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martes, abril 16, 2019

“La única iglesia que ilumina es la que arde”. 





Hermoso, como un viejo templo católico siendo destruido por las llamas.

La imagen de ayer me hizo recordar una vez a principios de los 80, cuando desde el tejado de la casa de mi abuelo materno en el cerro Los Placeres veíamos cómo se incendiaba la iglesia al frente, en el Cerro Barón. Mi padre tomó una foto de la torre ardiendo, y la envió a un concurso de fotografía. Creo que quedó entre las seleccionadas para una muestra. Yo ya había roto con la religión y cruzaba los dedos para que la torre se derrumbara. No llegó a ocurrir. Pero ahora sí: o sea, la historia puede ser corregida, rectificada, como cuando a través de nuestra relación con los infantes de hoy tratamos de evitar todos los daños que el sistema a través de padres y educadores nos hizo a nosotros en los viejos tiempos.[ Las cicatrices del alma pueden sanar, pero en el futuro. Para eso hay que aplicar amor (a las nuevas generaciones) y rabia (contra las instituciones fosilizadas y quienes las defienden y/o encarnan)].

Viendo ese repugnante templo arder, pensé en los muertos de la Comuna. Luego recordé a los letristas que hicieron una interesante acción anticlerical en 1950, mediante la irrupción para lectura de un Manifiesto (verlo más abajo. En su momento, años 90, lo publicamos entero en el fanzine Corazón de Chancho)  y casi fueron linchados por ello. De hecho, la acción de los letristas (precursores de la Internacional Situacionista) ocurrió un ¡9 de abril! Qué mejor homenaje de la Historia: 79 años y 6 días después (casi un día por década…descontando bisiestos), ese faro de la alienación humana, símbolo del “cuerpo descompuesto de Occidente”, yace hecho mierda.

Camaradas: nada está olvidado, y sabremos ocupar los horribles templos de otras maneras más humanas.

¡Abajo el reino de los cielos!


Íbamos a tocar hoy al aire libre con Manual de Combate en la actividad aniversario por los 4 años desde la tocata de Doom en que el matonaje de los guardias causó 5 muertes. Pero nuestro bajista tuvo un accidente de tránsito ayer, y aunque no quedó malherido está en reposo por unos días. De todos modos, a patir de las 16 horas habrá actividades, feria, música en vivo, etc. 

Ojalá los pacos no hueveen. Y si lo hacen...

El viernes sí que vamos a tocar, en Club Musical (San Isidro 817). Buen local, tocamos ahí el viernes pasado junto a Sobras del Descontento, misa Histérica, y Kema Gorra.



Hoy día de Pascua del Año Santo
Aquí en la insigne iglesia de Notre-Dame de París
Acuso
a la Iglesia católica universal de haber desviado letalmente nuestra fuerza vital hacia un cielo vacío
Acuso
a la Iglesia católica de estafa
Acuso
a la Iglesia católica de infectar el mundo con su moralidad fúnebre de ser la llaga que se extiende en el cuerpo descompuesto de Occidente
En verdad os digo: Dios ha muerto
Vomitamos la agonizante insipidez de vuestras plegarias pues vuestras plegarias han sido el humo pringoso de los campos de batalla de nuestra Europa.
Hoy día de Pascua del Año Santo
Aquí en la insigne iglesia de Notre-Dame de Francia
proclamamos la muerte de Cristo-dios, para que el hombre pueda vivir por fin.

(Serge Berna).



Rudi Peni:  Death Church (1983).

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viernes, abril 12, 2019

Totally Cableado, las entrevistas/Ono-Lennon, Cambridge 69/John Coltrane vive, x Lester Bangs 


Un ser querido me trajo el libro de entrevistas que hizo Simon Reynolds para su opus sobre el “post punk”: Romper con todo y empezar de nuevo (editado acá al lado de la cordillera por los chicos de Caja Negra). Este se llama “Totally wired”, título de una de las mejores canciones de The Fall por allá por los viejos tiempos antes de MTV y el grunge y toda la debacle posterior.

Larga lista de personajes entrevistados. Muchas cosas que aprender y sabrosísimos detalles. Leyendo esto pensaba que al final es en este tipo de literatura donde uno se siente literalmente “en su salsa”. Y cuando escribo “Uno” estoy pensando en todo el universo de almas gemelas que sienten que la música grabada y reproducida a un volumen adecuado es una de las experiencias artísticas más completas, pues la vibración atraviesa todos los poros, células y moléculas de tu cuerpo/a.

Algunas cosas que he aprendido en lo que llevo de lectura:

-La palabra “punk” puesta en un afiche fue invención de Alan Vega (de Suicide) en 1971: PUNK MUSIC MASS. Pero reconoce que tomó el término de un escrito del “gran escritor Lester Bangs” sobre Iggy y los Stooges.

-Los consejos de Jah Wooble (PIL) para tocar ese bajo grave y profundo que caracteriza su sonido dub/punk, son: no cambiar nunca las cuerdas; acariciarlo, no percutirlo; quitar todo el “tone” en la perilla del instrumento; hacer líneas de bajo que se “vean” bien al ser ejecutadas, buscando formas interesantes de movimiento de los dedos entre los trastes.

-Las Raincoats se formaron justo después de que Anna Da Silva viera a Patti Smith, y Gina Birch a las Slits. Gina (bajista/vocalista) dijo que sintió celos cuando las vio, por su energía, look y actitud, y se dijo: “amaría haber hecho esto!” Nunca antes había pensado en tocar un instrumento.

-Los Banshees no se consideran “góticos”. El bajista, Steve Severin, dice que por “gótico” él entiende cosas como Marilyn Manson.

-Y a propósito de eso, Gina Birch dice que si bien ellas eran algo así como lo que ahora se llama post punk, en 1978 sentían que estaban haciendo puro y simple punk rock!

-Gerard Casale, de Devo, estaba en el mitin en la Universidad de Kent el 4 de mayo de 1970 en que la Guardia Nacional disparó y mató a dos estudiantes, entre ellos su amiga Allison Krause. Vio a la chica en el suelo, ya muerta, boca abajo  con un orificio de salida en la espalda. Hubo un llanto colectivo. En ese momento se dio cuenta que los 60 se habían acabado, y el sueño hippie se había ido a la mierda. Luego de eso las opciones eran unirse al Weather Underground o dedicarse a resucitar el espíritu Dadá a través de la creación de una nueva forma de arte y performances. De ahí la idea de Devo como involución, o “devolution”: no una concepción apologética, sino crítica.

No me acuerdo de más trivia melomaníaca, pero me alegra haberme topado con una traducción por Oliver Allen, hecha en el 2008, de “John Coltrane Lives”, de Lester Bangs. Uno de sus mejores y más hilarantes escritos de los 70. Acá va, tomada del blog Traductor Escriba Plagiario. ¿Qué podemos escuchar mientras leemos esto? Aparte de Coltrane mismo, no estaría mal la sesión de Ono/Lennon confluyendo con un puñado de improvisadores, Cambridge 1969. Hermoso! Y lo mejor es que toda la gente normal lo odia!


Lester Bangs: John Coltrane vive (Creem Magazine, 1972)

Todo comenzó de forma tan simple. Nunca esperé que terminara en este pantano de complicaciones.
Estaba matando el tiempo una mañana de lunes, tocábamos y bebíamos oporto con mis amigos Roger y Tim. Estábamos empezando una banda de rock al estilo Stooge que en distintas ocasiones había sido nombrada Crime Desire, Cannibal Rape Job, Romilar Jag, Cigar Box Joe Cob & the Clap, y que actualmente se llama National Dust, puesto que estamos pasando por nuestra etapa de volver a lo rudimentario. Tim toca la guitarra rítmica, Roger canta y toca flauta, y también tenemos a otros tipos que no están presentes esta noche para la guitarra principal y el bajo, aunque nuestro baterista hace poco se fue porque éramos demasiado para él. Yo toco la armónica y canto algunas de las canciones. Esta noche estábamos ensayando algunas de mis nuevas y originales piezas como “Please don’t burn my Yoyo,” “A race of citizens,” “He gave you the finger, Mabel,” “After my misspent youth”, y “Barracuda Anthem,” que era mi propia filípica juvenil revolucionaria delincuente.

¡Oye, hijo de puta!
¡Oye, hijo de puta!
Todo lo que haces es sentarte en tu culo
Sale a las calles y demuestra que eres un hombre
Hemos estado inmóviles mucho tiempo
Es hora de jalar la palanca
¡Sobre esos que le han robado el piso a pies nonatos por siempre!

Ensayando con sólo tres miembros de la banda y una guitarra no era la empresa más fácil del mundo, pero se fue relajando a medida que nos emborrachábamos. Cuando las cosas comenzaron a cocerse estaba inmerso en una ráfaga de inspiración que me pareció brillante en el momento pero que no era otra cosa que un final espantoso.

Soplando y encogiéndome en mi Hohner Marine Band, miré alrededor del cuarto de Roger, lleno de manuscritos manchados, revistas de desnudos hechas pedazos, botellas a medio vaciar y álbumes con manchas de vino en las carátulas, cuando de pronto vi apoyado una esquina, cubierto de polvo, un viejo saxo alto que Roger le había pedido a su cuñado hace muchos meses con la intención de escalar desde la flauta, aunque nunca pudo entenderlo bien.

Instantáneamente boté la armónica, que de todas maneras era una paleta demasiado limitada para un artista experimental, y tomé el saxo. Sólo sostenerlo en mis manos y jugar con las teclas fue como una revelación que me transportó a mis días en el colegio y a las lecciones que tomaba con otro saxo prestado. Sentado en el salón de ensayos de la tienda de música con mi paciente y laborioso instructor que me enseñaba las escalas y a usar la embocadura cuando lo único que yo quería era soltarme en un quemante soplido del Bronx que hiciera volar el techo. El saxofón siempre ha sido un símbolo de poder para mí. Desde esos días en que por primera vez me sentaba a estremecerme y rockear con piezas como Africa/Brass de John Coltrane mientras miraba sumergido en asombro las fotografías del tipo en su chaqueta, inundado en luces púrpuras y amarillas, bufando el testamento más honesto de la historia con ese saxo grande y atronador.

Los días en que me devolvía a casa fingiendo un resfrío me ponía a escuchar a Trane lo más fuerte que podía aguantar mi equipo Sears Silverstone, y me paraba en un taburete a leer “Howl” de Allen Ginsberg al tope de mis pulmones, imaginando que estaba en un café de North Beach o Greenwich Village. La música era mi combustible, aunque con pena me daba cuenta que en el núcleo era un muchacho verbal. En la ducha bailaba golpeteando pianos imaginarios, baterías, luego guitarras, pero especialmente saxos, copiando a mis héroes en improvisaciones atonales de 20 minutos que se elevaban en los clímax más relampagueantes cuando se acababa el agua caliente.

También tomé clases con instrumentos reales en distintos momentos: guitarras, pianos, trompetas, baterías y el anteriormente mencionado saxo, nunca alcanzando mucho éxito porque estaba muy encendido con los imperativos de mis canciones internas para molestarme en aprender tonterías de libros para principiantes como “Old Black Joe” y “My Bonnie.” Por las tardes practicaba las escalas con mi saxo alto por cinco o diez minutos, sintiéndolas deslizarse ineludiblemente hacia improvisaciones, rechinando un rato para después prender un Chesterfield, apoyarme encorvado en el respaldo del asiento con mi hacha descansando casualmente sobre mis piernas cruzadas, con los dedos de una mano aún sosteniendo las teclas, escuchando mis álbumes de Jackie McLean, soñando. Después comencé a fumar hierba, y mediante los azarosos y perfectos fraseos eufóricos me las pude arreglar con “Summertime” de Gershwin. Una tarde me uní a una banda del estilo Johnny and the Hurricanes, pero no podía tocar “Night Train” o “Let’s Get One.” Aunque sí podía rechinar, incluso con la lengüeta rota y su punta mordida y astillada por lo menos unos cuantos centímetros.

La lengüeta del saxo del cuñado de Roger estaba nueva pero rígida y polvorienta, probablemente nunca la habían usado. Un músico “profesional” la hubiese sacado y soplado hasta que estuviera lista para ofrecer el tono apropiado, pero yo estaba en demasiado apuro para molestarme en hacer cualquiera de esas mierdas de conservatorio Juilliard. De todos modos, hay algo infantil en chupar un trozo de madera. Simplemente hice aullar la maldita cosa desde el rincón de la habitación y empecé a hacerlo trabajar, ¡HONK! ¡BLAT! ¡SQUEEE¡ rizando las yemas de mis dedos que luchaban contra las teclas, arrancando vocalizaciones rasposas, experimentando con estridentes redundancias rítmicas de una o dos notas, cruzas bop jive entre Illinois Jacquet y Albert Ayler y ligados afines a los fraseos de la guitarra de los Stooges. Para mí, sonaba excelente, y Roger y Tim estaban endiabladamente entusiasmados al principio, pero después de 10 o 15 minutos comenzaron a hastiarse, dejaron de tocar, y miraban las pelusas del suelo o el show de “Dick Van Dyke” en el televisor silenciado entre tragos y tragos de oporto. No es que me molestara en lo más mínimo, el flujo de mi fuerte energía inspiradora es tan constante y sostenido que en verdad no espero que ninguno de mis pares puedan seguir mi ritmo. Ahora, si estuviera fraseando con Trane o Pharoah…

De todos modos, la noche terminó en una confusión completa una vez que todos nos emborrachamos tanto que llegamos a ese estado, a veces bendito, a veces desastroso, de inconciencia ambulatoria en el que tienes que hacer llamadas telefónicas al día siguiente para poder asegurarte (con la esperanza) de que no te hayas tropezado en alguna absurda metedura de pata. Vagamente recuerdo a Tim llevándome a casa en su auto mientras yo seguía graznando y chirriando en el saxo, con cada nota tornándose más y más incoherente, hasta que finalmente estaba soplando una única nota aislada con una sonrisa dibujada mientras la tocaba, hasta que Tim me gritó que me callara, carajo, a lo que repliqué “debes estar bromeando”, y sólo me detuve para escabullirme del auto, arrastrarme hasta las escaleras de mi departamento y caer vestido en el total olvido de mi cama.

Esa noche tuve un sueño extraño y maravilloso. Fue uno de los mejores sueños de toda mi vida. Estaba frente a un gran auditorio modelado a partir del pequeño teatro de mi colegio. Estaba lleno hasta los rincones polvorientos con gente, y yo estaba parado completamente solo en el escenario con mi saxo, toqueteándolo y espetando en cada modo posible, soplándolo de la forma más distorsionada y loca que incluso yo he escuchado en mi vida. La audiencia se estaba impacientando, e incluso se comenzaban a escuchar unos leves murmullos, pero de pronto me asaltó una sensación muy extraña, y me di cuenta de un golpe que la mano de Ohnedaruth (1) en persona me acariciaba delicadamente la frente. En ese instante fui imbuido con la visión profunda de que tocar más es tocar menos, que estaba malgastando y disipando mis energías. Así que me relajé, y comencé a aplicar mi soplido y la presión de mis dedos de una forma más calmada, más consciente y meditativa. Y entonces el tono más inspirado, sublime comenzó a emanar de mi instrumento, de mí. Era fantástico, era un momento sagrado. Sonó exactamente como Pharoa Sanders. La audiencia se sentó silenciada en medio del recogimiento. La gentil, potente corriente melódica serpenteaba avanzando, haciéndose más divina en cada momento, era tan intensa que casi se hacía transhumana. Mientras me acercaba al clímax me di cuenta de que a partir de los giros y vueltas de la canción, de alguna forma había empezado a tocar “Garota de Ipanema.” Pero de todas maneras sonaba bendita.


Me desperté al otro día con una de las resacas más notables del mes, y con la memoria hecha un queso suizo. Contemplar el saxofón apoyado contra la pared de mi propio dormitorio me dejó boquiabierto, e inmediatamente llamé a Roger y exigí que me dijera “¿qué mierda hace este saxofón en mi casa?”

“No me preguntes a mí.”
“Bueno, y qué mierda pasó anoche?
“Te iba a preguntar a ti.”

No había esperanza de cognición. Es ese oporto de mala calidad, te fríe el cerebro dejándotelo como el de un borrachín vagabundo. Por eso es que les gusta tanto a los adolescentes. Roger dijo que él y Tim vendrían a beber y a mirar un poco de televisión un poco más tarde, luego colgué y me dispuse a recomponerme. En general no bebo en las mañanas, pero ese día la calidad de mi borrachera era tan extraordinariamente intensa que casi estaba ciego, así que pasé aproximadamente tres cuartos de hora dando vueltas en círculo por la casa y mirando fijamente las manchas negras purpúreas en el cielo antes de decidir lanzarme a desayunar Jack Daniel’s. Estaba bueno, y mientras mi cabeza se despejaba me senté en la mecedora, al lado de la ventana del living a jugar con el saxo, recordando mis días de Jackie McLean. Finalmente puse mi boca en la embocadura y toqué un “TOOT” experimental. Nada mal. Gradualmente, pensando en la vibración en mi cabeza, comencé a copiar unos graznidos granjeros.

De pronto vi la proyección de una sombra pasar por la ventana a mi lado. Dejé de tocar, me levanté silencioso, abrí una de las persianas delicadamente como nunca antes y eché una ojeada. Ahí estaba mi casera, su metro y medio de arpía canosa, con su bastón apoyada frente a la puerta de mi habitación escuchando. Dejé el saxo en el suelo y me senté de nuevo, con las manos cruzadas sobre el regazo, sin hacer ni un sonido hasta que se fue.

Ya había tenido problemas con esta vieja aparición anteriormente. Desde que los antiguos administradores, una pareja de jubilados, se fueron porque el caballero sufrió un ataque al corazón y esta señora Brown había llegado a reemplazarlos, ella y yo habíamos estado en pugna. La primera vez todo había sido muy civilizado. Estaba escuchando The American Revolution de David Peel & the Lower East Side a todo volumen y ella llegó y muy dulcemente me dijo que un vecino se había quejado. Está bien. Bajé el volumen. La vez siguiente fue por escuchar Sir Lord Baltimore. Escuché todo un lado con los audífonos y los parlantes a la vez cuando me di cuenta de que había estado golpeando la puerta con toda su fuerza por veinte minutos. Cuando le abrí lanzó una diatriba con escopeta amenazándome con echarme, pero mi sangre estaba tan encendida con retroalimentación Sir Lord Baltimoreana que simplemente le grité y cerré la puerta en su cara.

Todo esto era complicado por dos cosas. Una era su hijo, un alfeñique con cara de bebé del tipo que se deja una franja de crema púrpura después de afeitarse y que se casó con la rubia (una socialité de centro de padres) más perra que encontró. El tipo estudió en el mismo colegio que yo, y gastaba gran parte de su tiempo enredado en peleas con ella. Entretenía a todo el edificio escucharla intimidarlo y oírlo quejarse. Ella siempre ganaba. Estaba claro que él todavía no salía de la falda de su madre, porque aceptaban vivir ahí sin que les cobrara, a pesar de que era evidente que su esposa la odiaba (aunque es cierto que parecía odiar a todo el mundo.)

El otro factor que hacía difícil para mí dejar la cagada tranquilo era que el departamento justamente debajo del que ocupaba yo con mi santa madre lo arrendaba otro tipo con el que fui al colegio: sin duda uno de los tipejos más estúpidos y feos que he conocido, de nombre Butch Dugger, y que, por esas casualidades de la vida, al crecer se había hecho policía. Un niño que vive en el edificio una vez me dijo que había escuchado a Dugger decir que me recordaba del colegio, que nunca le había caído bien, y que había jurado, con sus palabras, “atraparme.”

No es que sea especialmente paranoico. Todo lo que sé es que una noche en que había invitado a un amigo a beber, me tocó el hombro justo en el medio de “Sister Ray” para decirme que alguien estaba tocando la puerta. Cuando abrí había CUATRO policías en uniforme esperando para decirme que alguien, no me quisieron decir quién, se había quejado por el ruido, y ya que eran más de las 10 de la noche de un domingo tendrían que tomar mis datos. Mi pieza estaba llena de humo de marihuana, y mi amigo estaba volado y en anfetaminas, así que se los di para que se fueran, y lo hicieron.

Pero todo eso ya había pasado, y ya no tenía drogas en la casa. Me irritaba que mi casera se parara afuera de mi hogar a espiarme en los Estados Unidos de América, donde un hombre tiene todo el derecho de tocar free jazz en medio de la tarde. Había escuchado a otros arrendatarios comentando cómo ella y su hijo habían sido sorprendidos a horas extrañas, sigilosamente al costado de las ventanas de otras personas, tratando de escuchar lo que pasaba adentro.
Me senté y lo medité un rato, llegando a la mitad de mi conclusión en mi quinto vaso de Jack, y luego llamé a mi novia por teléfono para divertirme un rato. Su hermana contestó y en vez de hablar comencé a tocar inmediatamente con el saxo una chillona versión de “Mary tenía un corderito” que hubiese enorgullecido a Yusef Lateef. Al principio estaba sorprendida, pensando, supongo, que la llamaban para bromear, pero cuando le dije quién era le entregó el teléfono a Candy, mi novia, y repetí mi actuación.

Para cuando llevaba la mitad de mi primera entrega, sin embargo, mi casera había trotado por las escaleras (o al menos lo más cercano al trote que se puede con un bastón). Hacía un buen acompañamiento rítmico, de hecho, pero Candy y su hermana no podían oírlo. Cuando volví a tocar, la señora Brown comenzó a gritar “¡Oigan, ahí adentro, paren ese bullicio y abran la puerta ahora mismo!”

Pero terminé mi recital. Candy se estaba riendo cuando tomé el teléfono y le dije que me esperara un segundo. Abrí la puerta con mi hacha en la mano. La casera echaba humo. “¡Qué haces ahí adentro!”

“Estoy practicando con mi saxofón”, dije con una sonrisa de inocencia, sosteniéndolo frente a mí para que lo viera. Esto no la calmó.
“¿Estás haciendo una fiesta de borrachos?”

Me estaba empezando a enfadar. Cada puta vez que me interrumpía me acusaba de tener una “fiesta de borrachos”, y lo peor es que nunca llega cuando las hago de verdad. Una vez me llamó un sábado en la noche y me preguntó lo mismo mientras veía a un frívolo profesor universitario que se parecía a Woody Allen interpretar tocatas de piano de un oscuro compositor homosexual y después explicarlas en un tono pretencioso en la tele. “No”, le mascullé con la adrenalina en ascenso, “sólo estoy tocando mi puto saxo como puede ver.”



Ella puso su pie entre la puerta y la alfombra inclinándose hacia dentro del departamento. “¡No use ese tono ni ese lenguaje conmigo, joven!”

“¡No trate de meterse en mi departamento, no la he invitado! ¡Está invadiendo mi propiedad!” Los dos estábamos volviéndonos un poco locos. Habíamos estado soñando esta confrontación por meses. Aunque yo casi nunca estaba en el departamento; la mayor parte del tiempo estaba yendo a fiestas borrachas en Los Angeles. Ella dijo: “¡Sabía que te debí echar de aquí hace tiempo, truhán!”

“¡Pero no lo hiciste, vieja puta! dije con una carcajada, mis ojos estaban a punto de saltar de mi cabeza. “¡No lo hiciste!”

“Oooh,” farfulló alzando su pálido y pequeño puño y su quebradizo y viejo brazo en el aire. “¡Te voy a…te voy a golpear!”

“¡Adelante!” le aullé. De verdad estaba empezando a afectarme. Me podía ver demandando a una anciana tullida de 78 años por agresión.

“¡Voy a llamar a la policía!”
“¿Para acusarme de qué?” rebuzné.
“¡Por alterar la calma… por molestar a los arrendatarios de mi edificio!”
“¡Eso es mierda,” le dije, “porqué no te callas y te vas y dejas de molestarme. En dos semanas más me voy para no tener que verte otra vez tu cara fea!”
“¡Te doy tres días para que te vayas!”
“¡Que te den por el culo, no puedes hacer eso!”

Estaba realmente frustrada; comenzó a tratar de agarrarse de donde pudiera. “¡Voy a decirle a tu mamá las cosas que haces!”
“¿Y qué?”
“¡Voy a mandar a mi hijo para que te saque la mierda!”
"¡Já, el maricón de tu hijo no va a hacer nada!” gruñí, y cerré la puerta de un portazo. Se fue, y volví a tomar el teléfono. Candy esperaba perpleja: “¿Qué fue todo eso?”

“Nada,” me reí, “mi casera está realmente loca”. Aunque yo no estaba en la mejor condición. Mi resaca me tenía tiritando por todos lados y mi voz sonaba temblorosa.

Pero sabía que todo iba a estar bien. No toqué el saxo de nuevo, aunque mientras seguía bebiendo me embarqué en infinitas fantasías de futuras confrontaciones con ella. Eventualmente Roger y Tim llegaron y fuimos a comprar más bebida, a pesar de que Tim había vuelto a su antiguo régimen de anfetas y metanfetas. De hecho, trajo sus pastillas para mostrármelas orgulloso y con torpeza dejó caer la bolsa. Las pastillas rodaron esparciéndose por todos lados. En la condición en que estaba sólo pudo recuperar tres cuartos de ellas. Hice una nota mental de las que rodaron bajo el colchón y la silla para recogerlas después.

Después de tomarse las que pudo encontrar, tomó el saxo, y aunque le había contado mi episodio con la casera, Tim sopló algunos bocinazos pedorrientos. Roger lo interrumpió “no hagas eso, viejo, no queremos líos.”

“Sí”, le dije, “¿Qué le vas a decir a mi casera si viene a golpearnos la puerta?”
“¿Cómo que qué? ¡Se lo damos y le decimos ‘toma, si crees que puedes tocar mejor, inténtalo!’”
“No”, le gritamos los dos, “¡no! Cálmate.” Y estando calmados, él y Roger comenzaron a improvisar tranquilamente con la guitarra y la flauta. Al principio los escuché, sorbiendo mi Jack con agua, pero mientras más escuchaba más ganas me daban de tocar también. Finalmente, sobrecogido por la musa y el trago, grité “¡Qué se joda!” Y tomé el saxo y me puse a maullar.

Esta vez le tomó menos tiempo que la vez anterior llegar hasta arriba. Probablemente estaba sentada en su departamento, igual que yo, preguntándose cuándo tendríamos otra oportunidad para enredarnos de nuevo. Qué romántico. Ahora golpeaba la puerta con ambos puños, chillando al tope de sus pulmones. Abrí la puerta, igual que antes, con mi saxo en las manos. Pero esta vez, Trane acarició mi frente una vez más, y no necesité míseras palabras para responder.
“¡Te dije que terminaras con el bullicio…!”
¡HONK!
“¡No voy a aguantar más de tus…!
¡HONK! ¡HONK! ¡HONKHONKHONKSQUAKSQUONK!
“¡Suelta esa maldita cosa y escucha…!”
¡SQUEEEE-ONK! ¡SHRIEEEE! ¡GRUGHRRGLONK-EE-ERNK!

Me acerqué hacia ella con el saxo apartándola de la puerta, deteniéndome sólo para tomar aire. Se dio vuelta y huyó. “Está bien,” jadeó mientras corría hasta la puerta de su departamento, se metía y abría la cortina. “Voy a llamar a la policía.”

No sé qué se me metió. En parte era la bebida, en parte pura inspiración y rabia y una declaración frente a mi inalienable derecho a tocar. La perseguí por el pasillo, sin dejar de aullar, hasta su departamento. La alcancé mientras tomaba el teléfono y sonreí al ver el terror en sus ojos mientras avanzaba hacia ella soplando como un huracán. ¡Rockeando!

“¿Cuál es el problema, señora?”

Era Butch Dugger parado en la puerta, en polera, sosteniendo un sándwich de atún a medio comer, enfurecido por haberlo sacado de su televisor en su día de descanso.

“Este tipo,” jadeó, “¡me está atacando! ¡Parece un perro bravo. ¡Sáquelo de aquí!”

“Enseguida, señora” dijo Butch con los dientes apretados, dejando su sándwich a un costado de un tulipán de porcelana en la mesa del living. Entonces vino y me tomó doblándome los brazos por detrás de la cabeza y torciéndolos hasta que dejé caer el saxo que se golpeó en la alfombra. Mientras me empujaba hacia fuera, pude ver que ella iba a la cocina, tomaba una servilleta y la ponía bajo el sándwich. Escuché que Dugger le pidió que llamara a la policía y le dijera al Oficial Betancourt que él, el Oficial Dugger, solicitaba que vinieran.

Me empujó por las escaleras, me lanzó de cara al piso y sentí su rodilla en mi espalda. Mientras estaba ahí masticando pasto escuché un portazo; su esposa que le traía las esposas. Con su rodilla aún en mi espalda, me las puso y me levantó. Pude ver a Tim y a Roger al otro lado de la calle, moviéndose sigilosamente en dirección a su auto. No estaban mirándome y no los culpé.

Un minuto después llegó una patrulla rugiendo, dos policías se bajaron saltando y corrieron hacia nosotros como si se tratara de una emergencia de gravedad. Uno traía su bastón en la mano. La señora Brown debe haber hecho una buena llamada. Dugger dijo: “Aquí está. Asalto con intención de agresión, quizás intento de violación, quizás algo más. Cuidado con éste, es un enfermo. Creo que ha estado tomando LSD. Voy a conseguir una orden de cateo, creo que he olido marihuana salir de su departamento en alguna ocasión.”

Así que me llevaron y me arrestaron. Por asalto y eventualmente por posesión de drogas peligrosas, y me lanzaron al calabozo. Me senté y prendí un cigarrillo, y un tipo negro de unos treinta años con pinta de rudo me pidió uno. “¿Porqué te trajeron?”
“Por estar adelantado a mi tiempo”.

Simplemente me miró. Por un segundo pensé que se largaría a reír, pero no lo hizo. “Sí,” dijo. “A mí también.”


(1) Sri Rama Ohnedaruth fue el nombre que se le otorgó a John Coltrane cuando se acercó al hinduismo.


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miércoles, abril 03, 2019

Bus al sur y al Norte chico/Política nocturna 


Sábado en Chillán. Domingo en Penco. Con mochila y saxofón y el resto de MDC. No conocía las cocinerías de la feria en Chillán. Poco aptas para un  principalmente vegetariano pero la cerveza estaba heladita. Penco. ¿La Venecia chilena? Digo, porque vi un riachuelo cerca del mar, con góndolas de paseo. Linda playa. Un paisaje industrial, pero con las patas en el agua se tolera mejor. Muchxs niñxs, y gente pasando la tarde de domingo en torno a guitarra, quena, percusiones, cerveza y jugo. Lunes a las 5:30 en Santiago, y se reinicia la semana laboral. Martes, miércoles, jueves…Viernes ensayo con DM en Villa Olímpica, y a las 00:30 del sábado me van a dejar los 3 al Terminal de Buses. Sábado a las 7 ya estoy en el terminal de buses de La Serena. Sólo con mochila, ni siquiera se me ocurrió llevar mi petaca de Lenin con algún líquido espirituoso. Desayuno algo: no-es-café y tostadas con palta. Al menos la palta sí era de verdad. 


Camino hacia el centro. Reconozco la oficina donde trabajaba mi padre entre 1974/1979, y varias calles que por haberlas conocido entre los 3 y 8 años, jamás podría olvidar. Paso al lado del Jardín japonés, que visité algunas veces cuando estaba en el jardín infantil y me encuentro con el memorial de detenidxs desaparecidxs y ejecutadxs políticxs. Miro los nombres, y las fechas. Me llama la atención el que dos hermanas, de 22 y 23 años, hayan desaparecido a inicios de 1977. Después averigüé que fueron detenidas y desaparecidas en Argentina, junto a sus parejas (chilenos: los 4 huyeron de Chile después del golpe de 1973). La memoria del terrorismo de estado convertida en un dato sobre una piedra, en una época en que tratan de hacer creer que reírse del cadáver del ideólogo gremialista Jaime Guzmán o desearle la muerte a La Lucía son los “crímenes de odio”.

Espero que aclare un poco sentado en la Plaza de Armas. Todavía está el local del cine donde lloré viendo el final de King Kong y me choqueó un poco la película “Mori, el prefecto de hierro”, sobre la mafia en Sicilia. Aún recuerdo el capo detenido que decide suicidarse a cabezazos. ¿Por qué me llevó mi padre con el vecino y su hijo a ver eso a tan tierna edad?

Camino hacia unas calles que me pareció ver en el “mapa del evento”, pero no doy con la calle El Salvador. Estoy bien perdido, tal como recomienda Benjamin al inicio de su "Infancia en Berlín". No me queda otra que preguntarle a un paco, quien me dice que para llegar a Las Compañías debo cruzar el puente y caminar unos 20 minutos. Me dice: “no es tan bueno por allá…pero a esta hora es tranquilo”. El paco es bien simpático, me da pena pensar que en algún momento habrá que agarrarlo a palos o camotazos, pero bueno: son riesgos de su oficio. Camino y cruzo un largo puente, sin saber que eso de abajo es lo que queda del río Elqui. Sigo caminando, hay chozas al costado del camino, y se ve a lo lejos como se levantan cerros llenos de casas. Me pregunto cómo cresta voy a dar con el lugar exacto en que se va a hacer la feria del Libro Independiente de Las Compañías. Y no quiero volver a hablar con policías. Llego a la avenida el Islón, con Nicaragua. Reviso el mapa en el teléfono, y veo que estoy a pocas cuadras, pero en subida. El vecindario es tranquilo, pero me imagino que por alguna razón el paco debe sentirse algo inquieto pasando por estas calles del apéndice proletario de la linda ciudad turística que se supone es La Serena. En los viejos tiempos setenteros yo vivía en la Población La Pampa. Por la avenida Estadio, varias cuadras de casas pequeñas de 1 piso con patio. Afuera plantaron álamos que luego hubo que retirar pues destruían aceras y cañerías. Las cuadras que venían hacia el sur, antes de la calle por donde uno podía llegar directamente a la peligrosa playa de Las Cuatro Esquinas donde la arena nunca dejaba de reacomodarse alrededor de tus pies, estaban destinadas a viviendas de pacos rasos. Sus hijos daban miedo. A algunos se les conocía como “los care’malo”, y por ahí cerca estaba el famoso local, creo que carnicería, de un sujeto al que apodaban “El cariño malo” porque como buen lumpen-policía era un gran maltratador de su esposa e hijos.

Pero en esos años no recuerdo haber ido nunca a Las Compañías, donde según me dice vive el 60% más proletario de la población local. Hay una lucha territorial importante para que el futuro Hospital lo instalen ahí y no en un sector más bien cuico de La Serena

Extracto de Wikipedia sobre Las Compañías: “el sector es utilizado preferentemente para la instalación de viviendas sociales por el bajo costo del suelo, tendencia que se mantiene hasta la actualidad en su sector norte. Esta misma monotonía en la utilización del suelo (uso residencial), junto a la pobre planificación urbana ha provocado que las Compañías carezcan de una red de servicios públicos y privados o zonas de trabajo, obligando a gran parte de su población a moverse temporalmente al Centro Histórico de La Serena en busca de ellos, generando problemas de transporte en sus tres vías de acceso (Puente Zorrilla, Puente Libertador Bernardo O'Higgins y Enlace Las Compañías)”.


Llego a la esquina y ya están montando mesitas y parlantes. Me ofrecen desayuno, que ya sería el segundo, pero acepto: quiero café. Me duele un poco la cabeza, no tanto por las cervezas del ensayo de DM sino que más bien por la incomodidad de dormir en el bus. Se me pasa, hablando con unos niños y sus madres. Hay señoras ayudando a cocinar una masiva olla de porotos. Hay punk rockers, y va de a poco llegando más gente a una actividad que es difícil que empiece a las 11, pero que tampoco se atrasa tanto, en medio de una mañana de sábado nublada y con ocasionales caídas de gotitas de lluvia.  (Creo que es lo que se llama “chubascos ocasionales”).

Instalo libros y fanzines sobre una mesa, justo al lado de Ediciones Sabandijas. Miro el material de los vecinos, y para mi sorpresa incluyen:

-Los 4 excursos de 2&3 DORM: Lefebvre y los situs, Barricadas japonesas, Lumpen-prole y La lógica del género.
-Comunidad de Lucha N° 8, con textos sobre Venezuela, el 8M y El estado policial contra lxs adolescentes.
-Revolución y democracia (unas interesantes reflexiones sobre el 29 de marzo que acaba de ver en el sitio de Agitación Inmanente).

Vendo algunos ejemplares de “Estruendo”, y hago trueque por un libro de Ediciones Sabandijas que reúne una “Historia de la anti-psiquiatría” y la totalidad de contenidos de los 9 números dela revista Enajenadxs, editada a inicios de siglo en la península ibérica.

De regreso al terminal, me tomo el único schop del día y me voy a sentar, sumergido en la lectura del libro. “Por una política nocturna”, Marc Traful. ¿Qué? Veo este texto dentro del último N° de Enajenadxs, que cierra su existencia con un Aviso del poeta Leopoldo María Panero (de quien hace muchos años, cuando aún vivía,  subimos algunos poemas a este blog. Después supe que había estado en el ex Pedagógico aka UMCE, nunca me enteré a tiempo…).

¿Así que de ahí tomó el nombre Manual de Combate para su mini- álbum del 2016? Qué sorpresa, pues no tenía idea de la existencia de Traful, ni de su texto del 2002, que no sé si se llama “Miradas extraviadas” o “Por una política nocturna”, disponible en Sindominio, aunque acá su nombre aparece como Mar Traful.

Ahí en la introducción dice que:

“Mirar no es ver. La mirada es activa. Es un esforzarse por aprehender la realidad aunque duela. El ojo está herido y la mirada extraviada, no por exceso de luz sino porque la noche es gélida. Miramos la realidad para inventar una política nocturna. Ya no hay otra política. La antigua estaba hecha de luces, de sujetos, de conciencia que elevar. Todo eso está muerto. Miramos la realidad aunque duela. Debe doler. En estos casos la eternidad ha sido siempre el consuelo: la eternidad del instante, la eternidad de las pequeñas cosas... Amar, en fin, la eternidad para hacer frente al nihilismo. Pero la política debe ser nocturna: hombre anónimo, asco, desafío... 

Las miradas extraviadas no confunden extraviarse con perderse. No estamos perdidos. La derrota fue hace mucho. Y sabemos bien cómo los que se pierden acaban siempre encontrándose. Nosotros, en cambio, estamos extraviados porque vamos por mal camino. Ya no podemos amar la eternidad sino tan solo esta vida hecha a pedazos y que casi ni es nuestra. Sólo eso nos queda: una vida sin forma... para resistir”.

Y luego, en la sección pertinente dentro del capítulo I, Martillo Neumático :

Una política nocturna debe hacerse:
Algunos de sus principios son:
  1. El sentido común de dos males escoge el menos malo. Nosotros nos negamos a escoger.
  2. Cuando la vida se convierte en medio de vida, la vida muere.
  3. Buscar las raíces es una manera subterránea de andarse por las ramas.
  4. Los que se sacrifican por los demás acaban sacrificándolos.
  5. Hay que descargarse del pensamiento de que hacer tenga que servir para algo.
  6. Porque sabemos que poseer es perder, abrimos espacios de vida que no pueden ser cerrados.
  7. Porque no existe otro lenguaje, somos un balbuceo en el lenguaje del poder.
  8. El mejor suicidio es el suicidio sin muerte: permite seguir escupiendo.

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miércoles, marzo 27, 2019

El estado contra lxs adolescentes/Estruendo en La Serena/Descension vs. fans de Sonic Youth 



-El Estado policial contra lxs adolescentes

Breve texto tomado del blog Comunidad de Lucha (recién salido su N° 8):

En una maniobra política-legislativa cobarde y efectista el Gobierno trata de hacer aplicable desde los 14 años de edad el “control preventivo de identidad”, aprobado el 2016 con los votos de la derecha y la Nueva Mayoría.
Desde entonces coexisten dos tipos de controles: el del Código Procesal Penal, que requiere mayores exigencias a la policía pero puede significar la retención de la persona por 8 horas en un recinto policial además de la revisión de sus vestimentas y equipaje, y el preventivo, que se realiza sin causa sino que al mero antojo de la policía, sólo a adultos, no permite revisar pertenencias ni conducir a comisarías y dura máximo 1 hora.
Cuando existía sólo el control del Código se realizaban 2 millones al año. Ahora esos controles han bajado a 400 mil, pero el preventivo, mucho más fácil de realizar considerando la estupidez generalizada de los funcionarios policiales, se aplicó el año pasado a ¡cuatro millones y medio de personas! Sumando ambos mecanismos tenemos que gracias a estas leyes el Estado policial está controlando a 5 millones de personas al año, en un país donde no llegamos a 18 millones de habitantes. Al menos uno de cada cuatro personas va a ser arbitrariamente controlada por la policía cada año, y estamos segurxs de que no serán burgueses ni ciudadanos dóciles, sino que proletarixs, estudiantes y cualquier sospechosx de disidencia a los ojos de la yuta.
La justificación que se ha dado a esta medida es que hay muchas personas con órdenes de detención pendientes. Pura demagogia: los adolescentes son en Chile más de 1 millón, y menos de mil tienen órdenes de detención en su contra. Es decir, el Estado pretende controlar la identidad de todxs ellxs por la posibilidad de dar con el 0,09% que tiene orden pendiente.
La burguesía de todos los colores hace gárgaras con los “derechos del niño”, pero somete la juventud al poder criminal de los pacos: los que asesinaron a Camilo Catrillanca y mintieron desde el primer minuto, los que hicieron el montaje “Operación Huracán” y los mismxs que han robado más de 28 mil millones en el “pacogate”.

¡A COMBATIR POR TODOS LOS MEDIOS EL ESTADO POLICIAL!
¡ABAJO EL CONTROL PREVENTIVO DE IDENTIDAD!
¡ABOLICIÓN DE LA POLICÍA!



-“Estruendo” en la Feria del Libro Independiente en las Compañías, La Serena.

Además de presentar dicho libro en la edición de Tempestades, habrá algunos ejemplares de 2&3 DORM, “La lógica del género y la comunización” y “El feminismo ilustrado o el complejo de Diana” para difundir en esos lares. Las 3 copias de El feminismo ilustrado llevadas al sur con MDC se vendieron rápidamente en Chillán. Quedan muy pocas copias.

Los dejo con un comentario de “Estruendo” tomado de la página de la Biblioteca Sante Caserío, aunque está referido a la edición de Perro Negro (en la de Tempestades hay 3 textos más):

Han transcurrido 6 años desde que la Prensa, movilizada en conjunto con la Policía de Investigaciones y Carabineros, realizara los allanamientos simultáneos en Santiago y Valparaíso para desbaratar una supuesta Asociación Ilícita Terrorista que habría tenido por motivación atemorizar a la población (o parte de ella) atraves de bombazos en lo que -según el ente persecutor-, para el grupo, serian representaciones simbólicas del Estado, el Capital y la Iglesia. El operativo, monitoreado desde un helicóptero por el ex Fiscal Alejandro Peña culminaba de esta forma con la detención de 14 personas ligadas a entornos anarquistas-antiautoritarios una mañana de Sábado, 14 de Agosto según el calendario cristiano.

Pero lejos de significar el triunfo que esperaba la Fiscalia Sur, junto con el Ministerio del Interior y demases querellantes, el resultado del juicio -que duro varios meses- termino con la absolución de todxs lxs imputadxs -no sin antes haber pasado gran parte de ellxs encarceladxs en distintas prisiones y módulos de máxima seguridad-, que, para sorpresa de muchxs, siempre reclamaron que la maniobra se trato de un montaje policial, donde las tesis de la Dipolcar (Dirección de Inteligencia de Carabineros) fueron apropiadas por la Fiscalia, para llevar a cabo el aniquilamiento de la “escena anarco-libertaria” como le denominaban en sus informes secretos, siendo o no lxs imputadxs lxs autorxs de dichas actividades, pues en el fondo, lo que se deseaba era mandar un mensaje de intimidación a los sectores cercanos a estas corrientes (que por esas fechas se multiplicaban).

El Caso Bombas deja al fin y al cabo, varias enseñanzas. Pese a que el montaje cayo por su propio peso, y significo la victoria en termino jurídicos para todxs lxs procesadxs, deja también la amargura de saber que en términos políticos, el golpe fue tremendo, dejando un antes y un después para la “escena anarco-libertaria” como le denomina la policía a cierto espectro de espacios y compañerxs de lucha. Sin duda que para el Estado el fracaso de esta operación también significa una derrota, pues es evidente la frustración que de este germina, mas cabe preguntarse si el día de mañana, el persecutor no sacara importantes lecciones de este caso, para futuras maniobras represivas, pues, al fin y al cabo, su tarea no se vio realizada (al menos no por completo).

Allí radica la importancia de este libro. De seguro el Poder sabrá tomar la derrota como un sabio maestro… ¿Y nosotrxs que? ¿Aprendimos algo del mal llamado “Caso Bombas”?



-Hace muchos años leí en una revista The Wire acerca de la banda Descension, que en 1996 telonéo a Sonic Youth en Inglaterra, causando un gran disturbio cuando algunos de los fans de SY hostiles al RUIDO (¡qué paradoja! ¿no era SY la banda emblema del NOISE en algún momento?) agredieron físicamente al cuarteto arrojando vasos de vidrio, y causando una pelea entre el baterista y un par de tarados/as que claramente habían ido a puro taquillar con sus héroes ya completamente subidos al carro del grunge.

Hoy en día el legendario set está en youtube, y además hay otros registros de conciertos de la banda en el año 1995. La banda amerita estar en el top 3 de bandas de free noise hardcore jazz, junto a Blue Humans y Last Exit.

En su momento Ben Watson, de Militant Esthetix, escribió una crónica de dicho evento, en la revista  Variant, con su fino lenguaje situ/marxiano.



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viernes, marzo 22, 2019

Siouxsie "Join Hands" (1979)/MDC en Chillán y Penco 



Siouxsie Sioux estaba ahí desde el comienzo. Con el contingente Bromley, en la tienda Sex, en las tocatas de los Sex Pistols, y el comentario de viejo verde que Bill Grundy dirigió contra ella en el estudio de TV donde entrevistaban a los Pistols a fines de 1976  fue lo que a su vez causó que a modo de reacción los muchachos procedieran a insultarlo a él, con expresiones de grueso calibre que nunca antes habían sido transmitidas a las familias británicas por la pantalla. Al otro día eran portada y el país se dividía entre los que estaban horrorizados y los que estaban entusiasmados. Y 1977 pasa a ser el año punk por excelencia.

Ya sería interesante el personaje Siouxsie si sólo fuera por su imagen y por esos datos. Pero no sólo eso: cuando armó a su banda, los Banshees, para tocar en el Festival 100, puso a Sid Vicious (antes Syd, nombre que escogió para homenajear a Syd Barrett) en batería. Sid había aprendido a tocar el bajo en una sola noche de speed, escuchando una y otra vez el primer LP de los Ramones en la casa de Viv Albertine. No se hizo problema en tocar la batería, aunque nunca antes lo había hecho, pues aunque ya nadie lo recuerde, su primer instrumento era el saxo.

En esa ocasión tocaron  el tema “The Lord´s prayer”: su propio “SisterRay”, si me preguntan.

Siouxsie siguió tocando con su banda, por donde desfilaron personajes ligados a otras bandas como las Slits, The Cure y Magazine.  En los 80 alcanzó bastante éxito con hits como “Hong Kong garden” y “Happy house”, encantadoras muestras de post-punk con toques siniestros, ideales para una época dorada del pop que sólo se ha vislumbrado a veces, y que hacia los 90 y hasta nuestro tiempo derechamente ha dejado de existir.

Pero el período que quiero destacar es el de fines de los 70. Su primer álbum, The Scream (1978) ya es bastante bueno, aunque apenas lo conozco. Pero su segundo álbum, Join Hands, lo hemos tenido en la tornamesa de la casa desde que lo encontramos en LP la semana pasada en el Persa Biobío.

Puede que sea su álbum más oscuro, pero Siouxsie se las arreglaba para mostrar destellos de luminosidad en medio de los climas más glaciales. Algo debe haber heredado del espíritu vocal de Nico, aunque a veces mi compañera, Pati, declara que le parece demasiado parecida a su tocaya Patti Smith. Puede ser, Patti influenció a todo el mundo en un momento, pero la banda hace la diferencia aquí.  



Lo más llamativo es que la carátula original fue censurada porque mostraba una imagen “religiosa”. ¿Y qué? Se pregunta uno hoy, pero en la Inglaterra de 1979 todavía podía causar escándalo algo así.

Entonces la cambiaron por esta otra portada que no tiene mucho que ver con la idea de “unir las manos” en la pose tradicional del rezo. Como sea, el artefacto es bellísimo: la portada se abre, y adentro hay retratos en blanco y negro de cada uno de los integrantes de la banda. El vinilo viene envuelto en un sobre negro, con las letras. 5 temas en el lado A. 3 en el lado B. El último es una versión de estudio de “The Lord´s prayer”, uno de los temás más “punk” que podrás oír en tu vida.


Las campanadas del inicio de "Poppy Day" dan un toque funerario, efecto que ya se conocía al menos desde el primer LP de Black Sabbath, y en la primera canción Siouxsie dice “somos los muertos”. La tercera, “Placebo effect” se estructura alrededor de un sonido de guitarra que recuerda un poquito a Wire en “I am the fly”. Además, se dice que este tema influenció notoriamente al Joy Division del segundo y último álbum, “Closer”.

No tengo muchas más palabras para describir esta maravilla de álbum. Así que sólo queda pintarse los ojos y escuchar, una y otra vez.
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Manual de Combate tocará mañana en Chillán y el Domingo en Penco. Andaremos con puesto de materiales, que por mi parte incluirán los pocos ejemplares que quedan del tercer número de 2&3 DORM, y algunos ejemplares de “El feminismo ilustrado o el complejo de Diana”, de Gilles Dauvé, en versión de Lazo ediciones, y también otro libro que se lee muy bien en diálogo con ese otro: “La lógica del género y la comunización”: el Dossier Endnotes de 2&3 DORM. Además, el librito y otros materiales de Disturbio Menor.

-2&3 DORM N° 2
-Crisis y Crítica: Ajuste de cuentas (Segunda Parte)
-El espectáculo del mundial de fútbol y el espectacular futuro mundial
-Ret Marut: Una visión
-Vidas Perfectas
-¿El espectáculo de qué?
-representación o ideología / representación e ideología
-Trilogía Rusia
-Cartas sobre el triunfo de la civilización
-Estudios sobre la utopía en la sociedad arruinada



- Prólogo: Imágenes del feminismo, de 1974 a 2018
- El feminismo ilustrado o el complejo de Diana 
Introducción
No ver el comunismo
Sociedad de ghetto
¿Liberación?
Nostalgia de la familia
Proletaria y mujer
Neoleninismo
Derechos y deberes
Reformismo y tragedia
Reorganización del capital
Masculino-femenino
- Cuarenta años más tarde... conversación con Constance
En tiempos de Le fléau
Hoy
Exit Foucault
Género, palabra y concepto
¿Femino-marxismo?
Identidad obrera e identidad gay
¿Qué hacer?
¿Y mientras tanto?
- Sobre la “cuestión de la mujer”
¿Malas intenciones?
Reproducción y propiedad privada
Las mujeres como criadoras
Mujeres y relaciones de explotación
Control socializado
¿Democracia en la familia?
La igualdad bajo el capitalismo
Feminismo
Victoria amarga
Fuera de la sala de parto
Sexo y revolución

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miércoles, marzo 20, 2019

TOCATAS: CUANDO LA VIOLENCIA IRRACIONAL ESTALLA EN TU CARA. 


Crass en Conway Hall, 1979, y Disturbio Menor en el Playa, 2019.

Había estado muy interesado en un incidente famoso que alguna vez ocurrió en una tocata de Crass con Poison Girls y la banda holandesa The Rondos, en un beneficio para anarquistas acusados por atentados explosivos denominado “Persons Unknown”. Pero no me esperaba que la violencia estallara frente a mí en la 12va tocata de Disturbio Menor tras el reencuentro ocurrido desde fines del año pasado.

Vamos en orden: la tocata de Crass fue en el Conway Hall en 1979, y en sitios como Killyourpetpuppy y Dangerous Minds se pueden encontrar al menos 3 versiones: la de Crass a través de su baterista y principal guía espiritual, Penny Rimbaud, la de los Rondos, banda punk holandesa pero no anarco-punk sino que marxista-leninista-maoísta que por algún tipo de error estaba visitando a Crass en sus cuarteles generales en UK (Penny dice: “pensamos que eran anarquistas”), y la versión de un antifascista que junto a otros grupos antifa vinculados a partidos trotskistas, como la Red Brigade, atacaron violentamente a una cincuentena de skinheads ligados al National Front que se habían dejado caer en el lugar gracias a la tolerancia anarco-liberal de la organización del evento.

Las perspectivas, relatadas por 3 personas representantes de 3 facciones estético/políticas  muy distintas pero que estuvieron ahí mismo en medio de los sucesos, coinciden en varios puntos, y difieren en otros, y por sobre todo son abiertamente discrepantes en cuanto a la valoración final de lo que allí sucedió.



Lo que está más o menos comprobado es que…Crass era bastante popular en ese momento (escuchen las Peel  Sessions de ese mismo año para hacerse una idea), y al concierto llegaron alrededor de 700 personas. Ese día los neofascistas del National Front/British Movement habían tenido una concentración, y más de medio centenar de pelados de diversas edades llegaron a ver a Crass pues a los skinheads también les gustaba su sonido. Como sea, a Penny y Crass les parecía que los pelados tenían derecho a ir a verlos si querían, y Penny dice claramente que ellos no discriminaban a derecha ni a izquierda, que pocos skins eran en verdad fachos y que incluso así, ellos serían los más beneficiados escuchando lo que la banda tenía que decir. Los Rondos ven esa cantidad de pelados y se sorprenden de la liberalidad de sus anfitriones anarcopunks, señalando que si  eran molestados iban a responder contundentemente.

El antifa que ha escrito sus memorias de dicha batalla, Martin Lux, dice abiertamente que no le gustaba Crass, pero que los organizadores del concierto le habían pedido ir a darse una vuelta por si las moscas…Cuando llega ve una cantidad enorme de skinheads, siendo una docena de ellos de gran tamaño y ferocidad. Se coordina con otros antifas ligados al Socialist Workers Party (un partido trot) que le dicen que van a ir a buscar más gente, y que podrían regresar en alrededor de una hora. Al interior del local, los skinheads se dedican a intimidar a punk rockers, extranjeros y mujeres, ante la nula reacción de los organizadores, y todo el mundo rumorea que lo que los skins quieren es tomarse el escenario cuando suba Crass, que iba a ser la última banda en tocar. Eso les daba tiempo a los antifa para esperar los refuerzas. En todo momento la actitud de los “anarcos” como despectivamente los llama este antifa es de pasividad mezclada con angustia y desesperación, llegando a que algunas chicas les pasaran manoplas y cadenas… como para que ellos actuaran en su nombre.  Lo cual irritaba a nuestro antifa, dado que esos anarco-pacifistas solían decir que los antifa eran tanto o más violentos que los propios fachos, etc. etc. etc.

Al final, luego de una tensa espera plagada de incidentes que este antifa desactivaba como mejor podía, llegan los refuerzos, no más de 20 personas en total, y deciden usar el factor sorpresa atacando de inmediato con cadenas, palos, botellas y cuchillos a la horda skin, no sin lesionar también en la ferocidad del ataque a anarquistas y público en general que tuvo la mala suerte de estar muy cerca de los pelados.

Los pelados quedaron tirados en el suelo sangrando y muchos de ellos inconscientes. Los pelados más chicos aterrorizados eran escondidos en el escenario por los mismísimos Rondos. Los antifa se fueron hacia la salida, y el relator señala haber dicho a unas chicas: “¿No decían ustedes que somos tan violentos como los fascistas? No: ¡nosotros somos mucho peores!”.



Penny y Crass condenaron la violencia, y de hecho dijeron que no habían sido atacados por el National Front, sino que por los trotskistas de la Red Brigade que en su cruzada por el poder popular decidió que era buena idea ir a pegarle a quien fuera que tuviera el pelo muy corto. De pasadita, cortaron relaciones con los Rondos, por su maoísmo, y en cierta forma los culpaban por lo sucedido.

La prensa publicó que lo acontecido era una encerrona planificada de Crass en contra de los skinheads. Crass envió cartas aclaratorias que jamás fueron publicadas, y como resultado los del NF/BM empezaron, ahora sí, a atacar violentamente a Crass en sus conciertos.

¿Quién tenía razón? ¿Quién hizo lo correcto?

No me queda claro. Yo preferiría que no entren ese tipo de sujetos a un concierto. Pero sé que 50 skinheads intimidan fácilmente a varios centenares de punks: lo he visto. Y sé que hay quienes piensan que la “escena” es apolítica, y debe dar cabida a todos los que muestran interés en asistir.

Con todos estos datos en mente, y re-escuchando un poco a Crass que en lo “musical” siempre me gustó, pero tomando distancia de su  anarco-pacifismo (en Malmö el 94 me topé en el subterráneo de una disquería con la caja del doble LP “Christ-The Album”, de 1982, y no lo compré…¿por qué? Porque traía dentro un pequeño folleto de Mahatma Gandhi), digo: con todos estos datos en la mente, se me viene encima el 8 de Marzo, en que para apoyar la Huelga he quedado de montar una especie de guardería infantil en el patio de mi lugar de trabajo, para cuidar a infantes cuyas madres estén participando de un taller de autodefensa feminista. Cansador. Pero más cansador es lo que se me viene para el día sábado: tocar con Disturbio Menor en Hangar Subterráneo a eso de las 18 horas, para acto seguido partir en auto a Valparaíso donde debía tocar primero con Manual de Combate, y después cerrar la jornada de tocatas de nuevo con Disturbio Menor. Entre tanto alguna gente hasta alcanzó a pasarse a la tocata de diablo en Valpo.

Todo bien en el Hangar. Había llegado poca gente, pero estaban los cabros de Orden Criminal, banda de Temuco, y varios viejos amigos de los 90. Tocamos un set no tan largo, y por primera vez mostramos una canción nueva “Como antes” (aunque Olea también pensó en bautizarla como “las ruinas”). Repartieron cerveza Cortés (no la conocía), estaba pinchando discos el Coloro de la Federación de Pinchadiscos, fue llegando más gente que no era poca cuando íbamos saliendo, y así emprendimos felices el viaje al Puerto principal, los 4 DM más un viejo amigo chillanejo, escuchando el “New Day Rising” de Hüsker Dü y dándole a un six pack de no recuerdo qué cerveza.

En llegando a Valparaíso nos vamos de inmediato a La Playa. Había estado allí hace años. No lo recordaba muy bien. Bar arriba, tocata en el subterráneo, donde aún no llegaba gente y se estaba instalando el sonido. Instalamos la mesa de fanzines y libros. El resto de DM sale a pasear un rato y me quedo concentrado con MDC. Algo escucho de un atado con el trato de entradas con el local, pero no capto muy bien qué pasaba. Aparecen amigos de Chillán, Llolleo, Santiago, Valparaíso e incluso Buenos Aires. A algunos no los veía hace mucho tiempo. Nos actualizamos brevemente con los datos de la vida, hijos/as, parejas, etc. El punk rock envejece y nosotros también…Comparto cervezas con varios de ellos, y sobre todo con H., a quien conozco por carta desde 1996/7, y en persona desde 1998/9, según lo que me queda de recuerdos.


Toca MDC. Poca gente abajo, pero se va asomando de a poco. Un set de 5 temas. La parte que más me gusta es cuando en vez del saxo mismo toco sencillamente una boquilla de saxo, encerrada con las manos a modo de ocarina. Se me hace corto el set, ¿media hora? Terminamos y pienso: ¡ya cumplí con 2/3 de mi misión musical del día de hoy! Y me parece notable poder ejercer dos formas distintas de punk rock la misma noche: una con puros cuarentones, y la otra con veinteañeros; una con bajo, la otra con saxo.

Suben los de Dosis Mortal, y de pasada me entero que la bajada de la otra banda, Cartagena, tenía que ver con una funa feminista, pero no me queda nada claro a quien afectaba ni ninguno de sus detalles. No veo mucho a Dosis Mortal porque estaba algo agobiado en ese subterráneo con ese olor a humedad tan fuerte que me impregnó toda a ropa. Subo al bar, donde venden el litro de Heineken a $3500. Sigo compartiendo con amigos. Vuelvo a bajar y resulta que Esconder Mi Cara está por empezar, pero falta el bajista, que había ido a pocas cuadras de ahí a ver a diablo. Lo llaman y regresa al trote. En poco tiempo más está tocando la banda, que no conocía y me gustó harto. Conocía al vocalista de una coincidencia anterior en las calles de Valpo. Pero su look había cambiado un poco, y además en esa ocasión no hicimos muy buenas migas dada su defensa de posiciones políticas similares a las de los Rondos. Buena atmósfera, buenos temas, buenos gritos…Pensaba que no podía pegar mejor con lo que Disturbio iba a ofrecer justo después, ya cerrando una maratónica jornada.

En algún momento, no recuerdo bien si estaba tocando Esconder Mi Cara pero creo que sí eran ellos, veo a un perro negro y más bien grande, que venía desde la escalera y se metió entremedio de todos nosotros. Lo acaricio pues me hace gracia, jamás pensé que alguien lo había llevado, sino que más bien creí que era como esas veces en que los perros se suben al Transantiago por iniciativa propia y la tendencia natural a la deriva que tienen todos los perros. No lo vuelvo a ver, pero un tiempo después, ya desde arriba del escenario cuando estábamos preparándonos para tocar veo que estalla una pelea. H. golpea y empuja a alguien, que sale volando por los aires. Voy a ver qué pasa, y me dice que un perro lo mordió, y que el dueño del animal no se hacía responsable. Le pido que se calme, y vuelvo al escenario. No veo al perro y pienso que ya se lo llevaron. En verdad, lo que me preocupa en ese momento es que el único amplificador de bajo que había no suena. Conecto mi bajo, con dos pedales (Big Muff y delay/reverb), y no pasa nada de nada. El parlante crujía antes de conectarme, y ahora parece totalmente muerto.  Saco los efectos. Conecto directo al ampli, y no pasa nada.


Gaspar de MDC y Lautaro van a ayudarme. Probamos otro cable: nada. Olea va y le dice al tipo del sonido que tenemos ese problema, y vuelve diciendo que el tipo cree que es culpa nuestra. Le tratamos de demostrar que el problema no es de cables ni del instrumento, y que los usamos sin problemas unas horas antes en Santiago. Insiste en probar con otro bajo, y no se convence hasta que conectamos el de Gaspar, y tampoco suena. En ese punto el sujeto del sonido dice que no hay nada que hacer, pues no tienen cables del largo necesario para ponerme conectado en línea a la mesa de sonido.

Mucha gente está aglomerada esperando que empecemos a tocar, y no sabemos qué hacer. Alguien dice que si lo llevamos en auto podría ir a su casa a buscar un ampli, pero en la ida y vuelta se demoraría como 20 minutos. Ya son cerca de las 3 AM. Hay un amplificador adicional de guitarra a un costado del escenario, pero el tipo a cargo este se niega a usarlo, pues dice que lo podemos quemar con el bajo. Le señalamos que sin efectos y a volumen medio, no corre riesgo, pero cuesta una buena cantidad de tiempo y saliva el convencerlo.

Recién ahí pudimos empezar a tocar, y yo me sentía bastante frustrado por no poder sonar adecuadamente (el tipo del ampli ni siquiera me dejaba controlarlo yo mismo directamente, por temor a que le subiera el volumen), y porque en la tarde había probado el efecto conjunto de Big Muff/delay para las partes de RUIDO que en Valparaíso quería explorar de una manera más contundente y con volumen en 11.

El set va transcurriendo bien: hay dinamismo y energía, pero…advierto que el pogo, slam, mosh o como le quieran llamar está algo descontrolado, y dominado por machos. Pienso lo que todos me han dicho: las tocatas en Valpo. son así. Y sigo tocando nomás, feliz de haber pasado más de la mitad del set sin mayores inconvenientes que un sonido no tan fuerte del bajo y un par de pifias individuales que abordamos con humor, repitiendo “Fuego” cuando el baterista se saltó una parte, pues el punk implica errores y obviamente que es parte de su encanto.

Veo a H. en medio del pogo casi todo el rato, y hasta hablamos en algunas pausas. Veo a más amigos, y mucha gente totalmente desconocida para mi. Las mujeres en los bordes de la masa humana, nunca al centro.

Arremetemos con “Lúcido”, una de las más fáciles de tocar, en la medida que se haga a la velocidad adecuada. Robo un poco de micrófono para anunciar que esta canción nunca se trató de no tomar, sino de “no ser imbécil”. Vamos terminando el tema, unas líneas de bajo cierran la canción y se supone deberían dar paso a la nueva versión DUB que la agregamos el año pasado. Me gusta tocar esas líneas, en la tarde las probé y me propuse tocarlas con más “feeling” en la segunda ocasión. Pero…

…no alcanzo a empezar la ejecución en el bajo cuando una masa humana cae sobre el costado en que estoy yo, y al lado mío dos personas filmando. Obviamente se trata de una pelea, pero me cuesta entender qué pasa. Rápidamente veo que no es una pelea entre bandos o piños, sino que hay una agitación en contra de una persona en particular, que resulta ser precisamente ¡H.! Mi primera reacción es impedir una pelea, así que dejo que él suba al escenario, y se refugie detrás de mí. En ese momento escucho muchas voces enojadísimas, sobre todo voces femeninas, tratándolo de “macho culiao”, y una voz que señala algo así como que él le tiró el pelo y le pegó en la cara.  Me cuesta creer lo que está pasando, pero varios amigos de confianza se acercan y me confirman a gritos que en medio del pogo y sin mediar provocación alguna, H. tomó a una chica del pelo y la atacó con fuertes rodillazos. Le pregunto a él directamente qué había pasado y me responde: “yo quería bailar hardcore”. La indignación aumenta de intensidad, y empiezan a escucharse gritos pidiendo que el agresor se retire del lugar. Me parece razonable, dado lo que había hecho. Otras personas me dicen además que H. tiene un cuchillo.

H. se desplaza hacia el centro del escenario, y algunas personas me empiezan a cuestionar si es que acaso lo estoy protegiendo. Me digo que no: que no tengo por qué proteger a alguien que está golpeando a las personas, aunque no me quede claro el detalle de por qué lo hizo, y que con su comportamiento acaba de pudrir lo que hasta el momento era una tocata que transcurría sin mayores problemas. Es algo de lo que tendrá que hacerse cargo él mismo, por responsabilidad individual. Se suben 4 o 5 chicas al escenario: todas bastante jóvenes, de veintipocos años en promedio diría yo, de contextura pequeña, y con una notoria expresión de rabia en sus rostros. Me queda claro que no están pasteleando, sino que están enfurecidas por la actitud previa de H. Lo golpean entre todas ellas, no vi hombres en ese momento haciéndolo. Llueven botellas y se revientan al lado del amplificador en el costado en que está nuestro guitarrista. Es el caos total, pero entremedio logro ver que dos personas, incluyendo al organizador de la fecha, se llevan a H. hacia las escaleras, arriba.

Me siento shockeado, desolado, confundido. No soy una persona muy violenta, aunque como todos, puedo llegar a serlo, y mucho, en determinadas condiciones. Por lo general siempre he racionalizado la necesidad de aplicar la violencia contra enemigos claros: fachos y policías. Dentro de tocatas, dentro de “la escena”, me parece que hay que evitar en lo posible la violencia, o usarla sólo como medio de autodefensa cuando no queda otra. El problema con la violencia, propia y ajena, es que las racionalizaciones son a priori o a posteriori, pero en el momento mismo en que se ejerce uno nunca sabe de qué será capaz uno, y los otros, a qué extremo de letalidad/fatalidad/daños se podrá llegar. Sobre todo en un lugar cerrado. Sobre todo si corrió bastante alcohol desde varias horas antes. Sobre todo si alguien porta armas…

No puedo creer que la tocata terminara así. En los 90 la violencia nos acompañó bastante. Al tocar con Fun People en la Blondie en 1997 no pudimos terminar el set: vez que acelerábamos, un sector del pogo se volvía muy violento. En su frustración Lautaro desenchufó su guitarra y se fue, cuando ya no había nada que pudiéramos hacer para calmar la situación. Hay simios a quienes les parece que el punk es así y que tratar de evitar la violencia irracional es propio de jipies o de burgueses. Pobre gente. Se revuelcan en la mierda del sistema y se sienten felices por ello. También recuerdo una vez que tocamos en el Pedagógico, y que cuando la música aceleraba un sector de la gente se aforraba. Tuvimos que parar de tocar, y aún recuerdo las cabezas sangrantes, rotas por golpes de botellazos, siendo lavadas en las mangueras de los pastos del Peda. Y yendo al principio de todo, recuerdo que la primera vez que tocó DM fui con mi hermana chica, que tenía 12 o 13 años. Después de tocar me dijo que mientras nos estaba viendo, de la nada una punk rocker salió del centro del pogo y le dio un puñetazo en la mejilla. Quedó descolocada y adolorida, estaba sola, y no pudo hacer nada…

En esos casos siempre me imaginaba este diálogo con el resto de la sociedad:

-No nos gusta este orden social de mierda, tratamos de escapar de él creando nuestros propios espacios, nuestra contracultura

-¡Rica tu contracultura!

Vuelvo en mí, arriba del escenario, y veo la situación: ánimos caldeados, gritos y reproches. Guitarrista y baterista querrían seguir tocando, mal que mal quedaban solo 3 temas y un posible cover. Yo no sé si quiero seguir tocando…Aún no puedo creer que haya sido por H. que la cosa haya colapsado. Justo antes de empezar nos dijo: “va a ser una noche memorable”. Sí, claro. Totalmente en lo correcto, pero por las razones equivocadas.

Anunciamos “No soy cómplice”, y se agrega casi espontáneamente “Nueve vueltas”. Lautaro y Mogles quieren seguir con “Escape”, pero a mí no me da el ánimo. Me siento realmente mal…Recuerdo cuando escribí acerca de unos incidentes también por pogo violento de machos en la tocata de Marcel Duchamp en el Alameda. Pero acá fue mil veces peor…Pienso en que en Talca, Puerto Montt y Chillán el pogo era masivo, alegre y mixto. ¿Por qué no puede ocurrir eso en Santiago y Valparaíso? ¿Por qué? ¡Díganme por qué! ¿O en realidad vamos a necesitar espacios separatistas? ¿Pogo de hombres y pogo de mujeres? ¿Y le decimos a la sociedad que llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones?

El pogo, sin H. ya, siguió igual de brutal. La tocata se acaba.



Pero sus coletazos no pararon, y siguen hasta hoy…

Al hablar con amigos comunes que tengo con H. presentes en la tocata, me dicen inequívocamente qué él se mandó una tremenda cagada, injustificable, y que ellos sólo pudieron ir afuera a evitar que le siguieran pegando, para que se pudiera ir. Escucho a una sola persona diciendo que H. está casi ciego y por ende no pudo ver bien a quién le estaba aforrando…lo cual no me queda claro qué  es exactamente lo que justifica….salvo lo que se ha venido diciendo por algunos en cuanto a que su actitud no fue misógina, que es como se le etiquetó en la funa feminista que circula.

¿Detalle técnico? No sé, no creo…la excusa me recuerda a los ratis que obstaculizaron por casi una hora la denuncia de agresión en contra de Carolina Torres, en Pudahuel, porque decían que fue un “problema entre barristas” y en ningún caso un ataque “lesbofóbico”.

Las mujeres que estuvieron en el incidente envían dos días después un comunicado planteado como funa a H. Lo subimos al Facebook de la banda. H. envía luego sus aclaraciones incluyendo abundantes disculpas. Las subimos al Facebook de la banda. Queremos que se conozcan ambas versiones. Pero la banda toma una posición clara: no queremos pogo violento, no queremos que las mujeres se queden en los márgenes viendo como los hombres “vacilan”. No queremos que las diferencias se resuelvan aplicando de inmediato la fuerza. Y yo tampoco estoy de acuerdo en que hayan linchado a H. una vez que ya estaba fuera de la tocata. La autodefensa de las mujeres agredidas me pareció inevitable y hasta violencia justa en sus propios términos. Pero más que eso me parece un exceso, o en jerga castrense “violencia innecesaria”, que según supe, pues no la ví, hasta pudo haber sido con "resultado de muerte". ¿O la "justicia alternativa" de lxs libertarixs consiste sólo en linchamientos?

Sin embargo, a medida que pasan los días hemos visto que unas cuantas voces, que en su casi totalidad NO ESTUVIERON ALLÍ ESA NOCHE, ocupan el espacio virtual para defender a H. y hasta pasando a atacar a Disturbio Menor.

Unos dicen que si la cosa era tan grave deberíamos haber parado de tocar. ¿Sí? Bueno: Algunas personas nos dijeron eso al final, pero mucha gente opinaba en cambio que un solo sujeto no podía cagar una tocata donde había más de 100 personas, que deberíamos haber seguido tocando y punto. En fin: lo intentamos, no pudimos, y no cabe dar explicaciones por eso.

Otro dice que no se podía esperar otra cosa de DM, puesto que según él hemos tocado en varias fechas organizadas por la productora Korova, que tendría alguna vinculación  con el asesinato de 5 personas en el concierto de Doom el 2015. ¿A qué tocatas se refieren calumniadores de mierda? Pues es absolutamente falso. No tenía ni idea de la existencia de dicha productora, y menos hemos aceptado supuestas invitaciones suyas a tocar en ningún lugar. ¿Se hará cargo el calumniador de aclarar sus dichos, o se amparará también en la impunidad de las redes para hablar mierda sin dar cara?

Otras personas, incluyendo mujeres, dicen que el punk es violento, y que si a los “burgueses” y universitarios no les gusta eso, pueden ir a entretenerse en peñas con vino navegado. ¡Buen punto! ¿Quiere decir que se conforman con ser peores que los jipis? ¿Naturalizan entonces la violencia entre pares, por descarga, delirio o lo que sea? ¿Les gusta ir a tocatas a pegar y ser golpeadxs? Putas que estamos mal entonces…yo creía que la idea era la “destrucción de lo que nos destruye”, pero con estos anarco-punks ¡no se necesitan skinheads nazis!

Por último, otro agresor virtual dice que la banda “sobrevalorada como histórica” no se demoró un segundo en “juzgar” a H. Esta está chistosa: ¿qué banda no está ligada a su época, y por ende tiene un carácter histórico? Ninguna pues, ahueonao. Y por lo demás, no somos ningún tribunal, y no sé si te diste cuenta de que por eso mismo subimos las dos versiones.

Les pregunto a todos ellxs, nuestros apasionados detractores tras un teclado: ¿Qué esperaban entonces de nosotros? ¿Un cordón de protección para H.? ¿Qué nos uniéramos a él para pegarle a las chiquillas que habían ido a la tocata y se encontraron de golpe con sus agresiones? ¿Qué no subiéramos la versión que ellas escribieron y nos enviaron para difundir? ¿Qué le digamos a a H.: “no importa compa, te conocemos hace años y respetamos tus credenciales anarcopunk así que puedes mandarte todas las cagadas que quieras y te vamos a apañar igual siempre”? ¿Algo así?

Váyanse un buen poco a la mierda. Por culpa de gente como ustedes el punk está como está. Mejor háganse miembros de una barra brava y descarguen allá sus frustraciones, lejos de quienes aún creemos que el hardcore punk comunica un mensaje fraternal y horizontal, antiautoritaria y anticapitalista.

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