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jueves, julio 12, 2018

Otis a-go-go/A la mierda el Mundial de Fútbol 

1.- Otis en el programa Ready Steady Go! en el muy interesante año de 1966 Su versión de "Satisfaction" de los Rolling Stones, muy diferente a la de Devo y los Residents, no me convenció mucho la primera vez que escuché el LP "Otis Blue". Recién al ver este programa de TV comprendí su impacto y aporte. Adictivo. No se puede parar de escuchar a Otis una vez que se le conoce.

2.- Odio el fútbol. Odio el Mundial de fútbol. ¿Cual es la gracia de ver por casi 2 horas a 22 pelotas corriendo detrás de una ídem?! Va un texto y afiche tomado del boletín La Oveja Negra.





Una vez más, como cada 4 años, el Mundial de Fútbol nos invade. Otra vez la burguesía internacional hace correr a sus soldaditos del deporte y el comercio. Otra vez el deporte como disciplina de control de los cuerpos y como mejor camino hacia el bombardeo mediático de mercancías.

Cada país participante aprovechara mejor la actuación de su equipo. Empezando por Rusia, en el ojo del turismo mundial para tapar con dinero y fanatismo la sangre que derramó bombardeando Siria.

Del lado argentino la hiper-explotación del empresario Messi, como ejemplo del débil que se convierte en fuerte y tiene que hacer lo imposible para triunfar… y la exigencia constante de que gane un título para Argentina, la sed de tener un fundamento para sentirnos “los mejores del mundo”. Que más puede querer el Estado argentino... en estos años marcados por la expansión de la miseria y la represión. Nada mejor que una pelota de fútbol para complementar el palazo del policía. Aunque no tengamos que comer, brindaremos en unidad nacional con quienes nos cagan, en un éxtasis de patriotismo, xenofobia y machismo.

En el caso ruso, la apología de una masculinidad competitiva, agresiva, fundada en el individuo que todo lo puede y que siempre tiene que dar más es complementaria con la hostilidad hacia la comunidad gay y trans característica de la Federación Rusa. Esta llega a su punto máximo en Chechenia con sus campos de concentración, donde se encierra y se tortura e incluso, según algunas versiones, se ha llegado a ejecutar a disidentes sexuales.
También en campos de concentración se hacina a los trabajadores nepaleses en Qatar- la próxima sede- durante la construcción de los estadios. Engañados para viajar, y una vez allí se les retiene pasaportes y documentos para mantenerlos cautivos entre larguísimas jornadas bajo un calor sofocantes. Ya son más de 2000 las personas que han muerto construyendo esos estadios.

Contra los festejos de los explotadores gritamos bien fuerte: ¡Mundial es la miseria! ¡Nada que festejar!

Junio de 2018. Región argentina.

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jueves, julio 05, 2018

Otis/VOP 


1.- Pensaba que mis cantantes favoritos eran Víctor Jara y Leonard Cohen. Ahora creo que si bien se mantienen en el TOP 3, están a punto de ser destronados por el gran Otis Redding, de quien he estado escuchando obsesivamente  Otis Blue (1965) y The dock of the bay (1968). 

Acá interpreta uno de sus hits más románticos, en Francia, 1966. ¡Qué cantante! ¡Qué banda!

2.- Nuevo número de Comunidad de Lucha, incluye texto sobre "la explosión feminista", y otro sobre las calles de Santiago hace 47 años.



Memoria proletaria en las calles metropolitanas: la VOP
CdL 06 / junio 2018

Santiago de Chile, 1971

Martes 8 de junio
Tres integrantes de la Vanguardia Organizada del Pueblo interceptan a Edmundo Pérez Zujovic, ex Ministro del Interior del gobierno del DC Frei Montalva, y lo acribillan a balazos, muriendo en el acto a bordo de su Mercedes Benz, en Hernando de Aguirre, entre Carlos Antúnez y Carmen Silva, Providencia.

La acción fue un ajusticiamiento por su responsabilidad en la Masacre de Puerto Montt, cuando 200 carabineros desalojaron una toma de terrenos en Pampa Irigoin el 9 de marzo de 1969, dejando a 10 personas muertas (incluida una guagua), sucesos que habían sido plasmados en la canción “Preguntas por Puerto Montt”, de Víctor Jara. Poco antes el Estado conducido por la Democracia Cristiana y su “revolución en libertad” ya había acribillado y asesinado a 7 personas durante el paro nacional del 23 de noviembre de 1967, y el 11 de marzo de 1966 a 8 personas durante una huelga minera en El Salvador.

La VOP –fundada a mediados de 1968–, satanizada por toda la izquierda como lumpen, termocéfala e incluso infiltrada, se autodefinía como “una organización revolucionaria y socialista dirigida por proletarios armados”, y proclamaba a inicios del gobierno de Allende: “¡A ROMPER LOS ESQUEMAS LEGALISTAS Y BURGUESES! ¡AL PODER PROLETARIO POR LAS ARMAS!”.

Domingo 13 de junio

Confirmando una vez más que para el Estado no hay ley más importante que el mantenimiento del Estado, un aparato represivo integrado por 200 policías de Investigaciones, 100 carabineros de Fuerzas Especiales, y soldados del regimiento Buin (al mando del jefe de plaza Augusto Pinochet), y la Unidad Popular (a cargo de importantes cuadros del PS y el PC) se deja caer en una operación de exterminio sobre la decena de hombres y mujeres militantes de la VOP que se encontraban reunidos en calle Coronel Alvarado 2711, comuna de Independencia. La VOP resiste con bombas molotovs, tarros con explosivos, y ametralladoras expropiadas a la policía en acciones previas, logrando herir a algunos detectives. Resultado: son asesinados los hermanos Ronald y Arturo Rivera Calderón (fundadores de la VOP y partícipes del ajusticiamiento) y el resto son detenidos, torturados y encarcelados en medio de un espectacular procedimiento.

Miércoles 16 de junio

En medio de una fuerte oleada represiva en varias ciudades, que deja una veintena de vopistas presos, Heriberto Salazar (“El Viejo”, tercer integrante del grupo que realizó la acción del 8 de junio) se dirige armado con una ametralladora y un cinturón de dinamita al cuartel general de la Policía de Investigaciones en General Mackenna 1314, atacando al personal allí presente y ajusticiando a 3 esbirros. Al ser repelido desde dentro y fuera del edificio, Heriberto grita “¡Vengan a buscarme!”, se activa la carga explosiva, y fallece instantáneamente.

Quedaba claro que la “Vía chilena” al socialismo sólo era pacífica en la medida que desarmaba al proletariado, pero no renunciaba a utilizar el terrorismo estatal en contra de quienes desafiaban al Estado. Los juristas de la UP aprobaron en el Congreso una Ley de Control de Armas (aún vigente), que no se aplicó contra los grupos armados de la extrema derecha pero sí contra los cordones industriales, e incluso proyectaron una primitiva versión de Ley antiterrorista que no llegó a ser aprobada (para eso hubo que esperar hasta 1984).

El Poder homenajeó a Pérez Zujovic bautizando con su nombre una Rotonda en el límite de Las Condes y Vitacura, hoy demolida por el mismo progreso capitalista que este empresario y estadista defendió toda su vida¹ ².

LA MEMORIA PROLETARIA NO SE EXPRESA EN MONUMENTOS SINO QUE EN LA ACTUALIZACIÓN PERMANENTE DE LA LUCHA CONTRA EL ESTADO Y EL CAPITAL, CONTRA TODA FORMA DE DOMINACIÓN Y EXPLOTACIÓN



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viernes, junio 29, 2018

Des-proporcionalidad/Un ácrata al sur del canal Beagle/LDDT-Gemeinwesen 




Proporcionalidad: esto es para reír y llorar. Hace ya 45 años un sector de la burguesía chilena hizo estallar con bombas arrojadas desde aviones el Palacio de Gobierno. Nadie se fue preso por esa acción.

Hace pocas semanas, una adolescente rayó una A circulada con plumón en las paredes de la réplica de La Moneda que la Dictadura pinochetista reconstruyó (“¡rompe paga!”). Se la llevaron detenida por “vandalismo”….


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Actividad de conmemoración crítica (o sea, sin mitos) de la llamada “revolución española” de julio de 1936.


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Psicogeografía fantástica del extremo austral:



“La isla Nueva es referida en la novela Los náufragos del Jonathan (1909), comenzada por Julio Verne en 1897 como En Magallanie y modificada y terminada por su hijo Michel Verne. El protagonista, Kaw-djer, un anarquista, elige la isla Nueva por su lejanía para crear su propio mundo. Un día llega un indígena y le advierte que Chile y Argentina han acordado sus fronteras y que los chilenos lo expulsarán de su ensueño. El diálogo, creado por Verne en virtud de sus conocimientos del tratado de 1881, continúa así:

—¿Y dependen de Chile —preguntó el Kaw-djer— las islas al sur del canal de Beagle?
—Todas.
—¿Incluso la isla Nueva?
—Sí.

Primera parte - Capítulo III «El fin de un país libre», Los náufragos del Jonathan, de Julio Verne”-

También editado como “Un ácrata en la Magallania”.



(https://es.wikipedia.org/wiki/Islas_Picton,_Nueva_y_Lennox)
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LDDT,  Gemenweisen(arbeit), junio de 2018.


Este artefacto, liberado en junio de este año, puede que sea uno de los artefactos más bellos que nos ha proporcionado La División del Trabajo. En esta ocasión, desde un pequeño puerto de Grecia, según creo haber entendido. La portada es un extracto de “El triunfo de la muerte" de Bruegel.

La guitarra espontánea y totalmente acústica se entrecruza con un saxo alto que luego a su vez se topa con un piano, y combustionan, en honor del planeta Tierra. A poco andar ya estamos en el segundo tema, “Nunca digas nunca” -basada en un poema de Sun Ra-, protagonizado por una voz femenina absolutamente desnuda, que cuando está a punto de ponerse muy solemne, evocando algún paisaje lejano, estalla en una risotada, para luego dar paso a “Las tres edades”.

Las seis cuerdas me recuerdan a las cuerdas de John Fahey, y el acordeón parece un colchón cómodo y suave, cuando desde el cielo los ataques aerófonos del saxofón hacen pensar en 3 niveles, o sea, 3 formas de existencia, y tal vez a eso apunta la cuestión de las 3 edades de la vida, cada una expresada al mismo tiempo por un instrumento de familia diferente (cuerdas, teclado, caña), agregándose al final la voz humana, que a mi juicio es el elemento común a las distintas edades en un ser humano. Cuando la voz se retira, los instrumentos dialogan cada vez más fuerte. 

“Abraham Ahumada” es un solo de saxo alto que se aventura en los multifónicos. Es difícil creer que mucha gente toca saxo por años y no explora las infinitas posibilidades que ofrece este bello instrumento, mientras que en la tradición de los amantes del free jazz que cultivan el free chant se parte de cabeza adentrándose en ese tipo de técnicas, con muy buenos resultados en este caso. A quienes tocan saxo y no lo hacen chillar ni exploran sus multifónicos, les debería ser expropiado el instrumento, y en compensación dejarles una copia de las obras completas de Kenny G. Disculpen el exabrupto. 

La colección termina con “Woman you are the nigger of the world”. El saxo dialoga consigo mismo y con la guitarra, que acá es más Baileysiana que Faheysiana según creo (en verdad, a ambos los respeto enormemente pero los he escuchado poco, aunque siempre con mucha atención.  Así y todo, mi cabeza está aún mucho más repleta de Toni Iommi, Jimmi Hendrix y Fred Frith en cuanto a las 6 cuerdas se refiere). 

Los instrumentos se van retirando de a poco, mientras el sonido industrial de una aspiradora va llenado el espacio, y alguien canturrea, de nuevo esa voz femenina. Y todo se acaba y por momentos sentimos que hemos logrado una COMUNIÓN a través del TRABAJO de 3 seres humanos armados con instrumentos acústicos y su IMAGINACIÓN.

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miércoles, junio 27, 2018

Tildaflipers, MUAU MUAU (2018, Prius discos) 




El espacio virtual nos trae de regalo un nuevo disco de los Tildaflipers -que además existe en formato de vinilo 12”-: inquieta formación con sede habitual en Buenos Aires, donde tienen su base de operaciones, y una casa-estudio que funciona como su propia Black Ark: el Estudio Ercilla.

9 temas, con una duración promedio de 4 minutos (la más breve marca 3:20, y la más extensa 4:40). O sea, se trata de canciones, y en efecto, en casi todas ellas hay vocalización, uniendo muy bien la voz masculina con la femenina, y samplers de otros profetas y pontificadores en medio de  los paisajes sonoros que se construyen cuidadosamente por este Laboratorio del Dub.

En “Cacería” se hace un muy buen uso de la voz masculina y femenina, con visiones poéticas sobre estar “sentada al borde del precipicio”, viendo al cielo como un jardín de flores/estrellas. Tanto aquí como en “Hojas” se trata de un dub etéreo, volátil, que te permite abandonarte a la deriva mientras lo oyes.

En “Sacachispas” el sonido muta un poco, ofreciendo unas excelentes dos notas (¡para qué más!), sobre las cuales atacan de nuevos las dos voces, y se agrega luego el sampler de algún profeta rasta. El sonido me parece más industrialoide, pero a poco andar concluyo que no, que lo que me trae a la mente son los Suicide, con las famosas y certeras máquinas repetitivo/electrónicas de Martin Rev. Los teclados me recuerdan también un poquito a Chrome.

En “Valle sin viento” el estilo mesiánico del dub reggae se toma las pistas, con excelentes bronces, y me parece que el mensaje de regreso al África que por lo que creo llegó a Mar del Plata en los 80 de la mano de Luca Prodán. O sea, la afro-profecía que se desplazó desde Africa a Jamaica, Italia y Londres, para llegar a Córdoba y Buenos Aires, y emanar en este momento desde allí hasta Santiago de Chile, a través de estos viejos parlantes que ya van a cumplir medio silgo. Y que arda Babilonia, y que las trompetas derriben todas las puertas que nos encierran en los circuitos de la fábrica social.

El texto señala a cada rato que “no pasa nada”. Pero me quedo pensado en que hay en principio una doble acepción: en sentido positivo, no pasa nada es lo mismo que decir “está todo bien, quédate tranquilo”, pero en sentido negativo no pasa nada sería equivalente a “todo es muy fome”, como decimos por acá (Mientras en Brasil “fome” es hambre, en Chile es aburrimiento).  

“Sueño” es, según creo, una especie de homenaje a la melomanía y sus devotos, amntes de las diversas formas de organización humana del sonido. “Sueño sinfonía, dulce melodía, es mi elixir, sos mi porvenir”. De nuevo un dub etéreo, flotante, y de la nada pienso en la teoría de la Big Note, de Zappa en el “Lumpy Gravy”, donde se pregunta si todos los sonidos del cosmos no formarán una especie de Gran Nota en la vibración universal. De ser así, en efecto somos todos sonido, vibración, y apuntamos hacia un devenir constantemente música/no-música, vibración, y muchos microcosmos y mares de ruido, drone y  “porvenir”. Cuando dicen “nada está tan bien, nada está tan mal”, se reconecta con la idea del “no pasa nada”.

“Dengue”: juraría que había escuchado este tema antes.  Difícil olvidar una canción donde se diga que tu poesía le falta algo, y se hable desde un “extremo pesimismo, justo al borde del abismo”. Con una instrumentación más tradicional est sería punk rock, pero pese a la inspiración se transforma en otra cosa en las manos de Tildaflipers, héroes de la derretición contemporánea.

“Semilla” y “Corte duro” ya se van adentrando al final de este bello artefacto. La idea de una semilla que crece en medio del basural es la misma que cuando Archie Shepp decía que en cierta forma el jazz es “una flor en medio del pantano”. Lo mismo se puede decir del blues, el soul, el dub reggae y el free jazz. El vocalista nos recuerda varias veces que “la herencia de derrotas es tu manantial”. Es nada casual que escuche esto mientras leo “La horda de oro”, sobre el manantial de derrotas que hubo entre 1968/1977, vistas desde el territorio italiano, desde su “Otoño caliente” de 1969 hasta “la estrategia de la tensión” y luego “los años de plomo”, ya a fines de los 70, pasando por los comités de base en las fábricas, las luchas de estudiantes-trabajadores y trabajadores-estudiantes, la autonomía obrera, y el lado menos conocido del movimiento: la explosión de 1977, prefigurada por el surgimiento en todo el hinterland (periferia) de los Círculos del Proletariado Juvenil. Las ocupaciones, las radios, los festivales. Y tambien, el terrorismo estatal, la lucha armada….una desastrosa espiral de acción y reacción que se saldó con muchos muertos y encarcelados. En fin: derrota tras derrota, hasta la victoria final. Por cierto, fue en esos años en que se ya imponía el reflujo y la angustia existencial cuando murió la hermana de Luca, a quien éste dedicará su versión de “Heroína” de los Velvet Underground (y siguiendo con mi obsesión por las trilogías, recomendaría escuchar seguido la versión de V.U., la de Lou Reed en “Rock and Roll animal” y la de Luca/Sumo). Una sobredosis de heroína acompañada de aspiración del gas del tubo de escape del auto en que Claudia Prodán se encerró junto a su amante, dejando una nota en que se afirmaba que era “mejor morir de droga que vivir así”…

Cerrando el disco, tenemos a “Estación Benavidez”. Originalmente esto era una especie de homenaje a Ornette Coleman, fallecido el 11 de junio de 2015. Monki me decía que nunca se le pasó la tremenda impresión que le produjo hace varios años escuchar el inicio del álbum Body Meta (1978), “Voice Poetry”, con su hipnótico uso del ritmo conocido como “latin”, popularizado mil veces desde Bo Diddley a los Residents y Aksak Maboul. “Es un Groove eterno” me decía, mientras me invitaba a agregarle algunas tomas de saxofón (o chantofón). Pero no llevé ningún saxofón al estudio de Prius discos en noviembre del 2017, y desde lejos Monki sugirió que “la voz de la poesía” invitaba a alguna intervención hablada, y así fue como puse manos a la obra intentando relatar la extraña y psicogeográfica anécdota de cuando Ornette fue a tocar en Buenos Aires en el 2009 y se perdió en la ciudad tras ser expulsado del lobby del Hotel, yendo a parar vagando a Tigre, en subte y tren, donde fuera detenido por la policía, que por supuesto no tenía ni remota idea de quien era este señor. Lo mejor de todo es que la ausencia del saxo motivó a incorporar además sampleos de la famosa trompeta de bolsillo del viejo compañero de aventuras harmolódicas de Ornette, Don Cherry (¡y es mucho mejor escuchar a DC que a JC! Aunque gracias a la magia de las técnicas del dub master, podemos escucharlos a ambos dos juntos en esta ocasión).

100% recomendable, y por supuesto que es una recomendación que viene de muy cerca. Archivar bajo la etiqueta “dub harmolódico del Sur”.

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lunes, junio 25, 2018

La División del Trabajo, 3 discos nuevos/Italia 1977: Proletariado juvenil y rechazo del trabajo 

2 cosas en esta ocasión (no 3):


1.- El organismo musical itinerante autodenominado la División del Trabajo, que ya había debutado con un disco que me hacía pensar en un viajero de estos tiempos que llevaba a modo de equipaje una guitarra y unos cuantos libros, además de mucho John Fahey/Derek Bailey en la imaginación, acaba de dar a conocer desde el Campo de Bandas 3 trabajos nuevos (sí: 3!!!), que vieron la madurez en el mes de mayo de este año tras un proceso de algunos meses entre diseñar y ejecutar las sesiones, y luego trabajarlas para cortar de ahí los temas que ordenan estas 3 obras.

Los dejo con Homo sapiens como corpus delicti, consistente en 5 tracks cargados al drone rock fushitsushizado y con eventuales injertos de free chant, o dicho de otro modo, una especie de combo free rock a lo Blue Humans pero en que en vez de haber reclutado a viejas glorias de la Fire Music afroamericana se hubieran conformado con reclutar a una tropa de viejos y no tan viejos punk/postpunk city rockers (incluyendo a un infante).

Como dijera Víctor Jara alguna vez: "My chant is a free chant".

2.- A propósito del trabajo y el rechazo del trabajo, extracté esta parte del capítulo sobre Automomía Obrera y Lucha Armada en el libro La Horda de Oro (1968/1977), compilado por Ballestrini/Moroni, y lo acompaño con fotos del período 1976/77 y la escena de los Círculos del Proletariado Juvenil. Entre otras cosas, además de servir para ilustrar bien lo que parece haber sido la última gran ofensiva del Segundo Asalto, sirve también para entender las algo complejas nociones "operaístas" de composición/recomposición de clase.




El rechazo al trabajo

En la propia fórmula del «rechazo al trabajo» es necesario subrayar dos significados distintos y dos perspectivas diferentes de funcionamiento teórico-práctico.

Rechazo al trabajo significa: a) un esquema interpretativo de todo el proceso en el cual se entrecruzan las luchas obreras y el desarrollo capitalista, la insubordinación y la reestructuración tecnológica; b) una conciencia generalizada, un comportamiento social anti-productivo, una defensa de la propia libertad y de la propia salud: una conciencia que se ha vuelto muy fuerte y que prácticamente constituye la base inatacable de la resistencia obrera contra los intentos de reestructuración capitalista hasta mediados de la década de los setenta.

Veamos más analíticamente el sentido de estas dos diferentes perspectivas en las que se puede comprender la fórmula del rechazo al trabajo. Antes que nada el rechazo al trabajo es una forma de comportamiento inmediato de los proletarios que, insertos en el circuito de la producción industrial avanzada, sin haber sufrido la larga y deformante reducción perceptiva, existencial y psicológica que constituye la historia de la modernización industrial, se rebelan casi instintivamente.

El piamontés educado en considerar el trabajo en la Fiat como un destino familiar, criado en el culto de los valores del industrialismo, podía soportar quizás el constante aumento de la explotación que se demostraba en aquellos años del boom de la producción automotriz. Pero para un calabrés criado al borde del mar y a la luz del sol aquella vida de mierda le parecía enseguida insoportable. La percepción del calabrés era naturalmente la justa, recogía la posibilidad de emancipación de aquel embrutecimiento. Desde esta perspectiva, el rechazo al trabajo era una reacción inmediata, pero también la conciencia refinada y previsora de quien decía: no sólo esta esclavitud es inhumana para los obreros, también es inútil para la sociedad.


Y aquí pasamos a la otra perspectiva del rechazo al trabajo, es decir, al horizonte del rechazo al trabajo como modelo de interpretación de las dinámicas sociales y de la transformación histórica. Toda la historia del devenir científico, tecnológico, productivo, puede ser leída como la historia del rechazo de los hombres a prestar su atención, su esfuerzo, su habilidad y su creatividad en la reproducción material. Este rechazo ha producido la división de clases (algunos rechazan el trabajo y hacen trabajar a otros en su lugar, esclavizándolos). Pero el principio del rechazo al trabajo, controlado y dirigido por la inteligencia social colectiva podría realizar en cambio un uso de la técnica y de la maquinaria capaz de liberar a los hombres de la esclavitud del trabajo asalariado.

La reflexión sobre la técnica, sobre su uso determinado para el beneficio, sobre su finalidad como control político o agresión militar — sobre la estructura del saber científico— deviene central en el debate político y filosófico de los primeros años setenta. Esta reflexión se liga a la problemática del salto tecnológico y de la composición de clase, dos expresiones sustancialmente nuevas en el pensamiento revolucionario y en el ámbito del marxismo.

La noción de composición de clase expresaba las formas sociales, políticas, organizativas a través de las cuales el proletariado construye su propia identidad subjetiva y su propia conciencia en función de la estructura determinada del sistema productivo, en función de la relación entre trabajo vivo y trabajo muerto, en función de las condiciones tecnológicas y organizativas del proceso de trabajo. En definitiva, con la expresión composición de clase se hacía referencia a la elaboración subjetiva y consciente de las condiciones objetivas de la relación productiva.

En cierta medida, la noción de composición de clase encuentra su raíz filosófica en el pensamiento de la izquierda marxista de los años veinte y en particular en la noción de Luckács de «ontogénesis de la conciencia social». ¿Cómo se forma la conciencia social? ¿Cuáles son los procedimientos a través de los cuales una masa de personas individualizadas, separadas, fragmentadas en el proceso productivo y en su condición económica y social logra transformarse en un movimiento activo, que produce un punto de vista político común, que elabora estilos de comportamiento y horizontes de conciencia que son sustancialmente comunes, aunque respetuosos con las diferencias de sensibilidad y de formación?
¿Cómo se produce este milagro por el cual la fuerza-trabajo se transforma en clase obrera, la disciplina de fábrica se transforma en rebelión organizada, y la separación de los ámbitos sociales se transforma en movimiento revolucionario, una onda incontenible que sumerge y arrastra el estado de cosas presentes?

Se buscaba una respuesta a estas preguntas con la formulación del proceso de «recomposición de clase» a partir de determinadas condiciones tecnológicas del proceso de trabajo. De ahí entonces que la noción de composición de clase, como subjetividad consciente y organizada de los comportamientos colectivos de una comunidad implicada en el proceso laboral masificado, conlleva una consideración profunda del sistema tecnológico, de la relación entre tecnologías y actividad social productiva, actividad consciente, atención, percepción, memoria, imaginación.

Por ejemplo, ¿cómo se da que ciertas condiciones tecnológicas y organizativas del proceso productivo correspondan con una cierta conciencia, una cierta organización política, una cierta ideología y una cierta imaginación social? ¿Por qué la estructura tecno-productiva de las primeras décadas del siglo daba forma a modelos de tipo consejista? Es necesario comprender el proceso de recomposición de clase dentro de las condiciones de la fábrica mecánica pre-taylorista, es necesario comprender las características del trabajo individualizado y cualificado del obrero profesional. Es necesario comprender las condiciones de socialidad posibles en la fábrica de 1920, una fábrica en la que los obreros tenían una esfera de socialidad y de autonomía productiva, en la que la relación hombre máquina estaba individualizada y relativamente personalizada, en la cual la habilidad estaba diferenciada.



Y entonces comprenderemos también porque los obreros de aquel período reivindicaban con orgullo su función productiva, reivindicaban el derecho a gestionar, controlar y organizar el trabajo, su destino social, su utilidad. Pero en los años sesenta nada de esto existía ya en las grandes fábricas. El taylorismo y la introducción de las técnicas automatizadas, la cadena de montaje, la estandarización de los ritmos y de las cadencias de trabajo, todo esto, había convertido la fábrica en un lugar absolutamente asocial, en el que las comunicaciones entre un trabajador y otro eran casi imposibles debido a la distancia, al rumor, a la separación física. Y el lugar de trabajo era despersonalizado y estructurado de manera despótica, repetitiva, concebido para imponer tiempos, movimientos, gestos, reacciones a un operador cada vez menos humano, cada vez más mecánico.

La recomposición de clase de los obreros de las líneas de montaje parte justamente de esta deshumanización. La revuelta del obrero masa es la revuelta del hombre mecanizado que toma al pie de la letra su mecanización y dice: si debo ser completamente inhumano, si no debo tener alma, pensamiento, una individualidad, lo seré hasta el fondo, decididamente, ilimitadamente, impúdicamente. Ya no participaré con la mente al proceso de trabajo. Seré extraño, frío, distante. Seré brutal, violento, inhumano como el patrón ha querido que lo sea. Pero lo seré hasta el punto de ya no conceder siquiera un miligramo de mi inteligencia, de mi disponibilidad, de mi intuición al trabajo, a la producción.

Lo que los filósofos habían descrito como la alienación sufrida por el obrero se transforma, aquí entonces, en una extrañamiento deseado, organizado, intencional, creativo. Extrañamiento quiere decir: ni siquiera un gramo de humanidad hacia la producción. Toda la humanidad hacia la lucha. Ninguna comunicación y socialidad para la producción. Toda la comunicación y la socialidad para el movimiento. Ninguna disponibilidad para la disciplina. Toda la disponibilidad para la liberación colectiva. Recomposición de clase, por lo tanto, quería decir, simple y consecuentemente: sabotaje, bloqueo, destrucción de las mercancías y de las instalaciones, violencia contra los controladores de las cadencias esclavistas

La inteligencia obrera rechazó ser inteligencia productiva y se expresó completamente en el sabotaje, en la construcción de ámbitos de libertad anti-productiva. La vida comenzó a florecer precisamente allí donde más había sido radicalmente cancelada y extinguida, entre las líneas, en las secciones, en los baños, donde los jóvenes proletarios comienzan a liarse porros, a hacer el amor, a esperar a los carroñeros, a los jefes de sección con el fin de tirarles a la cabeza algunas tuercas. La fábrica estaba concebida como un lugar inhumano y comenzó a convertirse en un lugar de estudio, de discusión, de libertad y de amor. Éste era el rechazo al trabajo. Ésta era la recomposición de clase.

Pero al lado de la cuestión de la recomposición y del rechazo al trabajo se plantea, ya lo hemos dicho, la problemática de la re-estructuración productiva y del salto tecnológico. ¿Qué significa reestructuración? Significa reorganización de un sistema, readquisición de la funcionalidad y de la performatividad final de un sistema, en respuesta a algunos factores distorsionadores (internos o externos al sistema mismo) que perturbaron, trastocaron o convulsionaron completamente el funcionamiento y la estructura.


A finales de los años sesenta la lucha obrera había trastocado completamente el sistema disciplinario de la fábrica social y el sistema económico de beneficio; dentro de este terremoto, precisamente en aquellos años, la gran patronal, los economistas, el cerebro organizativo del capital buscaba reactivar algunas funciones fundamentales de la reproducción capitalista. Sobre todo se debía reactivar la productividad —puesta en crisis drásticamente por la insubordinación, el absentismo— y la disciplina, a su vez puesta drásticamente en crisis por el igualitarismo y el clima anti-autoritario. Pero para hacer esto, el cerebro capitalista sabía bien que no podía contar con la fuerza bruta. Si se recurría a la fuerza bruta, en aquellos años, se obtenía una respuesta terriblemente dura y adaptada. Lo había demostrado Corso Traiano, lo había demostrado vía Larga, lo demostraban centenares de piquetes y fuertes manifestaciones en todas las ciudades italianas.

Era necesario, por lo tanto, dar vida a una reestructuración de amplias proporciones, capaz de reducir sustancialmente el peso cualitativo de la fuerza de trabajo en la producción (es decir modificar la composición orgánica del capital, aumentando el peso de la maquinaria, de las tecnologías labor-saving) y por consiguiente capaz de reducir el peso cualitativo de la clase obrera consciente. La inteligencia planificadora del capitalismo internacional (y particularmente la italiana) se aplicó seriamente a este proyecto durante toda la primera parte de la década —y a mediados de los años setenta, en efecto, los primeros resultados de esta ofensiva y de esta reestructuración comienzan a hacerse ver, para manifestarse posteriormente de manera rupturista en la segunda mitad de los años setenta y a lo largo de todos los años ochenta, pero este es otro capítulo.

Mientras tanto, en 1969, se empezaba a percibir la perspectiva desde la que el proceso debía desarrollarse, se comenzaba a hablar de salto tecnológico, se comenzaba a delinear la posibilidad de una transformación postindustrial de la sociedad entera, de la producción. El capital debía aprovechar el rechazo al trabajo, debía transformar el rechazo obrero en ahorro organizado mediante la automatización. El pensamiento revolucionario comenzó a reflejar estas cuestiones y formuló la categoría de salto tecnológico, preparando las modalidades culturales necesarias para hacerle frente.

El salto tecnológico constituye una de las fecundas obsesiones que perseguía la corriente «obrerista» revolucionaria en el bienio 1968-69. «El propio capital es quien nos ofrece los plazos. En la medida en que la preparación del salto tecnológico reproduce en su totalidad la realidad de la clase, no puede dejar de representar para nosotros las condiciones de un enfrentamiento general. El progreso tecnológico, como violencia de los patrones y de su Estado, no es y no puede ser un elemento negociable. Sobre esta base queremos una ruptura anticipada, con el fin de batir al patrón y construir la unidad que consolide y relance nuestra organización política».39 Organización política contra salto tecnológico. ¿Pero qué significaba salto tecnológico, en la imaginación y en la previsión de los revolucionarios y en las vanguardias obreras? ¿Y por qué era necesario oponerse al mismo como el peor enemigo?


En realidad aquí encuentra su origen y su raíz una bifurcación que se definirá en la teoría y en la práctica de los movimientos obreros en el transcurso de los años ochenta, de una forma predominantemente inconsciente. Aquí toca fondo la ambivalencia irresuelta de los movimientos en relación con la innovación capitalista, la continua revolución tecnológica y simbólica que el capital introduce en la sociedad, manipulando continuamente los contornos y las identidades, descomponiendo las formas organizadas y trastocando las identidades sociales y políticas.

El rechazo al trabajo estaba concebido como un resorte fundamental del desarrollo capitalista. Sin luchas obreras, sin sustracción obrera a la explotación, sin sabotaje, sin absentismo, no habría ningún desarrollo. El desarrollo es esencialmente el hurto de la innovación obrera, hurto capitalista de la invención del obrero que por fumarse tranquilo un cigarrillo encuentra la manera de hacer su parte lo más rápido posible. La innovación tecnológica es esencialmente la forma necesaria de ahorrar trabajo, es la respuesta patronal al rechazo al trabajo. Pero entonces ¿debe ser considerada la reestructuración, la innovación, el salto tecnológico, como un enemigo? ¿No está quizás en la reestructuración la premisa de la libertad, la condición para reducir la dependencia de la vida al trabajo? La cuestión es vista en toda su complejidad. Efectivamente, la intención del patrón, cuando transforma un taller o automatiza un segmento de trabajo, es la de maximizar el beneficio en su totalidad, eliminar bolsas de insubordinación, realizar un control mecánico más estrecho sobre el trabajo humano. El uso capitalista de la tecnología se puede resumir así: plegar la estructura de la máquina, del instrumento de trabajo y también la estructura cognoscitiva, científica necesaria para producir la máquina; plegarla a una finalidad de control, de sumisión cada vez más perfecta, cada vez más total, cada vez más sofocante. El uso capitalista de la tecnología —y la reestructuración como revolución capitalista de la maquinaria, del sistema tecnológico— permea las propias estructuras, la forma y la función de los objetos, e indirectamente permea las mentes, las relaciones sociales, el mundo productivo.


El pensamiento y la práctica obrerista revolucionaria se encuentran rápidamente frente a una contradicción. Y en cierta medida permanecerán presa de la misma. La intensa revolución tecnológica que se despliega en el curso de los años setenta y que alcanza su madurez a finales de esta década manifestándose en auténticas oleadas de despidos en masa, es la causa de la crisis de la autonomía obrera; pero en realidad es también la causa de la tendencial disolución de la clase obrera de fábrica y de la industria como sistema de producción predominante. La reestructuración y la innovación tecnológica son la respuesta al rechazo al trabajo, pero son también su realización. Mediante la reestructuración, en efecto, se realiza el objetivo obrero de reducir el trabajo necesario, pero las condiciones sociales y políticas dentro las cuales se determina este desplazamiento están dominadas por el interés capitalista, destinadas al dominio y al beneficio, no a la utilidad social.

Y es aquí, entonces, donde el efecto de la reestructuración es una mayor explotación, una mayor dependencia, una división políticamente ruinosa entre ocupados y desocupados. Pero esto se comprueba en el curso de los años setenta, porque el movimiento revolucionario no logra llevar hasta el fondo su programa de dirección obrera sobre todo el proceso de transformación productiva, porque sobre este punto, la mediación sindical y el extremismo se enfrentan sin que se logre encontrar un punto de salida: la reducción generalizada del horario de trabajo, la redistribución social del tiempo de trabajo socialmente necesario. En definitiva, el poder obrero sobre las condiciones de transición postindustrial, sobre las condiciones de la reindustrialización y de la transformación del mundo de la producción en su conjunto.



Pero aquí no es el lugar para desarrollar este tipo de argumento. Aquí nos ocupamos de reconstruir las líneas generales de un proceso que se inicia con el estallido de las luchas espontáneas del ‘68, con la confluencia entre movimiento estudiantil y organismos obreros de base y que alcanza su generalización en el otoño de 1969. En este proceso se preparan los elementos que reencontraremos, con un grado bien distinto de densidad y de mezcla, durante el estallido de la autonomía obrera, en el transcurso de los años setenta.

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miércoles, junio 20, 2018

3 Stooges/Wire x 3/Dome 1-2 



Los que sí hicieron una perfecta trilogía, sagrada en el mundo de la comunión a través de la música, son los Chiflados, con su álbum homónimo (Chiflados, de 1969), Funhouse (que traduciría por Quilombo, de 1970), y Fuerza Bruta (Raw Power? Mmmmmm, Poder Crudo no suena tan bien), aunque este es de un poquito después, y está atribuído en la tapa a Iggy y los Chiflados. Este último artefacto fue suavemente masajeado por Bowie (David, no Lester. Ricueste In Pacis) en su producción original, de…¿1975? Ai CAN t ri-member… requerimientos de la época, supongo. (Corrección: 1977). Décadas después, circula una versión remezclada bajo los parámetros del Chiflado mayor, Iggy mismo (un animal del rock and roll, que en su momento manifestó un claro entusiasmo por Ronald Reagan. Ref.: Greil Marcus. En el baño del fascismo. Escritos sobre el punk). No nos podemos molestar por eso, o más bien, al igual que en el caso del reaganismo de Johnny Ramone, no nos podemos sorprender: el buen rock and roll solía ser hecho por animales muy brutos. Como dice el mismo Iggy en el folleto de la re-edición re-mezclada de Raw Power, “mis gustos eran muy sofisticados, pero mis habilidades eran bien simples, y las habilidades de los otros tipos de la banda eran más simples aún”.


Pero en realidad no estábamos aquí para hablar de los Stooges, más allá de señalar y recomendar su santísima trinidad de LPs, sino que para hablar de un desdoblamiento ochentero de Wire.

…por cierto, Wire es una banda que a fines de los 70 ofreció otra triología (dos veces lo escribí así, por algo será, y no quiero darle la razón al corrector) sagrada: Bandera Rosada (1977), Faltan Sillas (1978) y 154 (1979). No estoy seguro de los años, pero no importa. A los punk rockers de cabeza dura les gusta sólo el primero. Hacia el segundo ironizaban con que se habían pasado del Pink Flag a Pink Floyd…jo jo jo. No. El tercero no lo deben ni haber escuchado. Yo los pongo en el tocadiscos uno tras otro. Y como la bandeja tienen para poner 5 CDs, un buen día puede consistir en escuchar la triología sagrada en estudio, y luego agregarle su maravilloso registro en vivo de 1979/80 “Document and eyewitness”, y además los demos de 1977-8, reunidos en el magnífico “Behind thecurtain”. Así es imposible aburrirse.



Pero me estoy dispersando de nuevo…hoy quería hablar de DOME, banda posterior a la primera gran disolución de los Cable, con sus artefactos 1 y 2, reunidos en un CD hacia 1992 por The Grey Area de MUTE records. Grabados respectivamente a inicios y mediados de 1980, acá sólo estaban B.C. Gilbert y G. Lewis, creando climas verdaderamente oscuros y opresivos, pero sin la monotonía abrasiva y gélida más propia del Industrial de esos mismos años, mucho más acotado y dinámico en su proceso creativo, y producido directamente por personajes que ya llevaban unos años hacinado lo suyo y sabían cómo hacerlo y, sobre todo sobretodo- grabarlo bien. Saliendo por los parlantes SONY que eran de mi padre y que tienen más o menos mi misma edad, el efecto es tan sombrío en momentos que mi bella acompañante me dice que esta música le da susto. Le respondo que sí, que a mi también, pero que de todas formas me asusta más escuchar ciertas obras de Throbbing Gristle. Me gusta pero me asusta.



Originalmente editados por DOME records, vía Rough Trade. No creo que mucha gente los haya comprado, aunque demás que alguna alma inquieta y afín pudo haberlos tocado en su programa de radio. No está en youtube. Después hicieron DOME 3 y 4, también reunidos en un solo disco, y luego entiendo que hay un compilado en vinilo que reúne todo, llamado 1-4 + 5.
No los he oído. Me gustaría.

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domingo, junio 10, 2018

Trilogía de Saxos: McPhee (tenor), Braxton (alto), Parker (soprano). 


TRILOGÍA DE SAXOS: JOE, Anthonny y EVAN, en TENOR, ALTO, SOPRANO.

El saxofón llegó tarde a la música “clásica”, y de hecho surgió en los regimientos, pasó  de ahí a burdeles y bares, y nunca logró un puesto formal en las orquestas “serias”. Mención aparte para el saxo soprano, que por ser recto más bien parece un clarinete de fierro.

Más trilogías: desayuno/almuerzo/once (¿y la cena? No: no siempre es necesaria). Cuchara/tenedor/cuchillo. Una amiga me dice que es posible la 3ple estimulación simultánea por vía clitoriana, vaginal y anal. Soy hombre pero…¡le creo! Matiné/Vermú/Noche. Talca/París/Londres. Aperitivo/acompañamiento/bajativo…

Va una trilogía de saxos: en 2 sentidos: 3 intérpretes, en 3 tipos de saxofón:



Joe McPhee. Poco conocido a pesar de su larga e intachable trayectoria. El álbum “Tenor” (1976) lo grabó en una casa que un amigo suyo le presó en la montaña suiza, a una cita en que acudió solo pero bien pertrechado con una grabadora portátil. En youtube sólo veo el primer tema: “Knox”.



Anthonny Braxton (no confundir con Toni Braxton) merece todos mis respetos, pero nunca me he llegado a encariñar realmente con el personaje. Puede que su abordaje sea demasiado cerebral para un pasionero como yo, pero escuchando el otro día sus Series F llegué luego a dar con su álbum de 1969 , For Alto.



Evan Parker, británico, estuvo en el Machine Gun de Brotzmann (1968), y nunca ha dejado de estar en activo por ahí, pero este álbum solista en su soprano que en portaba aparece efectivamente como el arma que es en sus manos/labios, debe ser uno de los artefactos más humanamente desnudos, puros y bellos que se pueda conocer en nuestro tiempo. Monoceros,1978. Entre él, su instrumento, el aire, y el silencio, está toda la historia humana, inconclusa y sangrienta. La técnica es impresionante (respiración circular, multifónicos, ataques doble y triples con la lengua, etc.) pero lo realmente impresionante es su capacidad de comunicación.

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