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miércoles, mayo 13, 2015

Primer sesión Taller 1000/No master´s voice 



Taller 1000: resumen y acuerdos de la PRIMERA SESIÓN.

Tras aportarse datos sobre la época y contexto de surgimiento del MIL (fines de los 60, principios de los 70), y su relación con las luchas de su tiempo, leímos y comentamos el “prólogo inédito” y el primer capítulo, sobre “teoría revolucionaria”. Destacamos varias cosas al leer esas partes, pero no es ésta la ocasión de comentarlas.

Para la presentación de datos sobre el grupo 1000/GAC, nos basamos sobre todo en el texto de Sergi Rosés: “Un esbozo de la historia del MIL” (http://www.mil-gac.info/spip.php?article118 ).

Para la segunda sesión se quedó de traer leídos los capítulos 2 a 4:


- La “misión histórica” del proletariado;


 Estos capítulos serán brevemente expuestos por compañerxs y luego debatidos entre todxs.

(En el PDF subido en la página MIL/GAC, lo que hay que leer va entre las páginas 6 y 14): http://www.mil-gac.info/spip.php?page=article_es&id_article=147

Léalo y  venga con nosotrxs  este viernes  15 de mayo a las 18:30. Habrá mate, tecito y tal vez pan con palta. Para no llegar tan desenchufadx, lea al menos el texto de Rosés.



Para que no se aburra, nada mejor que escuchar por mientras un clásico del anarco-punk australiano, el cassette NO MASTER´S VOICE, de End Result, 1984.

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martes, mayo 12, 2015

36+68: 1000. Comentario en "Revolución hasta el fin N° 0". 

36+68=1000. Revolución hasta el fin y otros textos del MIL. Ediciones Pukayana. 2013.



(Comentario en RHF N° 0:http://hommodolars.org/web/IMG/pdf/Revolucion-hasta-el-fin-01_.pdf )

Dentro de la historia de la lucha de clases existen bastantes opacidades. Desde la instalación de dos bloques que administraban el mundo, donde la diferencia esencial se encontraba en el color de las banderas y no precisamente en el contenido de las relaciones sociales que las constituían, se estableció un silencio respecto a las voces criticas con lo que se suponía era la realización de la critica critica: la URSS y todo el bloque del este.

Quizás a estas alturas patear en el suelo a ese capitalismo de estado que se hizo llamar “socialismo real” pueda resultar poco decoroso, casi como patear la cabeza de un perro muerto en la calle. En este lado del mundo nos enteramos bastante tarde que durante esos años en que la humanidad se preocupaba por el “dedo que apretara el botón”, existían voces que se levantaban para combatir en la practica esa falsa concepción que hasta el día de hoy se enquista en las cabezas de muchos proletarios:que el llamado bloque del Este era lo que Marx había pensado. La izquierda alemana, italiana, holandesa, el consejismo, los situacionistas, socialismo o barbarie, etc. Toda una corriente de pensamiento que los dos bloques capitalistas intentaron liquidar. Un conjuro sobre aquello que venia a desarrollar la critica al “mundo libre” y los “estados obreros”.

La riqueza de ese pensamiento no la expondremos aquí. Solo pondremos el acento en como existió un sector del proletariado que no petrificó la crítica para convertirla en ideología, sino que la siguió desarrollando. ¿Para que hablar de ellos tantas décadas después? Bueno, no nos interesa realizar un comentario sobre alguna obra de museo. La mera existencia del capitalismo en su periodo espectacular y el parto de ese engendro llamado “Socialismo del siglo XXI” hacen que este pensamiento, por su propia esencia, no pueda aquietarse para ser observado. Para eso resulta importante recuperar una memoria que lejos de ser representación de un pasado, ha de ser crítica viva de un presente que en sus formas ha cambiado pero no en lo que lo hace ser lo que es: el capitalismo como dictadura del valor. De ahí que la publicación sobre el MIL sea un potente alimento para el anti capitalismo comunista-anárquico.

Pero hay que tener cuidado. Si algo sabe hacer el capital es recuperar lo subversivo para volverlo una mera imagen inofensiva, carente de contenido y validando una forma estética que transgrede los limites precisamente establecidos para transgredir. Esta advertencia tiene que ver precisamente con el libro sobre el MIL. Existe una película llamada “Salvador”, en relación a uno de sus integrantes, en donde se los presenta como luchadores antifranquistas y todo se centra en la condena a muerte de Salvador. Muy lindo. Pero la cuestión es distinta, con sus contradicciones y aspectos lúdicos.

Quitada esa romántica visión no les vamos a dar un resumen del libro. Tampoco les diremos “léalo y guárdelo en su pieza”. No. Evite considerar lo que leerá como un “saber”, una representación externa. Piénselo, vívalo. Y planteémonos una de las grandes problemáticas que podríamos instalar: la dicotomía entre teoría y práctica. Y es que el MIL era un grupo armado, realizaba expropiaciones y con ello buscaba financiar las luchas obreras como realizar una biblioteca socialista. Pero por otro lado desarrollaba el pensar del proletariado. Es ahí donde llama la atención para la visión común que se tiene sobre los grupos armados. Análisis sobre las huelgas, la situación en Europa y demases se coronan con el texto “Revolución hasta el fin”, donde nos encontramos con una bella lucidez en el análisis del capitalismo: el desarrollo sin dogma de cuestiones tales como la “mercancía” o “el proletariado”, la publicidad y el mercado mundial; resultan cuestiones vitales para nuestra propia practica, para nuestro propio pensamiento.

Con esto no estamos afirmando que la problemática que consideramos nos invita el libro se encuentre solucionada al mencionar este aspecto de desarrollo “teórico”. Al revés. El MIL, dicho groseramente, se componía de algo así “los teóricos” y “los expropiadores”. Nuevamente aparece la separación, esta vez dentro del mismo grupo. Lo valioso claro esta, es que conformaban una unidad. Pero dentro se volvía a reproducir esta dinámica dicotómica. Entonces por una parte nos encontramos con una expresión del proletariado en la que se reunía la necesidad de la violencia política como la necesidad del desarrollo de todo un corpus categorial (para comprender y actuar sobre las relaciones capitalistas) que esta en constante movimiento. Ambas necesidades parecen petrificarse en ideología cada vez que algún sector agrupado del proletariado intenta subvertir el orden capitalista. Y es que cuando hablamos de un “desarrollo necesario” nos referimos a un devenir del ser proletariado hacia su negación.

Pero cuando anteponemos voluntades individuales que buscan “organizarse” en términos cuantitativos, esta necesidad queda abolida. Es aquí donde encontramos otro aspecto importante de la lucha del MIL: liberar la necesidad del proletariado en su negación para afirmar su libertad. Lo que en otras palabras es desarrollar una crítica practica unitaria. Pero retomemos lo anterior. El MIL como unidad es la expresión del proletariado negándose, si consideramos las necesidades ya expuestas como básicas para aquello. (Y lógicamente admitiendo la simplicidad del argumento). Pero en su interior reproducía cierta división de tareas. ¿Qué podemos pensar frente a esto? ¿Acaso todos debemos tener la capacidad de desarrollar la critica como empuñar un arma? ¿Es posible? ¿O el proletariado como clase se separa en tareas pero se mantiene unificado en su lucha, sin que esto lleve a una petrificación del todo?

No somos quienes para responder aquello, quizás si asumir una posición. Esta problemática no debe dejarnos pasar por alto un aspecto que puede derivarse de lo anterior: su auto-disolución. El grupo decide disolverse cuando se considera alejado de las luchas reales. ¿La misma “división” de tareas puede llevar a un aspecto inorgánico dentro de la agrupación que termine en esto? La auto-disolución de todas maneras resulta valiosa: cuando actuamos ya por la simple rutina del actuar y sin un compromiso con las luchas reales, terminamos justificando nuestra propia existen cia en lo que hacemos. Es ahí donde hay que dotarse de nuevas formas de lucha. EL MIL es una dislocación, como muchas otras, en la marcha triunfal del capitalismo. Pero como tal, es evidencia que las contradicciones en las que se sustenta el capital son a su vez el germen de la expresión de fuerzas que tienden a su abolición. Esta dislocación es entonces un momento de la lucha de clases, y la lucha de clases corroe toda la historia. Esta anomalía para el capital es la molesta negación en la cual se basa para mantenerse con vida pero que al mismo tiempo es la condición de su destrucción.

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jueves, mayo 07, 2015

Permanece a mi lado (Alfred Tennyson) 













Permanece a mi lado, cuando se apague mi luz
la sangre se arrastre y mis nervios se alteren
con punzadas dolientes.
El corazón enfermo
y las ruedas del tiempo giren lentamente.
Permanece a mi lado, cuando a mi frágil cuerpo
le atormenten dolores que alcanzan la verdad.
El tiempo maníaco siga esparciendo el polvo.
Y la vida furiosa siga arrojando llamas.
Permanece a mi lado, cuando vaya apagándome.
Y puedas señalarme el final de mi lucha.
en el atardecer de los días eternos
en el bajo y oscuro borde de la vida.
Permanece a mi lado, cuando el camino se acabe.
Y lo recorrido no sea más que un recuerdo,
un instante suspendido en el tiempo, en la eternidad.
La verdad me alcance, y la vergüenza se rinda.
Permanece a mi lado, cuando todos se hayan ido.
La soledad me amenace,
y la oscuridad me envuelva.
Cuando el sonido de tu voz sea el último nexo con la vida.
tus ojos me miren y tus labios me besen.
Permanece a mi lado, cuando la vida me deje,
y no pueda cantar, y no pueda gritar.
Cuando las olas del mar no me lleguen
y la brisa desprenda la verdad de mis días.
Permanece a mi lado, cuando todo parezca sucumbir al hastío.
Y el tedio se canse y la esperanza no nazca.
Y la música se ahogue, callada, lenta, mojada,
en mi burlada garganta.

Permanece a mi lado para no perderte ahora,
para quererte siempre, y así protegerte
de la llama incandescente que derriba las puertas
y aplasta las vidas, dejándolas muertas,
en espantosa huida.

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Taller 1000 

Taller 1000: la revolución hasta el fin
DONDE: Pedro de Oña 88. Metro Irarrázaval.
CUANDO: 8 de Mayo de 2015, y todos los viernes del mes, a las 18:30.
LA REVOLUCION HASTA EL FIN (Movimiento Ibérico de Liberación, 1970) DESCARGAR: http://www.mil-gac.info/spip.php?page=article_es&id_article=147
Primera Parte
1.-EL PROBLEMA DE LA TEORÍA REVOLUCIONARIA Adecuar los viejos conceptos a las nuevas realidades. Maximalismo y minimalismo en la interpretación de Marx. Arcaísmo y modernismo, hoy. Liberar el presente del pasado.
2.- EL CONCEPTO DE “MERCANCÍA”. El capitalismo, reino de la mercancía. El fetichismo de la mercancía. Alienación del trabajo asalariado. La lucha contra la alienación.
3.- LA “MISIÓN HISTÓRICA” DEL PROLETARIADO. ¿Un malentendido histórico? Posiciones de autojustificación. Validez actual del Manifiesto.
4.-EL CONCEPTO DE “PROLETARIADO”. Explotadores y explotados. El oportunismo en torno de las clases medias. Proletariado y teoría revolucionaria.
5.- CONCIENCIA DE CLASE Y REVOLUCIÓN. El proletariado como clase alienada. Conciencia real y conciencia posible. El proletariado como “negatividad creadora”.
6.- LA “IDEOLOGÍA” ES EL OPIO DEL PUEBLO. La ideología como “cosificación”. Las “Tesis sobre Feuerbach” de Marx. Ideas separadas y poder. El espectáculo de la ideología, hoy. Alternativa al mundo de la ideología.
Segunda Parte
7.- LA CRISIS MUNDIAL DEL CAPITALISMO. No es una crisis únicamente económica. Acumulación y reproducción del capital. La tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Métodos artificiales de supervivencia del capitalismo. ¿Puede esta agonía prolongarse indefinidamente?
8.- LA “CONTRADICCIÓN FUNDAMENTAL” DEL CAPITALISMO HOY. La “contradicción fundamental” según Marx. Contradicción fundamental y Neocapitalismo. La “racionalidad” capitalista en crisis. La publicidad: la mercancía se ha vuelto espectacular. La automatización (en el original dice “automación”): un umbral tecnológico a franquear. Automación y límite a franquear.
9.- SOCIEDAD TECNOCRÁTICA Y AUTORITARISMO. La era del Bajo Capitalismo. Bajo Capitalismo y guerra. El modelo americano: tecnocracia y fascismo. España ante el modelo tecnocrático europeo.
10.- LOS PAÍSES MAL LLAMADOS “COMUNISTAS”. Debate sobre el llamado “bloque comunista”. La dictadura del proletariado. Sobre el “modo de producción asiático”. El “modelo soviético” como Capitalismo de Estado. La “guerra fría” y la coexistencia pacífica. Perspectivas revolucionarias.
Tercera Parte
11.- LA REVOLUCIÓN MUNDIAL DE LOS CONSEJOS OBREROS. Introducción. La dictadura del proletariado. Formas de organización de la clase. La revolución mundial de los Consejos Obreros.
12.- EL PROYECTO REVOLUCIONARIO. El “Consejismo” como coartada. Los estigmas del viejo mundo. Sociedad comunista.

¿QUÉ VENDEMOS? NADA!!!

¿QUÉ QUEREMOS? TODO!!!


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miércoles, mayo 06, 2015

Talleres 1848, Mes de Mayo 

NOTA: El Taller sobre el 1000 es a las 18:30.
Consideraciones finales del libro del M.I.L. "REVOLUCIÓN HASTA EL FIN" (1971)
"Consideramos alienada toda clase de actividad separada: el pensamiento, la cultura, el arte, la política, la vida cotidiana entendida como “vida privada” separada de la vida pública, el valor de cambio, el espectáculo de la mercancía, etc.
-Consideramos que el proyecto revolucionario es el intento de extirpar de raíz toda clase de alienación, con plena conciencia de que la alienación y la separación entre valor de uso y apropiación real tiene su más profunda raíz en la cosificación, el fetichismo, etc. inherentes en el reino de la mercancía; el Capitalismo es el
reino de la mercancía llevado a su punto límite, el grado máximo de cosificación y fetichismo, el estadio supremo de la alienación humana.
-Para que el proyecto revolucionario no sea desviado ni recuperado por el viejo mundo de la mercancía, del valor de cambio, de la alienación, etc. debe adecuar sus medios al fin que se propone; no es que el fin no justifique los medios, sino que el fin juzga, en la práctica, a los medios. Ello implica:
-A nivel de pensamiento: no puede lucharse contra la alienación bajo formas alienadas (separadas, fetichistas, cosificadas...).
-A nivel político: no puede lucharse contra el Capitalismo y todo el viejo mundo desde
dentro del sistema.
-A nivel organizativo: para poder llegar a plantear realmente una etapa transitoria hacia el comunismo, hemos de ser fiel reflejo de la auténtica sociedad comunista, incluso organizativamente.
-Las consecuencias de tales afirmaciones no son abstractas sino que se nos plantean a diario de forma muy concreta. En resumen:
-Rechazamos el reformismo, todo intento de luchar contra el sistema desde dentro del sistema.
-Rechazamos igualmente toda clase de grupúsculos, vanguardias, izquierdismos verbales, etc. en la medida que constituyen formas alienadas y recuperables de luchar contra la alienación y el viejo mundo.
-Rechazamos asimismo la constitución del pensamiento revolucionario en
“especialización” o “actividad separada”, en abierto desfase con el movimiento obrero real, desvinculado de su profunda problemática.
-No planteamos, en absoluto, una posición en la que el aporte de la obra de Marx sea “dogma”; nos limitamos a considerar más contundente el realizar una crítica del Estado, de la mercancía, de la alienación, etc. desde una reinterpretación de las auténticas posiciones de Marx y Engels que no a partir de elementales e ineficaces posiciones anarquistas-Nos desentendemos por completo del Capitalismo de Estado que, bajo el nombre de “socialismo” o “comunismo” detenta el poder no sólo de los Estados del bloque del Este sin excepción, sino también el de las
burocracias político-sindicales occidentales."


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lunes, mayo 04, 2015

Miserias de la industria cultural (por Cristóbal Cornejo). Publicado en Comunismo Difuso 2/3, 2012. 


¿Qué podría parecernos más bello que lapropagación e intensificación del incendio y elderrumbe de las condiciones actualesde sobrevivencia humana?

Cada cierto tiempo nos abruman con manifestaciones de arte espectacular como La Pequeña Gigante (Stgo. a Mil), la Trienal de Artes, el Día de la Música y otras plastas de nuestro tiempo. Ellas quedarán en nuestra memoria como claros ejemplos de un arte industrial y de un arte burocrático. Ambas ocurridas bajo el reinado del espectáculo integrado. Manifestaciones culturales como vivos ejemplos de la distinción existente entre un arte masivo y un arte elitista, entre un arte para masas y un arte para profesionales, aunque los convocantes hagan hincapié en el carácter “ciudadano” de dichos eventos. Y no es que creamos a priori que los organizadores sean mercaderes declarados o ególatras, iluminados e incomprendidos genios ocupando un merecido espacio en el debate cultural. No. Lo que ocurre es que la cultura en general, y el arte en particular, han devenido en cadáveres mil veces ultrajados por la necrofilia especialista. Lo que ocurre es que, siguiendo a Marx, bajo el régimen de propiedad privada capitalista el arte cae bajo la “ley general de la producción”, que configura una contradicción cada vez más sofisticada en nuestros días entre arte y capitalismo, producción mercantil y libertad de creación. No obstante, este hecho no es nuevo y los eventos mencionados no son más que ramplonas manifestaciones de un fenómeno históricamente constituido. Las primeras colecciones de arte comienzan a conformarse en el siglo XVI. Se inician como encargos de la nobleza, viajes de compra (tours, de los que deriva la palabra turismo), pero no es sino hasta la consolidada burguesía del siglo XIX cuando el coleccionismo masivo se hace patente y se vuelve grotesco en el siglo pasado con el sistemático saqueo nazi y la política de compra de arte patrocinada por el gobierno norteamericano tras la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, el interés que movía a unos y otros, burgueses y burócratas, “totalitarios” y “demócratas”, era la misma: acumular capital simbólico, status, prestigio social o nacional, incentivar el turismo cultural (que expande la tercerización del trabajo hasta hoy).

En otras palabras, la posesión de una mercancía de alto valorde cambio, nulo valor de uso; inservible, pero decorativa.

Tras la revolución burguesa de 1789, el artista se vio arrojado al mercado, tal como el resto de los artesanos (en progresiva proletarización); ahora con una libertad que realizar, pero lanzado al reino de la mercancía, en el que sus antiguos clientes cautivos (reyes, nobles, monasterios, iglesias, palacios, salones) ahora son quienes ponen los precios. Porque la nueva mentalidad exigió un mercado del arte, que separó a los artistas de su obra, mitificó al “genio” y la “obra maestra”, elitizó el acceso y producción de arte, alejó progresivamente a la clase embrutecida en largas jornadas de trabajo de las discusiones en torno a él, alimentó las apariencias y se coronó como la más siniestra de las mercancías hasta nuestros días.

Simplificando, en este escenario al artista le quedaban dos caminos: convertirse en el actual artista de becas y subvenciones del poder, la caricatura del artista “crítico” y profesional o, en el marco de la relativa autonomía, independencia y originalidad del desarrollo artístico, llegar a la conclusión de que es hora de cambiar la vida, más allá de lo estrictamente estético e integrar sus investigaciones a la lucha del proletariado por la destrucción de la sociedad de clases, es decir, integrarse a la crítica unitaria de las condiciones de vida, transformar el mundo, cuestionando la propia significación de la actividad artística y la de los contemporáneos, y las condiciones de la vida, en general.

Y no es que creamos que los/as artistas son una lacra. Es un sistema que los/as controla de manera objetiva y subjetiva, mimándolos y disociándolos del conjunto social, el que los hace no llevar la crítica hasta la raíz. A pesar de eso, sabemos que la complacencia frívola y el éxito (Warhol, el trivial mercader por excelencia, como ícono), motivan la reproducción del modelo de vida y la integración y recuperación de los posibles “revoltosos” al engranaje.

Las vanguardias históricas, especialmente el futurismo, dada y el surrealismo, fueron potentes gestos negadores de la triste historia garabateada más arriba, pero más triste resulta ver convertida hoy su lucha en una mercancía más, en decoración de museos, en vestigios de un asalto nunca perpetrado con éxito. ¿Qué pensaría el fantasma de Breton sobrevolando la galería Sotheby's en 2008, cuando se pagaron 3,2 millones de euros por nueve de sus manuscritos? Las vanguardias idearon y difundieron nuevos valores subversivos, pero fueron rápidamente trivializados por el poder dominante. La clave estuvo en lo mismo: esterilizar los descubrimientos al separarlos de la investigación global y de la crítica total. El mecanismo comercial y la especialización alejaron estos elementos del proletariado, evitando así la comprensión y utilización de estos gestos potencialmente revolucionarios por parte del movimiento obrero. Luego de esto, la mayoría de los artistas han optado por la primera de las opciones anteriormente enunciadas.


Las vanguardias nos dieron la posibilidad de negarlo todo y recomenzar. Hoy los artistas ni siquiera niegan, tan solo buscan y describen la miseria que encuentran o entregan elementos para una evasión colorida. Una crítica que se aísle del todo antagónico, que no entregue posibilidades, que hoy no pueden ser sino radicales, es reaccionaria. En el actual estado de descomposición del arte, nada mejor que enterrar el cadáver mil veces ultrajado: la crítica radical del mismo y del mundo como la mejor obra de arte, el comienzo de la obra de arte total. 

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domingo, marzo 29, 2015

Contra el arte. Comentario de Cristóbal Cornejo. 

Nuestro hermoso hermanito Cristóbal nos hizo llegar este comentario del libro "Contra el arte y el artista" hace unos pocos meses. Acá va.


Colectivo DesFasce,  Contra el arte y el artista. Autoedición, 2012

“Se trata de liberar a las obras de arte de su carácter de mercancía. Ya no basta con llevar un inodoro al museo, es necesario tirar el museo al inodoro, y con él a todas las instituciones que rigen y reglamentan este campo de la sociedad, incluidas sus autoridades (sean públicas o privadas)”.

Octava Hipótesis de Lucha

Desde un punto de vista anti-capitalista, el arte es una más de las expresiones del mundo separado, una particular forma de trabajo enajenada, porque parece ser el último bastión donde reside el puro placer, el trabajo como auto-actividad humana constituyente.

Las ideas contenidas en “Contra el arte y el artista” apuntan a la praxis: el decir es hacer (o des-hacer), y no sólo a una crítica que se conforme con denunciar, dejando las cosas tal como están.

“Contra el arte y el artista”, con erudición y profundidad heredadas de la sociología y la filosofía de enfoque revolucionario, está dirigido contra la institucionalidad del arte, contra “el campo” del arte y “el artista”, intentando reunificar aspectos claves de la vida, como son el trabajo -que sigue siendo esclavo- y el arte, que pudiendo ser una actividad  trasgresora y gratificante, hoy es otra mercancía y fuente de enajenación. 

Este texto –necesario todavía, incluso tras un siglo bastante nutrido en torno a estas reflexiones- apunta a rescatar lo subversivo del arte, su politización efectiva al abandonar el campo que hoy lo delimita, a recuperar la experiencia erótica que comparten el trabajo y el arte; y no a ir en busca de la “realización de la belleza”, término subjetivísimo y que identifica belleza con placer desde un enfoque ideal, no material, limitándose sólo a divagar sobre las formas, no sobre el contexto social de producción y circulación; sobre la economía política del arte.

En su repaso histórico, se remonta a mediados del siglo XIX, en el marco de la consolidación de la modernidad capitalista, la sociedad de masas, y el imperio de la mercancía sobre seres humanos y el entorno natural. Pero en relación al productor de arte va hasta el Renacimiento, cuando surge la figura del artista (o autor) y del “genio”, expresión de la división del trabajo y culmine de la especialización. En ese sentido, esta lectura se relaciona con la constatación de la Internacional Situacionista (y del libro de Debord “La Sociedad del Espectáculo”) y su crítica radical de la separación, desarrollada más adelante en uno de los capítulos del libro.

En su construcción de un programa de acción, el texto también describe las características de la Industria Cultural en términos de la Escuela de Frankfurt (o de Adorno), y dedica un capítulo al fetichismo de la mercancía –sostén mágico del capitalismo y del “aura” de la obra de arte burguesa.

Por otro lado, valora el aporte de las vanguardias históricas del siglo XX, especialmente del surrealismo, cuyo programa de abolición de la cultura afirmativa y de reconciliación arte-vida (y arte y política) se mantiene vigente en cuanto las contradicciones que denuncia aún se mantienen.

El texto, además, desmenuza descarnadamente la posición del artista en la actualidad, batido entre el arte espectacular y la burocracia de los fondos concursables, expresión de la alienación y mercantilización del trabajo creativo, lo que permite, a la vez, relacionarlo con lo que los situacionistas llamaban “recuperación”: “Nada se puede decir sobre un escenario auspiciado por una empresa o por el Estado que no se convierta en alimento de esas mismas máquinas”, develando, de paso, las lógicas del arte-denuncia, asiduo a criticar desde galerías y museos o a circular por los canales transnacionales (lo que hemos llamado el síndrome Rage Against The Machine).

Hacia el final se dedica a analizar los contenidos de las obras en un contexto de posmodernidad cultural o capitalismo avanzado, añadiendo más adelante algunas salidas a la lógica mercantil: gratuidad del gesto artístico e incorporación a circuitos de circulación que nada tengan que ver con el poder ni el mercado, los circuitos del don.

Una de las virtudes del texto es que, a medida que avanza, va haciéndose autocríticas en relación a sus propias tesis. “¿Por qué el arte debiese ser subversivo?, se pregunta, por ejemplo. Además los capítulos van concluyendo con distintas hipótesis de lucha o reflexiones esenciales para un programa y estrategia de desmantelamiento del campo del arte. Además, se agradece, la voluntad de ir más allá de ideologías y falsas dicotomías entre marxismo y anarquismo.

Walter Benjamin, en las primeras décadas del siglo XX, relacionó la producción de arte con las relaciones sociales dentro de un modo de producción, depositando su entusiasmo en el progreso técnico como herramienta revolucionaria; sin embargo este libro plantea la necesaria integración del contexto social de la obra, no sólo de la forma, contenido y técnica. Es decir, una obra como unidad: Contenido=Forma=Circulación=Producción, lo que nos alerta respecto de los falsos críticos, a la vez que nos permite imaginar otras vías de creación y comunicación de las expresiones humanas artísticas. “Contra el arte y el artista” es una necesaria contextualización histórica en medio de la estetización de la miseria (o de la política) y una sólida plataforma desde donde actuar en tiempos de descomposición como los que atravesamos.


El libro se encuentra para descarga googleando su nombre y ha sido re-editado en otras latitudes.

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viernes, marzo 20, 2015

Endnotes. Materiales para un balance del siglo XX 

Qué triste es tomar cerveza Mahou (puaj, pese a qué está muy helada, sabe a mierda) a las 00:42 de un viernes solo y con tan pocos intersticios del tiempo de trabajo que la "teoría comunista" queda reducida a una forma de vencer el insomnio.

Compruebo que la cita de Cream en un texto de troploin del año 2007 efectivamente es de Clapton/Baker/Bruce: "¿De qué va todo esto? Todos tienen la duda. No quiero irme hasta haberlo averiguado". NSU. Qué lástima que Eric Clapton se haya vuelto multimillonario y fascista (he leído varias veces que habló a favor del National Front a fines de los 70).  Nada del otro mundo en todo caso. ¿Este rock and roll escuchan Dauvé y Nesic? Vaya vaya.

"Mi reino no es de este mundo" (don Jecho, aka Jesús Christ).

Leamos un poco de teoría comunista. Y ya son las 00:51. Buenas noches. La familia duerme y las botillerías están todas cerradas. El orden reina en Ñuñoa:

Epílogo

Endnotes # 1, octubre de 2008: materiales preliminares para un balance del siglo xx

El debate que hemos reproducido aquí entre Théorie Communiste (TC) y Troploin (Dauvé y Nesic) gira en torno a la cuestión fundamental de cómo teorizar la historia y la actualidad de la lucha de clases y de la revolución en la época capitalista. Como subrayamos en la introducción, ambas partes del debate surgieron del mismo medio político en Francia durante el período subsiguiente a los acontecimientos de 1968; ambos grupos comparten, hasta el día de hoy, una concepción del movimiento que suprime las relaciones sociales capitalistas como movimiento de comunización. Según esta visión común, la transición al comunismo no es algo que sucederá después de la revolución. Al contrario, la revolución como comunización es en sí misma la disolución de las relaciones sociales capitalistas a través de medidas comunistas adoptadas por el proletariado que, además de destruir el Estado, supongan la abolición de la forma empresa, la forma mercancía, el intercambio, el dinero, el trabajo asalariado y el valor. La comunización, pues, es la producción inmediata del comunismo: la autoabolición del proletariado a través de la abolición por parte de éste del capital y el Estado.

Lo que distingue claramente la posición de TC de la de Troploin es la forma en que ambos grupos conciben la producción, o la producción histórica, de este movimiento de comunización. Ninguno de los dos fundamenta la posibilidad de éxito de la revolución comunista en una decadencia «objetiva» del capitalismo; ahora bien, la concepción de la historia de la lucha de clases que tiene Troploin, al igual que gran parte de la ultraizquierda en general, es la de un antagonismo fluctuante entre las clases, un flujo y reflujo de la lucha de clases de acuerdo con las contingencias de cada coyuntura histórica. En esta concepción más amplia, la lucha revolucionaria del proletariado parece sumergirse o se sumerge efectivamente en algunos momentos de la historia, sólo para volver a surgir en otros «picos» (por ejemplo 1848, 1871, 1917-1921, 1936, 1968-1969). Desde este punto de vista, en la actualidad estamos viviendo una recesión prolongada de la lucha de clases (al menos en los países capitalistas avanzados), y es cuestión de esperar a la próxima reaparición del movimiento comunista o a que el proletariado revolucionario lleve a término su labor subversiva: «¡Bien has hozado, viejo topo!» (Marx)

Así pues, para Troploin, el comunismo como comunización es una posibilidad siempre presente (aunque a veces sumergida), y aunque no exista garantía alguna de que se convierta en realidad, es un invariante de la época capitalista. Por el contrario, para TC la comunización es la forma específica que la revolución comunista debe adoptar en el ciclo de lucha actual. A diferencia de Troploin, pues, TC es capaz de basar de forma autorreflexiva su concepción de la comunización en la comprensión de la historia del capitalismo bajo la forma de ciclos de lucha.

Ciclos de lucha y fases de acumulación

TC historiza la relación contradictoria entre capital y proletariado sobre la base de una periodización de la subsunción del trabajo por el capital que distingue entre ciclos de lucha que corresponden a cambios cualitativos en la relación de explotación. Para TC esta historia está compuesta por tres periodos identificables en términos generales: (1) la subsunción formal, que terminó hacia 1900, (2) la primera fase de la subsunción real, que va desde 1900 hasta la década de 1970, y (3) la segunda fase de la subsunción real, que abarca desde 1970 hasta el presente.

Es importante destacar que para TC la subsunción del trabajo bajo el capital no es una mera cuestión de organización técnica del trabajo en el proceso de producción inmediato, en la que la subsunción formal va de la mano de la extracción de plusvalor absoluto (a través de la prolongación de la jornada de trabajo) y la subsunción real va unida a la extracción de plusvalor relativo (mediante el aumento de la productividad mediante la introducción de nuevas técnicas productivas que permitan a los trabajadores reproducir el valor de sus salarios en menos tiempo y producir así más plusvalor en una jornada de trabajo de una magnitud dada). En la concepción de TC, el carácter y magnitud o grado de subsunción del trabajo bajo el capital también están determinados, y quizás de modo fundamental, por la forma en que ambos polos de la relación capital-trabajo, es decir, capital y proletariado, se relacionan entre sí en tanto clases de la sociedad capitalista. Así, para TC, la clave de la historia del capital es el cambio en el modo de reproducción de las relaciones sociales capitalistas como totalidad en función de la evolución dialéctica de la relación entre las clases. Por supuesto, en sí misma esta evolución está intrínsecamente ligada a las exigencias de la extracción de plusvalor. En resumen, para TC la subsunción del trabajo por el capital media y está mediada por el carácter histórico concreto de la relación de clase a nivel de la sociedad en conjunto.

Hay algo problemático tanto en la forma en que TC utiliza el concepto de subsunción para periodizar el capitalismo, como en el hecho de que este uso oculta parcialmente uno de los aspectos más significativos de la evolución de la relación de clase, que por lo demás su teoría sitúa en primer plano. En sentido estricto, la subsunción formal y real del trabajo en el capital sólo conciernen al proceso inmediato de producción. ¿En qué sentido, por ejemplo, podemos decir que todo aquello que está más allá del proceso de trabajo está realmente subsumido por el capital en lugar de meramente dominado o transformado por el? TC, sin embargo, intenta teorizar bajo la rúbrica de estas categorías de la subsunción el carácter de la relación de clase capitalista per se en vez de limitarlo al modo en que el proceso de trabajo se convierte en proceso de valorización del capital. Sin embargo, a través de su discutible empleo teórico de las categorías de subsunción, TC consigue proponer una nueva concepción de la evolución histórica de la relación de clase. Dentro de esta periodización, el grado de integración de los circuitos de reproducción del capital y de la fuerza de trabajo tiene una importancia decisiva. El fundamento de la periodización histórica de la relación de clase es el grado en que la reproducción de la fuerza de trabajo, y por tanto la del proletariado como clase, está integrada en el circuito de autopresuposición del capital.

El «período de la subsunción formal» de TC se caracteriza por una relación externa y no mediada entre capital y proletariado: la reproducción de la clase obrera no está plenamente integrada en el ciclo de valorización del capital. Durante este período, el proletariado constituye un polo positivo de la relación, y es capaz de afirmar su autonomía frente al capital al mismo tiempo que el desarrollo capitalista lo refuerza. No obstante, el poder cada vez mayor de la clase en el seno de la sociedad capitalista y su afirmación autónoma se contradicen cada vez más. Con el aplastamiento de la autonomía de los trabajadores durante las revoluciones y contrarrevoluciones posteriores a la Primera Guerra Mundial, esta contradicción se resuelve en un empoderamiento de la clase que resulta no ser otra cosa que el propio desarrollo capitalista. Este cambio cualitativo en la relación de clase marca el final de la transición de la época de la subsunción formal a la primera etapa de la subsunción real. A partir de ese momento la reproducción de la fuerza de trabajo queda plenamente integrada, si bien de forma muy mediada, en la economía capitalista, y el proceso de producción se transforma de acuerdo con los requisitos de la valorización del capital. En esta fase de la subsunción la relación entre capital y proletariado se está volviendo interna, pero mediada por el Estado, la división de la economía mundial en áreas nacionales y las zonas de acumulación orientales u occidentales (cada uno con sus modelos respectivos de desarrollo «tercermundista»), la negociación colectiva en el marco del mercado nacional de trabajo y los pactos fordistas que vinculan los aumentos salariales a los incrementos de la productividad.

Durante la etapa de la subsunción formal y la primera fase de la subsunción real, la positividad del polo proletario de la relación de clase se expresa en lo que TC llama el «programatismo» del movimiento obrero, cuyas organizaciones, partidos y sindicatos (ya sean socialdemócratas o comunistas, anarquistas o sindicalista-revolucionarios) fueron representativas del poder cada vez mayor del proletariado y defendieron el programa de la emancipación del trabajo y la autoafirmación de la clase obrera. En este ciclo de lucha, el carácter de la relación de clase durante la fase del movimiento obrero programático determina la revolución comunista como autoafirmación de uno de los polos de la relación capital-trabajo. Como tal, la revolución comunista no pone fin a la propia relación, sino que simplemente altera sus términos, y por tanto lleva en su seno la contrarrevolución en forma de gestión obrera de la economía y continuación de la acumulación de capital. La gestión descentralizada de la producción a través de consejos de fábrica, por un lado, y la planificación central del Estado obrero por otro, son dos caras de una misma moneda, dos formas que expresan el mismo contenido: el poder de los trabajadores como revolución y como contrarrevolución.

Según TC este ciclo de lucha quedó cerrado por los movimientos de 1968-1973, que señalan la obsolescencia del programa de emancipación del trabajo y de autoafirmación del proletariado; la reestructuración capitalista en el período subsiguiente a estas luchas y la crisis de la relación entre el capital y el proletariado arrastra o vacía de contenido las instituciones del viejo movimiento obrero. Los conflictos de 1968-1973, por tanto, marcan el comienzo de un nuevo ciclo de acumulación y lucha, que TC califica como segunda fase de la subsunción real, y que se caracteriza por la reestructuración capitalista o contrarrevolución entre 1974 y 1995, que altera fundamentalmente el carácter de la relación entre capital y proletariado. Desaparecen a partir de entonces todas las restricciones a la acumulación —todos los obstáculos a la fluidez y la movilidad internacional del capital— representadas por la rigidez de los mercados de trabajo nacionales, el bienestar, la división de la economía mundial en bloques de la Guerra Fría y el desarrollo nacional protegido que estos permitieron en la «periferia» de la economía mundial.

La crisis del pacto social basado en el modelo productivo fordista y el Estado del bienestar keynesiano engendró la financiarización, el desmantelamiento y reubicación de la producción industrial, el desmantelamiento del poder obrero, la desregulación, el fin de la negociación colectiva, las privatizaciones, el desplazamiento hacia el trabajo temporal y flexibilizado y la proliferación de nuevas industrias de servicios. La reestructuración capitalista mundial —la formación de un mercado laboral cada vez más global y unificado, la puesta en práctica de las políticas neoliberales, la liberalización de los mercados y la presión internacional a la baja sobre los salarios y las condiciones de trabajo— supuso una contrarrevolución cuyo resultado es que ahora capital y proletariado se enfrentan directamente entre sí a escala global. Los circuitos de reproducción del capital y de la fuerza de trabajo —circuitos a través de los cuales se reproduce la propia relación de clase— están ahora plenamente integrados: estos circuitos están relacionados internamente de forma inmediata. La contradicción entre el capital y el proletariado se ha desplazado ahora completamente al nivel de su reproducción como clases; a partir de este momento, lo que está en juego es la reproducción de la propia relación de clase.

Con la reestructuración del capital (que es la disolución de todas las mediaciones de la relación de clase) surge para el proletariado la imposibilidad de relacionarse de forma positiva consigo mismo frente al capital: la imposibilidad de la autonomía proletaria. De ser un polo positivo de la relación como interlocutor o antagonista de la clase capitalista, el proletariado se transforma en polo negativo. Su mismo ser en tanto proletariado, cuya reproducción está totalmente integrada en el circuito del capital, se vuelve exterior a sí mismo. Lo que define el ciclo de lucha actual, frente al anterior, es el carácter de la relación del proletariado consigo mismo, que ahora es de forma inmediata su relación con el capital. Como dice TC, en el ciclo actual la propia pertenencia de clase del proletariado se objetiva contra él como restricción exterior, como capital.

Esta transformación fundamental del carácter de la relación de clase, que produce esta inversión de la relación del proletariado consigo mismo como polo de la relación de explotación, altera el carácter de la lucha de clases, y lleva al proletariado a poner en entredicho su propia existencia como clase del modo de producción capitalista. De ahí que para TC la revolución como comunización sea una producción histórica específica: es el horizonte de este ciclo de lucha.

Una superación producida

Para TC, la relación entre capital y proletariado no es una relación entre dos sujetos distintos, sino una relación de implicación recíproca en la que ambos polos de la relación se constituyen en momentos de una totalidad autodiferenciada. Es esta misma totalidad, esta contradicción en movimiento, la que produce su propia superación mediante la acción revolucionaria del proletariado en contra su propio ser de clase, en contra del capital. Esta concepción inmanente y dialéctica de la evolución histórica de la relación de clase capitalista supera los dualismos emparentados de objetivismo/subjetivismo y espontaneísmo/voluntarismo que caracterizaron a la mayor parte de la teoría marxista del siglo xx y hasta la fecha. El dinamismo y el carácter cambiante de esta relación se captan así como proceso unificado y no simplemente en términos de oleadas de ofensiva proletaria y contraofensiva capitalista.

Según TC, son las transformaciones cualitativas en la relación de clase capitalista las que determinan el horizonte revolucionario del ciclo de lucha actual como comunización. Para nosotros, también es cierto a un nivel más general de abstracción que la relación contradictoria entre capital y proletariado siempre ha apuntado más allá de ella misma, en la medida en que —desde sus orígenes mismos— ha producido su propia superación como horizonte inmanente a las luchas reales. Este horizonte, sin embargo, es inseparable de las formas reales e históricas que adopta la contradicción en movimiento. Por tanto, solo podemos hablar transhistóricamente (es decir, a lo largo de la historia del modo de producción capitalista) de comunismo en este sentido limitado. Tal como lo vemos nosotros, el movimiento comunista, entendido no como una particularización de la totalidad —ni como movimiento de los comunistas ni de la clase— sino más bien como la totalidad misma, es a la vez transhistórico y variable de acuerdo con las configuraciones históricamente específicas de la relación de clase capitalista. Lo que determina el movimiento comunista —la revolución comunista— a adoptar la forma específica de la comunización en el ciclo actual es la dialéctica misma de la integración de los circuitos de reproducción del capital y de la fuerza de trabajo. Es esto lo que produce la negatividad radical de la auto-relación del proletariado con respecto al capital. En este período, al desprenderse de sus «cadenas radicales» el proletariado no generaliza su condición a toda la sociedad, sino que disuelve inmediatamente su propio ser mediante la abolición de las relaciones sociales capitalistas.

http://endnotes.org.uk/
(trad. F. Corriente)

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