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viernes, mayo 18, 2018

La lógica del género y la comunización (Endnotes/2&3 DORM) 

Finalmente ya está en línea el cuarto cuadernillo de la serie excursos de 2&3 DORM. Pronto (?!) en papel.




Notas introductorias

Los defensores del orden afirman que la prostitución es el trabajo más viejo del mundo, para nunca decir que la más vieja prostitución del mundo es el trabajo. —Boletín La Oveja Negra

Nadie es otra cosa que su patrimonio, sus ingresos, su posición y sus oportunidades. La máscara económica y lo que hay tras ella coinciden en la conciencia de las personas hasta en los pliegues más sutiles. Cada cual vale lo que gana, cada cual gana lo que vale. Experimenta lo que es en las alternativas de su vida económica. No se conoce como otra cosa. —Adorno y Horkheimer

En 1846 se publicó un poco conocido trabajo de Marx llamado Peuchet: acerca del suicidio en la revista renana Gesellschaftsspiegel. Se trata de una traducción comentada de una serie de casos extraídos de los archivos policiales de Peuchet, funcionario de la restauración francesa. Tres de las cuatro historias recogidas en el texto refieren a mujeres. Se presenta el caso de una joven costurera que se arroja al Sena como resultado de la cólera de sus padres luego de pasar la noche en casa de la familia de su novio; la historia de una joven casada que se mata después de estar sometida al encierro violento administrado por un marido herido por su repentina deformidad; y el caso de una joven huérfana rica que, embarazada de su tío y sin poder abortar, prefiere saltar a un pozo. En cada caso, el suicidio se convierte en el recurso más extremo contra los males de la “vida privada” a la que estaban condenadas las mujeres en tanto propiedad de sus maridos y padres. En la reseña de estos casos Marx pone de manifiesto el carácter social del impulso autodestructivo que atraviesa a los individuos sometidos a los imperativos y restricciones específicas de la comunidad del trabajo asalariado.

Según los análisis de Marx, lo que diferencia a la sociedad capitalista moderna de otras sociedades no capitalistas es que en ella el trabajo se constituye como forma de mediación social. Se trata de una nueva forma de interdependencia social donde las personas no consumen lo que producen, ni sus productos son distribuidos de acuerdo a las normas de la tradición, relaciones de parentesco o de dominación personal, sino que el trabajo mismo, más concretamente, la venta de la capacidad para trabajar, se transforma en la condición esencial para el acceso a los medios de vida. El que las relaciones sociales se constituyan por el trabajo es una cuestión única desde el punto de vista histórico y genera formas de dominación impersonales y abstractas que abarcan la totalidad de la existencia social. Los textos que presentamos a continuación se abocan a la tarea de desentrañar la naturaleza históricamente específica de la relación hombre/ mujer en el capitalismo.

Estos textos buscan entender cómo la división antagónica de la humanidad en hombres y mujeres —sobre la base de una diferencia anatómica que determina roles sociales específicos y atributos subjetivos peculiares— sirve a la reproducción del orden social basado en la acumulación del (supuesto) (1) valor que el trabajo asalariado produce.

A lo largo del siglo xx, distintos movimientos feministas han apuntado a diferentes aspectos de la sociedad capitalista donde se objetiviza el lugar subordinado de las mujeres: la asignación naturalizada del trabajo doméstico y reproductivo, la violencia misógina, la feminización de la pobreza, la desigualdad salarial, etc. Sin embargo, ninguno de estos aspectos considerados de manera aislada puede ayudarnos a entender por qué aquellos asignados al destino mujer ocupan un lugar “especial” para el Capital ni menos por qué la categorización de la humanidad en hombre/mujer, o el género como categoría esencial de existencia social, es necesario para la expansión del modo de producción centrado en la extracción de trabajo. Creemos que esta cuestión debe ser abordada por la crítica anticapitalista para que nuestra lucha en actos termine de una vez por todas con la totalidad de las condiciones que enajenan cotidianamente nuestras fuerzas vitales y someten la satisfacción de nuestras necesidades al cálculo de la ganancia. Hoy es más importante que nunca realizar esta tarea crítica, pues asistimos a la más profunda crisis de reproducción de la relación capital-trabajo. Por todas partes los síntomas de la desintegración se dejan ver: tanto en la creciente velocidad de destrucción de la base natural de las sociedades, como en las epidemias de las masacres masivas y la soledad allí donde el capitalismo se ha desplegado de forma más total (2).

 El texto que abre este dossier, La comunización y la abolición del género, ofrece un primer recuento sobre la génesis de la cuestión del género al interior de la corriente comunizadora. Sin ánimo de hacer proselitismo político ni de abanderarnos por tal o cual teoría, nos parece importante publicar este texto, pues, a diferencia de otros análisis, la teoría de la comunización recupera la perspectiva de una tradición de lucha centrada en la abolición concreta e inmediata de las relaciones capitalistas en las que los trabajadores se reproducen a sí mismos como trabajadores. Según esta corriente, la revolución adquiere esta forma particular, pues el propio desenvolvimiento de la relación capital-trabajo, al exacerbar las diferencias entre los miembros de la clase trabajadora, ya no le permite a los proletarios afirmar su identidad como tales y organizar su lucha sobre esta base. Por lo tanto, la abolición de todas las divisiones de la vida social se presenta como la única alternativa posible para superar la creciente desintegración. Esta abolición solo puede ser llevada a cabo de manera directa por quienes están sometidos a la relación de clase y supone acabar con todas las categorías de socialización que articulan la totalidad capitalista (mercancía, trabajo, dinero, valor, Estado, etc.). En este sentido, nos parece importante el aporte de este texto, pues elabora, entre otras cosas, al respecto de la necesaria abolición de la relación de género, junto con la clase, en la praxis revolucionaria.

En cuanto al segundo texto, El circuito basado en el género: Leer El Arcano de la Reproducción, se trata de una revisión de las ideas centrales de un trabajo desechado por la tradición marxista que responde a la importante pregunta de cómo llega la fuerza de trabajo lista para ser consumida por el Capital al mercado de trabajo. Nos parece necesario incluir este texto, puesto que sirve como una primera aproximación a las categorías que luego serán desarrolladas en extenso, aunque con algunos cambios, en La lógica del género. Como veremos, la teorización que se expone en este trabajo apócrifo permite situar, por primera vez, la esfera del trabajo reproductivo no-pagado —como una necesaria condición de existencia del trabajo asalariado— dentro del circuito de reproducción del capital, al distinguir entre un tipo de actividades directamente productivas y otras que no lo son y de las cuales los hombres han sido tradicionalmente relevados a través de la estructura de la familia. De este modo, el Capital asigna a la clase trabajadora en general, y a las mujeres en particular, el costo de la reproducción generacional del proletariado.

Finalmente, el texto que cierra el dossier, La lógica del género, realiza la importante labor de criticar los términos binarios heredados del discurso feminista (productivo/reproductivo, pagado/no-pagado, público/privado, sexo/género) que, careciendo de especificidad histórica, no permiten entender las transformaciones en la relación de género a partir de los cambios estructurales de los años 70 (3). Nos parece necesario publicar este texto no solo por su importante labor esclarecedora, sino que también por su aporte a la comprensión de la lógica procesual de la reproducción capitalista. En este sentido, este texto propone dos categorías que permiten comprender el vínculo dinámico entre la producción de valor, la relación de género y la reproducción de la fuerza de trabajo: la esfera directamente mediada por el mercado y la esfera indirectamente mediada por el mercado. Lo que distingue a estas esferas es la reproducción mercantilizada: mientras que las actividades llevadas a cabo en la esfera directamente mediada por el mercado son reconocidas socialmente como trabajo mediante el salario, aquellas que ocurren en la esfera indirectamente mediada por el mercado no cuentan con tal reconocimiento social aunque son fundamentales para la reproducción del sistema basado en la extracción de la capacidad para trabajar.

Lo interesante de esta teorización es que demuestra que la reproducción del Capital ocurre en esferas duales dentro del mismo modo de producción basado en el trabajo asalariado. La separación de las esferas mencionadas anteriormente se deduce a partir del análisis de la esencial contradicción capitalista entre el valor de uso y el valor de cambio de la mercancía fuerza de trabajo. Como veremos, puesto que el valor (de cambio) de la fuerza de trabajo equivale solo al tiempo necesario para producir los medios de subsistencia que entran en el proceso de su reproducción, el trabajo que transforma esos medios de subsistencia en capacidad viva de trabajo es vuelto estructuralmente no-trabajo. Así pues, la producción de valor, cuya fuente reside en el consumo del valor de uso de la fuerza de trabajo, presupone la separación de las esferas directamente e indirectamente mediadas por el mercado.

Con respecto al género, este se define como el anclaje de cierto grupo de individuos a una esfera específica de actividades sociales (la esfera indirectamente mediada por el mercado). Este proceso ha operado históricamente de maneras diversas: primero, en la distinción de ciudadano/otro —que distinguía entre aquellos individuos que podían vender su fuerza de trabajo directamente (trabajadores libres) y aquellos condenados a hacerlo indirectamente a través de los que gozaban de la libertad capitalista (libertad de los medios de producción y libertad para venderse)— y, una vez que la diferenciación estructural fue inscrita en los cuerpos “biológicos” de los individuos, como una etiqueta de precio menor para la fuerza de trabajo de aquellos asignados al destino mujer.

Para finalizar, quisiéramos hacer un alcance con respecto a un proceso característico de aquellas sociedades industrializadas donde el Estado de bienestar está en crisis y que es descrito en La lógica del género como la “emergencia del abyecto”. Este proceso refiere al hecho de que las actividades reproductoras de la fuerza de trabajo, que antes eran provistas por el Estado como servicios, ahora son privatizadas bajo las demandas de la austeridad y se convierten en la carga del proletariado y sus mujeres. Creemos que en las sociedades que no conocieron un Estado de bienestar desarrollado este proceso puede observarse como una continua precarización de los pocos servicios que todavía son financiados (parcial o totalmente) por el Estado. Un ejemplo de lo anterior es el caso de Chile que durante la época de la dictadura militar en los años 70 atravesó un intensivo proceso liberalización y privatización de los servicios sociales. En este lugar se observa un sostenido deterioro en la calidad de servicios tales como la salud y educación pública. A raíz de esto podemos observar todo tipo de intentos por organizar colectivamente esas labores reproductivas y de cuidados. Sin negar el potencial transformador que puede estar contenido en estas formas de autoorganización, este proceso usualmente tiende a reafirmar el género, procurando las condiciones para la mantención cada vez más precaria de la fuerza de trabajo en la época de la crisis.

Si puede servir de aliento para quienes enfrentan estos textos por primera vez basta decir que este material es necesario para la crítica anticapitalista porque desarrolla un lenguaje común con el que nombrar las relaciones que dan forma a nuestra condición. Si la contribución de estos textos se redujera solo a eso sería, sin lugar a dudas, tremenda, considerando el grado de confusión que reina —también— entre los que estamos tratando de entender la catástrofe humana y planetaria en la que estamos inmersos.
Invierno de 2018, Galaxidi


1.- Decimos “supuesto valor” para señalar que nuestra actividad práctica produce objetos, servicios, conocimientos… no valor. El valor es la forma que adquiere nuestra actividad bajo la dictadura capitalista, es una abstracción social que determina el consumo de nuestra capacidad para trabajar, pero no un producto directo de esta. Quizás lo más correcto sería decir que solo en la sociedad capitalista el trabajo “produce” valor.

2.- A propósito, quisiéramos ofrecer algunos ejemplos bastante ilustrativos de la dimensión de la miseria. En Estados Unidos los jóvenes enfrentan la muerte en masa en las escuelas: según algunas estadísticas oficiales, en las primeras 6 semanas del 2018 hubo 18 tiroteos masivos en diferentes escuelas a lo largo del territorio, lo que arroja, en promedio, una matanza escolar cada 60 horas en lo que va del año. Por otro lado, en Japón la gente muere sola. La primera vez que este fenómeno llamó la atención de la llamada “opinión pública” fue el caso de un hombre de 69 años cuya muerte pasó desapercibida por tres años. Y es que en la miseria capitalista nadie nota la muerte de un solitario que sigue pagando las cuentas mediante transferencias electrónicas automáticas. Sin embargo, cuando los ahorros del cadáver se agotaron en el 2000, las diligentes autoridades se aparecieron en el departamento solo para encontrarse con un esqueleto tumbado en el piso de la cocina.

3.- A partir de esta década se observa la creciente importancia del sector de los servicios para la acumulación capitalista. Según un estudio realizado por la UNCTAD, entre 1980 y 2015, el peso de los servicios en el producto interno bruto aumentó a nivel global de manera excepcional. En las llamadas “economías desarrolladas” este aumento fue del 61% al 76%, mientras que en las “economías en desarrollo” fue del 42% al 55%. Así mismo, se estima que a nivel global el sector de los servicios emplea al 49% de la población. Particularmente, el 75% del total de los trabajadores de las economías desarrolladas se encuentra empleado en el sector de los servicios, mientras que en las economías en desarrollo alcanza un 44%. Este giro ha sido denominado por algunos como el “giro feminizador” de la economía porque esta tendencia ha incorporado masivamente a las mujeres a la explotación capitalista. A propósito, según otro estudio realizado por la OIT, en el 2010 el 75.5% de las mujeres ocupadas en Latinoamérica y el Caribe lo hacía en el sector de los servicios concentrándose en dos ramas particularmente: el comercio (mujeres: 25.6%, hombres: 19.1%) y los servicios comunales, sociales y personales (mujeres: 42.3%, hombres: 16.7%).



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sábado, mayo 12, 2018

La reproducción social, x Maya G. et al 


 Leyendo textos sobre la comunización y la lógica del género, y escuchando en el ambiente idioteces del tipo de las de Rafael Gumucio, cantos sobre "anarcos, jipis, marxistas, todos machistas y la misma mierda", y a varias ex-concertacionistas oficiando de voceras del movimiento de la "toma feminista", me acordé de Maya González, una feminista revolucionaria que sin medias tintas se define como comunista, y me preguntaba si hay textos suyos en español dando vueltas por ahí, y no hay mucho pero por lo menos me encontré con esta entrevista que junto a CM le hicieron a Silvia Federici el 2011, acerca de las mujeres y las luchas contra la mercantilización de la universidad.



Maya González y Caitlin Manning: Has escrito acerca de las luchas universitarias en el contexto de la reestructuración neoliberal. Estas luchas se consideraron una respuesta al intento de privatizar y cercar saberes y conocimientos  comunes ¿Crees que se trata de una continuación de luchas anteriores o de algo nuevo? ¿Ha alterado de manera decisiva la crisis económica el contexto de estas demandas?

Silvia Federici: Yo veo las movilizaciones que están teniendo lugar en los campus estadounidenses, señaladamente en California, como parte de un largo ciclo de luchas contra la reestructuración neoliberal de la economía global y contra el desmantelamiento de la educación pública. Este proceso comenzó en los años 80 en África y América Latina, y ahora mismo se está expandiendo por Europa, como bien muestra la reciente revuelta estudiantil en Londres. Lo que está en juego, en ambos casos, es algo más que una resistencia al “cercamiento del conocimiento”. Las luchas estudiantiles africanas en los 80’ y en los 90’ fueron particularmente intensas porque los estudiantes eran conscientes de que los drásticos ajustes propugnados por el Banco Mundial suponían liquidar el “contrato social” que había conformado su relación con el estado en el período posterior a la independencia, convirtiendo a la educación en pieza clave del avance social y de una ciudadanía participativa. Y también porque, al oír al Banco Mundial decir que “África no necesita universidades”, se dieron cuenta de que los recortes sociales encerraban una nueva división internacional del trabajo que pretendía recolonizar las economías africanas y degradar las condiciones laborales de sus trabajadores.

La historia es similar en los Estados Unidos. El vaciamiento de la educación pública superior a lo largo de la última década debe colocarse en un contexto social en el que, a resultas de la globalización, las empresas pueden desplazar a sus trabajadores por todo el mundo, haciendo de la precariedad una condición permanente del trabajo y forzando constantes re-cualificaciones. La crisis financiera y la crisis universitaria se complementan e imprimen sentido económico a un proceso de acumulación y de organización del trabajo que sólo ofrece a los estudiantes la perspectiva de un futuro de permanente subordinación y de continua destrucción del conocimiento adquirido. En este sentido, las luchas estudiantiles actuales, más que dirigidas a la defensa de la educación pública, se proponen modificar las relaciones de poder con el capital y el estado para recuperar así el control sobre la propia vida.

En este punto, se podría trazar un paralelo con la revuelta de los trabajadores y de los jóvenes franceses contra la decisión del gobierno de Sarkozy de ampliar dos años más la vida laborable. Si sólo nos fijáramos en el período de tiempo que los trabajadores tienen que esperar para jubilarse, no se entendería la vehemente oposición que está teniendo lugar. En realidad, lo que lanzó a millones de personas a la calle y a muchos jóvenes a las barricadas fue la percepción de que esta reforma suponía una pérdida absoluta de esperanza de cara al futuro.

Es esta lectura de los hechos la que singulariza el actual ciclo de luchas universitarias y le otorga una dimensión anti-capitalista más o menos abierta. Una buena prueba de ello es la importancia y el peso que nociones como la de bienes comunes han ido adquiriendo en el discurso estudiantil internacional. El llamado a favor de “saberes y conocimientos comunes” no solo refleja una resistencia a la privatización y  a la comercialización del saber. También refleja la creciente conciencia de que hace falta construir una alternativa al capitalismo y al mercado a partir del presente. Y de que el compromiso colectivo en un proyecto de este tipo no es posible en el entorno académico actual. Matrículas disparatadas, cursos rígidamente ahormados a estrechos objetivos economicistas, clases superpobladas con profesores precarios, mal pagados y cargados de trabajo. Todas estas condiciones contribuyen a devaluar el conocimiento que se produce en las universidades y demandan formas alternativas de educación, así como espacios en los que ésta pueda plantearse. Es a partir de aquí, creo, como deberíamos pensar las “políticas de ocupación de espacios”: como medios de acceso a los lugares que la creación de nuevos bienes y saberes comunes exige.

Maya González y Caitlin Manning: También has descrito la lucha estudiantil y las resistencias globales contra las medidas de austeridad como luchas en torno a dispositivos institucionales de reproducción social, más que de producción ¿Qué aporta esta concepción de las luchas educativas como parte de un conjunto más amplio de disputas en torno a dispositivos de reproducción social? ¿Qué tipo de desigualdades sociales y de explotación laboral perdurarían más allá de este tipo de enfoque?

Silvia Federici: Creo que cabría señalar, ante todo, que el paso de la producción a la reproducción en el  análisis de las relaciones de clase ha sido el producto de una transformación que, de diferentes maneras, ha atravesado los análisis teóricos a partir de los años 70’. Este paso ha sido especialmente visible en algunas aproximaciones críticas tanto pos-estructuralistas como neoliberales, de Foucault a Becker. El principal impulso en esta dirección provino, de hecho, de la propuesta feminista consistente en repensar el trabajo y en redefinir el trabajo reproductivo como la “parte oculta del iceberg” (en palabras de María Mies) sobre el que se basa la acumulación capitalista. Este cambio de perspectiva ha arrojado nueva luz sobre viejos problemas. Nos ha permitido, por ejemplo, pensar conjuntamente una serie de actividades –los trabajos domésticos, la agricultura de subsistencia, el trabajo sexual y de cuidado, la educación formal e informal- reconociéndolos como momentos de la (re)producción social de la fuerza de trabajo.

Esta perspectiva también nos ayuda a leer políticamente los cambios que han tenido lugar en las universidades. El aumento del precio de las matrículas y la mercantilización de la educación pueden verse como parte de un proceso más amplio de desinversión en la reproducción de la fuerza de trabajo, dirigido a disciplinarla. Este proceso comenzó en los años 70’ con la eliminación del ingreso irrestricto y fue una respuesta a las revueltas y a la insubordinación en los campus que tuvo como protagonistas a los jóvenes.

Hacer de la reproducción social el lente a través del cual se analiza la relación capital-trabajo no debería verse, sin embargo, como una operación totalizadora. La reproducción (de individuos, de fuerza de trabajo) no debería concebirse aislada del resto de la “fábrica” capitalista. Recientemente, hemos asistido a algunos desarrollos teóricos (como por ejemplo, el concepto de “producción bio-política” utilizado por Negri y Hardt) que impiden una síntesis adecuada de las relaciones capitalistas, ya que asumen que toda la producción puede ser reducida a la producción de subjetividades, estilos de vida, lenguajes, códigos e información. En este tipo de lecturas, la inmensa lucha que está teniendo lugar a lo largo del planeta, en campos, minas y fábricas, sencillamente desaparece. Y lo hace, irónicamente, en un momento en el que estamos asistiendo al ciclo internacional más agudo de conflictos industriales (en China y en buena parte del sudeste asiático) desde los años 70’

(...)

Maya González y Caitlin Manning: El año pasado, las ocupaciones de edificios y otras formas de acción directa fueron criticadas como estrategias de privilegiados ¿Cómo puede haber acción directa de masas en un país como Estados Unidos donde el aparato carcelario está sobrefinanciado y donde la represión policial continúa recayendo, sobre todo, en la población social y racialmente más vulnerable?

Silvia Federici: Sobre las situaciones que se produjeron en algunos campus de la Universidad de California y sobre la oportunidad de ocupar los edificios no puedo pronunciarme. No participé en aquellas actuaciones y las elecciones tácticas dependen tanto de los equilibrios de poder que cualquier comentario por mi parte resultaría inapropiado. Lo que sí puedo decir es que la acción directa de masas tiene una larga historia en los Estados Unidos -bien ejemplificada por el Movimiento por los Derechos Civiles- a pesar de la existencia de una maquinaria represiva institucional que ha operado con fuerza en diferentes niveles: policía, tribunales, cárceles, pena de muerte. El Movimiento por los Derechos Civiles, primero, y el Movimiento por el Poder Negro, luego, enfrentaron a la policía con sus carros hidrantes y sus perros, enfrentaron al Klu Klux Klan y a la reaccionaria John Birch Society. La propia pregunta que formulan sugiere que no todas las personas de color objetaron la utilización de tácticas más militantes. En todo caso, es cierto que las diferencias de poder entre los estudiantes que se enfrentan a la policía y a las autoridades universitarias deben plantearse abiertamente y discutirse en términos políticos. Y todo ello con independencia de que los edificios se ocupen o no. Por otro lado, además de la mayor vulnerabilidad de los estudiantes pertenecientes a comunidades de color, también hay que tener en cuenta la situación de todos aquellos que no pueden arriesgarse a una detención policial porque tienen niños, o porque tienen familias o porque padecen ciertas enfermedades o discapacidades que les impiden participar en según qué tipo de acciones. Estas son cuestiones de una importancia medular para el movimiento, y conciernen a todos los estudiantes. La predisposición para proteger a quienes están expuestos a consecuencias más duras y para adecuarse a diferentes tipos de iniciativas permite calibrar la fuerza y la seriedad de un movimiento. Sin obviar, claro está, el hecho de que las situaciones de lucha suelen ser muy fluidas y experimentan constantes transformaciones, de manera que quienes no han podido participar ayer pueden ser los primeros en ocupar mañana.

Maya González y Caitlin Manning: De California a Nueva York, las mujeres se han quejado de serios problemas de género al interior del movimiento estudiantil. A pesar de su compromiso activo, muchas se sienten marginadas, desconfían de ciertas dinámicas de grupo y se sienten condicionadas a la hora de expresarse. En algunos casos, incluso, se sienten alienadas por cierto tipo de discurso sexista o machista (como el utilizado en “La acción directa como práctica feminista” [4]). Como mujeres, todo esto nos ha tomado por sorpresa. Tras décadas de luchas feministas de diversa índole, todavía sentimos la necesidad de crear grupos feministas y de encontrar vías colectivas para oponernos al patriarcado. Nos encontramos luchando por abrir espacios que no esperábamos que fueran tan restrictivos ¿En qué medida esta experiencia nuestra difiere o resulta similar a la tuya en los 70’? ¿Qué puede nuestra experiencia actual aprender de las pasadas y viceversa?    

Silvia Federici: La configuración actual de las relaciones de género en el movimiento estudiantil difiere mucho de lo que había en los 60’ o en los 70’. Las estudiantes tienen hoy mucho más poder que las mujeres de mi generación. Son mayoría en casi todas las clases y están preparadas para llevar adelante una vida basada en la autoestima y en la autonomía. Como mínimo de los hombres, aunque no del capital. Lo que ocurre es que las relaciones con los hombres siguen siendo ambiguas y confusas. El aumento de la igualdad oculta el hecho de que muchos de los temas planteados por el movimiento de mujeres continúan sin respuesta, sobre todo en relación con la reproducción. Oculta el hecho de que no hemos conseguido, como mujeres, implicarnos colectivamente en un proyecto de transformación social, y de que con el neoliberalismo lo que ha habido es una re-masculinización de la sociedad. El lenguaje truculento, hiper-masculino, de textos como We are the Crisis, o del artículo que abre After the Fall es un ejemplo acabado de lo que digo. Entiendo perfectamente que haya mujeres que se sientan amenazadas más que reforzadas por este tipo de lenguaje.

El declive del feminismo como movimiento social también ha supuesto que la experiencia de la organización colectiva en torno a cuestiones de las mujeres resulte desconocida para muchas estudiantes jóvenes, con todo lo que ello supone de despolitización de la vida cotidiana. Cómo conciliar el trabajo remunerado con la reproducción de nuestras familias –aprendiendo de la experiencia de las mujeres negras- cómo conservar algo de nosotras para darlo a los nuestros, cómo amar y vivir nuestra sexualidad. Todas estas son cuestiones a las que las estudiantes más jóvenes tienen que responder de manera individual, fuera de un marco político, lo cual es una fuente de debilidad en su relación con los hombres. A esto hay que sumarle que la vida académica, especialmente en el grado, genera un entorno sumamente competitivo, que margina a quienes tienen menos tiempo para dedicarse al trabajo intelectual. Y que la elocuencia y la sofisticación teórica a menudo consideradas, erróneamente, como medida del compromiso político.

Una lección crucial que se puede extraer del pasado es la necesidad, frente a las desigualdades de poder, de que las mujeres se organicen de manera autónoma. Para poder describir por sí mismas los problemas que afrontan y para ganar fuerza a la hora plantear sus descontentos y sus deseos. En los años 70’, nosotros veíamos muy claramente que no podíamos hablar de temas que nos concernían en presencia de los hombres. No hace falta, como denuncian las autoras de “La acción directa como práctica feminista”, que te “silencien”. Las propias relaciones de poder que nos roban la voz también nos expropian la capacidad de describir la manera de operar de dicho poder.

La autonomía, ciertamente, se puede alcanzar de diversas maneras. No tenemos por qué pensar en la autonomía en términos de estructuras permanentemente separadas. Hoy vemos que podemos crear movimientos dentro de los movimientos y luchas dentro de las luchas. Responder, en cambio, a los conflictos que puedan surgir en nuestras organizaciones convocando a la unidad puede ser políticamente desastroso. Otra lección del pasado es que la construcción de espacios feministas autónomos temporales nos puede ayudar a romper con la dependencia psicológica de los hombres, a valorar nuestra experiencia, a construir un contra-discurso y a plantear nuevas normas, como la necesidad de democratizar el lenguaje y evitar convertirlo en un medio de exclusión.
Estoy convencida de que nuestra unión como mujeres y como feministas es un paso positivo, una precondición incluso para superar la marginación. Las mujeres del movimiento estudiantil no deberían dejar intimidarse por la acusación de “divisionismo”. Más que dividir, la creación de espacios autónomos es necesaria, por un lado, para sacar a la luz un amplio listado de relaciones de explotación que nos impiden actuar, y por otro, para exponer ciertas relaciones de poder que, si no se cuestionan, sólo acabarían por propiciar el fracaso del movimiento.


(EXPOSICIÓN DE MAYA GONZÁLEZ SOBRE REPRODUCCIÓN SOCIAL, TRABAJO DOMÉSTICO Y SEXUALIDAD. en inglés).

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miércoles, mayo 09, 2018

Damos vueltas en la noche y somos devorados por el fuego/Cine 68 en MAYO 18. 


Y sin embargo, el sol poniente de esta ciudad soltaba, aquí y allí, resplandores cuando contemplábamos
desvanecerse los últimos días, encontrándonos en un escenario que iba a ser retirado y ocupados de maravillas que no volverán. Fue

Otra muchacha, errante. Art Blakey: "Whisper not."

preciso abandonarla enseguida, esta ciudad que fue para nosotros

 Continuación de las vistas de París.

tan libre, pero que va a caer totalmente en manos de nuestros enemigos. A ello se aplica ya sin remedio su ley ciega, que vuelve a hacerlo todo a su semejanza, es decir, según el modelo de una especie de cementerio: "¡Ay qué miseria! ¡Ay qué dolor! París tiembla."    Será preciso abandonarla, pero no sin haber intentado por una vez tomarla abiertamente; será preciso en fin abandonarla, después de tantas otras cosas, para seguir la vía que determinan 

 Travelling sobre un "Kriegspiel" donde se enfrentan dos ejércitos.

las necesidades de nuestra extraña guerra, que tan lejos nos ha llevado.    Ya que nuestra intuición no fue otra que la de hacer aparecer, en la práctica, una línea de demarcación entre los que aún quieren lo que existe y los que ya no.    Diversas épocas tuvieron así su gran conflicto, conflicto que

Panorámicas sobre un mapa del viejo mundo, del Imperio romano al Imperio chino.

no escogieron, pero en el que tuvieron que escoger su campo. Es la empresa de una generación, por la cual se fundan o se deshacen los imperios y sus culturas. Se trata de conquistar Troya; o bien de defenderla. En cierto aspecto, se asemejan todos estos 

Al inicio de la guerra de Secesión, los cadetes de West Point van a separarse.

Se les lee el texto de un

instantes en que van a separase los que combatirán en campos

juramento de fidelidad a la Unión.

enemigos, y ya no se verán más.

El coronel que manda la Escuela: "Que todo oficial o cadete que honestamente se considere incapaz de inclinarse ante los términos de este juramento, se alinee a al derecha del batallón." Un oficial avanza a caballo y ordena: "Señores del Sur, ¡romped filas!" Los Sudistas corren a formar detrás suyo. El coronel manda cerrar filas a los cadetes restantes, y hace tocar "Dixie", al tiempo que desfilan los que van a partir.

Bonito momento éste en que se pone en movimiento un asalto

La Brigada Ligera, formada tras sus estandartes, empieza su famosa carga en "El Valle de la Muerte", en

contra el orden del mundo.

 Balaklava.

   En su principio casi imperceptible, se sabe ya que, muy pronto, pase lo que pase, nada volverá a ser igual a lo que fue.    Se trata de una carga que pasa despacio, acelera en la carrera, pasa el punto a partir del cual ya no hay retirada posible, e irrevocablemente va a estallar sobre aquello que parecía inexpugnable; aquello que era tan sólido y tan defendido, pero que estaba destinado sin embargo a ser sacudido y deshecho. He aquí pues lo que hicimos cuando salimos de la noche, desplegamos, aún otra vez, la bandera de la "buena y vieja causa", y avanzamos bajo el fuego del tiempo.  


-CINE 68en MAYO 18



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jueves, mayo 03, 2018

CAPITALISMO Y PROSTITUCIÓN 


“El metal era una cosa bastante engorrosa de aceptar, pesar, dividir y comprobar su calidad, en polvo o en pedazos, aunque más conveniente, a este respecto, que las cabezas de ganado. Por consiguiente, desde los primeros tiempos que conocemos, y probablemente desde antes, el metal se acuño en monedas de un peso determinado. Heródoto atribuye esta innovación al rey de Lidia, presumiblemente a finales del siglo VIII antes de J.C.

Todas las jóvenes se Lidia se prostituyen, y con ello se procuran su dote; así, disponen después de sus personas como consideran adecuado…

…Las maneras y las costumbres de los lidios no difieren esencialmente de las de Grecia, salvo en esta prostitución de las muchachas. Son el primer pueblo del que se tiene noticia de que acuñó oro y plata en monedas y comercio al detalle. (Heródoto, Libro I, Clío)”.

                                          (John Kenneth Galbraith, El dinero. De dónde vino. Adónde fue, 1975).

“Somxs todxs prostitutxs. Cada unx tiene su precio. Y tú también vas a aprender a vivir la mentira. El capitalismo es la más barbárica de todas las religiones” (The Pop Group, We are all prostitutes).


“Los defensores del orden afirman que la prostitución es el trabajo más viejo del mundo, para nunca decir que la más vieja prostitución del mundo es el trabajo (Boletín la Oveja Negra)”.



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viernes, abril 27, 2018

Infeliz cumpleaños N° 91/Conversatorio COPEL/MDC 


En el Silabario con que se ha enseñado el idioma a miles de personas en América latina se dice “pra pre pri pro pru, pre so: los policías llevan presos y encierran a todos los que se portan mal”. Los ciudadanos-borregos internalizan este mensaje desde la infancia y se lo creen durante toda su vida.
Pero la policía no es un órgano natural ni espontáneo de la comunidad humana. Por el contrario, es una creación propia de las sociedades divididas en clases, que para mantener su orden artificial, irracional y absurdo necesitan de un Estado que centralice y coordine las distintas formas de violencia necesarias para que dicho Orden se mantenga.
En nuestro tiempo en que conviven diversas formas de policía (estatal y privada, profesional y ciudadana), la suma de todas ellas encarna, como dijo Walter Benjamin, “la máxima degeneración de la violencia”.
Carabineros aparece en un lugar destacado en esta revisión, por su consistente labor en la defensa violenta del Orden capitalista. Si bien existían varios tipos de policías –incluyendo una Secreta– desde el siglo xix, fue el dictador Ibañez en 1927 quien unificó las policías municipales, rurales y el Regimiento de carabineros, creando esta sangrienta y corrupta institución que este mes de abril cumple 91 años. La Policía de Investigaciones fue creada en 1933, por el gobierno de A. Alessandri, separándola de Carabineros, y dejándonos desde entonces con “pacos” (“siervos” según cierta etimología) y “ratis” (palabra que proviene del lunfardo bonaerense, como inversión de las sílabas de “tira”, en alusión a su práctica de apremiar a los detenidos amarrándolos con “tiras” o cuerdas).
Carabineros debutó de inmediato con prácticas terroristas. En el agitado año de 1932, detuvieron y arrojaron al mar a Manuel Anabalón, un profesor primario, en el muelle Prat de Valparaíso. El reportero Luis Mesa Bell se puso a investigar esos hechos, siendo también detenido y asesinado. Un día después de su muerte fue encontrado el cadáver de Anabalón. El poeta creacionista Vicente Huidobro dedicó en esos años un ataque contra un poeta/policía amigo del estalinista Neruda y que provenía de esos ambientes.
En ambos casos los victimarios eran de la Sección de Investigación de Carabineros de Chile. Dicha sección, de triste memoria, es la antecesora de las actuales S.I.P (que como se señala en la web “es la rama de Carabineros que más parecido tiene con la PDI dado que comúnmente sus funcionarios no trabajan con el uniforme ni con los vehículos tradicionales. Tienen a su cargo investigaciones ordenadas por la fiscalía y prestan apoyo a procedimientos infiltrándose como agentes civiles”).
Desde 1974 existe la Dirección de Inteligencia de Carabineros, responsable entre otras cosas del secuestro y degüellamiento de 3 militantes del PC en 1985, y que en 1990 pasó a llamarse DIPOLCAR. De esas filas provenía el exdirector Bruno Villalobos, así como Gonzalo Blu y su ejército de montajistas, caídos en desgracia hace poco en medio del multimillonario desfalco y la pelea con la Fiscalía, otra expresión siniestra del sistema represivo, en el marco de la Operación Huracán. Durante su mandato el lema que escogieron era más claro que el agua: “somos la frontera entre la delincuencia y la ciudadanía”.

(Tomado de Comunidad de Lucha N° 4).

-Actividad mañana:


-Album debut de los Millions of Dead Cops!


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miércoles, abril 25, 2018

Supersórdido (re-edición 2018) 


1.- Aclaración: El descubrimiento de estas carátulas lo hizo Joe Molina, quien se las entregó a Claudio.

2.- 100 copias del caset re-editado y remasterizado se están distribuyendo, en disquería Tres Oídos, que queda entremedio de las Torres de Tajamar, cerca del puterío VIP de Passapoga, y que sólo abre jueves y viernes de 16 a 20, y sábado -no recuerdo el horario- (o sea que con razón siempre que paso por ahí está cerrada).



SUPERSORDO, “Supersórdido”, caset, 1992.

Me cuentan que debido al afortunado hallazgo de una caja con carátulas por Claudio (que era el vocalista de la formación noventera conocida como Supersordo), habrá una reedición remasterizada en caset de esta vieja gloria. Buen momento para comentarla entonces, en base a la escucha de los audios ya trabajados por el maestro sónico, el ingeniero Gomberoff. Excelente hallazgo en todo caso: me hizo recordar que gracias a uno de Mick Jones hace unos cuantos años pudimos conocer como sonaban originalmente las canciones del “London Calling” (la verdad es que sonaban harto más pobres sin toda esa producción de Guy Stevens, pero en fin: ¡son materiales sagrados y uno quiere saber cómo fueron evolucionando!).

Antes de poner play recordé que yo tenía este caset, pero lo dejé ir. Mi memoria retrocede, 25 años y…llego hacia esos extraños y primero abúlicos años que ahora llaman de “postdictadura”. La transición, o transacción, que nunca acababa, y aún al día de hoy tengo dudas de si alguna vez en realidad acabó.  

Lo cierto es que para ese entonces yo recién me había separado de una larga militancia izquierdista (dos años en la JS, 1 año en las JJCC, y 4 años en el trotskismo), me atraía el anarquismo que recién se estaba empezando a reorganizar tras décadas de ausencia, y uno de los amigotes anarcos que al igual que casi todos amaba a bandas como La Polla Records y también estaba bastante pendiente de la actividad de Fiskales y otras bandas locales, llegó diciendo que había visto junto a Fiskales una banda nueva realmente diferente a todo el resto, que se llamaba Supersordo. Tomé nota, y el nombre me llamó mucho la atención….poco tiempo después andaba perdiendo mi adolescente tiempo (ese año de 1992 cumplí 21 años de edad, lo que hasta ese entonces era la “mayoría de edad”…y justo en ese momento modificaron las leyes y la bajaron a 18: o sea, me perdí como 3 años de mayoría de edad, pero no se preocupen: he tratado de recuperarlos hasta ahora, y creo aun ser más o menos fiel a lo que fui entre los 18 y los 21 años). Bueno: estaba yo perdiendo el tiempo en Eurocentro…deben tener en cuenta que en esos años no existía internet, nadie había visto ni un celular ni un computador, y la música sólo la podías encontrar buscándola en disquerías, caseterías, o en las piezas de los amigos…Aparece en vitrina el caset, todo amarillo con unos dibujos en negro, bajo el sello de Toxic records (o no recuerdo si sólo hacían la distribución) y un precio razonable que también ya olvidé pero debe haber sido algo así como dos lucas.

Lo compré, y el tipo de la tienda me dijo algo que luego hablando con los miembros de la banda nunca pude verificar de a dónde sacó: un tipo rapado al cero con una polera que decía S.S., así como en el estilo de letras usada por la famosa organización nazi, era quien los distribuía, y decía que SS era por Super Sordo. ¿Mito urbano? La cosa es que ninguno de los cuatro integrantes tenía puta idea de a quién se refería, ni de la existencia de una tal polera. El dato era bastante exótico, pues en esos tiempos ya pululaban varios skinheads nazis por ahí, aparecían en incursiones punitivas anti punk en varias tocatas, generalmente con éxito rotundo por el miedo que generaban, y hasta tuvieron encuentros con miembros de Supersordo, aunque en uno que me fue relatado y que habría ocurrido por ahí por el Bellas Artes, los fachos salieron trasquilados…En el suelo quedaron trozos de un bate de béisbol que según cuentan tenía esvásticas dibujadas con lápiz pasta…Poco glamorosos los nietos de Hitler y Serrano.

En su momento puse play al lado A, que parte con un extraño instrumental con aullido llamado “Represión espacial”, y re-escuchando ahora  tengo la misma sensación de que en base a ese puro tema no da aún para hacerse una idea de lo que iba a ofrecer este combo durante su destacable existencia. Más clara queda la cosa cuando pasan a “Terrorismo terrestre”. Si bien “la crítica” hablaba entonces y ahora de las influencias de Sonic Youth y Black Flag, a mí me parece que la más notoria era la de Scratch Acid/Jesus Lizard, tanto instrumental como vocalmente hablando. Pero lo más llamativo era la lírica: hoy en día no es nada excepcional toparse con rayados tipo “HUMANX PLAGA” o “+ GATXS, - PERSONAS”, y hasta ha surgido toda la derivación “ecoextremista” del anarquismo insurreccional, que defiende el atentado indiscriminado contra personas, y que celebra terremotos y nevazones como manifestación de “la naturaleza salvaje”. Pero en ese entonces no había nada de eso, y por eso sorprendía tanto que después de referirse a una represión en el espacio, SS diera expresión a la revancha de la Tierra contra los humanos: “tú la estás tratando de matarrrrrrrr, pero ella se sabe defenderrrrrrrr” y “muchas veces pagan aquellos que no deberían hacerlo” grita Claudio, con su chillido característico y la banda insiste e insiste en un riff que incluye un poderoso efecto de “bajón” al ir descendiendo en la escala de notas y del sonido hacia las catacumbas sónicas de esta extraña forma de rock de los 90.

El tercer tema, “Rompe el hielo”, me imagino que era una especie de declaración de principios juveniles del momento, y siempre me pareció un poco inocente, al menos políticamente. El vocalista se pregunta “cuando acabaremos con la irracionalidad y construiremos en vez de destruir”, y además anuncia que “llevaremos flores a los muertos por ideología”. Yo y mis amigos en cambio creíamos que era necesario destruir primero, y quedaba (sigue quedando) mucha labor de demolición por hacer (tanto en la crítica teórica como en la crítica práctica). En esos años el encapuchamiento y las “salidas” (a la calle) seguían siendo una actividad central, no tan minoritaria aún, y a todos nos encantaba. Nos gustaba tanto que al menos en Macul con Grecia, cerca de mi casa, se practicaba puntualmente todos los jueves. Demostrábamos nuestra energía vital en continuidad con los 80 y marcando así nuestro rechazo y profundo asco por Pinochet, Aylwin, la transición, democretinos, sociolistos, el P”C”, etc. Y nos preocupaban nuestros muertos (no eran pocos) pero ciertamente que no queríamos homenajear a todos los “muertos por ideologías”, que en rigor deberían haber incluido en la lista al senador Jaime Guzmán y a otro puñado de fascistas que de una u otra forma fueron ajusticiados en esos años…Tampoco nos gustaba mucho esa canción ska de los BBs Paranoicos donde hablaban de los “rojos populares” y los fachos como equivalentes, aunque estábamos claros en que morir por la patria era propio de sacos de huevas (“Muere por la patria sacoehuea!”. Esa parte sí que nos gustaba).

Pero tal vez desde el punto de vista de SS se estaban refiriendo a algo muy diferente. Pues en efecto en esos años la “escena punk” era bastante poco creativa. Se dedicaba más a venerar un par de bandas/pandillas locales, y a pelear con las bandas/pandillas rivales (y por lo general, a huir juntos entre todos cuando se asomaban los nazis o la policía). Habían pocos fanzines. Muchas bandas no editaban casi nada de material, y menos aún se les ocurría hacerlo de manera autogestionada. La onda punk, que llegó a Chile como una moda visual antes que con los contenidos políticos a ella asociados, vegetaba en actitud autodestructiva, y en ese sentido es que cuando el cantante irrumpe con “Rompe el hielo, hazte escuchar, grita grita grita!!! tal vez estaba en realidad llamando a tomar las armas de la creatividad.

En fin: esta canción sonaba un poco “grunge”, y eso era peligroso porque en esos tiempos fue cuando se puso de moda el “rock alternativo” y todos sus apestosos derivados. SS podía ser metido en ese saco por publicaciones de mierda como la Zona de Contacto (redefinida en general en la jerga callejera como la “Zorra de contacto”), aunque por supuesto eran un animal muy diferente, y eso quedaba claro a poco andar.

(El manuscrito se interrumpe aquí, por varias semanas…)


Seguimos…(putas que cuesta sentarse a escribir algo y terminarlo en un tiempo razonable (¿“Tiempo razonable”? jajajaja: ni me acordaba de esa vieja canción hardcore)):

OK, seguimos con el lado A de la cinta. Luego del tema anterior que como ya dije no es lo mejor del álbum, viene una de sus joyas: “El patio, el limón y las hormigas”. Supersordo abandona el terreno generacional más macrosocial/político para centrarse en un particular microcosmos: el mundo en que alguien puede ser “dios de las hormigas orinando desde un árbol”. Esa pequeña gran historia se entrega en formato de mini canción hardcore, no sonando para nada como Descendents o Minutemen pero en cierta forma en el mismo espíritu de crear universo entero a gran velocidad y dentro de muy pocos segundos de duración. Además, ¿qué ebrio o volado o simplemente contemplativo ser no se ha dedicado a pensar en cosas tales como la diferencia de escala y cosmovisión entre los humanos y los insectos, y los efectos en el entorno ambiental del “agüita amarilla”, generalmente propulsada por la ingesta de grandes cantidades de cerveza, cuando no queda otra que dejarla salir y caer en el mundo natural o artificial en que habitamos.

Después de esa miniatura tan disfrutable viene otro de los momentos clásicos de este álbum: el hit “Mi padre”, que en cierta forma es un equivalente más siniestro del gran himno de Descendents “My dad sucks”, pero en lenguaje ya no de HC punk rápido, sino que mucho más viscoso y oscuro. “Tengo miedo de mi familia, sobre todo de mi padre”. No es raro: de hecho, “famulus” designaba originalmente a un grupo de esclavos, y el pater familias de la antigua Roma era el único sujeto libre del grupo familiar, quedando todos los demás integrantes sometidos a sus diversos poderes (sobre la mujer, sobre los hijos, hijas y esclavos/as). Siniestro, ¿no? Y el mérito de SS es que en esos años todavía no era un tema tan central como ahora la cuestión de la llamada “violencia doméstica”. El Código Civil hacía todavía distinciones entre hijos legítimos e ilegítimos, y facultaba a los padres para “corregir y castigar moderadamente” a sus retoños. Pero criticar a la familia no era bien visto, y puedo declarar como testigo de oídas lo que me contaron diversos compañeros acerca de cuándo Supersordo tocó en el patio de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile en el contexto de unas pretenciosas semanas de “Arte en Derecho” que se hacían una vez al año. Mientras la banda se entregaba al arte del rock and roll oscuro interpretando este gran tema, les cortaron la energía eléctrica y hasta ahí nomás llegó su arte en derecho. Las malas lenguas decían que la iniciativa de ir a exigir que la cortaran (literalmente) con esto habría provenido de una chica hija de un famoso periodista, que ahora es la esposa del famoso opinólogo C. Warnken. Puede ser, puede ser…en esos tiempos yo ya me asomaba pocazo a ese antro leguleyo y prefería visitar los pastos del Pedagógico, donde la gente era mucho más interesante y se veía más y mejor lo que se choreaban entre todos en el supermercado de la esquina. Recuerdo en todo caso que esa chica usaba en su mochila el feo símbolo de la falange democristiana.

Así, casi sin darnos cuenta, a la canción “Mi padre” le sucede casi de inmediato “Inocente”, que si mal no recuerdo era el momento en que el bajista tomaba el rol de voz cantante, y en el coro le dice a una niña: “quieres ser dominada, aplastada, pisoteada…hasta el fondo, eso te gusta!”. No suena muy feminista para los estándares actuales, pero en fin: un texto es lo que es, y queda a uno interpretarlo como apologético o crítico o meramente descriptivo. (Nadie diría que “Corazones” de los Prisioneros es machista, o que los Dead Kennedys eran fascistas por haber hecho la canción “Maten a los pobres”, pero bueno: hay algún porcentaje de tarados que toma todo al pie de la letra y podría no entender bien estos mensajes. No es mi problema).

Y por si fuera poco, para terminar el lado A agregan las “Herbosas praderas del Tíbet septentrional”, que a mi juicio es uno de los puntos más altos a que llega la banda en toda su trayectoria, tanto musical como líricamente. O sea…cuantos otros ejemplos tiene uno de canciones que empiecen diciendo cosas como “Querida, por favor, dile a los chicos, que bajen a buscar un balón de gasssssssss”, y de ahí todo se sumerja en las profundidades del sonido que a estas alturas ya es SS en estado puro, un microcosmos de caos/orden siempre en tensión, y en donde finalmente interpelan al Padre Eterno que sería Dios preguntándole “¿por qué me has abandonado, si serví a la patria con tanto amor?”. Ahora uno escucha esto y piensa en los vejetes criminales de lesa humanidad apilados en el confort de la cárcel especial de Punta Peuco, pero en los 90, en esos años….¿en quién o en qué se pensaba? No lo sé, o simplemente no me acuerdo.

Ahora es cuando habría que dar vuelta el caset, y ponerle PLAY al lado B.

El lado B parte con “Avión a Cuba”. En otro texto reciente (“Barricadas a-go-go”, publicado autónomamente por 2&3 DORM Excursos, y junto a otros 3 escritos dentro del libro “1-2-3-4” de Ercilla ediciones, Buenos Aires) me he referido a la verdadera moda de secuestrar aviones para irse a lugares que en la Psicogeografía de la época eran vistos como centros revolucionarios. En Chile el año 1969 dos adolescentes “con gusto a leche” (como dijo la prensa) lograron desviar un avión hasta el norte de Chile, pero no llegaron a Cuba pues fueron reducidos por el propio personal aeronáutico y encerrados luego en una cárcel de menores. En Japón en 1970 un comando del autodenominado Ejército Rojo secuestró una aeronave y logró llevarla hasta Corea del Norte, donde todavía están, incluyendo al famoso ex bajista de Les Rallizes Denudes, Moriaki Wakabayashi. En fin: en el Chile de esos años por lo que recuerdo los únicos que pidieron “un avión a Cuba” fueron los asaltantes de una tienda de videos en Santiago centro, en el famoso incidente que diera lugar al film “Johnny Cien Pesos”. No les resultó, y fueron detenidos por la poco gloriosa y muy cerda policía uniformada de la República de Chile. Pero SS hizo esta canción, aunque nunca he entendido muy bien de qué se trata, y tal vez es mi imaginación ultraizquierdista nunca bien apagada la que me hace ligarla a estos eventos: “yo, me voy, con una condición, un avión a Cuba….desesperaaaaadameeeente”. Gran material.

Tras el paso del avión, llega “Come, trabaja, duerme”. Tal vez un título así encierra la mayor dosis de crítica social que uno podría dirigir a un sistema que en efecto consiste en nacer, estudiar, ver tele, trabajar, carretear, tener resaca, enamorarse varias veces, y después morir. (De hecho, la otra vez quería grafitear esa consigna en una pared cerca de mi casa, donde están construyendo algo que debe ser un edificio de mierda pero aún no sabemos. Los grafiteros de nuestro tiempo rara vez ponen algún contenido de algún tipo que valga la pena, y por lo general se limitan a marcar su “tag” tal cual un perro o gato marca la calle con sus meados. Finalmente no lo hice nunca, y ahora está rayado: “Tía Valeria, la extrañamos un montón”. ¡No se puede negar que hay un cierto mensaje allí! Pero no sé si valga la pena hacerle eso a una pared ya de por sí bien fea). El lado más existencial de las letras de SS asoma acá, para ser sucedido por más líricas interesantes en “Morir de amor”, canción con un riff que era un clásico instantáneo, y que no tiene mucho que ver con el hit del mismo nombre de Miguel Bosé. Amor y desamor mueven al mundo, y acá escuchamos al cantante decir: “Y sin embargo, tu amor es sólo un pretexto. La culpa fue de la inquieta angustia”. Mmmmm, no sé por qué, al releer esa frase me acordé de la lírica de King Gordo, que por cierto me atrevería a afirmar que debe haber bebido de esta influencia, aunque tampoco estaría 100% seguro de ello.

La “critica de la ideología” vuelve a ser tema en “Ismo”. Una nueva dosis de HC punk a lo Supersordo, donde en sintonía con una época que proclamaba el “fin de las ideologías” se despachan a varias, una tras otra: fascismo, terrorismo, nazismo, estupidismo, fisicoculturismo. Como ahora sabemos, finalmente la época aquella fue la más ideológica de todas: se proclamó la muerte de las ideologías más exóticas, para salvar la ideología en sí misma, que sólo triunfa completamente cuando ya no se le reconoce como tal, y se impone en tanto falsa conciencia como algo natural a todo el mundo. Nunca entendí mucho, eso sí, la parte donde dice “mamas de una ideología extranjera, que no encaja en el lugar donde tienes tus pies”. Me recuerda un poco la curiosa similitud entre el rechazo de Pinochet al “marxismo internacional” y los señalamientos de grupos mapuche radicales como la CAM y la RAM que rechazan al marxismo y el anarquismo como “ideologías revolucionarias europeas” (es decir, son críticos con los aportes del movimiento obrero clásico, pero no así con el concepto de “nación”, que de hecho reivindican a fondo). Como no soy ni nacionalista ni internacionalista sino que me considero un ser humano y punto, la cuestión de la “procedencia” de las tendencias, ideologías o modas me da un poco lo mismo (por ejemplo, he conocido izquierdistas que odian el jazz por ser “gringo”. No sé si frente a eso preferirían escuchar a los Huasos Quincheros…).

La quinta canción del lado B, “Posición de altura”, es una de mis menos favoritas. No sabría decir por qué…. “Yo no sé por qué hay gente que se siente superior. Yo no sé por qué será así”. Una vez más, la letra me parece de un candor algo ingenuote (no es una ofensa: así mismo he calificado a Les Rallizes Denudes, aunque no por las letras sino por ciertas estructuras melódicas que usan a veces, por ejemplo, en “The night of the assasins”). Y la música no está mal, pero no es el SS más denso que todos aprendimos a amar.

Sí que lo es en cambio, “Tan”, el tema final del lado y de la obra que estamos comentando (aunque en youtube veo que se llama “6 tan”. ¿Seitán? Estoy confundido….). Da la impresión de que SS trabajaba en los límites de la definición misma del “rock” en tanto forma estética, pero sin salirse totalmente de dicha entidad (o sea, no hay pretensiones de “post-rock”), sino que más bien dedicándose a hostigarla por distintos lados. Escuchando esto vuelvo a comprobar que es Scratch Acid su mayor inspiración o influencia, conceptos casi sinónimos, pero no totalmente: uno puede “inspirarse” por algo sin que necesariamente el resultado denote dicha influencia…en fin…es complicado…tengo calor, tengo sed, quiero dejar de sacar la vuelta en mi trabajo e irme a mi casa a fumar algo, huir de la luz solar, y sumergirme en un mar de ruido del tipo que alguna vez el guitarrista de esta formación denominó como “rock desgraciado”.

Un recuerdo final que asomó en lo que me queda de memoria: carreteando en 1994 con unos catalanes que había conocido en Granollers y el pueblo vecino de La Roca, sobre un auto escuchamos mi copia del caset a buen volumen, acompañados de una botella de champán que como no teníamos plata uno de los nuestros tuvo que ganar en una feria, en el tiro al blanco. Les gustó harto, así que me pareció justo dejárselos, para retribuir el que hayan sido tan buenos anfitriones que incluso me hicieron copias de dos albums esenciales del rock que yo no conocía todavía: “Raw power” de los Stooges y el primero de MC5. Así da gusto. ¿Qué será de toda esa gente?

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sábado, abril 14, 2018

Barricadas a-go-go: intro y capítulo 4. 


“Esta perspectiva no es exclusiva de Francia, sino que es internacional. Es el sentido total del movimiento de las ocupaciones lo que habrá que comprender en todas partes, cómo el ejemplo de 1968 desencadenó o elevó la gravedad de los problemas a través de Europa, América y Japón” (“El comienzo de una época”, Internacional Situacionista N° 12, septiembre de 1969).



JAPOS CAN´T?
El japonés más famoso de la historia de la música y cultura del “rock” no se hizo conocido en Japón sino que en Alemania Occidental: Damo Suzuki, con CAN, banda formada en la ciudad de Colonia en 1968, cuya nombre en sigla a veces se ha dicho que correspondía a Comunismo Anarquía Nihilismo ¿será verdad? Lo que sí es verdad es que en los inicios de sus andanzas el público alemán se reía de ellos porque no sonaban como el modelo de banda anglosajona de rock and roll, y les decían los “Can´t” –o sea, los “no les sale”, o algo así- (1).

Algo similar podemos decir de la japonesa más famosa: Yoko Ono, que se empezó a hacer conocida en Nueva York por su asociación con John Cage y el movimiento Fluxus de George Maciunas en la primera mitad de los 60, antes de hacerse archifamosa (y hasta odiada) por su relación con su tercer esposo: John Lennon de los Beatles, olvidando en general que Ono venía trabajando en el mundo del arte de vanguardia desde hace unos cuantos años.

Por supuesto que todos amamos a CAN con o sin Damo, y los camaradas de The Fall hasta cantaron sobre “ser Damo Suzuki” en un simpático álbum de los 80 (“I am Damo Suzuki”, en el álbum This nation´s saving grace, de 1985), y reconocemos la importancia de ciertos artefactos de Ono/Lennon como el álbum Fly (de 1971).

Pero ahora no queremos hablar de eso, sino que trasladarnos a la siguiente escena: el Japón de los 70, la década que a nivel global combustionó lento y sin parar desde el impresionante trienio 1967/8/9 hasta su explosión final hacia 1977, seguido de una derrota total que tal vez nunca se expresó más claro que en el orwelliano 1984, y después, 1989 (¡según algunos el 89 fue el 68 al revés!). En esta mitología destacan también los años 1971 (“estamos celebrando los 100 años de la Comuna de París” decían los de la Angry Brigade en algunos comunicados reivindicando atentados explosivos), 1973 (fracaso de la “vía pacífica al socialismo” en Chile, de la cual se sacaron lecciones tanto en el campo reformista como en el revolucionario), y cabe señalar que el 77 tenía un significado especial tanto para los punks como para los rastafaris (que creían que el Armagedón se iba a desatar el 7 del 07 del 77), como también para los comunistas radicales influenciados por Amadeo Bordiga, que según cuenta Francesco Santini en Apocalipsis y sobrevivencia profetizaban la revolución proletaria para ese año(2).

Poco es lo que se sabe de esa historia. Ni en su versión “artística” ni en si versión “política”.  Menos aún, en la perspectiva combinada, o sea, mirándola desde “el punto de vista de la totalidad”. O, como decían otros camaradas, desde una “crítica unitaria del mundo”, es decir, “una crítica pronunciada globalmente contra todas las zonas geográficas donde se haya instalado algún poder socioeconómico separado y contra todos los aspectos de la vida”(3).

Este texto intenta aportar a una reconstrucción del ambiente revolucionario de esos tiempos, centrándose en Japón, con sus tormentas de feed-back y barricadas a-go-go, empleando un concepto de “escena” que integra y supera la distinción entre arte y política. 

(…)

INFLUENCIAS OCCIDENTALES EN JAPÓN E INFLUENCIAS JAPONESAS EN OCCIDENTE. DISOLUCIÓN DE VARIAS BARRERAS GEOGRÁFICAS Y SOCIO-MUSICALES

“Soy más japonés que los japoneses” (Karlheinz Stockhausen).

Dada la hegemonía clara de formas de “música occidental”, nos guste o no, todas sus formas se mezclan y reciben diversas formas de uso, tergiversación y readaptación tanto en otros centros imperialistas como en todas las periferias a la larga …Los izquierdistas más reaccionarios chillaban de rabia al ver a los jóvenes distraídos con guitarras eléctricas y dejándose el pelo largo. Pero en Japón aquí y en la quebrá del ají se desarrollaron en estrecha competencia dos fenómenos inevitables: expansión de la contracultura como una variedad de crítica radical de la vida cotidiana/mercantilización y a la vez intentos permanentes y sistemáticos de neutralización de dicho potencial crítico de la cultura juvenil, como maniobra ya especializada de la industria cultural (el último y más claro caso: véase como manejó al PUNK, pero así y todo, los resultados son ambiguos y ambivalentes…)(4).

A grosso modo uno podría señalar que en retrospectiva la mayor influencia sónica que dejó la producción de artefactos musicales a inicios de los 70 puede sintetizarse en los ejemplos de Black Sabbath y John Coltrane. En ambos casos, trato de dejar de lado mis gustos personales: me concentro en lo que creo sintetiza mejor el nivel de desarrollo de las “fuerzas productivas estéticas” de esa época, y que yendo mucho más allá que su envase meramente comercial, eran dos tipos de materiales que emblemáticamente llamaban a mucha gente a atreverse a explorar el sonido, sea con un “cuernófono” (no me refiero bajo esta denominación al teléfono de los Picapiedras, sino que a cualquier tubo o material natural o sintético que sirva como base de un instrumento de viento, artefacto que tiene a su favor el hecho de poder hacer harta bulla sin necesidad de enchufarlo a la corriente eléctrica, a diferencia de la instrumentación usual del rock), o con el formato clásico del combo de hard rock: guitarra, bajo, batería y micrófono de voz (5). Si Ud. discrepa de mi elección se puede acudir a alguna otra dupla de combo rock e instrumentista de jazz: Ornette Coleman y Stooges, Velvet Underground y Miles Davis, MC5 y Eric Dolphy, The Who y Cecil Taylor, etc. Aunque no: Cecil Taylor toca piano, no vientos. En fin. La idea es la misma.

Para el caso de la (contra) cultura japonesa de esos tiempos, por alguna razón, y tal como lo ha destacado en entrevistas el señor Keiji Haino, por alguna razón insisto la dupla más influyente y mítica fue la de Blue Cheer y Albert Ayler. A medio camino entre ambas vías  se citaba también la influencia de los alemanes de Guru Guru (un caleidoscopio de rock ultradenso pero humorístico y fragmentado a morir, nunca superado en los niveles de expresión que alcanzan sobre todo en el álbum UFO de 1970 (6), y en menor medida en Hinten de 1971). Y no me cabe duda de que por ahí van las influencias expresadas notoriamente en agrupaciones de Haino como Lost Aaraaff y Fushitsuha (proyecto que mantiene hasta el día de hoy).

De todas formas, si no todos los japos de que hablaremos eran seguidores entusiastas de Ayler, es fácil imaginar el impacto de la gira que hizo Coltrane en 1966, que está documentada en una caja de 4CDs, con una formación propia de su última y más furiosa época (en vez del cuarteto clásico: Pharoah Sanders en saxos tenor y alto; Alice Coltrane en piano; Jimmy Garrison –sobreviviente del cuarteto- en contrabajo; Rashied Ali en batería). En este set la famosa y adorada “My favorite things” (versión de Rodgers-Hammerstein) dura 57 minutos y ocupa el cuarto CD entero. En los 44  minutos de “Leo” en el disco tercero Trane y Pharoah se dan tiempo hasta para retarse a duelo con los saxos altos que les acababa de regalar Yamaha…

El power trio Blue Cheer es algo más antiguo que Black Sabbath, y fueron los auténticos pioneros del sonido del heavy metal, pero por la influencia avasalladora de los chicos de Ozzy (junto a otros megavendedores de hits como Led Zeppelin y  Deep Purple), terminaron siendo injustamente relegados a un lugar casi de culto (junto a otras dos grandes B del género Heavy Metal: Budgie, y Blue Oyster Cult). Lester Bangs alababa el efecto sonoro de la ineptitud de la guitarra, y por esa vía los ubicaba entre el panteón de los pioneros del Ruido Horrible. En A reasonable guide to horrible noise (1981) Lester decía que: “Estos tipos pueden haber sido la primera verdadera banda de heavy metal, pero lo que importa acá no es si Leigh Stephens dio nacimiento a ese gruñido de macho antes que Mark Farner –de Grand Funk- (ambos se lo robaron a Hendrix) sino que sus overdubs de guitarra sub-sub-sub-sub Hendrix se encuentran unos con otros tan ineptamente que convergían en una atonalidad realmente vivificante”. Sus dos primeros y más relevantes albums, Vincebus Eruptum y Outsideinside eran de 1968, justo el inicio del período que estamos analizando aquí, y tienen toda su marca registrada de uso/abuso del feed back y agujeros negros de puro ruido eléctrico.

Ayler podría ser visto como hijo de Coltrane, pero en realidad lo que más bien ocurrió fue un proceso de influenciamiento recíproco en el más alto nivel de la expresividad y creatividad individuales. Sin el sonido de Ayler, no podríamos ni imaginar el nivel de intensidad y expresión humana pura a que llegó Coltrane en su tramo final, justo antes de morir. Además, creo que es evidente que es la escuela ayleriana del free jazz la que mayor efecto de inspiración y contagio hacia otras formas musicales ha tenido…lo cual resulta evidente si escuchamos al Capitán Beefheart  y su Banda Mágica de fines de los 60, a los Stooges, MC5 y otras bandas que se atreven a incorporar el “chantofón” (7) a su sonido.
Pero en el año de nuestro señor de 1966 no fue sólo Coltrane quien visitó Japón, sino que ese mismísimo año fue la gira japonesa de los Beatles -con enorme despliegue policial dadas las amenazas de odiosos estudiantes reaccionarios y nacionalistas-, que hicieron 5 conciertos en que tocaron siempre el mismo set de 11 canciones (8), y la visita por un espacio más largo de tiempo del compositor alemán Karlheinz Stockhausen. No es posible exagerar el diferente pero de todas maneras profundo impacto de cada una de esas visitas ilustres en el desarrollo de la escena que estamos analizando aquí. Por si fuera poco, en 1962 había visitado la isla el compositor norteamericano John Cage, en el memorable evento titulado JOHN CAGE SHOCK, que entre otras cosas marcaron el debut de las performances de Yoko Ono. En esa ocasión, decidió poner micrófonos en los WC del baño del teatro en que Cage se iba a presentar, amplificando los sonidos en la sala. Las influencias van en todas direcciones: ya antes la música de guitarras de los Shadows y los Ventures había causado gran entusiasmo en Japón, de la mano de la fabricación de miles de guitarras eléctricas y el surgimiento del sonido eleki. La gira de los Beatles inspirará el surgimiento de decenas sino centenares de bandas juveniles que, por no poder pronunciar bien “rock and roll” (lock and loll) prefieren denominarse como “Group Sounds”. Mientras, tanto Cage como Stockhausen aprovechan de entrevistarse con el filósofo zen  D.T. Suzuki. En esos años John Lennon telefoneaba constantemente a Stockhausen, que acababa de tener una estadía en Gringolandia donde pudo ver en vivo a Jefferson Airplane y declarar que le habían “volado la cabeza”, y dos de cuyos discípulos en Alemania eran los miembros fundadores de CAN (9), y en el Album Blanco de los Beatles se incluye la magnífica pieza de musique concréte llamada Revolution N° 9

Todas las barreras del mundo separado se empezaban a derretir, lo cual parece un signo claro de épocas revolucionarias.

En todo caso, no sería una visión completa fijarse tan sólo en la influencia que va desde el Oeste al Este, sino que hay que tener en cuenta el largo proceso, muy bien descrito por Julian Cope en su libro, que va también en un sentido opuesto, que comienza ya a inicios de los 60, y que deriva en una especie de obsesión occidental por todo lo orientaloide en general (estética, filosofía, música) y lo japonés en particular. En ese proceso juegan un rol importante no sólo los artistas sonoros y/o visuales como Yoko Ono y su primer esposo, Toshi Ichinayagi (un pianista de formación académica rigurosa y discípulo de John Cage, que fue el primer artista en interpretar las obras de Cage en territorio japonés, y que como veremos luego de su proceso de psicodelización terminó colaborando con bandas como los Flowers), además de formaciones tan singulares como el Group Ongaku y después los Taj Mahal Travellers, sino que también colectivos de arte subversivo como los Hi-Red Center, uno de cuyos miembros, Genpei Akasegawa, fue perseguido, juzgado y condenado por “falsificar” moneda japonesa como parte del sobre en que se enviaban invitaciones a una de sus exhibiciones en Tokyo.

Los Hi-Red Center a su vez influyeron al movimiento Fluxus de Nueva York, donde fueron invitados por Maciunas en el año 1966, ocasión en que difundieron un interesante poster/mapa de Tokyo con las acciones directas urbanas que habían realizado desde 1963, además de ejecutar las propias en Nueva York, incluyendo su detallada operación de limpieza de la calle en Grand Army Plaza, dejando su sello: pintar una parte de la plaza con su color rojo característico.



1.- El mito dice que Jaki Liebezeit y Holger Czukay (respectivamente baterista y bajista de Can) encontraron a un raro personaje japonés cantándole al sol a guata pelada en una plaza en Munich, justo el día que tenían que dar un concierto en dicha ciudad, y a ambos les pareció adecuado invitarlo a cantar, sin ningún ensayo previo. Damo reemplazó así al vocalista afroamericano Malcolm Mooney, que había acompañado a la banda en los primeros tiempos dejando su registro en excelentes albums como Monster Movie y Delay 1968 y que tras severos problemas de salud mental se devolvió a EE.UU. En la cumbre del sorpresivo éxito que empezó a tener la banda, entre 1970 y 1973, Damo se casó con una testigo de Jehová alemana y abandonó el rock and roll por un buen tiempo. Para la posteridad quedó su participación en albums como el doble LP Tago Mago (1971), Ege Bamyasi (1972) y Future Days (1973). En el álbum Soundtracks (1970) hay temas con Malcolm y temas con Damo. Para una historia de la banda es recomendable el capítulo “Can: No Führers” en el libro Future Days. El krautrock y la construcción de la Alemania moderna, de David Stubbs, publicado en inglés el 2014 y en versión española en Argentina por Caja Negra, 2015.

2.-Siguiendo la periodización mencionada más arriba, en 1971 se cerraba el ciclo abierto en el 64 por las revueltas de los negros y el movimiento de los derechos civiles en los Estados Unidos. Se abría una nueva fase de espera, que sin embargo según la percepción de los revolucionarios, debía ser breve: el 68 había reabierto la era de las revoluciones. Sobre todo Detroit (1967) demostraba que los Estados Unidos eran el nuevo epicentro de la revolución mundial (contra las previsiones de Bordiga), aunque Danzig y Stettin (1970) confirmaban por otro lado la importancia de “la zona alemana” (con Bordiga). Es cierto que la teoría es previsión o no tiene razón de ser; pero la profecía basada en cálculos exactos de los ciclos de crisis, tal como fuera formulada por Bordiga en los años cincuenta, se convirtió para nosotros en un “artículo de fe” tomado medio en serio, por cuanto venía a resolver todas las dudas teóricas: una profecía mencionaba el año 1975; otra, más precisa y específica, indicaba el 77 como la fecha de una crisis y de una violenta convulsión del capitalismo: para nosotros ésta era, sin más, la fecha de la revolución”. Francesco Santini, Apocalipsis y sobrevivencia. Consideraciones sobre el libro Critica dell’utopia capitale de Giorgio Cesarano y la experiencia de la corriente comunista radical en Italia, Comunización ediciones, 2016, pág. 61.

3.- “Definición mínima de la organización revolucionaria”, en Internacional Situacionista N° 11, octubre de 1967.
4.- Para el caso de los hippies y la contracultura de los 60, en relación a la cual el punk funciona en parte como negación/realización superadora (“aufheben”), valga conectar este texto con una interesante nota hecha por el traductor del libro de Santini ya referido: “El movimiento de rebelión que se desarrolló en norteamérica desde fines de los 40 hasta la segunda mitad de los 60 estaba fuertemente arraigado en las tradiciones sociales oprimidas del continente: la cultura negra, las cosmovisiones aborígenes y el movimiento obrero de los wooblies, lo que quedó de manifiesto en su literatura, su música y el modo de vida que inspiró a los jóvenes. Naturalmente, tales expresiones “culturales” fueron convergiendo cada vez más con la insubordinación social expresada sobretodo en el movimiento contra la guerra de Vietnam. La recuperación política y publicitaria de este movimiento, bajo la forma del “underground” (sumada a la sangrienta represión de algunos de sus componentes más radicales),tuvo algunos momentos reveladores: la veloz decadencia del distrito contracultural de Ashbury Heights en San Francisco; el autista festival de Woodstock y el incidente de Altamont, donde el “poder de las flores” derivó en una violentísima batalla campal entre hippies dopados; la alocada historia de intrigas que implicó a Andy Warhol, Valerie Solanas y el «Manifiesto SCUM»; etc. Estos episodios ocurrieron mientras estaban en funcionamiento las operaciones MHCHAOS y COINTELPRO de la CIA, ambas diseñadas para neutralizar al movimiento contestatario. Se sabe, por ejemplo, que la CIA mantuvo estrechas relaciones con personajes underground como Timothy Leary y Gloria Steinem (apóstoles de la liberación sicotrópica y del feminismo, respectivamente) y que tuvo mucho que ver en la proliferación de drogas desestructurantes y contenidos culturales reaccionarios encubiertos bajo una apariencia emancipadora”. F. Santini, Apocalipsis y sobrevivencia, Comunización ediciones, 2016, nota 14, págs. 94-95.

5.- En rigor esa es la instrumentación básica del “rock pesado” en sus diversos formatos. Debo la aclaración sobre este punto a mi hijo, que cuando tenía como dos años de edad una vez me dijo: “para tocar ´Iron man´ se necesita una guitarra, un bajo, batería y xilófono”. Yo lo refutaba diciendo “no hay xilófono en Black Sabbath!”, hasta que me di cuenta que por “xilófono” él quería decir “micrófono”…Y tenía toda la razón: el instrumento o artefacto que usa el vocalista es el micrófono, y todo el rock (a pesar de la moda relativamente reciente de los unplugged) se basa en las posibilidades de la voz amplificada.

6.- Es difícil describir la música en palabras, pero acudiré a David Stubbs que ya refirió este álbum de manera bastante adecuada: “Hay fragmentos de wah-wah que se pierden, ruidos no identificables ahogados en montículos de grava. Llegado cierto punto, uno se encuentra vadeando en un agua oxidada sumergido hasta la cintura. Es un  ruido de rock crudo apenas modificado, sometido al mismo tipo de aniquilación por abstracción que se había abatido sobre el jazz en su fase histórica terminal ‘free’. Crescendos ensordecedores escalan a una confrontación brutal con los escombros recién dinamitados de todos los preconceptos sobre la forma, la dirección y el origen del rock (…)”. En cuanto a comparaciones, Stubbs dice que “partes del disco hacen que Throbbing Gristle suene como Depeche Mode”, y que “solo en años recientes, en su fase tardía y de madurez –y aún así solo en sus márgenes exteriores, a decir verdad, el metal se ha acercado a una forma similar de tocar, a algo de esta intensidad y densidad viciosas” (Krautrock, págs. 311 y 312. Al igual que Can, Faust y Amön Düül, Guru Guru era una banda-comuna.
7.- Chantofón: 1.- Un saxofón tocado chantamente. 2.- Un instrumento de viento  con lengüeta relativamente precario al que no le da para ser considerado en propiedad un saxofón.

8.- Partiendo todas las veces con su versión de “Rock and roll music”, de su majestad Chuck Berry. Debo señalar que cuando redacté esta parte de mi escrito el 17 de marzo de 2017 estaba convencido de que Berry había muerto hace poco, así que había agregado “Que En Rock and Roll Descanse” y  cuando buscaba en internet los años de nacimiento y muerte para poder referirlos a continuación me di cuenta de que no había muerto. Más grande fue mi sorpresa cuando un par de días después vi en la televisión que acababa de morir, el 18 de marzo. Así que ahora sí que sí: Chuck Berry, QER´n’RD, 1926/2017.

9.- Holger Czukay y Jaki Liebezit (Q.E.R’n’R.D, 1938/2017).

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Ya no me acuerdo bien de cuales capítulos se habían subido a medida que el texto estaba quedando listo. Creo que estos faltaban, además de la despedida y postscriptum (ya vienen, ya vienen). Hasta el Presidente-Delincuente anda hablando huevadas sobre 1968, así que se hace urgente difundir contra-verdades básicas,  como una especie de Banalidades de base. 

Hay un Ciclo de cine sobre el 68, todos los lunes en Proyección, que a diferencia de la Falsificación afrancesada que gustan celebrar casi todos, de entrada define ese período desde una dimensión global.. Veamos qué pasa.



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