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viernes, septiembre 18, 2020

FISCALIZACIONES DIECIOCHERAS A DOMICILIO: EL ESTADO DE EXCEPCIÓN SALTÁNDOSE SUS PROPIAS REGLAS 

 


“Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y, sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas” (Albert Camus, La peste).

El 12 de septiembre la Secretaria Regional Ministerial de Salud para la Región Metropolitana anunció “mano dura” con las celebraciones de Fiestas Patrias en pandemia, que su propio gobierno autorizó: “Vamos a estar yendo a las viviendas, vamos a hacer un trabajo conjunto con Carabinero, PDI, Fuerzas Armadas, para corroborar que se respete el aforo máximo, que son los residentes de la vivienda más cinco personas”.

Lo cierto es que llevamos medio año viviendo en estado de excepción, desde que el 18 de marzo de 2020 el Presidente de la República adquirió las facultades extraordinarias que de acuerdo al artículo 43 de la Constitución incluyen el “restringir las libertades de locomoción y de reunión” -lo que se ha hecho ampliamente mediante toque de queda nacional- y “disponer requisiciones de bienes, establecer limitaciones al ejercicio del derecho de propiedad” -lo que no se hizo ni para tomar posesión de Espacio Riesco y reconvertirlo en Hospital-, además de la facultad de “adoptar todas las medidas extraordinarias de carácter administrativo que sean necesarias para el pronto restablecimiento de la normalidad en la zona afectada”.

Lo curioso es que la gran mayoría de las medidas sanitarias con que se han restringido más o menos justificadamente las libertades y derechos fundamentales de las personas no se han adoptado por los militares designados por el presidente Piñera como Jefes de la Defensa Nacional en cada región del país, sino que mediante decretos y resoluciones sanitarias dictadas en virtud del Decreto de Alerta Sanitaria de 5 de febrero, que no se basan en el estado de excepción sino que en la normativa sanitaria nacional e internacional.

En este contexto, y teniendo en cuenta que los únicos derechos fundamentales que el estado de catástrofe permite restringir o suspender son los de reunión y de circulación, no existe hasta ahora ninguna justificación para restringir el derecho a la inviolabilidad del hogar, contemplado en el artículo 19 N°5 de la Constitución, que en tanto derecho fundamental sólo podría ser  afectado por ley.

La ley que se refiere a la posibilidad de que agentes del Estado ingresen en domicilios privados es el Código Procesal Penal, que en sus artículos 204 a 216  regula la diligencia de entrada y registro en lugares de libre acceso público y en lugares cerrados, exigiendo en relación a estos últimos “siempre que su propietario o encargado consintiere expresamente en la práctica de la diligencia” (artículo 205). De no contar con el consentimiento del dueño o arrendatario se requiere siempre de autorización judicial, con la sola excepción señalada en el artículo 206, es decir, “cuando las llamadas de auxilio de personas que se encontraren en el interior u otros signos evidentes indicaren que en el recinto se está cometiendo un delito”. 

Esta normativa procesal penal no contempla de ningún modo la posibilidad de ingresar a domicilios para comprobar aleatoriamente si se están cometiendo delitos, como sería en este caso la posible infracción del artículo 318 del Código Penal por no acatar las normas dictadas por la autoridad sanitaria en el contexto de la pandemia.

La otra ley que podría aplicarse es el Código Sanitario, que contempla en su Libro X, Título I, la posibilidad de que “para la debida aplicación del presente Código y de sus reglamentos, decretos y resoluciones del Director General de Salud, la autoridad sanitaria podrá practicar la inspección y registro de cualquier sitio, edificio, casa, local y lugares de trabajo, sean públicos o privados” (artículo 155 inciso primero). Pero el Código es claro en exigir que “cuando se trate de edificio o lugares cerrados, deberá procederse a la entrada y registro previo decreto de allanamiento del Director General de Salud, con el auxilio de la fuerza pública si fuere necesario” (artículo 55, inciso segundo).  Además, en estos casos se requerirá siempre notificar al dueño o arrendatario (artículo 157).

Ante las críticas y dudas finalmente la SEREMI Labra ha aclarado el lunes 14 que dado que “las personas no pueden negarse a la autoridad sanitaria o a Carabineros”, y que estos funcionarios están autorizados para “hacer una orden de allanamiento” respecto de un domicilio, “siempre que sean fundados”,  en definitiva lo que importa es hacer un llamado “a la población a denunciar a las personas que no cumplan con las instrucciones de la autoridad sanitaria”.

Así que en definitiva la idea parece ser esta: invitar a la ciudadanía a denunciar posibles “delitos flagrantes” para poder exhibir en directo las diligentes y enérgicas fiscalizaciones en los hogares seleccionados.

Tal como con las leyes basadas en el populismo penal, lo que importa es el mensaje: mostrar señales de buen manejo de la pandemia invitando a la gente a “autogestionar” la represión, enviando fiscalizadores, policías y militares a la puerta de casa de sus vecinos desobedientes. Así de paso se sigue acostumbrando a la gente a tolerar la presencia policial/militar en las calles, casas, y recintos de votación.



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sábado, septiembre 05, 2020

¿Como ACABar con la policía? Convocatoria revista Carcaj.cl septiembre/octubre 2020 

 en vez de “te amo” di a la mierda la policía / en vez de
“los fuegos del cielo” di a la mierda la policía, no digas
“reclutamiento” no digas “trotsky” di que se joda la policía
en vez de “despertador”, di a la mierda la policía
en vez de “mi traslado diario” en vez de
“sistema electoral” en vez de “viento solar sin fin” di que se joda la policía
(ACAB: una canción de cuna, Sean Bonney)
La yuta, los pacos, los tiras, la jura, los cerdos, los tombos, ¡están por todas partes! La mayoría de nuestras experiencias sociales parecen hoy estar permeadas, contabilizadas o cuadriculadas por ellos; sus zonas de intervención, sus medios de vigilancia y sus métodos de represión se han hecho cada vez más intensos; el paqueo se ha vuelto masivo y generalizado. Tanto así que uno casi llega a olvidar que se trata de una invención reciente: la policía no siempre tuvo su lugar en la historia de las sociedades. 
¿Cómo fue que la promesa de la polis, la ciudad libre y autoorganizada, se convirtió en una pesadilla policial? ¿En qué momento se hizo más fácil imaginar una sociedad sin capitalismo que una sociedad sin policías?
¿Y qué es la policía, en todo caso? ¿Qué entendemos cuando la nombramos? ¿La violencia legítima del Estado? ¿Una banda narco-criminal institucionalizada? ¿El brazo armado de la élite, destinado a asegurar el orden de dominación y los procesos de acumulación capitalista? ¿Es una institución, una función, una técnica de gobierno sobre los cuerpos?
Una constante del pensamiento vigilado nos ha querido convencer de que la policía se justifica, de una vez y para siempre, en una función impostergable: evitar el crimen. Pero el crimen no es tanto lo que la policía viene a combatir, como su materia prima y su producto. Por eso una campaña de carabineros podía hace poco proclamar “somos la frontera entre la ciudadanía y la delincuencia”:  porque de lo que se trata, ante todo, es de asegurar que esa frontera exista. Hacerla emerger, marcarla y controlarla. Lo que cambió realmente con la aparición de la policía no fue, entonces, una verdadera disminución en la tasa del crimen, sino algo en la organización más íntima del Estado: el descubrimiento de una verdadera industria en torno a la distribución, asignación y “prevención” del delito. La ciencia de la policía es desde entonces inseparable de una demonología de las figuras del criminal, en la que la discriminación racial, la diferenciación sexual y la subordinación de clase son los marcadores fundamentales. 
No se trata simplemente de que la policía discrimine, no es solo que sea racista: la yuta es una verdadera fábrica de la segregación, una máquina de producción de abusos y desigualdades. Por eso, la violencia descontrolada, los asesinatos, violaciones, torturas; los llamados elegantemente “excesos” en el uso de la fuerza, nunca serán “hechos aislados” ni simples errores en la ejecución de algún protocolo, sino que son los efectos de una condición muy precisa que le permite a la policía desatar la violencia en múltiples formas y con total impunidad, mientras la justicia que imparta deje en claro su carácter de clase.
Por eso la cuestión decisiva, el límite de cualquier teoría revolucionaria o insurgente, quizá siga siendo en el fondo el problema de cómo defendernos. ¿Qué hacer frente al monopolio de las armas y la violencia? E incluso, ¿es posible pensar la abolición de la policía? ¿Cómo acabar con los pacos? ¿O acaso serán estas otras preguntas inútiles, y habrá que resignarse a seguir mencionando para siempre alguna que otra necesidad de reformar, desmilitarizar, o democratizar la institución policial? 
Si hasta ahora amplios sectores de la población podían vivir con la idea de que el copamiento policial no les concernía, porque no eran afroamericanos en Estados Unidos, Mapuche en Wallmapu o pobladores de la Legua, hoy se ha hecho evidente que esos territorios de presencia policial intensiva operan como grandes laboratorios de una arremetida contrainsurreccional en curso, lista para ampliarse en cualquier coyuntura crítica, ya se llame octubre, coronavirus o hambre.  
Así, como era de esperar, y en continuidad con la cacería humana que tuvo lugar como respuesta represiva a la insurrección de octubre -por la cual aún hoy hay más de 2.500 personas encarceladas y cerca de 400 mutiladxs-, un considerable reforzamiento del aparato policial ha ido teniendo lugar estos últimos meses, marcado por el gasto exorbitante en armamento y equipos de alta tecnología, un proyecto de reforma al sistema de inteligencia, leyes de protección especial a los pacos, y un gran paquete de leyes represivas que vienen tramitándose desde el año pasado. Mientras, en las calles el toque de queda se extiende noche a noche, y el peso de todas esas noches cae sobre Wallmapu llenándose de milicos; cae sobre lxs presxs, las hortaliceras, las comunidades asediadas, los territorios devastados por el extractivismo neoliberal, y cae como represión continua a toda forma de protesta u organización social, incluso contra las ollas comunes y centros de acopio que se levantan para hacerle frente al hambre en las poblaciones; cae brutalmente la noche policial sobre Alejandro Treuquil, Macarena Valdés, y todxs lxs George Floyd de las periferias del mundo, asesinadxs sin cámaras presentes ni tiempo para gritar “no puedo respirar”, que parece ser el único grito posible en un mundo de mascarillas, apestado de lacrimógenas y del olor a putrefacción del capitalismo.
La presencia policial es asfixiante; la policía misma es un monstruo de confinamiento. De ahí que el modelo privilegiado de sociedad policial sea la cárcel. Y el hecho de que el encierro domiciliario se convierta hoy en un modo de vida masivo muestra justamente la consolidación de las formas policiales de organizar el mundo. De lo que se trata para la policía es de que todo esté en su lugar; impedir la posibilidad del encuentro. Todo el discurso de la seguridad por el que llenan las ciudades de pacos, drones y de cámaras, no es sino una gran guerra contra la imprevisible química de los cuerpos que se juntan, se comunican, se organizan. 
Lo que está detrás de esa guerra preventiva es, en el fondo, el mismo presupuesto antropológico sobre el que descansa la existencia de la policía: que su presencia es necesaria para la convivencia colectiva; que si no fuera por ella nos terminaríamos matando unxs a otrxs. En ese sentido, ¿no es siempre la solución policial una especie de montaje?
Sin embargo, la idea de presencia policial, y el proyecto de una institución como cuerpo de la violencia legítima del Estado, ya ni siquiera nos da una imagen completa de lo que es la policía. Ésta se ha vuelto hipertrófica y descarnada. Primero fueron sus cuerpos los que comenzaron a acumular prótesis, más cubiertos que tortuga ninja, armados hasta los dientes, acoplados a un guanaco, una tanqueta o un zorrillo: el cuerpo de la policía comenzó a robotizarse, a vestirse cada vez más a lo robocop. Pero en nuestros días la policía se ha sofisticado hasta el punto de poder prescindir de cuerpo y de lugar físico, saltándose los protocolos de la presencia. La comisaría virtual está, de algún modo, en todas partes. Solo se necesita tener -y esto es lo fundamental- una buena conexión a internet. Todo un entramado de sistemas de televigilancia, algoritmos y plataformas arman hoy la red de una tecnopolicía en la que el dogma del orden público parece haberse aliado definitivamente con el culto del beneficio privado. 
¿Cómo es que la policía ha conseguido capturar y canalizar los deseos colectivos de justicia, protección, o castigo del crimen? ¿Cómo comenzamos por enfrentarnos al propio paco inscrito en nuestros deseos y en nuestras prácticas? ¿Qué sería a partir de allí crearse cuerpos y relaciones no policiales? ¿Qué otros horizontes posibles se abren a partir de las recientes (y las no tan recientes) experiencias de creación y posterior desmantelamiento de zonas autónomas y libres de policías?
¿Y cómo afirmar una vida colectiva contra toda policía, contra el jefe-paco, el marido-paco y el papá-paco? ¿Cómo resistir al paqueo en todas sus formas a través de otras prácticas y escrituras? 
Les extendemos estas preguntas y reflexiones, como una invitación a crear, escribir y resistir en estos tiempos de copamiento policial,
+poesía
-policía
Carcaj

Convocatoria:
Carcaj es una revista cultural abierta a participación. Recibimos artículos, ensayos, poemas, crónicas, cuentos y material gráfico. 
Las contribuciones para la presente convocatoria -«Cómo ACABar con la policía»- serán recepcionadas hasta el domingo 18 de Octubre.
Durante todo el resto del año recibimos colaboraciones no sujetas a las convocatorias temáticas.
¿Cómo colaborar?
Nuestros ejes temáticos son el arte, la literatura y el pensamiento crítico, en su relación a la cultura y la sociedad.
Los textos enviados para su publicación no deben exceder las 8 páginas (ocupando como referencia un documento Word, letra Times New Roman 12, interlineado simple) y deben ser enviados en un archivo de edición de texto (es decir, no en PDF). 
Los textos deben, idealmente, venir acompañados de una breve reseña biográfica de la o del autora/or, que no exceda las 5 líneas.
Si quieres colaborar puedes enviarnos tus textos, traducciones o imágenes a:
revistacarcaj@gmail.com
Los textos recibidos serán evaluados por el comité editorial de la revista que decidirá de su publicación

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miércoles, agosto 26, 2020

El "pensamiento" contra-revolucionario en Chile: el Big Data de un nazi reciclado 

 


(...) Por supuesto, en el discurso reaccionario lo que predomina es una denuncia de la violencia popular espontánea (que por cierto incluye desde sus manifestaciones más expresivas y “políticas” a otras más “nihilistas” cuando no meramente utilitarias y/o “lúmpenes”) como una forma orquestada de “neoterrorismo” que los más simples atribuyen al dictador Maduro y los más instruidos a Félix Guattari y su teoría de la “revolución molecular”.

Dos ejemplos: 

1.- el documental de Ana Victoria Durruty “Revolución en Chile”, con entrevistas a Sergio Melnick, Delia Delgatto, el profesor Fermandois, Jorge Schaulsson, el diputado Schalper, el ex coronel Valdivia y Marta y Ricardo Lagos, entre otros: https://www.youtube.com/watch?v=f6fmame3jJk 

Además, ver su interesante sitio: http://revolucionenchile.cl/, donde puede acceder a una galería de imágenes de grafitis y carteles en las paredes en medio de la revuelta, y a las 18 entrevistas completas.

2.- Los videos y entrevistas del ex líder del grupo Patria Nueva Sociedad, pontificando sobre el modelo de “revolución molecular disipada” para explicarse la “insurrección en curso contra Chile”. Ver: https://www.youtube.com/watch?v=GnjtHz6iUBU

El facho promedio, una mezcla de zorrón ABC1 con sujeto popular desclasado, es tan pero tan rebruto que incluso algunos han elevado a la categoría de intelectual a ciertos matones, payasos “anarco-capitalistas” (sic) o a este ex “socialista nacional” (según sus propias palabras) porque les suministran un par de conceptos en apariencia más complejos con que entretener sus muy añejas neuronas pinochetistas.

La ensalada de eventos y personajes seleccionados tiene la capacidad de ignorar absolutamente los factores sociales y materiales tras la revuelta popular de octubre.    

No se puede negar que echarle la culpa a Guattari es bastante imaginativo, y va en la misma tradición de cuando el ignorante general asesino Augusto José Ramón del Perpetuo Socorro, que además se enriqueció ilegalmente, descubrió a Gramsci (un poco después de cuando andaba citando a “los señores Ortega y Gasset”).

El esquema de López está cerca metodológicamente del “Informe pericial sobre ‘redes’” de Erick Marín (excluido como prueba en el “Caso Bombas” por chanta), las tesis de Salfate, y el programa Antorcha del profesor Smith, una ensalada condimentada con el estilo del informe “Big Data” (¿lo recuerdan?) y tesis delirantes como las de Miguel Serrano sobre los araucanos arios y Hitler en la Antártida.

Gracias por alegrar el debate. Lo más gracioso es que se digan “patriotas” mientras defienden la obra de una dictadura vendepatria y un modelo de “desarrollo” que tiene hecha mierda la “geografía sagrada”.

Y para que se entretengan mientras pierden el plebiscito, habría que recomendarles algunos libros gratis (¡sí! Omnia Sunt Communia) de Guattari que se pueden descargar acá:

https://www.traficantes.net/libros/plan-sobre-el-planeta

https://www.traficantes.net/libros/micropol%C3%ADtica

En cambio, no es gratuita la colección “Anarkhos” de Unión Editorial de España, la sección “anarcocapitalista” de su catálogo 100% dedicado al pensamiento liberal.  

Hay de todo en la viña del señor. Pero mire Ud. qué cultos son estos lib-libs:

“A través de la nueva Colección Anarkhos (del griego ἄναρχος, «sin gobierno»), Unión Editorial pretende aproximarse a las propuestas teóricas más extremas del pensamiento liberal.

Juan Manuel González Otero e Ignacio Pablo Rico Guastavino, co-fundadores y antiguos miembros de Editorial Innisfree, harán de Anarkhos un punto de encuentro para la Historia, la Sociología, la Politología, la Ciencia Económica, la Filosofía y los trabajos monográficos más diversos. Desde el anarquismo individualista del siglo XIX hasta las nuevas formas del anarcocapitalismo, heredero de los postulados austrolibertarios de pensadores de la talla de Murray Rothbard, Robert Lefevre o Karl Hess, los lectores podrán acceder a una completa conjunción de obras maestras que dan cuenta de la evolución histórica del pensamiento antiestatista.

Un itinerario que no solamente evitará dar la espalda a los clásicos indiscutibles, sino que además recogerá los mejores trabajos de las figuras más renombradas del libertarismo contemporáneo”.

PS: Camioneros Re-CSM!!! Donde está la Ley Antibarricadas? Y la Ley de Seguridad de Estado?

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martes, agosto 11, 2020

CORAZÓN DE CHANCHO: 1995/1998. 

 Publicado hace unos meses por el Archivo Histórico la Revuelta en su boletín impreso. Quería dedicarlo ahora a la memoria de César Olea, el Huevo

CORAZÓN DE CHANCHO: 1995/1998.


Nunca vi muchos  fanzines en los años 80. En esa época lo que se leía ávidamente era la prensa de oposición, y los diversos y numerosísimos órganos de propaganda de los distintos grupos de izquierda que existían, cada uno de los cuales aspiraba como mínimo a tener buenos panfletos y órganos de expresión, desde los más precarios hasta los impresos. También había revisterías donde se encontraba todo tipo de publicaciones irregulares, centradas por lo general en el comic, o de contenidos más variopintos como la mítica “Beso negro”. La contracultura llegaba sobre todo mediante la publicación argentina “Cerdos & Peces”, que se encontraba hasta en los kioskos de Santiago Centro y costaba como 300 pesos.

A inicios de los 90 empezó a circular prensa anarquista, después de mucho tiempo, y ahí fue cuando los fanzines fotocopiados y corcheteados empezaron a verse cada vez con más frecuencia. Hay algunos cuyo nombre ya no recuerdo…en los que se entrecruzaba el interés por la cultura punk con las ideas anarquistas. Con algunos amigos nos atrevimos a hacer un pasquín fotocopiado y doblado de un solo número, “Antídoto”, con la imagen en portada de un “zorrillo” policial ardiendo tras recibir una buena andanada de molotovs y realizando al fin una crítica de la democracia en sí misma. Luego vino el famoso “Duende Negro”, que armábamos como podíamos, a veces por parte (cada interesado podía aportar con su página) y fotocopiábamos en los alrededores del Centro de Estudiantes de Ingeniería, por Beaucheff, antes de pasar e hacerlo en una imprenta amiga.

La inspiración para armar un fanzine político/musical provino directamente de mi encuentro casi causal hacia 1994 con el fanzine inglés “Fear and Loathing”, hecho por una sola persona (era una edición que venía con un vinilo 7 pulgadas de Jesus Lizard en vivo), simple y muy efectivo: plagado de entrevistas y comentario de discos. En 1995 conocí a Jero, vocalista de Silencio Absoluto, que un día me prestó 3 ejemplares de “Maximum Rock and Roll” que a su vez le había prestado otro amigo.  No salí de mi pieza como en tres días. Estaba entre encantado y eufórico leyendo páginas y páginas de entrevistas, comentario de discos y de fanzines/libros, reportes de escena desde los lugares más insospechados del planeta, y columnas personales de una decena de personas (desde Tim Yo y Rev. Norb a Mykel Board reportando desde Mongolia, Queenie con sus columnas sobre sexo, S/M y bondage, y Lefty Hooligan hablando de anarquía, consejos obreros, la Internacional Situacionista y la revolución social). Por esos años a MRR, de frecuencia mensual, se le conocía como “la Biblia del punk rock”. Me suscribí de inmediato.

Y ahí me decidí: ¡tenía que tener mi propio órgano de expresión! Como no tocaba en ninguna banda hasta entonces, pensaba que a través suyo y de la organización de tocatas (como el famoso Encuentro Hardcore a fines de 1995 en el Galpón de Lautaro) podía hacer mi aporte para construir una escena hardcore punk de inspiración libertaria.

El nombre surgió casi por accidente: al escuchar en la radio que los avances de la ciencia médica estaban a punto de hacer posible criar chanchos para usar sus corazones trasplantándolos a seres humanos. Así que le comenté a mi hermana menor (una de las más fieles colaboradoras, que después creó su propio fanzine de inspiración Riot Grrrl: “Sangre en el Ojo”): “¿te imaginas vivir con un corazón de chancho?”.

La inquietud no es menor: ¿Cuál es el límite de la tecnología supuestamente puesta al servicio del ser humano? ¿Estamos dispuestos a manipular genéticamente a los animales para poder vivir más o mejor? Por otra parte, en nuestra cultura lo “porcino” tiene una connotación bastante despectiva: desde las cochinadas, chancherías y marranadas, conceptos que admiten a los menos una triple acepción: culinaria, de aseo/orden y sexual; hasta la costumbre -hoy casi en desuso- de llamar “chanchos” a los pacos y agentes de la “Inteligencia” estatal. Todo ello a pesar de que está demostrado que los chanchos están dentro de los animales más inteligentes del planeta.

Cada ejemplar del fanzine fue “diseñado” cuidadosamente en la pieza que tenía en mi hogar familiar, con tijeras, pegamento, hojas, fotocopias, y una impresora muy precaria que usaba para los avances de mi Tesis  de Grado sobre las secciones de menores en cárceles de adultos. Además de mi hermana -que tenía como 12 años- me ayudaban activamente un par de fieles amigos. A veces nos atrevíamos a teclear una vieja máquina de escribir que apenas funcionaba y que heredamos de mi abuelo paterno. Nadie tenía experiencia ni formación en cuestiones gráficas, pero la inspiración dada/punk nos pegaba fuerte y nos atrevíamos a ir probando.

Para la primera portada usé la imagen de una cabeza de chancho que asemeja bastante un corazón, que hizo el ilustrador Hans Bellmer y estaba incluida en el libro de Georges Bataille “Madame Edwarda”, en la bella edición de la colección de literatura erótica La Sonrisa Vertical, que una amiga me había regalado para un cumpleaños. Otra amiga que le pegaba al dibujo me ayudó a retocarlo un poco y dejarlo más adecuado para la fotocopia.

Entre fines de 1995 e inicios de 1998 hicimos 5 números. ¡No conservé ninguno!

El fanzine circuló harto dentro y fuera del país, sobre todo en Argentina. Un par de veces fue incluido en la sección de comentario de fanzines de “Maximum Rock´n´Roll”, lo que permitió incrementar considerablemente  los contactos internacionales. Nunca faltó en las tocatas de Disturbio Menor, en taller Sol de calle Agustinas, o donde fuera. Recuerdo que el N° 5 debe ser el que más circuló, pues apareció de la nada un chico que gustaba del fanzine y de DM, que por su trabajo tenía acceso a fotocopiadora y se encargó de hacer una gran cantidad de ejemplares de muy buena calidad de impresión. Muchas gracias, donde sea que estés.

Mediante el viejo servicio de correos había un contacto fluido con el resto del mundo y especialmente con Argentina. Ahí conocí a viejos amigos, editores de fanzines trasandinos como “Civilización Violenta”, “Bs. As. Desorden” y luego dando el salto a la impresión masiva, el “Hazlo Tú Mismo”. También se trabó un buen contacto con los anarco-punks de Minneapolis que editaban “Profane Existence”, gracias al cual se editó el “Hardcore para las masas” en caset, y luego el 7” de DM “Heridas abiertas”, por el sello asociado Sin Fronteras discos. Hubo un momento en que recibíamos cartas todos los días, y como dijo mi hermana: “nuestro mejor amigo era el cartero”.

Si bien no recuerdo en detalle los contenidos de cada número, creo que a través de esas páginas es posible detectar el paso desde una posición anarquista más clásica o anarcosindicalista a lo CNT-AIT, que era lo que intentábamos reflotar en los 90, hacia el comunismo de consejos y un re-descubrimiento de Marx a través de la influencia de la Internacional Situacionista. Curiosamente, o no tanto, a la IS la conocimos por la vinculación que Greil Marcus hizo entre ella, el dadá y el punk, en el libro “Rastros de Carmín” (que yo hubiera traducido como: “Marcas de lápiz labial”).

Entremedio hablábamos de todo un poco: de Lemebel (a quien pude conocer un poco después y de quien guardo la peor impresión), la moda zapatista que se acababa de iniciar y ya nos hinchaba bastante, las cárceles, Palestina, traducciones de la sección histórica de MRR con notas sobre Damned y Sham 69, entrevistas desde bandas de acá como Alternocidio a Dave Dictor de los Millions of Dead Cops, traducciones de letras de bandas como The Ex, Dead Kennedys y varias más, y una sección de “documentos históricos” que en sintonía con  el libro de Marcus nos permitía desenredar una especie de hilo  rojinegro oculto en la Historia.

Otros fanzines amigos eran “Anorexia Mental” -ligado a Enfermos Terminales-, “Intoxicación Social” -que en rigor era el más antiguo-, y luego salieron otros como “Nuevo Extremo”, de Joao/Redención 9-11.

En síntesis: el fanzine reflejó lo que sentíamos y hacíamos en esos tiempos, tratando de crear una comunidad de amistad y lucha a través de la música, las imágenes y la correspondencia internacional. Fue un órgano de expresión precario pero eficaz, acorde con la energía juvenil que nos impulsaba en ese fin de siglo, justo antes del cambio de milenio y  el inicio de las “protestas antiglobalización”.

Su espíritu sigue vivo en nosotros, todos los que en él participamos, y sus activos lectores.

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martes, agosto 04, 2020

LA CONTRA-REVOLUCIÓN GOLPEA EN LA ARAUCANÍA 

"En Chile no hay presos políticos, presos políticos entendemos todos que son aquellos que por sus ideas están presos. Aquí las personas que están privadas de libertad, lo están por resoluciones de los tribunales de justicia, no del Gobierno. Hay personas que están condenadas y hay personas que están en prisión preventiva y nosotros vamos a respetar siempre las resoluciones de los tribunales de Justicia”

 (Víctor Pérez, Ministro del Interior).



La supremacía blanca de la raza morocha: Notas para un racismo endogámico

x Bernardo Colipan Tril-tril mapu
(Tomado de Mapu Express)

Sin duda, lo que impactó de los hechos de violencia racial en Curacautín, la noche del sábado 1º de agosto, estuvo dado que en esa ocasión los agresores, fueron una poblada morena.

En la municipalidad de Curacautín, un grupo de comuneros realizaba una toma del recinto, para pedir la liberación de los presos políticos mapuche y el regreso del machi Celestino a su rewe.

Tanto los PPMM como el machi Celestino Córdova, cumplen más de 90 días de huelga de hambre.

El asalto a la municipalidad estuvo precedido, por la visita del ministro del interior a la zona de la Araucanía.

La visita y los dichos de Pérez, en donde confirmaba que la violencia está desatada en la Araucanía fue aplaudida por el Apra, organización de ultraderecha que coordinó junto a Carabineros la acción de violencia y que se adjudicó posteriormente el atentado.

El acto racista se convocó en horario de toque de queda. Los agresores no sufrieron represión de parte del ejército, ni fueron detenidos por la policía.

La supremacía blanca de la raza morocha, ha ido construyendo en Chile un racismo endogámico. Este criollismo defectuoso, constituye una extensión del racismo estructural chileno.

La memoria hegemónica ha modelado un ser nacional blanco, masculino y moderno. Esta blanquitud le permite verse a sí misma, como superior a las identidades otras, como los pueblos indígenas, las mujeres, los pobladores y campesinos/as.

En Chile, desde las asimetrías se van definiendo las relaciones al interior de la sociedad. La jauría de Curacautín , nos muestra la desnudez de un racismo endogámico.

Un aldeano de Curacautín, poblador y mapuche llama a carabineros para comunicar de la acción violenta que se prepara, solicita que no intervenga la fuerza policial y señala:
“ nosotros pedimos que nos autorice y ‘puta’ déjenos ser y déjenos que nosotros saquemos a los mapuche (..) yo igual soy mapuche , tengo mis apellidos completamente mapuche y no estoy de acuerdo con lo que están haciendo ellos, (..) pero déjenos ser a nosotros, deje sacarme esa rabia que tengo”i

Resulta curioso que la instigadora del ataque racial, sea una vendedora de maquillaje en la Araucanía y que su apellido Naveillan no se le conozca significado.

La etnia chilena hace visible una apariencia blanca, que se muestra de una manera pura y se arroga la autoridad de trazar la barrera sanitaria, entre la barbarie y la civilización.

Pero se trata de personas humildes, que han tenido una convivencia de siglos en el mismo territorio y que siendo igual de despojadas, violentan a familias mapuche que se encuentran en su mismo horizonte social.

No es que la pobreza tenga el snobismo de liberar a sus indigentes y darle la oportunidad, cada cierto tiempo de inferiorizar a su vecino mapuche, para hacerlo sentir superior, por una sola vez en su vida.

No cabe duda, que la mayoría de la SS morocha ya se acabó la caja de comida que les envió su presidente. Luego se hará sentir el hambre y el frio en su población de fonola.

El racismo que fluye en la jauría de Curacautín, tiene su origen en una matriz colonial del poder que atraviesa las instituciones, los cuerpos, los territorios, los imaginarios. Corta con su filo todas las capas del orden social.

Desde la blanquitud como proyecto , la modernidad se instala en el walllmapu con medios irracionales, pero en su ambigüedad se muestra como una tendencia civilizatoria, dotada de un proyecto unitario, coherente, ético y con una lógica racional.

Los microracismos y micromachismos, son encarnaciones muy agudas en el cuerpo defectuoso del/la racista endogámico/a y fluyen con mucha espontaneidad.

El siglo xix y xx con sus relatos de poder, fue alimentando y dándole vigor a este tipo de racismo.

Una editorial del diario «El Progreso» dice : “ Lograremos exterminar los indios?. Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa calaña no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso. Su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado». ii

La lógica del enemigo interno que resulta una amenaza, que puede contagiar el blanco cutis de la modernidad republicana.

La doctora Cordero refiriéndose a Alexis Sánchez, dice “ Es feísimo, es horroroso. Es horrible. Es un indio horroroso”.

Checho Hirane en relación a la inmigración en Chile, señala : “Esto puede cambiar la raza. Yo he sido un defensor de la inmigración desde el punto de vista humanitario, pero también me preocupa el descontrol que ha habido respecto de esto“.

Los abuelos de la jauría de Curacautín que fueron a quemar la municipalidad, incendiaron un rewe y las camionetas de los peñi, junto a nuestros abuelos sufrieron la misma violencia colonial.

Los veteranos de la guerra del pacífico, fueron perseguidos en Curacautín como bandidos rurales, sufrieron la cárcel y fueron fusilados por la misma oligarquía que los envió a luchar por el salitre. La jauría de Curacautín tuvo abuelos perseguidos y maltratados por la misma oligarquía, que ahora les manda a exterminar enemigos internos. Ella obedece.

La sociedad mapuche ha reaccionado a las violencias coloniales, instalando mecanismos de defensa y de resistencias.

Porqué este grupo social -que ha sido igual de golpeado- no reacciona y al contrario muestra una discapacidad, para metabolizar esa violencia de clase y racial ?

El daño en su aparato psíquico que carga la jauría de Curacautín, lo hace presa fácil de de machismos y violencias intrafamiliares. Engrosa las filas en el registro civil para cambiarse de apellido y en la escala social, sus compañeros de la Udi lo señalan como un/a trepador/a.

Aunque el padre haya sido favorecido por la reforma agraria, él militaba sin asco en un partido de ultraderecha.

Hay un daño psicológico muy grave, en este sector de la sociedad chilena/popular.

Siendo su rostro moreno se mira en el espejo y se excita con su blanquitud imaginada

Sale de su mediagua, atraviesa a saltos su patio inundado de agua y toma el camino de la derecha totalitaria del país.

Estos racismos endogámicos que son productos de violencias coloniales, dejan en algunos, heridas que nunca se cierran de cansancio.

Las violencias raciales, que se han ejecutado en contra del pueblo mapuche , a través de invasiones militares y maltratos policiales han sido : la Guerra de la pacificación, Matanzas, asesinatos de weichafe y presos políticos mapuche.

De manera natural la violencia patronal genera una rabia, un ilkun .

Esa rabia contenida, se libera en algunos como un magma de lucha y resistencia social.

En los discapacitados sociales, esa ira se reprime y cuando tiene que direccionarse hacia arriba, al lugar que ocupa el opresor, esa rabia se autocontiene.

Su sentimiento de culpa lo aplaca con efectividad.

En el fundo del patroncito, está el puesto de policía y de la iglesia donde rezan todos los fines de semana.

No le hace daño al patrón, porque tiene al colono introyectado en su conciencia.

El escupitajo, el codazo fluye más fácilmente con la mujer con la que vive y con el vecino que tiene a su lado.

Aquí no hay contención y cuando el chancho de al lado pasa a su sitio, toma el hacha y le parte la cabeza en dos al vecino.

El colonialismo crea un ser deforme en el colonizado.

Ese odio reprimido no circula hacia arriba, porque ahí, sí, lo autocontiene.

Moverá siempre su cola al amo que lo encadena.

El colonialismo tiene la capacidad de construir verdaderos monstruos en los subalternos. Crea un invunche identitario , un ser deforme que sólo obedece a quien lo alimenta de sangre.

Así como se hereda un trauma colonial, también se reproduce este sujeto servil que carga su daño psíquico.

Este invunche republicano no necesita de un Luksick o Matte que lo esté viendo -pues al tenerlo encarnado- obedece las órdenes de la siquis fascista que lo habita.

El racismo estructural de la sociedad actual tiene un encuadre, que permite y facilita que se levanten estos grupos de choque, entre otros podemos citar: la suma urgencia de la ley que crea el sistema de inteligencia, el comando jungla, la militarización del territorio mapuche, la aplicación de la ley antiterrorista, los presos políticos mapuche, son todos dispositivos destinados a legitimar una violencia racista, del actual gobierno de derecha.

Llama la atención, cómo la jauría de Curacautín defiende a una clase hegemónica, a partidos de derecha, que nunca le darán siquiera un centímetro,en el trazado del país que controlan.

La indecente desnudez de la sociedad capitalista, en Chile ha convertido al vecino más humilde del barrio, en un triste facho pobre.

El racismo colonial en el sur de Chile, deshumaniza al otro, lo deja tullido y es capaz de convertir un grupo de indigentes, en una triste y rabiosa jauría racista.



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martes, julio 21, 2020

Lesionados oculares y pacos nazis/Recuerdos del 21 de octubre de 2019 



Según reportajes que me he topado del último tiempo, el total de lesionados oculares por la represión del estallido social fue de 460, incluyendo 35 casos con pérdida de un ojo, y los dos conocidos casos de personas que quedaron completamente ciegas: Gustavo Gatica y Fabiola Campillai, estudiante y obrera, respectivamente por perdigones y bomba lacrimógena. El abandono en que han quedado las víctimas de la represión podría hacer que aumenten el número de aquellos con pérdida de visión en uno de sus ojos.

El facherío neo-gramsciano (ja) que pelea en las redes disfruta señalando las violaciones de derechos humanos que fueron puros “tongos”, y/o que los heridos fueron lesionados por otros manifestantes. En el documental “Revolución en Chile”, hecho por la jefa de publicaciones de la Universidad San Sebastián y lanzado ayer, se llega a decir que “los ataques nunca existieron”.

El Ministerio del Interior (Blumel) y Seguridad Pública (Martorell) modificó y acaba de publicar el nuevo protocolo para el uso de la escopeta antidisturbios por Carabineros. Mientras, se toma conocimiento de que Claudio Crespo, el principal sospechoso de haber disparado contra Gustavo, tenía todo un historial de abusos contra estudiantes en Valparaíso, sin haber sido sancionado ni apartado, y de hecho más bien había sido promovido hasta ser Gama.03 (ver: https://lavozdelosquesobran.cl/el-cazador-la-violencia-policial-y-el-historial-de-abusos-en-valparaiso-del-principal-sospechoso-de-dispararle-a-gustavo-gatica/).

¿Cuántos seres brutales como éste y Arzola -el “paco nazi” de Estación Central, que ahora está preso condenado por torturas- siguen actuando del mismo modo, amparados por sus jefes, las autoridades y el facho promedio?

Va un relato del 21 de octubre que pueden leer también en Carcaj.


La batalla de Santiago. Recuerdos del lunes 21 de octubre de 2019

Es mediodía, y estoy en Alameda con San Diego, con más observadores de derechos humanos. No hay manifestaciones por ahí, entonces avanzamos a pie hasta la Plaza Italia (cuando todavía se llamaba así).

Todo el camino está lleno de señales de tres días segundos de revuelta callejera. Cines, teatros y centros culturales intactos, mientras los Bancos y todo lo que parezca símbolo del poder está destruido, pintado y/o chamuscado.  Las paredes están llenas de rayados y cientos de afiches distintos. Tomaría tiempo caminar viendo cada uno de ellos, pero mucha gente lo hace y les toma fotos.

La “normalidad” está totalmente interrumpida. El estado de excepción con toque de queda ya se declaró en 12 regiones del país. Recuerdo a Furio Jesi en su “Simbología de la revuelta”, cuando decía que sólo en estas ocasiones la ciudad se siente verdaderamente como propia, pues a la hora de la revuelta dejamos de estar solos en ella.

En Vicuña con Alameda hay pequeños grupos de personas, y Carabineros están apostados en varios puntos de esa intersección, con sus jeeps blindados, carros lanza-aguas, retenes móviles y furgones para traslado de imputados.

De vez en cuando detienen personas por el sólo hecho de estar paradas con carteles sobre la acera. “¿Motivo de la detención?”, les preguntamos a unos. “Manifestarse en estado de excepción” nos responden. Se da una larga y pesada discusión sobre los límites del derecho a manifestación fuera de los límites del toque de queda.

Un compañero intenta subir a un carro policial donde nos dicen que hay detenidos. No lo dejan, y muy luego el carro se va. Sólo atinamos a anotar su número.

A las 13 la multitud en la Plaza ya es de miles de personas, y siguen llegando de todas partes. Una pareja joven que reportea alegremente me hace unas preguntas, y al terminar me felicitan por llevar puesta la polera del “Placeres Desconocidos” de Joy Division. La actitud general es alegre, pero no de la forma boba y alienada típica de una celebración deportiva o mega-evento de cualquier tipo, sino que como lo que realmente es la comunidad humana, reconstituyéndose. Los cantos que más se escuchan son “Chile despertó” y “El pueblo unido jamás será vencido”.

Veo conscriptos jóvenes a la salida principal del metro Baquedano. Hacia las 13:15 la gente los termina echando a empujones y patadas. Se ven asustados. No reaccionan. Se van, y durante un rato la fuerza represiva se aleja de la Plaza.

Carabineros y sus Fuerzas Especiales comienzan de a poco a hacer movimientos de vehículos que denotan la inminencia de la batalla. Veo a una abogada amiga avanzando lo más rápido que puede por toda la plaza y alrededores diciéndole a todos los grupos de personas: “cuídense los ojitos”.

A las 14 la multitud avanza por las dos calzadas de la Alameda hacia el centro de la ciudad. Desde los “zorrillos” comienzan a lanzar lacrimógenas al cuerpo. Al principio la masa de gente le pide a los pequeños grupos que se han encapuchado que no lancen piedras, y la mayoría hace caso.

Entre el Hotel Crowne Plaza y el Monumento a los Mártires de Carabineros hay dos grupos numerosos de policías, bien protegidos y apertrechados de armas.  Veo a un cabro que les grita: “mataron gente y es mi pueblo”. Los insultos y gritos de “¡asesinos!” se masifican e incrementan la tensión, aunque la mayoría de la gente les grita pero sigue avanzando. Ahora desde esos dos grupos de policías a pie lanzan lacrimógenas hacia la gente un pequeño grupo encapuchado los empieza a apedrear sostenidamente. Veo por primera vez el uso de varios escudos improvisados, por lo general de latón o señalética, que les permiten avanzar en grupos de a dos o tres para llegar más cerca y ser más certeros con las piedras. Las que por lo general caen sobre los cascos o escudos de la indumentaria  de las Fuerzas Especiales. Todavía no se hablaba de la “primera línea”, la forma que asumió la autodefensa de masas a medida que la rebelión se fue extendiendo en intensidad y duración.

Veo el momento exacto en que empiezan a usar la llamada “escopeta antidisturbios”, que en realidad es una escopeta a secas, pero cargada con una munición que en ese momento creíamos eran “perdigones de goma”, y que finalmente tenían 20% de caucho y 80% de plomo y otros metales.

El sonido es terrible. Disparan primero sobre el grupo de 20 a 30 encapuchados, pero la calle y la vereda ya están repletas, y los perdigones se dispersan, rebotan y terminan por impactar a cualquiera que esté cerca. Disparan a la altura de la cabeza, y a menos de 10 metros de distancia. Diviso a un escopetero que me parece conocido tras todos estos años, así que instintivamente me quito la máscara antigas para poder gritarle que disparando así violan su propio protocolo. Me mira de vuelta. Veo que su cara se trasforma desde la excitación inicial a verse algo compungido por haber sido detectado. Ante mi advertencia se inhibe un rato, pero luego sigue disparando, bien protegido tras unas vallas desde un costado de las galerías del Hotel, donde la semana anterior yo había pasado un par de veces a preguntar por estuches livianos para saxo tenor.

La confrontación se desata con crudeza. El bloque que se va contra la policía es cada vez más grande. Los disparos de lacrimógenas y perdigones no cesan. Un tipo de unos 30 años me muestra la lesión que le dejó una lacrimógena que impactó en su abdomen. Una fea marca roja en que se aprecia hasta la forma del proyectil. El sonido de perdigones rebota en kioskos, paraderos y el pavimento, pero la multitud resiste y no retrocede, a pesar de que el aire es irrespirable por el gas lacrimógeno y poca gente lleva máscaras. Nunca había estado en medio de algo así.

Después veo que comienzan a aparecer múltiples heridos con perdigones incrustados  en muslos, pechos y cinturas. Son todos muy jóvenes, y como hace calor, visten poca ropa y prendas livianas, lo cual deja su piel desnuda ante el contacto directo de esos proyectiles. Impresionado por lo que veo, pienso que es la piel morena de la muchachada que se  atrevió a saltar los torniquetes y a desafiar al aparato represivo del Estado y su estado de excepción la que están marcando y haciendo sangrar.

Trato de ayudar como puedo, pero es poco lo que un “jurista” puede hacer sin conocimientos de primeros auxilios. Van solo 3 días desde la insurrección del 18 de octubre y al menos en este punto no se ven camillas ni equipos de salud provistos de insumos básicos.

La sangre en las calles hace que la rabia aumente. Ahora es la mayoría la que se enfrenta a las FFEE y el GOPE, que han hecho de ese cuadrilátero en la Alameda entre el Hotel, su Iglesia y su Monumento una especie de ciudadela policial, precisamente en la calle Carabineros de Chile.

Siento que me llaman por mi nombre y veo algunas personas alrededor de un muchacho sentado en el suelo en la vereda sur, cruzando frente al GAM. Me preguntan si tengo saldo en el teléfono para llamar a una ambulancia. Digo que sí y trato de llamar, pero mientras marco veo como su ojo derecho ya no existe, pues está esparcido en el suelo…me cuesta a creer lo que veo…Un flaco de barba y una estudiante de enfermería le limpian la herida y le vendan parte de la cabeza. Concordamos en que resultaría imposible que una ambulancia llegue hasta ahí, así que decidimos sacarlo como podamos para llevarlo hasta la Posta Central, que está a unas cuatro o cinco cuadras. 

Pero es imposible salir de ahí sin ser perdigoneado, así que el flaco de barba se acerca al piquete desde donde nos disparan rogando con las manos que paren un rato para explicarles a gritos que necesitamos sacar a un herido de ahí.

Logramos avanzar con el muchacho herido, sus dos improvisados enfermeros y yo por delante tratando de abrirles espacio. Recuerdo la cara de impresión de una señora bastante mayor, y los gritos de “¡esto le está haciendo la policía chilena a los jóvenes!”. Se siente el apoyo y la indignación de la gente que nos ve correr dificultosamente con él apoyado en hombros y brazos.

Se sigue escuchando a lo lejos el espantoso sonido de la escopeta antidisturbios. Un sonido que ahora me resulta difícil de soportar, pues me resulta inseparable del recuerdo de que tras cada estruendo veía caer al frente a varias personas heridas. 12 perdigones por cartucho, que apuntados contra una muchedumbre implican actuar sobre seguro. 

Llegamos a Portugal por el costado del Supermercado. Cuesta avanzar, el herido se nos va desmayando así que tratamos de mantenerlo despierto conversándole, y entremedio nos dice que le preocupa ser detenido en el hospital. Trato de convencerlo de que eso no es posible, para que esté tranquilo, aunque sé que la policía es capaz de eso y de hecho así ocurrió habitualmente en esos días. Insiste en su preocupación y nos pide botar lo que hay en su mochila: una lata de spray, una botella de agua y dos piedras. Es todo el equipamiento que llevaba este joven de 23 años. Nada más. Se me aprieta el corazón: la juventud popular se arroja con pintura y piedras contra cuerpos profesionales armados con perdigones de plomo, tanquetas y gases tóxicos.

La entrada que conozco de la Posta Central, por Portugal, ya no está habilitada, así hay que seguir y dar la vuelta por Curicó. El herido va desvanecido, ya no parece estar muy consciente. Decidimos que yo me adelante para facilitar el ingreso despejándolo de posibles trabas y/o guardias burócratas. De todos modos hay que pelear un poco  a gritos con el guardia que se queja de que está llegando mucha gente, pero logramos entrar rápido. Al interior de la posta ya hay una decena de heridos por perdigones, varios de ellos menores de edad.

No veo más a nuestro herido, que pasa de inmediato a urgencias, aunque me he topado con sus fotos en los reportajes posteriores, mirando a la cámara, sereno y digno, luego de haber sufrido la completa pérdida de su globo ocular derecho. Hasta hoy siempre me sorprendo pensando que será de él.

Siguen llegando tantos heridos de perdigones, varios de ellos en los ojos, que los funcionarios de la Posta nos dicen que van a tener que empezar a trasladarlos a la Unidad de Trauma Ocular del Hospital Salvador.

Salgo a la calle y regreso a la Plaza pero por el Parque Bustamante, donde me encuentro a mi pareja y decenas de amigos. No me logro hacer una idea de cuánta gente hay. Nunca vi una multitud así reunida, ¿decenas o cientos de miles?, ni siquiera en las masivas marchas del NO para el Plebiscito de 1988, que a pesar de todo eran bastante predecibles, encauzadas como estaban por todos los aparatos de la política tradicional.

La actitud es festiva y desafiante. Todas las disidencias parecen confluir ahí, en una algarabía rabiosa que inevitablemente nos contagia a todos. Me subo un poco al monumento a Manuel Rodríguez, estatua ecuestre del guerrillero que por algo en todo este tiempo a nadie se le ocurrió derribar. Desde allí no veo ni militares ni policías ni al Estado, solo cuerpos danzando en un hermoso, poderoso e indescriptible movimiento colectivo. ¿No decía Bakunin en su “Confesión al Zar Nicolás” que en 1848 la revolución era una fiesta sin principio ni final?

Pero haber conquistado ese espacio para hacerlo “temporalmente autónomo” no fue fácil y tuvo un gran costo: a pocas cuadras del espontáneo carnaval la valiente muchachada de piel morena es apaleada, gaseada, vejada, herida y mutilada para siempre por atreverse a poner el cuerpo desafiando a los ejércitos del Estado de Chile.

Es 21 de octubre y el pueblo danza y sangra en las calles de Santiago y de otras ciudades de Chile. El Presidente de la República le había declarado abiertamente la guerra por cadena nacional la noche anterior.



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domingo, julio 19, 2020

Historia de un incendio (comentario al libro de S. Rocha) 



Servando Rocha, Historia de un incendio. Arte y Revolución en los tiempos salvajes: de la Comuna de París al advenimiento del punk. Ediciones La Felguera, 2da edición, 2006. 

Casi un best seller alternativo en España, Historia de un incendio reconstruye la historia de los movimientos culturales subterráneos y de la transgresión cultural desde los Románticos y los poetas simbolistas, hasta el movimiento punk, pasando por dadaístas y futuristas (italianos y rusos), letristas y situacionistas, con excursiones a Fluxus y Maiakovsky, lo Motherfuckers norteamericanos y los King Mob de Inglaterra, el Grupo Surrealista de Chicago y los social-barbares de Francia, el punk en Tenerife y los nadaístas latinoamericanos, los provos en Holanda, las acciones armadas de grupos como los Weathermen y la Angry Brigade, etc. 

Se nota que el libro ha sido escrito por un fan: contiene grandes cantidades de material narrativo e ilustrativo. 

Escrito con un entusiasmo que se echa de menos en otros libros sobre el tema, ofrece una buena introducción/inventario a la atmósfera del terrorismo cultural del último centenar de años; pero las relaciones que establece entre los fenómenos son arbitrarias y atestiguan una falta de comprensión histórica, escaso rigor intelectual, deficiente asimilación de los aportes más radicales y decisivos de las corrientes revisadas (por ejemplo, se llega a hablar de “bases ideológicas situacionistas”, siendo que la IS despreció consistentemente sus propias posibilidades de recuperación, que operarían precisamente a través de su conversión en ideología *) y se encuentran a la largo de estas 500 páginas una gran cantidad de errores más o menos relevantes. Por ejemplo: se le da muerte a Castoriadis a mediados de los 60, siendo que podría asegurar que estuvo en Chile por ahí por 1996; se confunde a Asger Jorn con Jorgen Nash, a Woodstock con Altamont, la alienación con la alineación (este último tipo de pifias abunda, y podría explicarse tal vez por una cuestión de “tipeo”, pero el autor alude en alguna parte a que usó el trabajo de una “correctora”, entonces, no deberíamos perdonárselos). 

Con todos esos defectos, se trata de un texto sumamente interesante, que en cierta forma parodia u homenajea al libro de Greil Marcus Rastros de Carmín, y, al igual que éste, se lee muy rápido y deja al lector con ganas de seguir explorando el subsuelo sobre el que está parada la época.


*: “Quienes han leído a Marx, saben que su método es una crítica radical de la ideología; quienes en cambio se han conformado con leer a Stalin, proclaman al marxismo como la mejor de las ideologías”, IS.

Este Comentario fue incluido en revista Fakxion N° 9, Rancagua, julio-agosto de 2007. El texto en cierta forma parodia el comentario del libro “Rastros de carmín” de Greil Marcus en la “bibliografía crítica” del libro de Anselm Jappé sobre Guy Debord (en español en Anagrama, Barcelona, 1998).

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