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jueves, octubre 19, 2017

1917/2017 


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El mismo momento histórico en que el bolchevismo ha triunfado por sí mismo en Rusia y la social-democracia ha combatido victoriosamente por el viejo mundo marca el nacimiento acabado de un orden de cosas que es el centro de la dominación del espectáculo moderno: la representación obrera se ha opuesto radicalmente a la clase.


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"En todas las revoluciones anteriores", escribía Rosa Luxemburgo en la Rote Fahne del 21 de diciembre de 1918, "los combatientes se enfrentaban a cara descubierta: clase contra clase, programa contra programa. En la revolución presente las tropas de protección del antiguo régimen no intervienen bajo el estandarte de las clases dirigentes, sino bajo la bandera de un 'partido social-demócrata'. Si la cuestión central de la revolución fuera planteada abierta y honradamente: capitalismo o socialismo, ninguna duda, ninguna vacilación serían hoy posibles en la gran masa del proletariado." Así, días antes de su destrucción, la corriente radical del proletariado alemán descubría el secreto de las nuevas condiciones que había creado todo el proceso anterior (al que la representación obrera habría contribuido de modo importante): la organización espectacular de la defensa del orden existente, el reino social de las apariencias donde ninguna "cuestión central" puede ser ya planteada "abierta y honradamente". La representación revolucionaria del proletariado en este estadio había llegado a ser a la vez el factor principal y el resultado central de la falsificación general de la sociedad.


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La organización del proletariado sobre el modelo bolchevique, que había nacido del atraso ruso y de la capitulación del movimiento obrero de los países avanzados ante la lucha revolucionaria, encontró también en el atraso ruso todas las condiciones que llevaban esta forma de organización hacia la inversión contrarrevolucionaria que contenía inconscientemente en su germen original; y la capitulación reiterada de la masa del movimiento obrero europeo ante el Hic Rhodus, hic salta del período 1918-1920, capitulación que incluía la destrucción violenta de su minoría radical, favoreció el desarrollo completo del proceso y permitió que el falaz resultado se afirmara ante el mundo como la única solución proletaria. La apropiación del monopolio estático de la representación y de la defensa del poder de los obreros, que justificó al partido bolchevique, le hizo llegar a ser lo que ya era: el partido de los propietarios del proletario, eliminando en lo esencial las formas precedentes de propiedad.


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Todas las condiciones de la liquidación del zarismo examinadas en el debate teórico siempre insatisfactorio durante veinte años entre las diversas tendencias de la socialdemocracia rusa - debilidad de la burguesía, peso de la mayoría campesina, papel decisivo de un proletariado concentrado y combativo pero extremadamente minoritario en el país - revelaron finalmente en la práctica sus soluciones, a través de una premisa que no estaba presente en las hipótesis: la burocracia revolucionaria que dirigía el proletariado, apoderándose del Estado, impuso a la sociedad una nueva dominación de clase. La revolución estrictamente burguesa era imposible; la "dictadura democrática de los obreros y de los campesinos" estaba vacía de sentido; el poder proletario de los soviets no podía mantenerse a la vez contra la clase de los campesinos propietarios, la reacción blanca nacional e internacional y su propia representación exteriorizada y alienada en partido obrero de los dueños absolutos del Estado, de la economía, de la expresión y pronto hasta del pensamiento. La teoría de la revolución permanente de Trotsky y Parvus, a la cual Lenin se unió de modo efectivo en abril de 1917, fue la única que llegó a verificarse en los países atrasados desde el punto de vista del desarrollo social de la burguesía, pero sólo tras la introducción de este factor desconocido que era el poder de clase de la burocracia. La concentración de la dictadura en las manos de la representación suprema de la ideología fue defendida con la mayor consecuencia por Lenin en los numerosos enfrentamientos de la dirección bolchevique. Lenin tenía razón contra sus adversarios cada vez que sostenía la solución implicada en las elecciones precedentes del poder absoluto minoritario: la democracia negada estatalmente a los campesinos debía negarse a los obreros, lo que llevaba a negarla a los dirigentes comunistas de los sindicatos, y en todo el partido, y finalmente hasta en la cima del partido jerárquico. En el X Congreso, en el momento en que el soviet de Cronstad era abatido por las armas y enterrado bajo la calumnia, Lenin pronunciaba contra los burócratas izquierdistas organizados en "Oposición Obrera" esta conclusión, cuya lógica extendería Stalin hasta una perfecta división del mundo: "Aquí, o bien allá con un fusil, pero no con la oposición... Estamos hartos de la oposición."


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Al permanecer la burocracia como única propietaria de un capitalismo de Estado trató primero de asegurar su poder en el interior mediante una alianza temporal con el campesinado, después de Cronstadt, y con la "nueva política económica", tal y como la defendió en el exterior utilizando a los obreros regimentados en los partidos burocráticos de la III Internacional como fuerza de apoyo de la diplomacia rusa, para sabotear todo movimiento revolucionario y sostener gobiernos burgueses con cuyo apoyo contaba en política internacional (el poder de Kuo-Min-Tang en la China de 1925-27, el Frente Popular en España y en Francia, etc.). Pero la sociedad burocrática debía proseguir su propia culminación mediante el terror ejercido sobre el campesinado para realizar la acumulación capitalista primitiva más brutal de la historia. Esta industrialización de la época estalinista revela la realidad última de la burocracia: es la continuación del poder de la economía, el salvamiento de lo esencial de la sociedad mercantil mediante el mantenimiento del trabajo-mercancía. Es la prueba de la economía independiente que domina la sociedad hasta el punto de recrear para sus propios fines la dominación de clase que le es necesaria: lo que equivale a decir que la burguesía ha creado un poder autónomo que, mientras subsista esta autonomía, puede hasta llegar a prescindir de la burguesía. La burocracia totalitaria no es "la última clase propietaria de la historia" en el sentido de Bruno Rizzi, sino solamente una clase dominante de sustitución para la economía mercantil. La propiedad privada del capitalismo decadente es reemplazada por un sub-producto simplificado, menos diversificado, concentrado en propiedad colectiva de la clase burocrática. Esta forma subdesarrollada de clase dominante es también la expresión del subdesarrollo económico; y no tiene otra perspectiva que superar el retraso de este desarrollo en ciertas regiones del mundo. El partido obrero, organizado según el modelo burgués de la separación, ha proporcionado el cuadro jerárquico-estatal a esta edición suplementaria de la clase dominante. Anton Ciliga anotaba en una prisión de Stalin que "las cuestiones técnicas de organización resultaban ser cuestiones sociales" (Lenin y la revolución).


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La ideología revolucionaria, la coherencia de lo separado de la que el leninismo constituye el más alto esfuerzo voluntarista, que detenta la gestión de una realidad que la rechaza, con el stalinismo reencontrará su verdad en la incoherencia. En este momento la ideología ya no es un arma, sino un fin. La mentira que ya no es contradicha se convierte en locura. Tanto la realidad como el fin son disueltos en la proclamación ideológica totalitaria: todo lo que ella dice es todo lo que es. Es un primitivismo local del espectáculo, cuyo papel es sin embargo esencial en el desarrollo del espectáculo mundial. La ideología que aquí se materializa no ha transformado económicamente el mundo, como el capitalismo que ha alcanzado el estadio de la abundancia; solo ha transformado políticamente la percepción.


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La clase ideológica-totalitaria en el poder es el poder de un mundo invertido: cuanto más fuerte es, más afirma que no existe, y su fuerza le sirve antes que nada para afirmar su inexistencia. Es modesta sólo en este punto, pues su inexistencia oficial debe coincidir también con el nec plus ultradel desarrollo histórico, que simultáneamente se debería a su dominio infalible. Expuesta por todas partes, la burocracia debe ser la clase invisible para la conciencia, de forma que toda la vida social se vuelve demente. La organización social de la mentira absoluta dimana de esta contradicción fundamental.

(Guy Debord, La sociedad del espectáculo, 1967).

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martes, octubre 17, 2017

2&3 DORM/Kalinov Most/Weasel Walter en 2 facetas 

Las dos mejores revistas con que me he topado ahora último son estas.



-Por un lado, el segundo número (N°1, porque el anterior fue el cero) de 2&3 Dorm.

Cuando el año pasado estuve en Punta Arenas y distribuí copias del N°0 nadie entendía el nombre: 2&3 DORM? Entonces les mencionaba que eso era casi lo único que se veía en Santiago, en las zonas en que las nuevas construcciones de edificios proliferan como plaga. Quienes habían estado por acá hace poco se daban cuenta y ahí si entendían el nombre.

Ahora acaba de salir otro número, pero por ahora sólo en versión digital.

Algunos titulares:

-Crisis y crítica: ajuste de cuentas.
-Variaciones sobre lo mismo: Ciencia y vida cotidiana.
-Notas preliminares sobre el proyecto para la construcción de Oarystis, la ciudad del deseo (Raoul Vaneigem, 2002).
-Estudios preliminares sobre la violencia. Ciudad Juárez.
- Variaciones sobre lo mismo: Sociedad de control y vida cotidiana.
-BIJI KRITIK ROJAVA
-Horarios.
-¿Organizarse o abandonarse a la deriva?

“La mutilación de los vínculos sociales que resulta del modo de producción basado en el valor necesita ser continuamente repetida y se expone abiertamente mediante la guerra. Así, una vez caído el barniz de “bienestar social”, aparece la violencia como experiencia vital de las relaciones sociales capitalistas. Aparece el mundo en ruinas que es tanto un producto del trabajo social de los sujetos económicos como mundo recreado a imagen y semejanza de las necesidades del capital. En él, frente a la progresiva “desubstancialización” del valor, la guerra como política de administración social y control territorial continua la brutal competencia económica e intensifica la lucha por la supervivencia en el mercado.

La creciente tensión entre el modo de producción basado en el valor y los resultados de su desarrollo histórico nos permite afirmar la necesidad de abolir el valor como medida de la riqueza social y el trabajo del que depende.

La negación del capitalismo como forma de reproducción social, solo puede ser llevada a cabo por aquellos que han sido negados por él. Si esta ruptura ocurre será producto de una autoemancipación asumida y practicada ya en el seno de la barbarie. El ahora es lo que orienta, sitúa y presiona”. 


Una sola canción entremedio en esta ocasión, y sería de This Heat, S.P.Q.R., del álbum Deceit, traducida al castellano. “Todos los caminos nos llevan de vuelta a Roma”. 

En el primer texto se realiza una interesante mirada al período 2001, como momento de notorio resurgimiento de la perspectiva anticapitalista radical en Chile, y a los procesos que en ese momento protagonizaron agrupamientos tan disímiles como el Congreso de Unificación Anarco Capitalista (CUAC), la Coordinadora Anticapitalista, el Instituto de Prehistoria Kontemporánea /(IPREK) y el Instituto de Vandalismo Comparado (IVC), que se fusionarían luego en el Núcleo de IRA...y algunos desarrollos posteriores hasta el día de hoy.



-Otra revista que acaba de salir, en papel y por ahora no en formato digital, es la Revista Anarquista Internacional KALINOV MOST. 

"Presentación.

En este punto no existen las vacilaciones, la decisión está tomada y no hay vuelta atrás. Abandono la comodidad de lo establecido y me aventuro hacia la incertidumbre del enfrentamiento… Kalinov Most es un nombre de la mitología medieval rusa que significa Puente de Kalinov, el cual une el mundo de los vivos con el infierno, separados ambos por un río de fuego. Quien decide adentrarse en el puente es con el propósito abandonar el mundo de los vivos y lo hace por voluntad propia. Llegado a este punto no hay posibilidad de retorno por lo que el puente representa un límite donde no hay titubeos ni dudas. La opción está tomada y asumida.

Esta revista es una invitación a quebrar con lo existente, a asumir la confrontación contra el poder en toda su amplitud y complejidad sabiendo que representa un camino sin retorno del que no sabemos qué puede deparar. Al decidirnos cruzar la frontera de lo establecido dejamos atrás la monotonía y la rutina de la vida ciudadana, rompemos esquemas y dogmas esclavizadores aventurándonos en el enfrentamiento irrefrenable y permanente. No hay arrepentimiento, no hay lamentaciones, no hay pasos atrás en esta opción libre e individualmente elegida que asumimos con todo lo que pueda conllevar.

Con esta publicación pretendemos aportar a los diferentes debates y reflexiones existentes en los espacios anarquistas y antiautoritarios desde una posición que busca afilar ideas y prácticas de confrontación al dominio alejadas de toda doctrina. Pautas y normas morales de comportamiento sólo limitan y coartan la libertad individual, por lo que entendemos el enfrentamiento como un proceso dinámico capaz de reinventarse constantemente, tensionando nuestros entornos y a nosotrxs mismxs. El cuestionamiento permanente permite profundizar acciones buscando, de esta forma, agudizar la conflictividad.

Al analizar experiencias desde diferentes territorios intentamos fortalecer y ahondar la reflexión con respecto a temas específicos. Esto permite conocer realidades e iniciativas llevadas a cabo en diversas situaciones y contextos para entrecruzarlas, complementando así nuestra postura sobre alguna cuestión en concreto. De esta manera nos alejamos del mero reporte periodístico que sólo describe una situación particular de un territorio particular, como  también de los lastimeros artículos de denuncia para adentrarnos en el necesario diálogo de experiencias que inevitablemente refuerza la práctica confrontadora al ampliar puntos de vista y romper fronteras.

Esta revista supone una apuesta por transitar los negadores caminos de la anarquía en sus múltiples aspectos, supone decisión sin posibilidad de retorno ni arrepentimiento, supone, entonces, la construcción de un Kalinov Most".

-La realidad se soporta menos sin música libre.

En esta ocasión, destaco dos facetas algo diferentes del conocido veterano del no wave/free jazz/brutal prog/black metal/hardcore punk, el señor Weasel Walter:

1.- Tocando batería junto al saxofonista Chris Pitsiokos (¡qué impresionante manejo de la respiración circular!)
2.- Haciendo karaoke con la "Rapsodia Bohemia" de Queen para un interesante disco de covers de los chicos de Freddy Mercury titulado "Dinamyte with a laserbeam".




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jueves, octubre 12, 2017

Don Otto en Rusia. Parte 1. 

MOSCÚ Y NOSOTROS (Otto Rühle, 18 de septiembre de 1920)


La Primera Internacional era la Internacional del despertar.  Su papel era el de llamar al proletariado mundial a despertarse; era el de dar la gran consigna del socialismo.  Su tarea era propia del dominio de la propaganda.  La Segunda Internacional era la Internacional de la organización.  Su papel era el de reunir, formar, preparar para la revolución las masas que se habían despertado a la conciencia de clase.     Su tarea era propia del dominio de la organización.  La Tercera Internacional es la Internacional de la revolución. Su papel consiste en poner en marcha las masas y desencadenar su actividad revolucionaria; consiste en realizar la revolución mundial e instaurar la dictadura proletaria.  Su tarea es una tarea revolucionaria. La Cuarta Internacional será la Internacional del comunismo.  Su papel es instaurar la nueva economía, organizar la nueva sociedad, realizar el socialismo. Es desmantelar la dictadura, disolver el Estado, dar nacimiento a la sociedad sin dominación, ¡finalmente libre!  Su tarea es la realización de la idea comunista.  

II 
La III Internacional se califica como Internacional comunista. Quiere ser más de lo que puede. Es la Internacional revolucionaria, ni más ni menos. En esto se sitúa en la posición más alta hasta ahora en la escala graduada de las Internacionales y realiza la tarea más elevada que debe cumplir y que es posible cumplir hoy.  Se la podría llamar la Internacional rusa. Su creación procedía de Rusia. Tiene su sede en Rusia. Está dominada por Rusia. Su espíritu es un condensado perfecto del espíritu de la revolución rusa, del Partido comunista ruso.  Por esta razón precisamente no puede ser ya la Internacional comunista. Lo que atrae las miradas del mundo sobre Rusia – miradas de espanto o de admiración – no es todavía el comunismo.  Es la revolución, es la lucha de clase del proletariado contra la burguesía, llevada con una resolución, un heroísmo y una perseverancia formidables, es la dictadura.  Rusia está todavía lejos, a leguas, del comunismo. Rusia, el primer país que ha llegado a la revolución y que la ha llevado victoriosamente hasta el final, será el último país que llegará al comunismo.  ¡No y no, la III Internacional no es una Internacional comunista! 

III 
Los bolcheviques han llegado al poder en Rusia no tanto gracias al combate revolucionario por la idea socialista como por un golpe pacifista.  Han prometido la paz al pueblo.  Y la tierra – la propiedad privada – a los campesinos.  De este modo es como han tenido el conjunto del pueblo detrás de ellos.  Y el golpe ha triunfado.  Han saltado toda una época, el período del desarrollo del capitalismo.  Por un fabuloso salto peligroso, han entrado en el socialismo saliendo del feudalismo, cuyo hundimiento, que había comenzado en 1905, la guerra ha acelerado y acabado. Se figuraban al menos que la toma del poder político por los socialistas bastaría para abrir una época socialista.  Lo que debe crecer y madurar lentamente como producto de un desarrollo orgánico, ellos creían poder colmarlo de una manera voluntarista.  Revolución y socialismo eran para ellos, en primer lugar, un asunto político. ¿Cómo podían marxistas tan excelentes olvidar que aquellos son, sobre todo, un asunto económico?  La producción capitalista más madura, la técnica más desarrollada, la clase obrera más educada, el rendimiento productivo más elevado son condiciones previas – por no citar más que esas – sine qua non de la economía socialista y, por ahí mismo, del socialismo en general.  ¿Dónde se han encontrado estas condiciones previas en Rusia?   La extensión rápida de la revolución mundial podrá colmar esta falta. Los bolcheviques han hecho todo lo posible por provocarla. Pero hasta el presente no ha tenido lugar.  De esta manera ha nacido un vacío.  Un socialismo político sin fundamento económico.  Una construcción teórica. Un reglamento burocrático. Una colección de decretos que sólo existen sobre el papel. Una frase que anima la agitación. Y una decepción espantosa.  El comunismo ruso está suspendido en el aire. Y así permanecerá hasta que la revolución mundial haya creado las condiciones de su realización en los países más desarrollados en el sentido capitalista, los más maduros para el socialismo. 

IV  
La avalancha revolucionaria está en movimiento. Se desata sobre Alemania. Pronto habrá alcanzado otros países.  En cada país encuentra relaciones económicas distintas. Distinta estructura social. Distintas tradiciones. En cada país, el grado de desarrollo político del proletariado es diferente; diferente su relación con la burguesía, con los campesinos; diferente en esto también su método de lucha de clases.  En cada país, la revolución toma su propia fisonomía. Crea sus propias formas. Desarrolla sus  propias leyes.  Aunque se despliega como un asunto internacional, la revolución es, en primer lugar, un asunto que concierne a cada país, a cada pueblo en sí.  Por muy preciosas que sean las experiencias revolucionarias de Rusia para el proletariado de un país, por muy agradecido que esté por los consejos de su hermano y el apoyo de su vecino, la revolución misma es su asunto; debe ser autónomo en sus combates, libre en sus resoluciones, y no influenciado y estorbado en la evaluación y explotación de la situación revolucionaria. ¡La revolución rusa no es la revolución alemana, no es la revolución mundial! 

V  
En Moscú se es de otra opinión.  Allí se tiene el esquema revolucionario standard.  La revolución rusa se ha desarrollado supuestamente según este esquema.  Los bolcheviques han librado sus combates según este esquema.  Por consiguiente, la revolución debe desarrollarse también en el resto del mundo según este esquema.  Por consiguiente, los partidos de los demás países deben también librar sus combates según  este esquema.  Nada más fácil y simple que esto.  En tal sitio tenemos una revolución..., tenemos un partido revolucionario..., ¿qué hay que hacer?  Sacamos del bolsillo el esquema revolucionario standard (marca Lenin), lo aplicamos... ¡hurra! Esto funciona... y ¡crac! ¡La revolución ha triunfado!  Y ¿a qué se parece este prodigioso esquema standard?

“La revolución es asunto de partido. El Estado es asunto de partido. La dictadura es asunto de partido. El socialismo es asunto de partido”.  Y además: “El partido es la disciplina. El partido es la disciplina de hierro. El partido es el poder de los jefes. El partido es el centralismo más riguroso. El partido es el militarismo. El partido es el militarismo de hierro, absoluto, el más riguroso.”  Traducido concretamente, este esquema quiere decir: Arriba los jefes, abajo las masas.  Arriba: la autoridad, el burocratismo, el culto a la personalidad. La dictadura de los jefes. El poder del cuartel general.  Abajo: la obediencia ciega. La subordinación. El ¡firmes!  Un aparato de bonzos multiplicado.  Una Central del KPD al superlativo.  

VI  
No es posible aplicar por segunda vez en Alemania el sistema Ludendorff1, aunque tomase el uniforme bolchevique.  El método ruso de la revolución y del socialismo no es aceptable para Alemania, para el proletariado alemán.  Lo rechazamos. Absolutamente. Categóricamente. Sería un desastre.  Más que esto, sería un crimen.  Llevaría la revolución a su perdición.  Por esta razón no queremos, y no podemos, tener nada en común con una Internacional que acaba por imponer, incluso por la fuerza, el método ruso al proletariado mundial. 

Debemos conservar una libertad y una autonomía completas. 


El proletariado alemán hará su revolución alemana, como el proletariado ruso ha hecho su revolución rusa.  Ha llegado más tarde a la revolución.  Debe luchar más difícilmente.  Pero llegará al comunismo más pronto y de manera más segura.

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miércoles, octubre 04, 2017

Versiones, diversiones y perversiones: si la cago me avisan. El arte del cover, parte 2 




Al final, lo más difícil de todo es hablar de música. Incluso escribir sobre libros es más fácil en comparación.

Como no hay tiempo ni talento para escribir los libros necesarios, en esta época de mierda postmoderna uno se conforma con soltar pequeñas notas mal hiladas y peor redactadas.

Pero es lo que hay.

Y no hay que autoflagelarse.

Por ejemplo, nunca más habíamos vuelto a abordar la cuestión de las versiones o coveres de canciones o creaciones de un artista o colectivo de artistas, por parte de otros ídem.

Un ejemplo que siempre me ha parecido notable de buenos cóveres es el tratamento dado a la ya en sí misma bastante adorable canción “Nopuedo obtener SATISFACTIÓN”, de Keith Richards (que soñó este riff y lo grabó en su guitarra de cabecera) y las Rocas Rodantes (aka Rollin´Stouns).

(En términos de economía libidinal, es interesante constatar que mientras los Beatles hablaban de “Por qué no hacerlo en la calle”, y los Buzzcocks rendían el más bello tributo a la masturbación manual (¿masculina, o no necesariamente?) en “Adicto al orgasmo”, y los mismos Stones -versionados luego por Ziggy Bowie- decían “¿Por qué no pasamos la noche juntos?”, en Bustamante con Rancagua ya no está más la vieja consigna luminosa del aviso de champagne Valdivieso: “Y HOY, ¿POR QUÉ NO?”. Una de las mejores consignas de todos los tiempos. Lo peor es que fue reemplazada por otra que ni retengo).

Bueno: me perdí. Sigamos:

Ese himno sexual adolescente de Mick/Keith y tropa (incl. Brian Jones!!!) fue versionado con excelentes y disímiles resultados tanto por

-DEVO (arwi not men?!? Wi ar DIVOU!), hacia ¿1978 si no me equivoco? y

-los Residentes. En 1976, con la interesante colaboración de Dedodeculebra en la guitarra.

Ninguna versión se parece a la otra, ni tampoco se parecen mucho al original. Ambas son brillantes. Y esa es la gracia. Porque para demostrarle al mundo que puedes tocar otra canción tal cual suena en los artefactos/mercancías con que los has consumido (LP; radio, caset, CD, youtube o descarga-de-la-hueá-que-sea sea), no se justifica tanto gasto de tiempo y energía. Mejor ponla de nueva y chao. Sigue practicándola en t pieza, pero no te molestes en grabarla ni darla a conocer. O sí En fin. Hueá tuya.

2do ejemplo: la canción más versionada de la historia, probablemente, sea Louie Louie. Hasta hay discos enteros dedicadas a eso: compilar diversas versiones.

-La de los Kingsmen es la más estándar, creo yo. Pero la más poderosa hasta ahora me parecía que era de la los

BANDERA NEGRA. Excelente trabajo de Greg Ginn en la guitarra, pero de toda la banda también si se fijan bien. ¿Insuperable? No sabemos, pero…

Tal vez el mejor producto de las actividades de Matts Gustafson desde Suecia (Escandinavia: no confundir con los relojes de los banqueros suizos) que haya escuchado hasta ahora no sea The Thing solos, sino que el proyecto puntual en que se unió The Thing a Cato salsa Experiencia y el maestro Joe MacPhee (famoso en todo el mundo por “Nation Time”, y además famoso dentro de los límites de mi casa por su “Tenor”, álbum grabado en 1976 a solas con su tenor y nada más, en las montañas suizas por cierto, no sé si financiado por algún banquero). Este proyecto se llamó DOS BANDAS Y UNA LEYENDA, e incluye varios covers curiosos pero divertidas (desde P.J Harvey a Mongezi Feza y los Cramps) , y una versión de LUY LUY que demoré un poco en apreciar pero coincido con las notas de T. Moore (el infiel exguitarrista de la Juventud Sónica) en que parece ser la mejor versión después de la de Black Flag. Agregaría: uno de los encuentros más afortunados de free jazz ventolera con riffs cargados de raw power que he escuchado en el último tiempo. Raro para estar hecho en pleno 2007, cuando ya casi toda la música había muerto (y no ha resucitado. Hasta nuevo aviso).
No conocemos si JOY DIVISION efectivamente llegó a tocar y menos grabar alguna versión de este hit universal, pero cuando terminan de interpretar bastante mediocremente pero con algo de su indiscutible carisma “SisterRay” de los Velvet Underground, dice al micrófono: “deberían oírnos tocar LOUIE LOUIE” (evento documentado en su álbum póstumo en vivo “Still”). Sí. Me encantaría.
Otro camarada me envía otra versión más, por si fuera poco, en español, y la verdad es que esto no parará jamás.
Y me doy cuenta que comparar el cover de los VU por Joy División con el original es el 3er ejemplo de la tarde. Y eso es todo por ahora, amigos y enemigos.

(La foto no tiene mucho que ver: es Alan Vega, de Suicide, 1938/2016. Que en rock and roll descanse).

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martes, octubre 03, 2017

"Para acabar con el trabajo", x Tortilla Flat Unlimited (1979). 

Una importante reedición, en formato PDF potlacht/don, está circulando gracias a editorial ni tiempo ni ganas. Se trata de "Para acabar con el trabajo", un documento de enorme importancia para la teoría revolucionaria, eslabón perdido entre los textos iniciales sobre la comunización, en los 70.

Los dejo con algunos fragmentos de la presentación a este edición, y un fragmento sobre el comunismo.

No fue malo leerlo escuchando a Musica Elettronica Viva, Abandona la ciudad/Comunión Cósmica.



- Este libro que tiene en su pantalla fue editado, casi con total seguridad, en el año 1979, por la editorial Tortilla Flat Unlimited. Como relatan en la introducción fue escrito por dos franceses, uno de ellos vivía en España. Poco más puedo decir sobre la primera edición del texto. Se ha intentado mantener, en la medida de lo posible la maquetación original, incluyendo las fotografías, comics desviados y respetando los textos insertados en el bloque del texto principal.

(...)

Se de buena tinta que se intentó, por lo menos un par de veces, editar por estas moradas del norte por el colectivo Llar/Agitazión; e incluso por mediación del colectivo Etcétera se llegó a contactar con uno de los autores para que realizase una introducción al texto. Al final todo quedó en nada; los golpes represivos, el triunfo de la contrarrevolución, el desarreglo completo de todos los sentidos, la megalomanía, el devenir de la historia… a lo que hay que añadir, como causa principal, una pereza natural (¡y de convicción!).
(...)
Lo ideal hubiese sido expropiar un banco y con el dinero realizar una edición para regalar a las diferentes bibliotecas y colectivos pero dicha empresa me parece demasiado trabajo, muy arriesgada y poco fructífera a tenor del dinero que se podría conseguir con ello. O quizá hubiese sido mejor financiar la edición con el atraco a una okupa después de una fiesta y reivindicarlo haciendo una crítica en actos del mantenimiento del ciclo de acumulación de Capital en los espacios “liberados”, al uso del dinero dentro de los mismos.
(...)
En cuanto al etiquetamiento del libro se podría decir que es un texto escrito por dos revolucionarios, dos compañeros, que rechazan toda ideología y buscan en las diferentes teorías revolucionarias lo que consideran válido para la Revolución Social. Sus fuentes están ahí en el texto: Jean Barrot, Guerre Sociale, Marx, Fourier… Se podría decir, entonces, que entran dentro de la “corriente comunizadora” o comunización que surge a principios de los años 70. Esta apreciación, creo que es la que más se ajusta al espíritu del texto, pero dejaré a l@s profesionales de la hermenéutica revolucionaria dicho análisis.
(...)
El contenido se divide en cuatro partes diferenciadas: El mundo del trabajo y su lenta y cruel agonía, panorama de una derrota, la ofensiva democrática del Capital en España y algunas recetas para la olla de la historia.
Además incluyen como suplemento “Abundancia e indigencia en las sociedades primitivas”, un artículo que apareció por primera vez en el primer número de la revista “Guerre Sociale” en 1977 y que republicó como suplemento en el cuarto número de la misma en 1982.
(...)
No quiero extender más esta introducción, no tengo ni tiempo ni ganas, solo espero que agite el espíritu a más de un@ y por lo menos les haga reflexionar sobre la supervivencia superequipada en la que estamos para poder salir, de una vez por todas, de la prehistoria.

Vigilancia: ¡L@s recuperadores están entre nosotr@s!

¡Por la Anarquía! ¡Por el Comunismo!

¡Abolición de la mercancía y del trabajo asalariado!

¡Abajo la sociedad de clases!

¡Descansad!

Desde algún lugar en el entorno rural de la región asturiana.

Pierre Françoise Lacenaire

-Llamamos comunismo…

“Ya no está lejos el tiempo en el que los hombres se considerarán como miembros de una sola y misma familia, y trabajarán juntos en comunidad. Si la industria moderna no hubiera estado ahí para sacudir primero esta sociedad egoísta, y para después darle en tanto que sociedad comunista su excedente de fuerzas productivas, no hubiéramos recibido la idea del comunismo, y mucho menos hubiéramos creído que su realización fuera posible.” (Moses Hess, en un mitin comunista en Renania, en 1845)

La historia del capitalismo es la historia del hombre produciendo su sociedad en condiciones radicales de separación del productor y del producto. El fundamento, y el resulto de estas condiciones es la división de la sociedad en clases: una asegura la producción material, y la otra, a través de la propiedad privada, asegura que lo que es producido materialmente sea la misma sociedad a una escala aumentada: dicho de otra manera, que perpetua la pobreza de una clase y su sumisión. El modo de esta producción es el trabajo, es decir la especialización de una parte del tiempo para producir más de lo que es inmediatamente necesario. La relación humana que se concretiza en esto es el salariado, el intercambio mercantil generalizado.
En cada época, la resistencia del proletariado a esta sumisión, la tentativa de abolir el salariado, (consigna de la “liga de los comunistas”, de los primeros sindicatos, de la A.I.T.), pasa por la lucha económica contra las bases materiales de esta sumisión, (la miseria, el salario apenas suficiente para reproducirse, la propiedad privada de las máquinas y de las tierras), por la lucha política contra la clase que trata de dominar esta sociedad (la burguesía, al menos en un principio), y su Estado; implica la disolución de las relaciones sociales que han llegado a ser intolerables a consecuencia del desarrollo de las posibilidades humanas, y la construcción de una sociedad cuya meta sea la vida humana. Como trataremos de ilustrar, esto significa una conmoción profunda de toda la actividad, y del empleo humano del tiempo, de la naturaleza, del hombre mismo.

La teoría revolucionaria no es más que la expresión abstracta, la visión de un momento determinado de la lucha, de la sociedad que se quiere construir; es decir el análisis de las relaciones que se han creado en este momento de la guerra de clases, y de esta misma realidad que vuelve a servir como modelo general de quienes la utilizan, de aquello para lo que la utilizan, de las condiciones en las que la utilizan.

“Llamamos comunismo al movimiento real que suprime el actual estado de cosas”, es decir la lucha de los proletarios para cambiar radicalmente las relaciones sociales, y las relaciones aparecidas en esta lucha que crean las condiciones de la vida humana, de la dominación de su propia actividad. El comunismo no es un programa a realizar o a hacer realizar, sino un movimiento social. Si la memoria histórica de nuestra clase ha sido cuidadosamente obliterada por los defensores del orden, el mayor peligro viene del seno del movimiento obrero, y no solo del oficial. El Capital ha sabido  superar cada plazo que le imponemos, remodelando el mundo, reestructurando la producción y a nosotros mismos, adaptándose por necesidad vital a la desenfrenada carrera que le impone la lucha de clases. ¿Y nosotros, revolucionarios pretenderíamos guardar formas de lucha que ya fueron vencidas en su tiempo? Esto no es serio.

Es necesario ante todo reconocer qué situación específica vivimos, qué opresión moderna sufrimos; y, para esto, esclarecer, a través de la historia de las luchas que nos han hecho lo que somos, lo que es constante y lo que está superado.

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jueves, septiembre 28, 2017

Puente/Libro anarquista/Don Otto 

Una actividad para este fin de semana, en Puente Alto.


Falta poco para una nueva Feria del Libro Anarquista (¿o es una Feria Anarquista del Libro? jaja: parece que soy el único al que ese juego de palabras le parece gracioso).



Y va un breve extracto de Don Otto (Rühle), un verdadero maestro del comunismo:

“FASCISMO PARDO Y FASCISMO ROJO” (extracto).

(Escrito en 1939. Publicado por primera vez en 1971).

“Lenin triunfó en la Revolución rusa; triunfó sobre el feudalismo mediante la típica táctica partidista de la clase burguesa. Esto ocurrió en febrero, y en octubre él triunfó sobre la burguesía con los consejos que le había quitado de las manos a los mencheviques. Lenin triunfó dos veces: una a la manera burguesa y otra en forma proletaria. Pero al destruir los consejos después de la revolución, la victoria la volvió a perder y sólo quedó históricamente como el vencedor de la revolución burguesa.

Rosa Luxemburgo fue derrotada en la revolución alemana; ella no fue derrotada porque no luchaba, como Lenin en Rusia, en el marco del partido, sino más bien fue derrotada porque en Alemania la táctica partidista, que se había convertido en anti-histórica, fracasó y ella no fue capaz de orientar a la clase proletaria hacia el uso de los consejos como arma adecuada a su lucha revolucionaria.

Si Rosa Luxemburgo hubiese conducido al proletariado alemán bajo las banderas de los consejos con toda probabilidad se hubiera asegurado la victoria. De manera que fue la socialdemocracia la que venció, la cual sólo quería completar la democracia burguesa con la ayuda del partido. Y como el tiempo de esta democracia había expirado, su victoria se convirtió en derrota que al final condujo al fascismo de Hitler.

Al bolchevismo le aguardaba el mismo destino en Rusia. La victoria del partido de Lenin fue suficiente para establecer el capitalismo pero no para realizar el socialismo. Desde luego no es el capitalismo en el viejo sentido, sino el capitalismo de Estado, en consonancia con el desarrollo capitalista global y en total acuerdo con esta necesidad económica apareció el fascismo ruso bajo la forma de la dictadura de Stalin.

Saquemos las conclusiones:

1.- Lenin fue, según su vocación histórica, el hombre de la revolución burguesa en Rusia. En la medida en que traspasó los límites de esta vocación sufrió un fiasco.

2.- Rosa Luxemburgo fue, según su vocación histórica, la dirigenta de la revolución proletaria en Alemania. En la medida en que quedó rezagada respecto de las exigencias de esta revolución, también ella sufrió un fiasco.

3.- Se puede hacer mucho o se puede hacer poco durante la revolución en el lugar que le asigna a uno la historia. Lo importante es hacer lo justo, en el momento justo, y en la justa medida.

4.- Todas las cosas incorrectas serán inexorablemente corregidas por la historia y los hombres que cometen los errores serán juzgados por ella”.

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miércoles, septiembre 20, 2017

JALONES DE DERROTA…LECCIONES NEGATIVAS: EL COMUNISMO NO HA EMPEZADO TODAVÍA. 


Una frase que me llama mucho la atención en el texto de GD/KN sobre la Comunización es la siguiente:

“No llegamos a ponderar lo suficiente lo que deben nuestras teorizaciones a nuestros fracasos. Si la Comuna de París fue un avance gigantesco, en ciertos sentidos aún no superado, también indicaba el callejón sin salida del comunalismo. Rusia ha ilustrado ya la suerte de una insurrección que se limita a una toma del poder, y España mostró lo que ocurre a las socializaciones cuando se deja intacto el Estado. Pero en cada ocasión la ‘lección’ es negativa, la contrarrevolución se fija y consolida el contenido de lo que ha intentado el proletariado”.

Entonces, el estudio de las insurrecciones es el estudio de sus derrotas casi absolutas…hasta ahora. Si no, no estaríamos en la Prehistoria humana. Este estudio es indispensable, y requiere por supuesto de una actitud que destruya todas las mitologías construidas por los distintos sectores de la izquierda (mitos leninistas sobre octubre del 17, mitos libertarios sobre julio del 36, por nombrar los dos más conocidos).

A propósito de esto: Hace una semana, en la primera charla de un ciclo de actividades académicas dedicadas a los 100 años de la revolución rusa, organizadas por 3 universidades chilenas y una gringa, un momio se preguntaba si la revolución iraní de 1979 fue la “última revolución”, y si después de la caída del Muro de Berlín en 1989 el mundo había entrado en una fase “post-revolucionaria”. No sé qué concluyó, porque no fui. Sólo vi la convocatoria con el resumen de temas de cada ponencia que será todos los miércoles a las 18:30.

Me dan ganas de concluir que se acabó el largo ciclo de las revoluciones burguesas, y que recién ahora veremos el inicio de las verdaderas revoluciones proletarias. O eso, o….el abismo total. En esa misma línea la IS declaraba en 1969 que excepto por las revoluciones burguesas, ninguna otra revolución había triunfado…  

En fin, uno de los estudios más profundos de un proceso de revolución/contrarrevolución es el de Grandizo Munis titulado “Jalones de derrota, promesa de victoria: Crítica y teoría de la revolución española”.

En su época lo ví referido en algún viejo libro de Luis Vitale, pero hasta su actual edición por Pensamiento y Batalla, colección Memoria de Clase (que pocos meses antes editó “El terrorismo y el Estado” del situacionista italiano Gianfranco Sanguinetti), no había podido acceder a él.

G. Munis era un militante trotskista, y mantuvo esa filiación durante 1936/7.  Posteriormente se acerca más a las posiciones de la izquierda comunista (antileninista), y ya a fines de los 40 junto con otros ilustres troskos como el poeta surrealista Benjamin Peret y la viuda de Trotsky, Natalia Sedova, se separan del trotskismo oficial al abandonar la defensa de la URSS, a la que considera capitalista de Estado (ver su texto conjunto “La IV internacional en peligro”). Obviamente que quien sostiene que el régimen resultante del proceso revolucionario en Rusia es capitalista y no socialista deja en ese mismo momento de ser trotskista, aunque no necesariamente suscriba las tesis consejistas o bordiguistas.


En 1977 G. Munis escribió una “Reafirmación”, incluida en esta edición, que subimos acá ahora. Su grupo, Fomento Obrero revolucionario, publicó por largo tiempo el boletín ALARMA, cuyos archivos están siendo ubicables de a poco en internet. Nótese que en el epígrafe se resume magistralmente el programa comunista: PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS. SUPRIMID EJÉRCITOS, POLICÍAS, PRODUCCIÓN DE GUERRA, FRONTERAS, TRABAJO ASALARIADO.

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REAFIRMACIÓN

Mientras más años contemplamos retrospectivamente hasta 1917, mayor importancia cobra la revolución española.

Fue más profunda que la revolución rusa y más extensa por la participación humana; esclarece comportamientos políticos hasta entonces indefinidos y proyecta hacia el futuro importantes modificaciones tácticas y estratégicas.

Tanto, que en el dominio del pensamiento no pueden elaborarse hoy sino remedos de teoría, coja o despreciable, si se prescinde del aporte de la revolución española, en general, y con mayor precisión de cuanto contrasta, superándolo o negándolo, con el aporte de la revolución rusa.

La revolución desbarató en España las estructuras de la sociedad capitalista en lo económico, en lo político y en lo judicial, creando o insinuando estructuras propias. Lo que estaba dado por la espontaneidad del devenir histórico se convirtió de potencial en actuante, en cuanto fueron quitados de en medio los cuerpos coercitivos, obstáculo a su manifestación. Así se perfila sin equívoco la revolución, desde el primer instante, como proletaria y socialista. La revolución rusa no destruyó la estructura económica del capital, que no reside en el burgués ni en los monopolios, sino en lo que Marx llamaba la relación social capital-sala nato; tras un momento de vacilación, la modificó de privada en estatal, y en torno a ella y para ella fueron reacomodándose luego lo judicial, lo político... y los cuerpos represivos, ejército nacional comprendido, hasta que la relación social capital-salariado adquirió la virulencia que continúa distinguiéndola. Fue pues una revolución democrática o permanente, hecha por un poder proletario, y muerta como tal antes de alcanzar el estadio socialista que la motivó y constituía su mira. Por ende, no pasó de ser una revolución política. Y si bien en ese aspecto fue más cabal que la revolución española, la persistencia de la mencionada relación social capitalista dio a la contrarrevolución la facilidad de ser sólo política también, si bien cruelísima, en proporción al apremio de revolución mundial. Ambas características han consentido falsificaciones y embaucos sin cuento, que todavía hoy ejercen un influjo deletéreo.

Precisamente cuando la revolución alcanzaba su pináculo en España, en 1936, la contrarrevolución stalinista consolidaba en Rusia su poder para muchos años, mediante el exterminio de millones de hombres. En consecuencia, su ramal español tuvo deliberadamente, desde el 19 de Julio, un comportamiento de abanderado de la contrarrevolución, solapado al principio, descarado a partir de Mayo de 1937. Con toda premeditación y por órdenes estrictas de Moscú, se abalanzó sobre un proletariado que acababa de aniquilar el capitalismo. Ese hecho, atestiguado por miles de documentos stalinistas de la época, representa una mutación reaccionaria definitiva del stalinismo exterior, en consonancia con la mutación previa de su matriz, el stalinismo ruso.

Un reflejo condicionado de los diferentes trozos de IV Internacional y de otros que la miran con desdén, asigna al stalinismo un papel oportunista y reformista, de colaboración de clases, parangonable con el de Kerensky o Noske.

Yerro grave, pues lo que el stalinismo hizo fue dirigir políticamente la contrarrevolución, y ponerla en ejecución con sus propias armas, sus propios esbirros y su propia policía uniformada y secreta. Se destacó enseguida como el partido de extrema derecha reaccionaria en la zona roja, imprescindible para aniquilar la revolución. Igual que en Rusia, y mucho antes que en Europa del Este, China, Vietnam, etc., el pretendido Partido Comunista actuó como propietario del capital, monopolizado por un Estado suyo. Es imposible imaginar política más redondamente anti-comunista.

Lejos de colaborar con los partidos republicanos burgueses o con el socialista, que todavía conservaba sesgo reformador, fueron éstos los que colaboraron con él y pronto aparecieron a su izquierda, como demócratas tradicionales. Unos y otros estaban atónitos y medrosos a la vez, contemplando la alevosa pericia anti-revolucionaria de un partido que ellos reputaban todavía comunista. Pero otorgaban, pues con sus propias mañas flaqueaban ante la ingente riada obrera.

Como se ha visto en el último capítulo de este libro, el gobierno Negrín-Stalin está lejos de tener las características de uno de esos gobiernos de izquierda democrático-burguesa, que zarandeados entre una revolución a la que se oponen y una contrarrevolución que temen, sucumben al empuje de la una o de la otra. Fue un gobierno fortísimo, dictatorial, y extrafronteras rusas el primero del nuevo tipo de contrarrevolución capitalista estatal distintivo del stalinismo. Esa peculiaridad, latente desde antes del Frente Popular, quedó puesta en evidencia por primera vez en España, y desde entonces adquirió carácter definitivo. Lo confirman todos los casos posteriores, desde Alemania del Este y Yugoslavia hasta Vietnam y Corea. Dondequiera ese pseudo-comunismo acapara el poder, es acogotado el proletariado, aplastado si se resiste, el capital y todos los poderes se funden en el Estado, y la posibilidad misma de revolución social desaparece por tiempo indefinido. Y no será la faz hominídea —que no humana—, maquillaje reciente de los Carrillo, Berlingüer, Marchais y demás, la que cambie sus intereses profundos, emanantes de, y coincidentes con la ley de concentración de capitales.

Cambio secundario, pero también importante y no menos definitivo, se opera en los partidos socialistas con la revolución Española. Dejaron de comportarse como partidos obreros reformistas, para sumarse sin recato a la política burguesa... o a la del capitalismo de Estado a la rusa, según la presión dominante. Siguen hablando de reformas, sí, pero se trata de las que mejor convienen a la pervivencia del sistema capitalista, no de las que el auténtico reformismo creía poder imponerle, legislación mediante, para alcanzar por evolución, la sociedad sin clases ahorrándose la revolución. El reformismo ha sido pues reformado por el capitalismo. Lo certificó León Blum al reconocer que él y los suyos no podrían ser en lo sucesivo sino «buenos administradores de los negocios de la burguesía». El tremendo repente de la revolución en 1936, atrayendo la convergencia reaccionaria de Oriente y Occidente, precipitó también dicho resultado, que amagaba desde 1914.

Respecto a táctica, la revolución española invalida o supera con creces la de la revolución rusa. Así, la reclamación de gobierno sin burgueses, constituido por representantes obreros en el marco del Estado existente, tan útil en Rusia para desplazar del poder a los soviets, carecía de sentido en España, y habría surtido efecto negativo. Lo mismo cabe afirmar del frente unido de los revolucionarios con las organizaciones situadas a su inmediata derecha. Los bolcheviques lo practicaron, incluso con Kerensky en determinados momentos, positivamente siempre. Mimetizar esa táctica en España era meterse en la boca del lobo, y contribuir a la derrota de la revolución. Quienes, lo hicieron nos han dejado la más irrefutable y trágica de las pruebas. Es que, desde el principio, la amenaza más mortal para la causa revolucionaria y para la vida misma de sus defensores, provenía del partido stalinista; los demás eran colaboradores segundones.

Muy sobrepasada por los hechos revolucionarios mismos, fuente principal de consciencia, resultó la consigna: «control obrero de la producción», todavía en cartel para izquierdistas retardados. Los trabaja dores pasaron, sin transición, a ejercer la gestión de la economía mediante las colectividades, aunque su coordinación general fuese obstaculizada y al cabo impedida, por un Estado capitalista que iba reconstituyéndose en la sombra, no sin participación de la CNT y de la UGT. Al término de tal reconstitución, la clase trabajadora quedó expropiada y el Pacto CNT—UGT resultante convertía las dos centrales en pilares de un capitalismo de Estado. Pero antes de llegar a éste, el control obrero de la producción (de hecho estatal-sindical) fue maniobra indispensable para arrancar por lo suave la gestión a los trabajadores. Idéntico servicio retrógrado habría prestado lo que se llama hoy autogestión, variante de aquél. Quedó demostrado entonces, con mayor contundencia que en ningún otro país, la imposibilidad de que el proletariado controle la economía capitalista sin quedarse atascado en ella como pájaro en liga. Si la gestión es el dintel del socialismo, el control (o la autogestión) es el postrer recurso del capital en peligro, o su primera reconquista en circunstancias como las de España en 1936.

Tampoco sirvió sino como expediente retrógrado el reparto de los latifundios en pequeños lotes, medida tan extemporánea en nuestros días como lo sería destazar las grandes industrias en múltiples pequeños talleres. En cambio, organizar koljoses, o su equivalente chino, «comunas» agrarias, es imponer una proletarización del agro correspondiente al capitalismo estatal. Ambas fueron desdeñadas, también en favor de colectividades agrarias, que a semejanza de las industriales reclamaban la supresión del trabajo asalariado y de la producción de mercancías, que de hecho encentaron.

En resumen, cuantos puntos de referencia o coordenadas habían determinado la táctica del movimiento revolucionario desde 1917, y aun desde la «Commune» de París, fueron sobrepasados y arrumbados por el grandioso empellón del proletariado en 1936. Y el sobrepase no excluye, claro está, la propia táctica seguida o propuesta en España misma durante los años anteriores. Por lo tanto, es de advertir que lo preconiza do en la primera parte de este libro con arreglo a la táctica vieja, quedó también anulado por la fase candente iniciada el 36. Nada pierde por ello su valor histórico y crítico, pero sería inepcia conservadora volver a utilizarlo.

Allende lo táctico, siempre contingente, la revolución de España puso en evidencia factores estratégicos nuevos, transcendentalísimos, llamados a producir acciones de gran envergadura y alcance. En dos años, en efecto, los sindicatos se reconocieron como copropietarios del capital, pasando por tal modo a ser compradores de la fuerza de trabajo obrera. La concatenación de tal compra con la venta de esa misma fuerza a un capital todavía no estatizado, quedó definitivamente establecida. Proyección estratégica: para ponerse en condiciones de suprimir el capital, los explotados deberán desbaratar los sindicatos.

No menos importante es lo concerniente a la toma del poder político por los trabajadores. Estaba supeditada por la teoría, y por la experiencia rusa de 1917, a la creación previa de nuevos organismos, allí soviets. La revolución española la libera de esa servidumbre. Los organismos obreros de poder, los Comités-gobierno, surgieron, no como condición del aniquilamiento del Estado capitalista, sino como su consecuencia inmediata. El resultado de la batalla del 19 de Julio, incontrovertible cual ninguna definición teórica, plantó en plena historia esa nueva posibilidad estratégica.

Cómo y por qué los Comités-gobierno innumerables no consiguieron aunarse en una entidad suprema, está dicho en el lugar correspondiente de este libro. Nada mengua por ello el alcance mundial de semejante hazaña.

El aporte estratégico del proletariado español a la revolución en general, sin limitación de fronteras ni de continentes, es decisivo en lo económico. Helo aquí en sus términos más escuetos: el Estado, por muy obreras que sus estructuras fueren de la base a la cúspide, las destruye si se le convierte en propietario de los instrumentos de producción. Lo que organiza en tal caso es su monopolio totalitario del capital, en manera alguna el socialismo. Ello corrobora y explica lo acontecido en Rusia después de la toma del poder por los soviets.

A dicho monopolio se reduce pues la nacionalización de la economía, que tanto engaña porque expropia a burguesía y trusts. Prodúcese por tal medida, no una expropiación del capital, sino una reacomodación del mismo, cumplimiento cabal de la ley de concentración de capitales inherente al sistema. Que sea alcanzada evolutiva o convulsivamente, incluso por lucha armada, el resultado es el mismo. Cabe afirmar sin error posible, que dondequiera se apodere el proletariado de la economía, o esté en trance de hacerlo, todos los falsarios postularán la nacionalización, cual ocurrió en España. Y las tendencias que cierran los ojos ante tan claro testimonio histórico se condenan a ir a rastras de odiosos regímenes capitalistas (Rusia, China, etc.), o bien a transformarse ellas mismas en explotadoras, si por acaso el poder se les viniese a las manos.

Una generalización teórica importante se deduce de esas experiencias sociales, tan hondas como indeliberadas: la revolución democrática en los países atrasados es tan irrealizable por la burguesía como por el proletariado en calidad de revolución permanente. Las condiciones económicas del mundo, las exigencias vitales de las masas explotadas, a más de la podredumbre del capitalismo como tipo de civilización, lo que basta con colmo, convierten en reaccionario cuanto no sea medidas socialistas.

Lo que necesita la clase obrera en cualquier país es «erigir una barrera infranqueable, un obstáculo social que le vede tener que venderse al capital por “contrato libre”, ella y su progenitura, hasta la esclavitud y la muerte» (Marx).

Le hace falta disponer a su albedrío de toda la riqueza, instrumental de trabajo y plusvalía, hoy propiedad del capital, y establecer como primer derecho del hombre, el derecho de vivir, trabajar y realizar su personalidad, sin vender sus facultades de trabajo manual o intelectual. Así entrará la sociedad en posesión de sí misma, sin contradicción con sus componentes individuales, desaparecerán las clases, y la alienación que en grados diversos comprime o falsea a las personas.

Junio 1977
G. Munis

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