estados Unidos y por otro lado contra la Guerra de Vietnam.
En 1967 de nuevo estalla la violencia cuando un grupo de manifestantes armados con palos, escudos y cocteles molotov se dirigen al aeropuerto para impedir la salida del Primer Ministro. De nuevo en los enfrentamientos un estudiante muere. Se decide convocar a una gran marcha hasta Tokio donde obreros y estudiantes acuden armados con palos y rostros cubiertos. La policía declara la Ley Marcial resultando en cientos de arrestos, centenares de heridos y numerosos establecimientos y edificios dañados. Los combates más duros se registraron frente a la estación de Shinjuku, lugar en el que pasaban la mayor parte de los abastecimiento de EEUU destinados a la guerra de Vietnam.
El último bastión revolucionario fue la Universidad de Tokio. Tras 40 horas de enfrentamiento 2,000 estudiantes son detenidos. El gobierno aprueba una ley especial con la que autoriza la entrada violenta y sin permiso para reprimir movilizaciones.
La Zengakuren también combatió contra las universidades privadas a las que acusaban de "preparar mano de obra para servir a los monopolios", además de ser malas formadoras y excesivamente caras.
El 5 de septiembre de 1970, cinco estudiantes atacan con cocteles molotov el avión privado del Ministro de Asuntos Exteriores de Japón. Es año Japón recibe la Exposición Universal y en ella grupos de estudiantes atacan varios puestos de la policía con el fin de apoderarse de las armas. El 10 de octubre 90,000 manifestantes del Movimiento Nacional se encuentran en las calles y se emite un comunicado en el que se declara el fin de la vía pacifica. El 21 de octubre, cinco millones de japoneses están, nuevamente, en la calle y 30.000 policías hacen frente a éstos, mientras el mismo Ejército recibe instrucciones de permanecer en estado de alerta.
Posterior a todos estos acontecimientos, algunos elementos de la Zengakuren dieron origen al Ejército Rojo Japonés (Nihon Sekigun), un grupo -acusado de terrorismo- dirigido por Fusako Shigenobu.
(Tomado de Wikipedia: communism chant for free empresaires).